RELATOS ERÓTICOS
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Regresamos a la cama y nos dormimos profundamente.

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Primer acercamiento a mi cuñada (Parte 2)

¡Ya van! Se escuchó desde el interior de la casa. Una voz femenina que aún no me era familiar despertaba mi curiosidad.

-Carmen se está bañando, mucho gusto soy Cecilia, fueron las primeras palabras que me profirió y que están firmemente grabadas en mi memoria.

Hace 14 años inicié un noviazgo con una mujer extraordinaria, quien es ahora mi esposa.

Por asuntos familiares, hasta ese momento solo había conocido a mi cuñada menor, Guadalupe, de quien les platicaré más adelante; y a sus padres.

Al extender su mano para saludarme y presentarse, me fascinaron su piel muy blanca, y sus dedos delgados y finos; y me llamó mucho la atención lo pequeñas que son sus manos.

Fue lo primero que vi, antes de levantar la mirada y encontrarme con una mujer de 20 años, en ese momento desarreglada pues no esperaba visitas, pero que aún sin maquillaje ni peinado, era muy hermosa.

Vestía un short deslavado y viejo, una blusa de la campaña de algún político y tenía mal amarrado el cabello con una liga.

Nada de eso me importó, pues sus ojos cafés claros con una ligera tonalidad verde me dejaron impactado.

Con mucha discreción mi mirada recorrió su rostro, orejas y cabello; y al darme la espalda para regresar a su habitación su delgado cuerpo del que destacaban unas piernas hermosas y firmes nalgas.

-Pasa, si gustas espera en la sala, me dijo.

-Aquí la espero, gracias, repliqué.

Salimos como siempre a dar la vuelta por la noche. Ya cuando la oscuridad domina y la gente en las calles escasea, mi entonces novia y yo encontramos un lugar para hacer lo que los novios hacen en la oscuridad.

Entonces mi esposa aún era virgen y me había confesado solo haber permitido a un hombre chuparle sus enormes tetas y a otro más le había practicado un malogrado sexo oral.

Solo llevábamos 1 mes de novios así que no podía esperar mucho de esa noche; y así fue. Unos buenos besos y mis manos sobre sus pechos, pero nada más.

La dejé en su casa pasada la medianoche y me dirigí a la mía.

Excitado como estaba, recurrí a mi mano para liberar lo que tocar los senos de mi entonces novia, había causado.

Desde entonces, se dieron muchas oportunidades de platicar mucho con Ceci y con los años la confianza fue aumentando.

Tal vez enloquecí más que nunca por ella, un año después, en que fui por mi novia quien para no variar no estaba lista y bajó Cecilia a abrir la puerta.

Con similar atuendo al de aquella primera vez que la vi, pero a diferencia de que en esta ocasión se acababa de bañar y había bajado sin brassiere y con el cabello muy mojado.

-Pasa, me dijo

Entré y me senté en el sofá

Acto seguido se sentó en el sofá de enfrente y puso la tele para ver alguna de sus novelas que ama.

No notó, supongo, que su cabello mojado estaba mojando mucho su blusa y poco a poco permitía que sus hermosos pezones se transparentaran.

Estaba disfrutando el espectáculo cuando sonó su celular. Era su novio que le avisaba que iría por ella en poco más de una hora.

-Nos vemos cuñis, espero que no tarde en bajar mi hermana, me tengo que arreglar.

Confieso que esa noche procuré hacerla muy corta y que la visita a mi novia terminara pronto, pues me urgía llegar a masturbarme con la memoria de los pezones de Ceci perfectamente marcados en su blusa mojada.

Regularmente tardo mucho en eyacular, ya sea cogiendo o masturbándome; pero esa noche bastaron unos segundos de recuerdos para que me saliera semen por montones.

Mi locura fue en aumento.

Poco tiempo más tarde, una noche subí a la habitación de mi esposa a ver películas pues en el cuarto de televisión, Cecilia veía también otra película con su novio.

Subimos y al poco tiempo, agotado por el trabajo, me quedé dormido al igual que mi novia.

Quizá pasaron un par de horas cuando desperté espantado y viendo a mi novia perfectamente dormida decidí bajar en silencio para no despertar a nadie.

Justo al bajar la escalera, escuché gemidos muy leves.

Mis sentidos se avivaron y sigilosamente caminé hace el cuarto de televisión.
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La puerta estaba cerrada, por las rendijas de la puerta se apreciaba luces de televisión.

-Alguien está viendo porno, pensé

Decidí asomarme sigilosamente por una rendija

No alcancé a ver mucho, pero lo que vi me hizo tener una poderosa erección.

La piel blanca, los pies pequeños, el grosor de sus piernas y su voz eran inconfundibles.

Cecilia estaba montada sobre su novio, cogiendo, pensando que todos dormíamos profundamente.

Solo alcanzaba a ver los movimientos salvajes propios del clímax, esos momentos en que las mujeres enloquecen y se olvidan de todo antes de venirse. Pero solo alcanzaba a ver las piernas de su novio, las pantorrillas y pies de ella y por supuesto a escuchar sus gemidos.

Sin más, decidí esperar al orgasmo.

Justo cuando se estaba viniendo, regresé rápido a la habitación y cerré muy despacio.

Habrían pasado quizá 2 minutos cuando escuché que alguien subía y entraba al baño compartido por dos de las 3 habitaciones. Pocos minutos después, alguien salió, cerró y bajó de nuevo.

Supuse que habría sido Cecilia así que igual muy despacio, salí de la habitación y entré a ese baño.

Revisé el cesto de la basura y abrí con cuidado el papel que parecía estar recién depositado.

¡Mucho semen! ¡El tipo había eyaculado dentro de mi cuñada!

Yo no sabía que mi cuñada de entonces 21 años ya tenía sexo salvaje pero la idea me puso más loco que nunca.

Sí, apenas pude regresé a mi casa y como antes, en segundos me corrí pensando en los movimientos de sus piernas, gemidos y el papel higiénico lleno de semen.

Según yo no podía enloquecer más.

Habrían pasado como mes y medio desde aquel roce, faltaba poco para el que quiero narrarles en una entrega posterior a esta.

No recuerdo cuántas veces me masturbé recordando sus movimientos y gemidos sobre su novio; Cecilia me tenía enloquecido, al grado de cometer una estupidez que bien pudo terminar mal, pero para mí buena fortuna, no fue así.

Mi hijo y su hija son muy cercanos de edad. Nuestro hijo concebido en el pleno del matrimonio le lleva poco menos de un año a la suya. La suya fue concebida al calor del engaño, al poco tiempo de nacido mi hijo, y su anterior pareja le hizo creer que quería tener un hijo o hija con ella y luego se casarían. Nunca ocurrió esto último y la dejó al poco tiempo, desamparada.

Cuando eso ocurrió, sin pensarlo por un momento, decidimos hacernos cargos de todos los gastos de la niña, pues la situación económica en casa es buena y daba para eso y más.

Tal vez por eso Cecilia me agarró un especial cariño, pues prácticamente era el padre de su hija, en todo sentido.

Dada la cercanía de edades, conviven mucho y unas de esas convivencias más recurrentes son las pijamadas.

Sin embargo, su hija aún es insegura para dormir lejos de su mamá, así que cada ocasión en que la niña se queda en casa, también se queda su madre.

Esa tarde, mi esposa me avisó que iría primero la niña a ver películas con mi hijo y más tarde, al salir de una fiesta que tenía con su nuevo novio, Cecilia iría para que, si en algún momento despertaba su hija, la viera ahí y no se inquietara.

Justo esa semana, yo había cambiado de celular. Tenía antes uno muy pequeño que me costaba trabajo manejar y decidí cambiarlo por otro con una pantalla bastante más grande.

Sin embargo, el otro era de gran calidad y con una cámara que parecía una profesional.

Precisamente al avisarme de la pijamada, me encontraba formateando el celular viejo para intentar venderlo, al tiempo, recibí un mensaje de mi cuñada avisándome que estuviera pendiente por si llegaba “un poco mal” pues en la fiesta habría alcohol y pensaba tomarse unas copas.

Ahí me vino a la mente y una perfecta buena-mala idea: espiarla.

Todo dependía de los tiempos. Por un lado, que mi esposa se durmiera temprano y por otro que Cecilia me avisara con tiempo suficiente para colocar el celular en una rendija del baño que me permitiera verla al cambiarse de ropa de salir por ropa de casa, pero que no fuera demasiado tiempo como para que o sea agotara la batería o se llenara la memoria por la resolución de la grabación.
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Todo salió perfecto. Mi esposa se durmió alrededor de la 1 de la mañana y cerca de las 2 me llegó un mensaje de mi cuñada.

-Cuñis, estoy a una cuadra de tu casa, ábreme, decía Ceci en su mensaje.

Corrí hacia el baño, coloqué el celular y lo camuflé lo mejor que pude. A decir verdad, sí se veía el teléfono, pero pensando en que llegaría un poco ebria quizá no lo notaría.

Salí del baño hecho un manojo de nervios. Nunca había hecho algo parecido pero el morbo de verla desnuda me dominaba.

Escuché el auto pararse frente a mi casa, salí tratando de respirar hondo para calmar mis nervios y abrí la puerta.

¡Qué encanto de mujer!

¡No había tomado una copa… UPS! Se veía preciosa, olía delicioso aún y vestía un pantalón y blusa que le lucían excelsos.

Pensé en correr al baño y retirar el teléfono, pero ya todo estaba saliendo bien y preferí tomar el riesgo.

Me saludó con un dulce beso en la mejilla. Entró a la casa y se quitó al entrar los tacones. Masajeó un poco sus pies y se dirigió al baño a un costado de la habitación.

-Buenas noches, cuñis, le dije; e ingresé a mi cuarto

-Descansa, cuñadito, gracias por estar pendiente de mí, escuché que dijera, a lo lejos.

Evidentemente no fui a acostarme, me tiré al piso para ver por el filo inferior de la puerta, el movimiento de luces y el ruido de la puerta, para tratar de inferir qué sucedía. Habrán pasado unos 12 minutos cuando abrió la puerta y apagó la luz, vi sus hermosos pies descalzos caminar hacia la habitación de los niños y cerrar la puerta. Esperé paciente 30 minutos exactos, dando tiempo de que se durmiera.

Con el corazón latiendo a mil por hora me dirigí al baño.

¡Ahí estaba aún el celular!

Lo tomé temblando y seguía grabando.

¡Lo logré! Pensé.

Caminando sigiloso me dirigí al estudio, cerré con cuidado la puerta y bajé las cortinas, conecté el celular a la computadora y ahí estaba. Un video de aproximadamente unos 50 minutos que son los habían pasado desde que inicié la grabación hasta que la detuve unos minutos atrás.

Conecté una pantalla de 32 pulgadas que tengo a un costado de la computadora. ¡Tenía que observar a lo grande el producto de mi morbo!

En el video se veía como ingresaba al baño, primero a lavarse la cara, luego salía y regresaba con una minúscula batita azul y un calzón de encaje, como los que casi siempre usa, color beige. Al cerrar la puerta primero se quitó la blusa, abajo traía una especie de camiseta que quitó enseguida y dejó al descubierto un brassiere de esos gruesos que se necesitan para dejar bien sujetos un buen par de tetas. Increíble pero ahí vino mi primer orgasmo, sentado y sin tocarme, solo mirando, me vine a chorros al ver esas preciosas tetas liberarse al quitarse el brassiere. Sus pezones más rozados que cafés, pezón casi invertido de areolas medianas. Sus pechos tan blancos como el resto de su piel y con un movimiento impresionante y la firmeza que envidian mujeres aún más jóvenes y que no han tenido hijos. Acto seguido se bajó el cierre lateral del pantalón azul que lucía. Al bajárselo dejó ver esas tremendas nalgas blancas medianamente firmes y mejor aún fue cuando se retiró el calzón blanco también de encaje que traía. Su vulva con apenas unos vellos color rubio cenizo como su cabello y en un movimiento alcancé a ver perfecto esos deliciosos labios vaginales que coronan su vagina.

Se sentó así, totalmente desnuda a orinar, estaba embobado viendo el balance de sus tetas y el movimiento de su piel a cada paso.

Al terminar, se limpió bien y me regaló un cuadro estupendo al empinarse por completo frente a la cámara para recoger el brassiere que se le había caído.

Con mucha calma se lavó los dientes y desmaquilló así, desnuda. Y casi como si supiera que la grababa, se vistió con movimientos sexys, poniendo primero el calzón limpio que llevaba y con una caída muy sensual, su bata.

Salió del baño e ingresó al cuarto.

Como comenté, había dejado pasar 30 minutos antes de ir a recuperar el celular y habían pasado quizá otros 30 en lo que veía una y otra vez su cuerpo desnudo.

No me resistí.
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Tengo que ver ese cuerpo en persona, pensé

Entré muy despacio al cuarto y ahí yacía Cecilia, acostada boca arriba sin sábanas pues había algo de calor, con las piernas parcialmente abiertas y la bata se había retraído casi a la altura de sus pechos. Podía ver perfecto bajo su calzón pues era un poco transparente y se apreciaban sus pocos vellos púbicos y se marcaban los labios vaginales. Sus piernas blancas lucían extraordinarias en la cama.

Nunca la había visto así.

Sus pies… son hermosos.

Tengo qué tocarlos, pensé

Y lo hice, con mucha cautela, me froté las manos para que se sintieran un poco tibias y no la despertara.

Acaricié un poco sus pies y estaba tan agotada que no lo notó. Su respiración seguía igual. Todo estaba bien.

Pensé en masturbarme ahí, pero si algo respeto en la vida es a los niños y no me sentí cómodo de hacerlo con ellos durmiendo cerca de esa cama.

Me retiré de nuevo al estudio. Vi una y otra vez el video y eyaculé lo menos 6 veces.

Recorté el video para que quedara solo de los minutos que me interesaban conservar.

Lo comprimí y cifré para que nunca nadie tenga acceso.

Aún no lo sabe, nunca le he confesado lo que hice. Pero sigo viendo una y otra vez ese video. Lo veo de hecho ahora que concluyo esta narración.

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Con mi suegra no se bromea

Hay gente que se deja manipular por cualquiera, que ni siquiera su decisión más firme está segura ante la opinión de otros. Yo no era en absoluto así, cuando algo se me metía en la cabeza, ya podían aparecer un centenar de expertos para decirme que me estaba equivocando, me daba igual, seguía adelante asumiendo cualquier consecuencia.

Con la decisión que más tuve que nadar a contracorriente fue con la de irme a vivir con mi novia. Ni uno solo de mis amigos o conocidos, ni siquiera de mis familiares, consideraban que fuese buena idea. Me decían que llevaba muy poco tiempo saliendo con ella y que a los veinticinco años casi nadie se iba de casa de sus padres.

Pero yo quería hacerlo por dos malas razones: porque tenía un trabajo bien remunerado que me lo permitía y porque quería mucho a Laura. Bueno, puede que esto último no lo justifique del todo, ya que se puede adorar a tu pareja y no por eso precipitarse a la hora de iniciar una convivencia. Lo que pasaba era que en nuestro caso el amor iba acompañado de grandes dosis de sexo.

Laura y yo estábamos enamorados, pero tan noble sentimiento se quedaba casi en nada si lo comparábamos con la química que teníamos en la cama. Nunca había estado con una chica tan explosiva que lograra sacar de mí un rendimiento tan alto debido a mis constantes ganas. Yo vivía con mis padres y ella con su madre, así que todos los caminos nos conducían a lo mismo.

Como decía, nadie apoyaba esa iniciativa. Mis amigos decían que era un pringado por dejarme cazar tan pronto y mis padres no llevaban nada bien eso de que su único hijo se fuera de casa. Aunque Laura se encontró con obstáculos más grandes que los míos, ya que su madre llegaba incluso a chantajearla para que no la dejara sola.

- ¿Y ahora qué hacemos?

- ¿A qué te refieres?

- No parece que tu madre vaya a ceder fácilmente.

- Tranquilo, llevo toda la vida lidiando con eso, ya no le hago ni caso.

- Pero me sabe mal.

- Es una chantajista, Jano, ya la irás conociendo.

- Lo dudo, me va a odiar de por vida.

- Con el primer nieto que le demos se le pasa.

- ¿Piensas ya en eso?

- Sí, pero para dentro de unos cuantos años.

- Menos mal.

- Ahora a buscar piso y a sacarle todo el partido posible.

Ambos estábamos de acuerdo en que el objetivo era sexual, así que no teníamos intención de perder más tiempo de la cuenta en la búsqueda ni demasiado dinero, ya que nos podría venir bien para el futuro. Un piso que estuviera cerca del trabajo y que contara con un par de habitaciones podría ser más que suficiente para los dos.

Con esa idea en mente, nos pusimos a ello sin imaginar que la búsqueda iba a ser mucho más corta de lo esperado. Nuestras ganas eran tan grandes que nos quedamos con el primer piso que fuimos a ver. No tenía nada especial, pero contaba con lo necesario para que Laura y yo al fin pudiéramos hacerlo sin prisa ni miedo a ser pillados.

Mis expectativas eran altas, pero fue aún mejor. De no haber sido porque teníamos que ir a trabajar, como todo el mundo, nos hubiéramos pasado la vida entera en la cama. Di gracias a Dios millones de veces por haberme atrevido a invitarla a bailar en la discoteca la noche en que nos conocimos, desde entonces mi vida era increíble.

Al cabo de un par de meses seguíamos igual de activos que al principio, puede que incluso más. Laura me sorprendía sacándose de la manga nuevas formas de complacerme y yo me esforzaba en encontrar también diferentes e imaginativas maneras de darle placer. Ni el más pesimista hubiese vaticinado lo cerca que estaba todo de empeorar.

- Laurita, podríamos salir a cenar para celebrar que llevamos un año juntos.

- ¿No puede ser otro día?

- Sí, claro, pero el aniversario es hoy.

- Es que no me viene bien.

- Cielo, ¿pasa algo?

- No te enfades, Jano, pero he invitado a mi madre a cenar.

- No me voy a enfadar por eso, aunque no era el mejor día.

- Lo sé, pero es que últimamente lo está pasando muy mal.

- ¿Por qué?

- Me echa mucho de menos.

- Bueno, como siempre.

- Ya, pero últimamente me lo hace saber a todas horas.
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- Sabes que te chantajea, tú misma lo dijiste.

- Aun así, le voy a proponer que se quede unos días con nosotros.

- ¿Perdona?

- Reconozco que me lo ha sugerido ella, pero no puedo negarme.

- ¿De cuánto tiempo estaríamos hablando?

- Dos o tres días para que se le pase el mono de hija, no más.

- Qué fácil es ser tú.

- ¿Eso qué quiere decir exactamente?

- Que tienes un novio que no es capaz de negarte nada.

- Porque es el mejor del mundo mundial.

Debo reconocer que ese peligro no lo vi venir. Me advirtieron de todos los inconvenientes de la convivencia, pero en ningún momento pensé que uno de ellos podría ser que mi suegra se nos metiera en casa. No tenía demasiado sentido, ya que vivía muy cerca, pero esa mujer se las había apañado para lograr que su hija se sintiera mal.

Casandra, que era como se llamaba mi suegra, no me caía ni bien ni mal, aunque sus intromisiones en nuestra relación pudieran resultar molestas. La respetaba por ser la madre de mi novia, de la misma manera que estaba convencido de que ella también me tenía a mí cierto respeto, pero de ahí a meterla en casa había un trecho importante.

La primera señal la alarma la capté al ver que aparecía por casa con una maleta en la que cabía yo entero. No parecía que fuese para dos o tres días, pero seguí fiel a mi idea de no protestar para que Laura no se llevara ningún disgusto. Si lograba sobrevivir a esos días seguro que mi chica encontraba una excitante manera de compensarme.

La actitud con la que Casandra llegó a nuestra casa fue un tanto desconcertante. Si bien es cierto que desde el primer momento se mostró simpática y dispuesta a colaborar con todo, había algo en su forma de mirarme que me inquietaba. Esa primera noche ya me dio algunas pistas sobre lo que me esperaba mientras estuviera allí.

- ¿Has cenado bien, Casandra?

- Estupendamente, pero no gracias a ti.

- ¿Por qué lo dices?

- Lo ha hecho todo mi hija mientras tú mirabas.

- Nos vamos turnando y hoy le tocaba a ella.

- Sí, claro, qué casualidad.

- Te lo digo en serio, se lo puedes pregun...

- Cálmate, chico, ¿no ves que te estoy tomando el pelo?

- No sabía que te gustaba bromear.

- Porque no sabes nada de mí, pero estos días me conocerás.

- Casi parece una amenaza.

- En absoluto, querido.

Lo curioso era que cuando la escuchaba hablar con Laura no había ni rastro de esas bromas, más bien lo contrario. Con ella utilizaba un tono lastimero para justificar su presencia en nuestra casa, lo necesario que era que estuviese allí porque se sentía muy sola. En principio, no veía motivos para tomármelo a mal.

Antes de irnos a dormir me hizo una segunda broma punto en esa ocasión no fue nada original, simplemente me dijo que tenía una mancha en el pijama y me lo creí. Algo tan absurdo como eso la hizo reír a carcajadas. No tenía nada claro si buscaba ganarse mi simpatía o simplemente estaba tratando de descolocarme.

- ¿Tu madre no está un poco rara?

- Yo la veo como siempre.

- Me ha hecho un par de bromas.

- ¿En serio? No es nada propio de ella.

- Ya lo sé, por eso te lo he dicho.

- Está claro que quiere ganarse tu aprobación.

- Supongo. ¿La tuya la tengo?

- ¿Qué pregunta es esa? Sabes que sí.

- Me refería a...

- No, de eso olvídate mientras esté mi madre en casa.

- Se me va a hacer eterno.

- ¿No puedes aguantar una semana sin meterla?

- ¿Cómo que una semana? Eran dos o tres días.

- Quizás se quede un poco más, pero la cuestión es que con ella aquí no podemos.

- Pues no entiendo por qué.

- Podría escucharnos.

- Lo dudo, pero tampoco es que sea algo malo.

- Piensa que ella lleva viuda veinte años.

- ¿Y qué?

- No ha estado con nadie en todo este tiempo.

- Porque no habrá querido.

- Da igual el motivo, no debe de ser fácil para ella escucharnos follar.

- ¿Quieres decir que tiene sus necesidades?

- ¿Quién no?
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Nunca me había preguntado por el pasado de mi suegra, así que no tenía ni idea de si en algún momento desde que enviudó había tenido algo parecido a un novio o a un amigo especial. Laura decía que no coma y seguramente fuese cierto, ya que ellas dos estaban muy unidas y de haber habido un hombre en su vida mi chica se hubiese dado cuenta.

Al margen de los conflictos que pudiera tener con ella, que en ese momento se centraban básicamente en que su presencia le impedía follar, debía reconocer que, a sus cincuenta años Casandra no estaba nada mal. Con en total seguridad, su cuerpo había vivido épocas mejores, pero eso no me impedía reconocer que conservaba gran parte del encanto que debió tener en su juventud.

Cuando nos despertamos a la mañana siguiente, descubrimos que Casandra se había levantado pronto para prepararnos el desayuno. Parecía evidente que esa mujer buscaba ganarse nuestra aprobación a toda costa. A mí me pareció un buen detalle por su parte, hasta que me di cuenta de que en vez de azúcar me había echado sal en el café.

Al parecer, las bromas no iban a quedar como algo anecdótico de la primera noche. Yo siempre había sido muy partidario de la risa, pero estar en mi propia casa y no saber en qué momento me la iba a intentar colar no me hacía especial gracia. Esperaba que se le pasara cuanto antes esa tontería verdad dejar de tener que estar alerta.

- Muy graciosa, Casandra.

- No has visto la cara que has puesto.

- Me la imagino perfectamente.

- Es para romper el hielo, hombre, que sé que mi presencia no te entusiasma.

- Sobreviviré una semana sin necesidad de que me envenenes el café.

- Una semana o lo que surja.

- Y sigue con las bromas...

- ¿Quién está bromeando ahora?

Para mi desgracia, con el paso de los días descubrí que en ese momento no estaba bromeando. Con la complicidad de Laura, mi suegra iba retrasando cada vez más su partida. Seguía metida en nuestra casa, con esa falsa amabilidad que tan nervioso me ponía. Obviamente, durante todo ese tiempo no me dejaron meterla en caliente ni una sola vez.

Lo de no follar era duro, pero se me estaba haciendo aún más pesado el tener que soportar las bromas de mi suegra. No dejó de hacérmelas en ningún momento, de hecho, cada vez iba elevándolas un poco más, parecía que lo que buscaba era dejarme en ridículo. Empecé a plantearme la idea de pagarle con su misma moneda.

El problema era que yo nunca había sido de hacer bromas. Me gustaba todo lo relacionado con el humor, pero no quería que nadie pudiera pasar un mal rato por mi culpa. Teniendo eso en cuenta, intenté un par de cosas con las que Casandra ni siquiera se inmutó. Recurrí a Laura en busca de inspiración, aunque dudaba que le fuese aparecer bien.

- ¿Qué broma podría gastarle a tu madre?

- Por favor, Jano, no seas infantil.

- Yo soy infantil, pero cuando lo hace ella te ríes.

- Porque le sale natural, tú solo buscas venganza.

- Ya que no se va ni a tiros, al menos le seguiré el juego.

- ¿Has pagado ya la factura del agua?

- Ahora te interesa cambiar de tema.

- ¿Qué hago? Dice que ha recuperado la alegría y que se queda unos días más.

- Con esa excusa la vamos a tener aquí siempre metida.

- No lo creo, también necesita sus momentos de soledad.

- Lo que tiene que hacer esta señora es buscarse un novio.

- Pues fíjate que por primera vez me ha confesado que le gustaría.

- Interesante...

- Con tal de que esté feliz, yo la apoyo en cualquier decisión.

Esa breve conversación con Laura me sirvió para encontrar justo lo que llevaba días buscando, la broma perfecta. Tras darle muchas vueltas, consideré que no era demasiado cruel y que podía alargarla todo lo que quisiera en función del comportamiento de Casandra. Me puse de inmediato con los primeros detalles.

Lo que tenía en mente era hacerle creer a mi suegra que tenía un admirador secreto, un candidato al posible novio que por lo visto andaba buscando. No tenía mucho de donde tirar para que fuese creíble, así que decidí que presupuesto enamorado sería un vecino de nuestra escalera que llevaba días observándola.
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No podía implicar a terceras personas, pero en nuestro mismo rellano había un hombre viudo de muy buen ver y esperaba que Casandra ya hubiese coincidido con él y se le metiera en la cabeza que era su admirador. Aunque me reía solo de pensarlo, mis carcajadas fueron tremendas cuando empecé a escribir la carta que dejaría en nuestro propio buzón.

"Estimada vecina, no sé si usted se habrá percatado de mi insignificante presencia, pero yo llevo varios días observándola. El motivo de mi fijación es que en mi ya extensa vida jamás habían visto mis ojos una dama tan hermosa como usted. Ruego que me disculpe por mi atrevimiento si otro afortunado caballero ya ocupa su corazón, pero no he podido contener las ganas de expresarle mi admiración, tanto por su belleza como por la elegancia con la que se mueve.

Si esta misiva no le ha resultado ofensiva, cosa que entendería, puesto que no soy más que un vulgar ser humano dirigiéndome a una diosa, volveré a escribirle en los próximos días. Permítame no revelarle aún mi identidad, pero sospecho que alguien con una inteligencia como a la que usted le presupongo, no le costará nada intuir quién se esconde tras esta pobre prosa. Sin ánimo de robarle más tiempo, me despido hasta la próxima."

No es que destacara por mi forma de escribir, de hecho, una vez me inventé un poema para Laura y me lo estuvo recordando durante meses, pero por la gracia que le hizo. Sin embargo, tenía la sensación de que la carta me había quedado bien, tanto, que se me saltaban las lágrimas solo de imaginarme a Casandra emocionada porque alguien le hubiese podido dedicar algo así.

Al salir del trabajo compré un sobre en el que metí la carta y me dirigí hacia casa con la intención de dársela a mi suegra diciéndole que me la había encontrado en el buzón. Nada más empezar a leerla me di cuenta de que se lo había tragado por completo. La leyó varias veces antes de despegar la vista del papel e interrogarme.

- ¿Dices que esto estaba en nuestro buzón?

- Sí, en el nuestro, de Laura y mío.

- ¿No tienes ni idea de quién la ha podido meter?

- Pues no, y menos si no me dices lo que pone.

- No es asunto tuyo, chafardero.

- ¿Te ha salido un admirador?

- No digas tonterías.

- El vecino de aquí al lado está viudo como tú.

- ¿En serio?

- Eso nos dijo.

- ¿Te refieres a ese hombre alto que sale por las mañanas a correr?

- ¿Cómo lo sabes?

- Paso mucho tiempo asomada a la ventana.

- Sí, ese mismo.

- Vaya...

A mí no me quiso contar nada, pero en cuanto Laura llegó del trabajo se lo explicó todo con pelos y señales. No solo si lo había creído, sino que estaba convencida de que se trataba de nuestro vecino de al lado. Apenas podía contener la risa pensando en todo el partido que le iba a sacar a esa carta surgida de mi retorcida mente.

Entonces apareció el primer problema. Laura se ilusionó tanto por la idea de que su madre pudiera encontrar la felicidad que no fui capaz de confesarle que todo había sido obra mía. A eso había que añadirle un segundo inconveniente en el que ni siquiera había pensado: mientras durara todo eso, Casandra ni se plantearía la opción de irse.

Muy a mi pesar, decidí no escribirle más. Mi suegra estaba tan ilusionada con lo de su admirador, que dejó de gastarme bromas pesadas, así que ya había sacado algo positivo, además de muchas risas. Pero para entonces ella ya se había obsesionado y pasaba el día bajando al portal para ver si había una nueva carta en el buzón.

Se suponía que bebía de alegrarme, ya que bien sueños me hubiese imaginado una venganza tan efectiva, pero sentía pena por Casandra. Estaba convencida de que su admirador, del que ya daba por hecho que era el vecino de al lado, se había arrepentido de haberle escrito. Pasaba todo el día asomada en la ventana, esperando para verlo.

- Al vecino ya le vale.

- ¿Por qué damos por hecho que ha sido ese hombre?

- ¿Quién va a ser si no?

- Pues cualquiera con el que se haya podido cruzar por la escalera.

- No creo que eso sea suficiente para escribir una carta.

- Existen los flechazos, ¿no?
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- Seguro que la ve por la ventana cuando se asoma al patio interior.

- No me imagino a ese señor comportándose como un adolescente.

- Mi madre puede despertar pasiones, ¿vale?

- Sea quien sea, ya volverá a escribir si sigue interesado.

Lo último que quería era discutir con Laura por su madre, demasiado tenía con llevar ya casi un mes sin mantener relaciones sexuales. Estaba en una encrucijada, no sabía si escribir una nueva carta que pudiera calmar sus ánimos o no hacer nada y quizás la desilusión la llevara incluso a querer alejarse de nuestro edificio.

Casandra estaba tan desesperada que llegó a compartir lo que le estaba ocurriendo conmigo. Obviamente, yo ya lo sabía todo, primero porque había sido cosa mía y porque Laura me lo había contado, pero fingí sorprenderme. Aunque intenté convencerla de que podría haber sido cualquier vecino, que había más candidatos que el de al lado, mi suegra solo pensaba en él.

Maldije el día en que me propuse ponerme a su altura. Ninguna de las risas que me había echado a su costa merecían soportar el drama que me estaba tocando vivir. Tanto la madre como la hija estaban obsesionadas con el tema y seguían esperando una carta que nunca iba a llegar. Temía que Casandra pudiera hacer una locura.

Por aquel entonces ya la conocía suficiente como para saber que lo mío era más que un temor. Una tarde, al volver de trabajar, me encontré a mi suegra abatida en el sofá. Pensé que la ausencia de cartas la tenía ya desesperada, pero resultó que, tal y como me imaginaba, había hecho algo con lo que solo consiguió empeorar las cosas.

- ¿Estás bien?

- No, Jano, no lo estoy.

- ¿Ha pasado algo?

- He cogido el toro por los cuernos y he ido a hablar con el vecino.

- Joder...

- No soy mujer que pueda esperar sentada a que ocurran los acontecimientos.

- ¿Qué te ha dicho?

- Que él no me has escrito ninguna carta.

- ¿Lo ves? Puede haber sido cualquiera.

- No, estoy absolutamente convencida de que fue él.

- ¿Y por qué iba a negarlo?

- Porque seguramente se precipitó.

- ¿Qué quieres decir?

- Cuando me la escribió no me habría visto de cerca y no sabía que soy repugnante.

- No digas eso, Casandra, no está ni siquiera cerca de ser cierto.

- Lo dices para animarme.

- No, mujer, es que estoy convencido de que no te la escribió él.

- ¿Cómo puedes estar tan seguro?

- Porque fui yo.

La pena y la presión me pudieron y acabé confesando. Esperaba que no se lo tomara mal, que entendiera que solo era la respuesta a todas las bromas que ella me había gastado a mí. Ya me imaginaba a Laura echándome de casa y no queriendo saber nunca más nada de mí. Pero resultó que Casandra no lo interpretó de esa manera.

- Jano, ¿te gusto?

- Bueno, a ver... hay un afecto que va en aumento, eso está claro.

- Lo que me escribiste es precioso.

- Me salió solo.

- No me lo esperaba en absoluto, pero la verdad es que tiene sentido.

- ¿Lo tiene?

- Desde que estoy aquí no te has acostado con mi hija ni una sola vez.

- ¿Te lo ha dicho ella?

- No, pero dormimos pared con pared y no he escuchado nada.

- Ya, bueno...

- No te tienes que justificar, ahora lo entiendo todo.

- Pero este que quede entre nosotros.

- Por supuesto, Laura no puede saber nada de lo que hagamos.

- ¿Cómo?

- Tú me amas y yo estoy hambrienta, debemos dejarnos llevar.

- Vamos a evitar meternos en líos.

- No te reprimas, muchacho, tus sentimientos y mis necesidades son maravillosos.

- Geniales, pero vamos a respetar a tu hija.

- La mejor forma de hacerlo es darme eso que tanto deseo.

- ¿A qué te refieres exactamente?

- A tu polla, es lo que necesito para sentirme de nuevo mujer.

Mi suegra avanzaba hacia mí convencida de que estaba enamorado de ella y que entre mis piernas estaba la solución para ambos. Al llegar a mi altura, Casandra me colocó una mano en el paquete. No estaba para nada metido en situación, más bien lo contrario, pero un roce en esa zona es suficiente para conseguir una erección incluso en el peor momento.
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Esa empalmada fue todo lo que necesitó para justificar lo que haría a continuación. Con una agilidad que no me esperaba, mi suegra se puso de rodillas, me bajó los pantalones y los calzoncillos, y me liberó la polla. Antes de que pudiera reaccionar ya se la había metido en la boca. No hacía falta que jurara que llevaba veinte años sin catar una.

Con una intensidad que Laura jamás había empleado, su madre empezó a mamar. Me hubiese encantado poder decirle que parara, pero resultaba imposible. Tanto tiempo sin que nadie se aferrara a tan sensible zona hizo que fuese incapaz de resistirme, que me rindiera a la voracidad de mi suegra y esperara a que me condujese al placer.

No estuvo demasiado tiempo chupándomela, enseguida se incorporó y me llevó al sofá, obligándome a sentarme. Fue entonces cuando comenzó a quitarse la ropa. En un abrir y cerrar de ojos ya tenía a la vista los pechos de mi suegra, tan grandes como se intuían y firmes como no los imaginaba. Tampoco me esperaba que llevase el coño totalmente depilado.

Volviendo a demostrar su agilidad, Casandra se abalanzó a por mí de un salto y se sentó a horcajadas sobre mis piernas, sujetando de inmediato mi tranca para metérsela hasta el fondo. Su humedad también me sorprendió gratamente, no hubiese dicho que se pudiera sentir algo tan agradable dentro de una vagina madura.

Tras cogerme las dos manos para que me aferrara a sus tetas, Casandra empezó a cabalgar. Comenzó despacio, pero poco tardó en ir ganando velocidad y demostrar lo ávida de placer que estaba. Aunque era una situación surrealista, la broma se me había ido por completo de las manos, por nada del mundo le podía pedir que parase.

Mis manos partieron desde sus pechos para recorrerle el cuerpo entero. La agarré con fuerza del culo mientras ella seguía rebotando e incluso la sujeté por el cuello, algo que pareció excitarle aún más. Nadie hubiese dicho que esa mujer llevaba veinte años sin practicar, era una auténtica fiera, dominaba el sexo a la perfección.

Entregado por completo a lo que estaba ocurriendo y sin pensar ni un segundo en que Laura pudiera aparecer, sentí los primeros síntomas de un orgasmo inminente. Eso hizo que le rodeara con fuerza la cintura y volviese a aferrarme a una de las tetas mientras empezaba a empujar desde abajo. Casandra contorsionaba su cuerpo para que no le quedara ni un centímetro fuera del coño.

Empapados ambos en sudor, lo dimos todo hasta el final. Hubo un momento en que sentí cómo todos los músculos de mi suegra se tensaban y arqueó la espalda para alcanzar el placer. Apretando con fuerza sus duras carnes, descargué toda mi leche en su interior. Mientras yo recuperaba el aliento mi suegra comenzó a reírse a carcajadas.

- ¿Se puede saber qué te hace tanta gracia?

- Sé desde hace un par de días que tú escribiste la carta.

- Así que ya sabías lo que siento por ti...

- Deja de fingir, Jano, me la habías colado, pero te la he devuelto.

- Casandra, yo...

- Ahora ya estamos en paz, no más bromas.

- Trato hecho.

- Pero tenemos un problema con mi hija.

- No, no tiene por qué.

- Quieres que mantengamos la boca cerrada, ¿no?

- Es lo mejor para todos.

- De acuerdo, siempre que estés a mi disposición cuando te necesite.

Continuará...

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Con deseo de follarme a mi media hermana

Me llamo Javier, Javi para la mayoría de la gente, mido 1,76m pelo castaño, ojos celestes, vivo con mis padres, soy hijo único, aunque siempre desee tener algún hermano, Jorge mi papá, es ingeniero, viaja bastante seguido a veces retorna a la semana, mamá Elena, se dedica a la casa y fundamentalmente a mi crianza, a la que adoraba, nunca me hacía faltar nada, me ayuda con los deberes que traigo de la escuela secundaria, pasando los años con bastante facilidad.

Pero la felicidad, no fue demasiada duradera, se terminó cuando mi madre enfermó, lamentablemente en pocos meses, falleció, no podía creer, ese suceso, estaba desconsolado, no tenía alivio de ningún tipo. Con mi padre me daba la sensación de que no le había afectado tanto, contrató a una mujer para atendernos, encargándose de los quehaceres de la casa, aunque él, continuo con su trabajo, viajando quedándome solo en la casa.

Realmente estaba bastante mal, a pesar de tener amigos y mucha libertad, como consecuencia que carecía de control, aprovechaba para irme a la casa de mi abuela que me daba todos los gustos, pero a pesar de eso, no compensaba la falta de mi madre.

Meses después mi padre me dijo, que iríamos a comer con una señora y su hija, a algún restaurant de la ciudad, no sé si me alegró o no esa noticia, estaba bastante indiferente a todo, aun no me reponía de la muerte de mi madre.

Llegó el día, las presentaciones habituales, su supuesta candidata se llamaba Eva, una linda mujer de unos 40 años o algo menos, muy agradable, su hija Magali, una linda chica, un rostro especial, pero fundamentalmente el brillo de sus ojos, que reflejaban su estado, algo gordita, no muy alta, atractiva y hasta diría muy sensual. Que, al cabo de un rato, recordé que iba a mí mismo colegio, un año atrás creo. Alegrándose que la había reconocido a pesar de la cantidad de alumnos que concurrían al establecimiento.

No hablé demasiado, diría menos de lo necesario, a pesar que entre madre e hija me bombardeaban a preguntas, posiblemente para simpatizar, o darme cabida en esa reunión, que, al llegar a casa, papá me reprimió por la manera de mi comportamiento tan indiferente. A pesar de no decírselo, pensé, que rápido había pasado su duelo, después de la muerte de su esposa, creo que eso me afecto más, que la presencia de la madre y su hija.

Los encuentros fueron más continuos, yendo a comer a casa de Eva o ellas venían a la nuestra, entablando una cierta amistad con Magali, que era una chica bastante alegre y simpática. En una oportunidad casi se cae, la tome fuertemente de un brazo, sintiendo ese instante como una descarga eléctrica, supongo que a ella le sucedió algo similar, si bien nos quedamos mirándonos, nunca lo comentamos.

En el colegio, no le daba demasiada importancia, parecía como que no tenía demasiado interés en ella, aunque a veces al verla rodeada de otros varones, no me agradaba demasiado, pero la gran parte de la vez, giraba su cabeza, buscándome, para sonreírme o contraer sus labios, como mandándome un beso. A la salida del establecimiento comencé a acompañarla unas cuadras.

Pero la frutilla del postre, sucedió, cuando a los pocos meses, mi padre me comenta:

“Hijo, debo darte una noticia, que no dudo que te agradara” Lo observe algo sorprendido, diciéndole:

“Si, dime papá”

“Pues hemos decidido conformar una familia entre Eva, su hija y nosotros, por una parte, ella compro una casa más grande, y tú no te quedarías tan solo, cuando viajo”

No respondiendo nada, pensando que rápido había sido mi padre, en constituir un nuevo hogar familiar, aunque no me disgustaba estar tan cerca de Magali, pero, por último, termine diciéndole:

“Pero hace poco que la conoces, sería conveniente, pasar un tiempo, creo.”

“Bueno, en realidad hace mucho que nos conocemos” Había pensado que habría tenido alguna relación, mientras mi madre vivía, creo que esas palabras, confirmaron mi desconfianza. Solo le dije:

“Hace lo que quieras apenas pueda me voy de acá”
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“Pero hijo, yo…”

Dejándolo con la palabra en la boca, me encerré en mi habitación, pensando en lo sucedido.

Al poco tiempo, nos fuimos a casa de Eva, la que no sabía hasta el momento si era viuda, separada o madre soltera. Pero tampoco me preocupe demasiado en su estado civil. Por suerte Magali, era muy cálida, que fuimos teniendo una amistad, a pesar que en un principio la rechazaba a igual que a su madre. Aunque ellas, no eran las culpables de esta situación, más bien lo era mi padre, al acelerar esta relación, que no sé si llegaría a ser muy duradera. Por suerte alquilo nuestra casa, de fallar este matrimonio, aun conservábamos la casa.

Por supuesto que no suplía a mi madre, aunque me trataba bien, preparaba mi comida, mi ropa, eso fue haciendo que mantuviésemos una buena convivencia. Con Magali, fuimos acrecentando una buena relación, íbamos juntos al colegio, en ciertas ocasiones salíamos todos, o iba al cine con ella, o alguna fiesta, donde poco a poco se fueron cicatrizando mis heridas, por la pérdida de mi madre.

Comencé a sentir una cierta atracción sobre Magali, a veces me daba la sensación que trataba de provocarme, pero un poco mi timidez o el temor de pasar un papelón, o ser rechazado, trataba no ir más allá.

Un día mientras charlábamos, me dijo que hacía más de un año, le habían extraído una vesícula, que le había quedado una cicatriz, que no le agradaba demasiado exhibirla. Preguntándole:

“Es muy grande”

“¿Más o menos, quieres verla?

“Bueno” Contestó, levantándose la pollera bajando un poco sus bragas, pudiendo no solo le cicatriz, sino ese lugar tan especial de su llamativo cuerpo. Extendí el índice para rozarla con mi dedo, pero se desplazó, evitando mi leve contacto, extrañándome esa actitud, aunque no le di importancia.

Pero lo más llamativo, fue una tarde, que oí unos gemidos desde la habitación de Magali, me acerqué para comprobar si proveían de ahí, quedándome a escuchar esos dejos, que se fueron transformando en quejidos de placer, algo que solo de escucharlos, hizo que me excitase.

A partir de ese momento, trataba de estar atento a esos sonidos tan provocativos, a veces intentaba mirar por el ojo de la cerradura, pero la visión, estaba obstruida. Hasta que un día, al entrar en su dormitorio, vi que tenía unas bragas, colgada de la manija de la puerta impidiendo poder ver, la saque, con la esperanza de captar algo, en algún momento.

Esa misma tarde, volví a oír sus gemidos, silenciosamente me fui hasta su puerta, me arrodillé observando, parte de su cama y a ella que estaba desnuda sobre la cama, masturbándose, dado el ángulo en que estaba, no veía la totalidad de la escena, pero si lo suficiente como para llegar a excitarme, sumado a sus quejidos de placer, que se iban acrecentando.

Las esperanzas de poder seguir observándola, las mantenía, ya que su madre era profesora en una escuela, menos el miércoles, así que, era muy factible poder observarla, a pesar que me parecía que estaba mal, mi actitud ante Magali, pero era muy tentador. Otra tarde, volví a oír, los habituales quejidos, de su dormitorio, me fui acercando sigilosamente hasta su puerta, que estaba bastante entre abierta, tratando de movilizarme silenciosamente y hasta conteniendo la respiración.

Al observarla estaba boca abajo, con sus bragas sobre un pie, su pollera levantada, dejando ver su tentador culo, y su apetecible raja, donde su mano la friccionaba con tesón, ante sus gemidos cada vez más elocuentes, percibiendo la humedad que emanaban de su interior.

Mi verga no tardó en ponerse tiesa, ante tan excitante espectáculo, contemplando cómo su cuerpo comenzaba estremecerse, al ritmo de que sus dedos iban alterando su sexo.
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Era algo más que excitante, la manera tan desesperante en que lo hacía, hasta que sus convulsiones se hicieron más que evidentes, que después, de varios minutos quedó exhausta, sobre su lecho, entreabriendo sus piernas divisando codiciosamente, su deseable sexo, hasta que se quitó las bragas que estaban en su tobillo, abriéndose bien de piernas, como si supiese que la estaba observando.

Si bien no era muy continuo, en un par de ocasiones, estaba sentada abriendo bien sus piernas pudiendo ver sus bragas, mientras no dejaba de mirarme de una manera muy peculiar. Cuando en una de esas ocasiones, su madre la retó, diciendo:

“Magali, cierra esas piernas, estas mostrando todo frente a Javi” Que en parte me puse colorado, al oírla, mientras ella, acomodaba la pollera, guiñándome un ojo.

Había algo que me intrigaba, no quería que fuésemos solos a la playa, supongo que, por precaución de que nos pasase algo, pues solos estábamos todas las tardes. Pero Magali, era una chica más osada que yo, así que me propone ir una tarde, mientras su madre estaba en la escuela enseñando.

Por consiguiente, al día siguiente fuimos a la costa, en mi moto. Al llegar, bajamos esos acantilados hasta llegar a la playa, caminamos por la orilla, mojándonos los pies, hasta que después de un rato, nos tiramos sobre la arena, estaba cálida la tarde, quitándome la remera dejando mi dorso al desnudo. La invite a Magali a que hiciese lo mismo, me miro de una forma capciosa, comprendiendo que posiblemente quedaría en tetas, algo que era imposible que hiciese.

Hablamos de cualquier cosa, lo estábamos pasando bien, a pesar de no haber compartido momentos así.

En determinado momento le digo:

“Te gustaría que nos masturbásemos juntos?” Me miro de una manera integrante, contestándome:

“Estas loco, que tienes en esa cabeza” Realmente me dio vergüenza lo que le había propuesto, me disculpe, considerando que no había dicho lo correcto, continuando caminando por la orilla. Al rato me dice:

“Si quieres hacértele, yo no tengo problemas, te miro y listo” Sentí un escalofrió al oír sus palabras, pero no termine de hacer unos pasos y le digo:

“Está bien, busquemos un lugar”

“¿Bueno, cerca del acantilado, te parece?

“De acuerdo”

Se sentó sobre la arena, apoyando su espalda sobre una roca, preparada para ver el espectáculo.

Estaba algo nervioso, dispuesto a cumplir con mi propuesta, bajándome el cierre, para sacer mi verga, cuando me dice:

“No querido, desnúdate, quiero verte totalmente sin prendas” Algo avergonzado lo hice, hasta que comencé a tocarla, pero por los nervios, o saber que me observaba no se ponía rígida, algo que me cohibía, la mirada de Magali, algo socarrona, parecía jugarme en más contra. Hasta que le digo:

“Requiero algo de estimulación”

“No sé qué puedo hacer, tú fuiste el de la idea” Algo ofuscado, digo:

“Está bien, me visto y nos vamos” Comenzando a colocarme el bóxer. Deteniéndome, mientras me dice:

“Te puedo mostrar mis tetas, si eso ayuda, pero eso solo y sin tocar.”

“De acuerdo”

Comenzando a sacarse la blusa, y el sostén, dejando al descubierto, sus apetecibles senos, observando sus pezones rodeados por una aureola rosada, que los hacían muy seductores. Comencé a masturbarme, lentamente disfrutando de sus tetas, mientras mi verga se erguía, ante los ojos lascivos de Magali, que parecía comérmelo con su mirada.

Oprimiendo y esterando sus pezones, mientras continuaba acariciando lentamente mi verga, que, ante mi sorpresa, en ese instante de total voluptuosidad ella, se quitó los pantalones, metiendo su mano a través de sus bragas, comenzando a friccionar su sexo, acelerando progresivamente mi estimulación.

Sus gemidos comenzaron a acrecentarse, ante esos obscenos movimientos, notando como sus senos se iban alterando, hasta rigidizarse sus pezones, Traté de acercarme, darle un beso, pero me detuvo, diciendo:
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“Sin tocarnos, por favor” No entendía porque esa restricción, pero no quise contrariarla, por el temor de terminar, con esta masturbación compartida, así que traté de contenerme, viendo como su rostro se estremecía, al igual que su cuerpo. percibiendo que ya estaba por venirme, me giré para no eyacular sobre su piel. Cuando me dice, con voz temblorosa:

“Acaba sobre mi cuerpo” Comprobando como su organismo se convulsionaba, arqueándose, contrayendo los dedos de sus pies, ante la llegada de su orgasmo, simultáneamente, mi esperma, bañó su blanca piel, cayendo de rodillas sobre ella, mientras acaricia mi cabellera.

Estuvimos abrazados un par de minutos, hasta que me levanté, tratando de besarla, volviendo a evitarlo, diciendo:

“Ya está, regresemos a casa” Nos vestimos en silencio, subimos el acantilado, tomamos la moto rumbo a nuestra casa, durante todo el recorrido, me rodeo con sus brazos, apoyando su rostro en mi espalda, hasta media cuadra antes de llegar a nuestra vivienda.

Lamentablemente ya estaba su madre, la que nos regañó apenas entramos, yéndonos a nuestras respectivas habitaciones, para estudiar y hacer las tareas correspondientes, hasta que nos reunimos para cenar.

No podía dejar de pensar en lo sucedido, a la mañana siguiente, antes de concurrir a l colegio le digo:

“Cuando desees podríamos repetirlo” Me miro, sin darme una contestación precisa.

Por supuesto, que pasados unos días lo volvimos a repetir, aunque era lógico que deseaba algo más, disfrutábamos de ese momento, a la noche siguiente me dice:

“Tengo una sorpresa para ti”

“¿Si, que es?”

“Mañana lo sabrás” Estaba más que impaciente, después de llegar del colegio, almorzamos, su madre se fue al colegio, y nosotros a nuestras habitaciones, cuando al rato me llama, voy corriendo a su alcoba y estaba desnuda, sentada en posición de buda sobre su cama.

Por supuesto que volvió a impedir que la tocase, pero era un nuevo paso, ver su vagina, masturbándonos a la par, pidiéndome que acabase sobre su pecho. Una vez que habíamos aplacado nuestro deseo, le pregunte:

“Magali, te gusta mucho masturbarte?”

“Si me encanta, lo hago bastante seguido”

“¿Y qué es, lo que sientes al hacerlo?”

“Bueno, cuando llega el orgasmo, tienes una sensación de hormigueo en tu piel y hasta el cerebro, es algo especial. Usando tus dedos, cuando estimulas tu clítoris y la vagina al mismo tiempo, especialmente en el punto G, sentirás un orgasmo explosivo que puede dejarte convulsionando o hasta llevarte a la eyaculación”.

“¿Pero, no te gustaría tener sexo?

“Supongo que sí, pero me hago muchas fantasías mientras me toco y me agrada”

“Las has tenido conmigo?

“Quieres saber demasiado, mi querido Javi” Aproveche ese momento para decirle algo:

“Magali, debo confesarte algo, espero no te enojes”

“Dímelo, no creo que lo haga”

“Bueno, paso que una tarde, oí gemidos en tu habitación y te vi masturbándote”

“En serio? Que sinvergüenza, jajajajajaja, te habrá gustado, hasta debiste haberte pajeado”

“Si, si” Contesté todo ruborizado.

“Pues lo hice a propósito”

La miré más que sorprendido, sin saber que contestarle.

A partir de ese momento, nuestras conversaciones sobre sexo, iban siendo más intensas, nos confesamos que nunca habíamos tenido sexo con alguien, y que me sentía muy a gusto con ella, al igual que Magali conmigo.

Pero a pesar de eso no pasábamos de nuestras masturbaciones, sin dejar de estar desnudos, contemplando nuestros cuerpos. Verla como Dios la trajo a este mundo, mientras se toca, y gime, ver como se convulsiona era algo sublime, hasta que mi esperma lo esparcía sobre su blanca piel, era extraño, que después ese goce individual, no había más nada.
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Una tarde fui a su dormitorio, nos desnudamos, para iniciar nuestro desahogo individual, aunque más bien era esa atracción, intenté tocarla, pero me detuvo, diciendo:

“No lo hagas Javi, sino te vas” Me detuve conociéndola que lo haría, así que le pregunto:

“Magali, porque me detienes, llegamos a un punto y ahí paramos, solo me encantaría tocarte y tú lo hagas conmigo”

“No, porque eres mi hermano”

“No soy tu hermano, venimos de padres distintos, no somos nada”

“Si, lo somos”

“Por favor, no seas infantil”

“Es verdad, lo eres”

“De donde sacaste eso?”

“Pues tu padre, es mío también” Poniendo cara de arrepentimiento por su confesión, quedándome frio, al oír esa confidencia, sin saber que decir, donde repitió nuevamente, “eres mi hermano”. Me eche a llorar como un niño, mientras ante mi desesperación, me abrazo, tratando de contenerme, no me desagradaba que fuese mi media hermana, solo pensé que mi padre hacía años que engañaba a mi madre.

Creo que mi ira, me hacía llorar, mas, sin saber que hacer Magali, me contenía fuertemente con su cálido cuerpo, besando mi rostro, sin dejar de abrazarme, hasta acercó sus labios para besarme en la boca.

Pero a pesar de eso no podía aplacar mi ira, ni mi llanto, diciéndome:

“Que quieres hacer Javi, dime, hare lo que quieras”

“Nada, no me dejes, solo eso”

“Está bien, no te dejare” Sin dejar de besarme, terminado acostándonos ambos desnudos, hasta que me dormí. Al rato me despertó, diciéndome que estaba por regresar su madre, preguntándome:

“Estas mejor?? No digas nada, de lo que te dije”

“No te preocupes, no diré nada”

En otro momento me contó que ella lo supo de su madre hace menos de un año, y que se había alegrado mucho al saber que viviríamos juntos. Paso casi una semana hasta que volvimos a estar solos, la tarde que lo logramos, no estaba demasiado dispuesta Magali, a iniciar algo, estaba como atemorizada. Traté de apaciguarla, decirle cosas, que le agradasen, hasta que, por último, me dice:

“Sé que tarde o temprano, terminaríamos cogiendo, no quisiera quedar embarazada, además eres mi medio hermano”

“Te agrado?”

“Si mucho”

“Bien, te prometo que nunca te penetrare, a menos que lo desees, ¿te parece?, además hay anticonceptivos, preservativos.”

“Lo sé, pero soy a alérgica a ellos y el forro no me gusta”

“Está bien, no te preocupes”

“Ok, creo en vos, eres muy buen chico”

Sin pérdida de tiempo, comencé a desnudarla, notaba su cuerpo algo tieso, la acaricié, intentando relajarla, pasando mi mano por todo su cuerpo, acariciando esa piel tan especial. Poco a poco, se fue entregando a mis mimos, notando como sus pezones se iban alterando, la besaba suavemente, que me iba respondiendo rápidamente, jugué con sus tetillas, hasta bajar mi mano a su vagina separando sus piernas, para tener un acceso directo.

Mis dedos rápidamente, se fueron impregnando de sus apetecibles flujos, que emanaba constantemente, llevando mis dedos húmedos a sus labios, que chupó con pasión, besándola saboreando ese sabor tan lleno de sexualidad femenina.

Continúe alterando su cuerpo, que segundo a segundo, se iba convulsionando, introduciendo mis dedos en su vano vaginal, arqueándose ante esa penetración manual.

Sus gemidos, eran incontenibles, seguí friccionando su abertura, tocando su clítoris, expectante de ser alterado, mientras el cuerpo de Magali, parecía estallar de exaltación, exclamando que continuase. A pesar de estar súper excitado con mi verga pareciendo explotar, me contuve, de penetrarla, continuando alterando su organismo,

Gritándome que no aguantaba más, contestándole, que no se contuviese, cuando instantes seguidos, un chorro de orín baño la cama, de una manera incontenible. Aparentemente se avergonzó de lo sucedido, pero la abrace tratando de contenerla, como aprobando lo acaecido.
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Me abrazo fuertemente de una manera apasionada, disculpándose por lo que había hecho.

“Tranquila, me encanto, como te pusiste, espero poder repetirlo”

“Me encanto” Besándome, tomando mi verga dura, masturbándome rápidamente, acabando mi leche sobre su sensual cuerpo.

“Esto es un real, chiquero” Me dice, echándonos a reír.

Una tarde regresé más tarde a casa del colegio, de lo acostumbrado, al entrar la vi a Magali, desnuda sentada sobre el sillón en que nuestro padre mira televisión, su sonrisa voluptuosa y su atractivo cuerpo, me estimularon rápidamente. Le pregunte:

“Que haces así?

“Te esperaba, no te agrada”

“Por supuesto, me alteras mis hormonas” Mientras me acercaba, que, al tener sus piernas levantadas y apoyadas sobre el sillón, mostraba abiertamente su jovial y fresca vagina, sus labios, el himen, y su exquisita cavidad.

Me acerque para besarla, mientras mi mano se apoyaba en su sexo, bastante húmedo, llegando a introducir mis dedos con facilidad.

Me arrodille, tomando sus muslos, y metiendo mi boca entre sus piernas, empapando mi rostro, comenzando a lamer y hasta morder ese lugar tal atrayente, oprimiendo con sus muslos mi rostro. Sintiendo su cuerpo vibrar, ante mi acoso sexual, gemía, era una gata en celo, hasta su rostro se transformaba, ante ese impactante acometimiento,

Su transpiración, sus flujos vaginales y la baba de su boca, se mezclaban en liquido lleno de sensualidad, al que posteriormente se sumaba mi esperma en ese coctel acuoso que emanaban nuestros cuerpos.

Un medio día al llegar, Magali me beso de una manera apasionada, al punto que su madre le dice:

“Magali, creo que te estas propasando en besar a Javi”

“Es mi hermano, y lo hago así, afectuosamente”

“Está bien que vivamos como familia, pero creo que te pasas demostrando tu afecto, hija"

A partir de ese momento sucedió algo extraño, no con Magali, que día a día, manteníamos esa relación atípica, sabiendo que en el momento menos pensado la penetraría.

Más bien me llamó la atención, fue la presencia de su abuela, que venía por la tarde, como una especie de “guardiana” de su nieta, le pregunte a Magali, que pasaba.

“Mamá sospecha, que tenemos algo, por ciertas cosas que debe haber sospechado”

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Con deseo de follarme a mi media hermana. (Parte 2)

Como precaución, de la advertencia de Magali, de que su madre algo sospechaba, fuimos restringiendo nuestros encuentros, más bien, no tan prolongados, a raíz de las visitas de su abuela, que aparecía en cualquier momento, para colmo, tenía una llave, que nos podría agarrar infraganti.

Una de las cosas que se le ocurrió a Magali, andar sin ropa interior y en la pollera de la escuela, que era algo corta, donde me alteraba muchísimo, tocar su culo, en presencia de su madre, sin que se diese cuenta, alterando nuestra adrenalina y excitación.

Una tarde, estuvimos al filo de ser descubiertos, comencé a besar a Magali, hasta que fuimos a mi dormitorio, la tiré sobre la cama, levantando su falda, carente de sus bragas, por supuesto, algo que no dejaba de sublevarme.

Sentía la necesidad de introducir algo en sus seductores huecos, penetrar esa carnosa y atractiva cavidad, mientras mi hermanita, se salía de la vaina ante mi contacto, reflejando en su bello rostro, su estado de alteración sexual.

Comenzamos a besarnos con gran pasión, me baje los pantalones, friccionando mi verga entre sus piernas, creo que todo se estaba desarrollando para llevarnos a tener un frenético apareamiento, no tardaría en hacerlo, que por suerte no sucedió, cuando Magali, se abre de piernas, separando sus labios, inferiores, con sus dedos, quedando a la vista su clítoris, como una perla lubricada, a la espera de ser alterada.

Mi índice, previa lubricación con mi saliva, comenzó a frotar ese delicado punto, donde miles de terminaciones nerviosas, lo convertían en la parte más sensible de sus genitales, estimulando rápidamente su organismo, donde unos leves temblores la iban transportando, cuando me dice:

“Lamela, por favor, amor” La miré, tentado de desnudarla, pero metí mi rostro entre sus piernas, poniendo en contacto mi lengua con ese alterado punto, donde sus sacudidas eran incontenibles, y mi verga parecía estallar, elevé su blusa, hasta llegar a sus pezones oprimiéndolos con fuerza, oyendo su gritos y gemidos de desesperación. En el puto momento, que oímos la vos de la abuela, que decía;

“Hola chicos, donde andan, que están haciendo?” Un frio helado recorrió mi cuerpo, odiando la voz de esa mujer, Magali saltó de la cama, arreglándose la ropa, cuando se topa con ella, que la saluda rápidamente.

“Oía como unos gritos, no sabía si sucedía algo, me extraño”

“Era el televisor abuela” Le contesto de una manera, con bastante brusca.

“Vaya, parece que la niña, está de mal carácter”

“Pasa, abuela, que no necesitamos que vengas a cuidarnos, SOMOS GRANDES”

“Algo estarían haciendo para ponerte así”

“Lo que hagamos o dejemos de hacer, son cosas nuestras”

“Está bien, ya que soy mal recibida, me voy, ya le contare a tu madre”

“Pues cuéntale, lo se te antoje, chau” Nunca había vista a Magali, tan enfadada, a la vez que la abrace, para calmarla un poco, diciéndome:

“Nunca me cortaron un orgasmo de esta manera”

“Quieres continuar” Le comento.

“No gracias, se me fueron las ganas con esta vieja, pero me imagino que estarás con ganas” Mientras se arrodilla, baja mis pantalones para mamar mi verga, la que no necesito demasiado tiempo, acabando en su deliciosa boca.

Dos horas después llegó su madre, bastante ofuscada, por las novedades que la había comentado la abuela, diciéndole a Magali:

“Porque trataste tan mal a tu abuela”

“Yo no la traté mal, solo que entró, como si fuese su casa, a controlar lo que podíamos o no estar haciendo. ¿Qué es el guardián, ya le dije que somos grandes?”

La discusión continua, mientras enfilaba a mi habitación, oyendo los gritos de ambas. Lo último que oí, fue:
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“Cuando venga tu padre, ya hablaremos” En ese instante se dio cuenta lo que había dicho, se fue a la cocina. Magali me miró sonriente, elevando sus cejas, en señal, de que nada llegaría a suceder. Conclusión, no se tocó más el tema.

Cuando todo se calmó, hable con Magali, que aún estaba enfadada, la abrace, tratando de contenerla, percibiendo aun ciertos temblores, producto de esa disputa.

Por supuesto continuaríamos con lo nuestro, si bien tratamos de no tener momentos de efusividad delante de nuestros padres, permanecimos teniendo nuestras relaciones amatorias.

Creo que ya habían transcurrido tres meses o más, desde que fuimos a vivir con ellas, si bien no estaba obsesionado, en determinados momentos deseaba poder penetrarla, no sabía si llegaría a aceptarlo, solo conocía muy bien su sensibilidad, respeto al sexo, apenas la tocaba en determinados lugares muy sensibles, de su cuerpo, se dejaba transportar, hasta llegar a un estado de total éxtasis, pareciendo una gata ardiente de deseo.

Estando un día en el recreo, un chico me pregunto:

“Quien es esa chica, que andas siempre que sales de la escuela?”

“Es mi hermana”

“Está muy buena, deberías presentármela”

“Tiene novio, así que no jodas”

“Está bien” Dijo el chico y se fue, sintiéndome muy feliz, por nuestra secreta relación.

Esa tarde sucedía algo particular, si bien siempre trataba de hacerme un cariño o darme un beso, ese día algo tenía, notaba su estado de alteración, desde sus ojos brillosos hasta esa respiración alterada por algo. Esperé que su madre se fuese, y la besé, me abrazó, colgándose, rodeando con sus piernas mi cintura.

“¿Estas caliente, mi chiquita?”

“Si, mucho, es mi día de ovulación, antes me masturbaba, pero ahora dependo de otro” Riéndonos de sus ocurrencias. Le comento:

” Hace bastante calor, que te parece si vamos hasta la playa?

“No es mala idea, me pongo la malla y vamos”

asta nuestro lugar de la primera vez, con la idea de regresar antes de llegar su madre, aun teníamos casi 4 horas. Había algo de gente, pero igual, nos besamos y tocamos un poco, Magali estaba bastante caliente y no era por el sol.

Caricia va, caricia viene, me dio por lamer sus pies, limpié la arena que tenían, metiendo mi legua entre sus intersticios, pasando de un pie a otro, fui ascendiendo con la lengua hasta que pretendí quitar la tanga, medio se opuso por temor de ser vista por la gente,

Pero ante mi insistencia, termino cediendo, quedando sus glúteos, algo rojizos por el sol, separando algo sus piernas, percibí su sexo, muy húmedo, que toqué suavemente.

Optando por comenzar a aplicar una serie de masajes, en sus glúteos, separándolos apreciando su rosado ano, rozando por fuera y dentro de su abertura anal, ante las exclamaciones de pasión de Magali, insertando mi índice, para retirarlo y volverlo a introducir.

Variando los movimientos, entre el circular y hacia adentro y afuera, a medida, que lo introducía, viendo como su culo se elevaba, ante ese juego excitante la iba alterando.

Me encanta como su cuerpo se transformaba, cono esas leves convulsiones que se iban acrecentado a medida que activaba su sistema nervioso. Entre gemidos y estreñimientos la lleve a un fuerte orgasmo, orinándose sobre la lona, abrazándola como para contenerla de esas oleadas de sacudidas, que no podía controlar, terminado eyaculando ante ese momento de embriagante éxtasis.

Nos quedamos abrazados mientras unas gotas, comenzaron a mojarnos, levantándonos apresuradamente para irnos, montamos a la moto, cubriéndonos con la lona, encarando para nuestra casa.

La lluvia era intensa, no teníamos donde refugiarnos, sumado a que la temperatura bajo bastante. Cuando Magali, me comentó que tenía bastante frio, me preocupé dado que no parecía tan baja la temperatura, por suerte a los cinco minutos llegamos, se duchó, pero decidió acostarse.
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Cuando llegó su madre, pregunto qué le pasaba, le explique, sin comentarle nuestra ida a la playa, le tocó la frente, notándola caliente. Estaba preocupado por lo que le sucedía, pensando que había sido producto de la tormenta. Esa noche durmió, aunque a la mañana siguiente vino el médico, explicado que era un problema pulmonar, que debería cuidarse, recetándole ciertos remedios e inyecciones, parecía recuperarse, hable con ella, hasta que pareció que la temperatura no bajaba.

Así estuvo casi más de una semana, su madre pidió unos días para cuidarla. Por consiguiente, solo nos dimos algunos besitos. Ya el fin de semana estaba bastante bien, algo más delgada y hasta parecía haber crecido, lo que la hacía más atractiva. En ese ínterin, como para alegrarla, aunque en realidad lo sentía, le dije que estaba enamorado de ella, y que la quería mucho, abrazándome de una manera impetuosa, sintiendo humedecer mi mejilla por sus lágrimas.

Ese sábado, salí con unos amigos, al regresar a la noche a casa, Magali estaba sola viendo televisión, pregunté por ellos, diciéndome que habían ido al cine, pensé en tener un encuentro con mi hermanita o más bien mi amada, pero no deseaba que nos pescaran. Así que llamé a mi padre, preguntando donde estaban, dado que nadie contestaba el teléfono en casa.

“Estamos en casa de unos amigos, pero vamos para allá”

“No se preocupen papá, yo ya vuelvo a casa, es muy posible que este durmiendo, les aviso cualquier cosa”

Al rato lo llame, diciéndole que Magali dormía y que yo miraría televisión, que se quedasen tranquilos, respondiendo que en un par de horas regresaban, mientras ella me miraba sonriente.

Me acerque a ella, acostándola sobre el sofá, nos empezamos a besar, elevando su camisón, besando con desesperación sus tetas, succionando sus pezones hasta hacerla gemir, desplazando simultáneamente sus pantaloncitos, quedando su piel como única vestimenta, mis apasionados besos no dejaban de motivarla.

Fui quitándome la ropa, hasta quedar ambos libres de vestimenta, besé sus, tetas bajando, por su abdomen, hasta llegar hasta su coño, deteniéndome, diciendo:

“Estoy con la regla, amor” La miré bastante, defraudado, contestándome:

“Podemos hacer algo que no hemos hecho”

“Estas seguras?”

“Muy segura, a excepción que tengas algún rechazo”

Seguí besando su cuerpo, muy cerca de sexo, me frenó, diciendo:

“Te dije que estoy con la regla, mi vida” Mientras mi lengua friccionaba su ingle, levantándose de golpe, regresando inmediatamente.

“Bueno, ahora, hazlo, pero rápidamente” Comenzando a lamer su coño, que no me importaba si estaba o no con sangre, disfrutando la manera en que Magali se comportaba, era algo especial.

Proseguí besando su piel de una manera arrebatada, introduciéndome compulsivamente en su sexo, lamiendo su clítoris, las paredes de su vagina, que comenzaban a desprender ese fluido de excitación, mientras su cuerpo se flexionaba ante el contacto insistente entre mi lengua y su perceptiva membrana.

Los gemidos de Magali eran excitantes, no tardé en introducir lentamente mi verga, gimiendo entre posiblemente molestia y placer, sintiendo la calidez de su interior que fraguaba a mi aparato, hasta quedar depositada en la totalidad de su útero, Abrazándome apasionadamente hasta rodearme con sus piernas, iniciando un leve bombeo, friccionando su membrana interior.

Nuestra intensa fusión, pareció convertir nuestros cuerpos en un solo ser, desde mi miembro en su interior, hasta la unificación de nuestro organismo por ambas extremidades.

Que después de ese intenso contacto, eyacule, donde nuestros gemidos se concentraban al unísono, en un orgasmo paradisiaco. Nos quedamos abrazado, recuperando energías, dándonos leves besos, sin decir palabra.

Cuando mire a Magali, tenía los ojos brillosos, la abrace para contenerla, largándose a llorar, preguntándole:

“¿Estas bien, hermanita?
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