RELATOS ERÓTICOS
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Albañil: ¡Ya ves como si eres una esposa muy puta!

Karen: sii sii me lo merezco por zorra

Chalán: mamamela chula. Déjamela bien brillos

Karen: mmmm siii

El viejo me la sacaba solo para escupirme el ano y volverla a meter, mientras su chalán me llenaba la boca con su camote, yo lo miraba con carita de dame más ¡Ahogarme por favor!

Albañil: mira nada más. Ahora sí ya quedaste bien abierta cabrona

Karen: mjuum

Albañil: Haaa pinche putita vas a hacer que me venga

Empecé a moverme como loca, ahora quería su leche en la cola. Sus manos en mi cintura me hacían sentir como un trapo, mis piernas escurrían de mis fluidos, nunca había sentido algo así. De pronto sus embestidas fueron más fuertes más rápidas, por fin venía el momento…

Albañil: Que rico culo tienes güera

Karen: siii y ya es tuyo cabrón

Albañil: eso espero porque a partir de hoy me lo vas a dar cada que yo lo quiera

Karen: siii lo que quieras papito

Albañil: ¿quieres tu leche?

Karen: siii sii por favor

Sentí como sus manos se enterraron en mis nalgas, una embestida, otra más y en la tercera Haaaa. Me lleno la cola completamente de su leche caliente, podría jurar que me llegó hasta el intestino de lo fuerte que la expulsó.

Albañil: hay cabrona, me vaciaste todo

Karen: mmmmm ¿sii?

Se separó y yo seguía sintiendo mi hoyito escurriendo… tomó otra silla y se quedó ahí sentado con la verga flácida.

Albañil: Ahora sí chalán ya te la puedes coger

De inmediato me acostó en el suelo boca arriba, me bajo mi tanguita y el leggin totalmente, sujetando mis tobillos me abrió las piernas por completo y empezó a cogerme con fuerza.

Karen: Haaa siii así

Chalán: siempre quise abrirle esas patas mi amor

Karen: ¿sii? ¿Querías abrirme?

Chalán: si doñita. Me gusta que sea tan puta

Karen: Pues cógete a esta puta como se debe

Aumentó el ritmo mirando fijamente mis tetas, que no dejaban de votar por el golpeteo de sus metidas.

Karen: ¿te gustan?

Chalán: ¡Claro! Ahí me acabo de criar

Karen: pues vas

Se fue encima de mí, sin sacarme su verga, seguía cogiéndome al tiempo que me besaba y me apretaba las tetas, imagínense el gozo para un joven como ese, un par de tetas maduritas pero firmes, solo para él. Estaba extasiada, gire la cabeza a un lado ahí seguía el albañil mirando la escena yo le sonreí, dirigiendo mis gemidos hacia el.

Karen: Haaa Haaa mira como me cogen papi

Albañil: ¿te gusta?

Karen: siii me gusta que me claven así

Albañil: pinche zorra

Karen: mira, mira como me abren

El chalán empezó a aumentar su ritmo, sus músculos se empezaron a tensar.

Karen: si quieres te puedes venir adentro

Chalán: no… me voy a venir en tu cara

Volví a girar la cabeza sonriendo, el viejo ya se estaba masturbando otra vez.

Su chalán se salió y me puso de perrito a modo que yo quedé frente al señor, y empezó a cogerme muy duro.

Karen: ¡Mira cómo se montan a tu puta!

Una frase que en el fondo era para mi marido…

Albañil: me la estas poniendo dura otra vez pinche escuincla

Su chalán empezó a nalguearme, mientras me jalaba del cabello.

Que rico sentía, nunca me habían domado así, no dejaba de gemir y de escurrirme, era tan placentero.

Chalán: ya casi puta ya casi

Karen: dámela, dámela aquí papito

Su ritmo aumentaba mientras me volvía a mojar. De repente se salió y me jalo del cabello para ponerme de rodillas, el viejo se levantó y ambos empezaron a jalársela enfrente de mí. Con que esto era andar de zorra, así se sentía ser una puta, pues a partir de ahora mi marido tendrá que compartirte con otros más.

Abrí la boca tomándome las tetas.

Albañil: ya sabía que resultarías una putita

No respondí, solo sonreí sacando la lengua jadeando, siendo la zorra que ellos querían que fuera.

Casi de inmediato el chalán se vació encima de mi llenándome la cara de leche, empecé a saborearla mientras todo me escurría, luego el viejo me sujetó las mejillas jalándosela con fuerza hasta volver a terminar, su semen espeso entró en mi boca como un néctar exquisito, mi sonrisa traviesa de que había logrado mi cometido.

Tomé ambos miembros y los limpié hasta dejarlos relucientes.
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Los dos quedaron satisfechos, me levanté y me limpie lo más que pude, me despedí con un beso de los dos y ellos manosearon hasta el último rincón de mi cuerpo, una última nalgada del viejo al abrirme la puerta que sonó fuertísimo.

Me fui rápido a mi casa, me metí a bañar, despeinada, el rímel escurrido, las nalgas totalmente rojas, ya no era la mujer de mi esposo, era una puta más.

Karen.

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Índice de todos los relatos
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Follate a nuestra hija

Sofí era una jovencita bastante hermosa, Le faltaba poco para cumplir la mayoría, era hija única de un matrimonio el cual se mantenía muy unido, venía de una familia tradicionalista, era de piel clara, cabello castaño claro, largo, el cual siempre llevaba amarrado, sin embargo, lo que más destacaba de ella era su enorme y espectacular culo, era muy caderona, tenia unas nalgas enormes, y de esto todo se daban cuenta, incluso sus padres.

-¿Te duele mucho verdad? - Preguntaba Clara a su Marido.

-Sí, los dolores me están matando, pero no puedo hacer mucho. - Contestaba Ramiro, el esposo de Clara.

-El Doctor dijo que tú enfermedad era una anomalía en el crecimiento de la glándula seminal, Puedes desinflamarla. - Añadía Clara.

-Sí, Pero ya no quiero lastimarte- Respondía Ramiro.

-¡No te preocupes mi amor!, Para eso me tienes. -

-El problema es que ya te duele cuando lo hacemos. -

-Es que nunca había estado acostumbrada a tantas veces al día, Es normal que no lubrique a la misma velocidad que tú, por eso me lastimas. -

-¡Ay Clara!, Necesito que me operen ya- Decía Ramiro.

-Si, lo harán, pero necesitas desinflamar la glándula, Yo lo hago.- Decía Clara.

-¿Segura?, Ya me da mucho miedo lastimarte. - Contestaba Ramiro.

-¡Segura!, para eso soy tu mujer mi amor, Déjame atenderte. -

Acto seguido Clara se dirigió hacía su marido que estaba sentado al borde de la cama de su habitación; Para que inmediatamente Ramiro se bajara los pantalones.

-¡Ay por Dios Ramiro!, Mira que inflamados tienes los huevos cielo-

En ese Momento tanto Ramiro como Clara se dieron cuenta de que el tamaño de los testículos eran enormes.

-Recuerda que el Doctor nos dijo que es normal, con la inflamación de la glándula se me llenan de esperma mucho más rápido que los demás. -

-¡Si!, pero hace rato no estaban así, ya están más cargados. - Contestaba Clara.

-Pues han pasado muchas horas sin evacuar, pero no te quería pedir ayuda, porque ya estas bastante lastimada. -

-No te preocupes mi amor, si aguanto una más, de cualquier forma tu solito podrías con tu mano. -

-Si, lo se, pero yo mismo me cuesta el triple, no tengo tanta sensibilidad y no lo consigo, -

-Bueno, veamos que podemos hacer ahorita con esta preciosidad- Dijo Clara tomando con sus manos la enorme tranca de su esposo.

FAP! FAP! FAP! FAP! - Clara comenzaba a masturbar a su esposo lentamente.

-¡Dios Ramiro!, Con esta enfermedad la veo más gorda, tus venas se marcan todavía más. -

Fap! Fap! Fap! - La mano de Clara recorría cada centímetro de semejante Verga.

-¿Te gusta como se ve ahorita mi amor? - Preguntaba Ramiro

¡Me encanta!, además ve, ¡Mi mano no cierra!, Es enorme-

FAP! FAP! FAP! FAP! -El liquido pre-seminal Comenzaba a escurrir por las manos de Clara.

-¡Menos mál!, que ya no estoy tan cerrada cielo, Si no imagínate, Me destrozas. -

FAP! FAP! FAP! FAP! - El liquido empapaba las manos de Clara.

-¡Mámamela putita!-

En ese momento clara se la metió a la boca lo más que pudo, sin alcanzar a tragársela entera.

-¡Uff mi reina que boquita tienes! -

GLUP! GLUP! GLUP! GLUP! - Clara comenzaba a mamar.

-Dime que eres mi perra.

GLUP! GLUP! GLUP! - Ramiro tomaba del cabello a su mujer para azotarla contra su verga.

-¡Trágatela toda! -

ARGHHHHHHHHHHH! ARGGGGGGGGGGGG! - Clara se ahogaba con la berenjena de se marido.

-¡Cómetela toda puta! -

ARGHHHHHHHH- Era imposible tragársela toda para Clara.

-¿Qué pasa cielo? - Preguntaba Ramiro sacándole la verga escurriendo de hilos e hilos de saliva de la boca de su mujer.

-¡No puedo mi amor!, la tienes demasiado grande, no me dejas respirar. - Clara se limpiaba un poco la boca con su ropa.

-Es que necesito sensibilidad, y solo la encuentro en el fondo de tu garganta.

-Tendremos que buscar otra forma de sacarte los moquitos mi amor.- Clara se seguía limpiando todo el liquido que le escurria de la boca.

-¿Qué otra forma? - Preguntaba Ramiro.

-Me siento en tu verga- Contestaba Clara.

-Pero ya estas muy rozada mi amor, he ocupado tu chochito todo el tiempo, necesitamos darle descanso. -
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-Entonces dame por el culo. - Respondía Clara.

-¿Estas segura cielo?, Nunca lo hemos hecho por ahí. -

-¿Quieres mi culo o no?, Ándale, antes de que me arrepienta. -

Acto seguido Clara se puso en posición de perrito sobre la cama, juntando las piernas y ofreciéndole la mejor vista del enorme culazo que tenia a su esposo.

-¡Mi amoooo!, Tienes un culazo enorme, lo amo! -

PLAS! PLAS! PLAS! - Sonaron 3 tremendas nalgadas que le dieron a Clara.

-¿Te gustan las nalgas de tu mujercita?, Nadie más las tiene. -

PLAS! PLAS! - Otras dos nalgadas .

-Bueno, Sofí te heredo bastante bien. - Contestaba Ramiro.

-¿Qué?, ¿Qué le andas viendo a tu hija Ramiro?, Por favor. -

PLAS! PLAS! - Ramiro seguía nalgeando ese culazo que se contoneaba frente a el.

-Tú preguntaste, Sofí te heredo muy bien el culazo que tienes, no tiene nada de malo. -

-¡Pero es tú hija Ramiro!, ¿Acaso te gusta el culo de tu niña? -

-Solo dije que lo tiene bastante igual al tuyo, ¿es malo?, además eres su mamá, deberías sentirte halagada de compartir con tu hija el cuerpo de una jovencita. -

-¿En serio crees que tengo el mismo cuerpo que una jovencita como sofí? -

-Por supuesto cariño, ve nada más que tremenda cola tienes. -

En ese momento Ramiro hundió su tremenda tranca en el orificio anal de su mujer, penetrándola sin piedad.

PLAFFF! PLAFFF! PLAFF! PLAFF! PLAFF! PLAFFFFF! - Sonaban las nalgas de Clara.

-¡Diooooooooos! ¡Sueltameeeeeeeeeeee! - gritaba Clara.

PLAFFF! PLAFF! PLAFF! PLAFF! PLAFF! PLAFF! - Rebotaba el culazo de Clara.

-¡Me dueleeeeeeeeeeeeeeee!

¡Sacalaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!

PLAFF! PLAFf! PLAFF! PLAFf! PLAFF! - Las nalgas de Clara rebotaban como gelatinas.

-¿Te gusta hija? - Soltaba Ramiro.

PLAFF! PLAFF! PLAFF! PLAFF! - Ramiro tomaba de las caderas a su esposa para embestir más fuerte.

-¡Estas enfermooooooooooooooooo!

¿Como que hija? - Balbuceaba Clara.

PLAFF! PLAFF! PLAFF! PLAFF! - Los aplausos de esas nalgas se escuchaban a metros de distancia.

-¿Te gusta como te parte tu papi?

-Estas bien apretadita hijita

-Quien mejor que tú papi para estrenarte este perro culazo.

PLAFF! PLAFF! PLAFF! PLAFF! - Ramiro jalaba los brazos de su mujer hacía atrás.

-¿Te estas imaginando que te coges a Sofí? -

-Eres un Maldito enfermo- Balbuceaba Clara que no podía hablar bien .

PLAFF! PLAFF! PLAFf! PLAFF! -

-¡Me vengooooo princesita hermosaaaaaaaaaa!

-¡Tú papi se va a correr dentro de ti cielo!.

-¡Gracias por ser una ni{ña tan obediente! - Gritaba Ramiro.

PLAFF! PLAFF! PLAFF! PLAFF! - Ramiro aceleraba el ritmo de las embestidas a ese culazo que rebotaba como gelatina.

-¡Eres un cerdo!, Mira que imaginar que te estas follando las nalgas de tu hija- Gritaba Clara.

PLAFF! PLAFF! PLAFF! PLAFF! - Los aplausos de esas nalgotas se escuchaban más fuertes.

-¡Yaaaaaaaaaaaaaaaaaa! - Gritaba Ramiro.

Acto seguido Ramiro comenzó a eyacular en el ano de su mujer, chorros y chorros de semen caliente, que Clara sentía perfectamente recorrer sus entrañas.

-¡Vaya que te pone la ni{ña he!, te veniste demasiado. - Decía Clara.

-Lo siento cielo, fue el morbo de imaginarte el culo de sofí-

-No lo puedo creer, estas enfermo, ¿Al menos lo disfrutaste? - Preguntaba Clara agitada.

-¡Mucho!, ¡Gracias por dejarme!-

-¡No te deje!, pero me tenias bien agarrada, no me podía mover. .-

-Entonces, ¿Qué harás al respecto? - Preguntaba Ramiro.

-¿Tanto te gusta el culo de nuestra hija? - Preguntaba Clara.

-Bueno, Se parece mucho al tuyo, más bien me gusta el tuyo, ella tiene la culpa de salir igual a ti. -

-Pues tienes algo de razón, la niña esta de muy buen ver, y ya esta en edad de que la usen. -

-¿Me estas diciendo que me vas a dejar, usar a nuestra niña?-

-No lo se, tú estas enfermo, lo necesitas, y mi cuerpo ya no aguanta un ritmo así, necesitas a alguien más joven. - Decía Clara.

-Podrías dejarme ir con Putas, es otra opción. -

-¡No!, eso jamás, Prefiero mil veces que te cojas a mi hija, a que me engañes así-

-¿Lo estas diciendo en serio?- Preguntaba Incrédulo Ramiro .
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-Por supuesto, Nuestra hija no me traicionaría así, prefiero que se la metas a ella, antes que a cualquier golfa. -

-¿Entonces?, ¿Puedo Pedirle qué me ayude con mi problema? -

-Las dos te vamos a ayudar, Solo déjame hablar con ella. - Decía Clara.

-Pues me encantaría que fuera en este instante, ve como estoy. -

-Pero ¡Ramiro!, ve nada más, te acabas de correr y ya la tienes más dura y más gorda que antes. -

-Necesito sacar toda mi leche amor, y si mis dos mujercitas me van a ayudar, mejor. -

-Estas muy consentido- Dijo Clara.

Acto seguido Clara se dirigió a la habitación de Sofí, quien estaba escuchando musica en sus audífonos.

-¡Knock! ¡Knock! - Clara llamaba a la puerta de su hija.

Sofí a pesar de los audífonos alcanzó a escuchar el golpeteo y se quitó los mismos.

-¡Adelante! - gritaba Sofí desde adentro de su habitación.

-Hija, necesito hablar contigo, Es sobre papá- Decía Clara mientras cerraba la puerta de su hija tras de ella.

-¿Qué pasa mami?, ¿Todo bien?, Decía Sofí.

-Pues algo delicado cielo, y necesito que me ayudes. - Clara al compas de sus palabras se sentaba en la cama de su hija.

-Si puedo ayudar, lo haré Mamá, ¿Qué sucede? -

-Hace un par de días fui al medico con tu padre-

-¿Qué les dijeron? - Preguntaba Angustiada Sofí-

-Tú padre tiene una alteración, en.......ya sabes, su parte. -

-¿Alteración?, ¿Qué tiene? - Insistía Sofí.

-Tú Papá Presenta un crecimiento anormal en la glándula.........-

-¡Dime Mamá!, ¿Qué pasa con papá? -

-Tiene un crecimiento anormal en la glándula seminal. -

Ambas quedaron calladas un instante, donde el silencio absoluto se apodero un momento de la habitación.

-¿Tiene cura? - Preguntó Intrigada Sofí.

-Si, lo pueden operar-

-Menos Mal- Respondía Sofí.

-Sin embargo, Para realizar la operación tú papá tiene que, ya sabes, desinflamar la glándula. -

-¿Y como se hace eso? - Preguntaba Expectante Sofí.

-Hija, pues no me hagas decirlo, ya sabes, como desinflaman los hombres, -

-¿Te refieres a....? -

-Si mamita, ¿Ya sabes como, verdad? - Preguntaba Clara.

-¿Te refieres a........Masturbarse? - Preguntaba Sofí.

-Si, así es, ¿Te da pena hablar de esto con tú madre? -

-Para nada mami, es muy normal y natural, los chicos lo hacen-

-Eres muy madura para tu edad hija-

-Solo trato de comprender mejor, ¿Y como Ayudaría yo? - Preguntaba Sofí.

-Pues aquí viene la parte complicada hija, Tendrías que ser tú la que lo ayude a.....ya sabes, Evacuar. -

-¡Mamá!, ¿Estas loca? , ¿Cómo yo?, ¡Soy su hija! - Exclamaba Sofí.

-Lo se mi amor, Pero no te pediría ayuda si no la necesitáramos, ¿Verdad? -

-¡No, Mamá!, ¿Cómo crees semejante cosa? , Estas enferma, ¿Por qué no lo ayudas tú? -

-Hija, Claro que lo he estado ayudando yo, pero mi cuerpo ya no me da. -

-¿Como que ya no te da? - Preguntaba Intrigada Sofí.

-Pues ya no me da, No aguanto ya, si me hubiera agarrado hace 10 años pues otra cosa sería, pero mi cuerpo ya no aguanta tanta verga mamita, ayúdame!-

Ambas quedaron nuevamente calladas, sin saber que decir, donde el silencio se apodero una vez mas de la habitación.

-No tenias qué ser tan grosera- Decía Sofí.

-Perdóname mi amor, me desespere, ya no tengo la elasticidad de hace años, claro que le sirvo a tú padre, pero la enfermedad demanda todavía más. -

-También hay otras partes del cuerpo que puedes usar. - Decía Sofí.

-¿Como cuales? - Preguntaba incentivándola Clara.

-La boca por ejemplo, ¿Has probado hacerle una mamada a papá? -

-¡Dios hija!, que lenguaje. -

-Tú empezaste, ¿No?, dime, ¿Has probado meterla a tú boca?, a los hombres les encanta, seguro a papá le fascina. -

-¡Ay hija!, es que no es tan simple como dices. -

-¿Por que no?, Tenme confianza, ¿Qué sucede? -

-No se si decirte esto. - Decía Clara.

-¿Tan grave es? - Preguntaba Sofí.

-No me cabe hija, no me entra toda. - Soltaba Clara a su hija.

-¿Qué?, ¿Estas hablando en serio? -

-¿Por que te mentiría? -

-¿Tan grande la tiene papá? -

-Hija, Con esta enfermedad se le puso el doble de gorda, el doble de grande, el doble de todo. - Añadía Clara.
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-Bueno, no se que decir, no imagine que ese fuera un efecto secundario, ¿Qué sucede si no evacua? -

-Puede desarrollar células cancerígenas, y volverlo aún más grave, necesita la operación, pero necesita disminuir la hinchazón para que puedan cortar bien. -

-Entiendo, ¿Y porque tu cuerpo ya no le sirve a papá?, ¿Qué tiene de malo?, Estas todavía bastante bien mamá. -

-Te lo acabo de decir cielo, no tengo la elasticidad de antes, mi...........ya sabes, vagina, ya esta muy irritada, cualquier roce me duele horrores, en la boca no me cabe, y hace rato.....

-¿Hace rato que mamá?, Dímelo, ya estamos hablando como amigas, ¿No es así? -

-Hace rato lo intentamos por atrás, y no creo poder aguantar otro palo por ahí, al menos no en estos días, necesito reposo, ya no soy una jovencita. -

-¡Mamá!, no imagine que practicaran sexo anal también. -

-¡Jovencita insoletente!, pues si el anal existe desde que antes de que tú nacieras, solo que ahora los adolescentes son más descarados. -

-¡Vaya Mamá!, me sorprende todo lo que me dices, ¿Y que te dice papá de todo esto? -

-Pues el no quería involucrarte, Me pidió que lo dejara involucrarse con, ya sabes, putas. -

-¿Y porque no lo dejaste? - Preguntaba Sofí.

-¡Como crees!, no, primeramente las enfermedades me dan miedo y segundo, prefiero que se meta contigo antes de que me engañe con una de esas rameras. -

-¿De verdad?, ¿Prefieres que tenga relaciones con su hija, antes que dejarlo ir de putas? -

-Si, ¿Me vas ayudar a desinflamar a tu padre, si o no? -

Sofí lo meditaba por momentos, no sabía que responder, su mirada terminaba en todas partes, menos en los ojos de su madre, hasta que se decidió hablar.

-No quiero que papá enferme todavía más, pero lo que me pides es bastante fuerte para mi, tendrías que buscar la manera de hacerlo menos traumático para ambos. -

-¿A que te refieres exactamente? - Preguntaba Clara.

-Sí papá esta vendado de los ojos, y yo también, entonces realmente nadie vería nada, sería mucho más fácil de superar.

-Y si ambos están vendados, ¿Cómo se supone que lo van a hacer? -Preguntó Clara.

-Es ahí donde entras tú mamá, tú serás la que nos guie. - Respondía Sofí.

-¿Yo?, ¿Cómo los voy a ayudar yo?-

-Aquí salimos todos traumatizados, o no sale nadie, tú si quieres que me deje penetrar por mi papá, pero no quieres ver cuando lo haga, dejándome la carga emocional a mi. -

-Eso se llama chantaje hija, tú papá lo necesita y yo no puedo dárselo. -

-Y yo estoy dispuesta a cooperar, le voy a ayudar, pero no me dejes sola en esto. -

-MMM bueno, supongo que tienes razón, será mejor que nos apuremos, necesitamos bajar esa hinchazón. -

Acto seguido Clara corrio por dos antifaces de ojos para poder tapar a ambos, para después correr hacía la puerta de su propia habitación junto con su hija Sofí.

-Espérame aquí hija. -

Clara entraba a su habitación donde su marido permanecía acostado, sobándose la entrepierna. -

-¿Qué pasa cariño? - Preguntaba Ramiro.

-¿Te duele verdad? - Decía Clara.

-Si, se me hinchan bastante rápido. -

-Convencí a la niña-Soltaba Clara.

-¿De verdad?, ¿Qué le dijiste? -

-Le platique de tú enfermedad, y esta dispuesta a ayudar, con una condición. -

-¿Qué condición? -

-Quiere traumatizarse lo menos posible, así que me pidió que tú y ella estén vendados para que no puedan verse. -

-¿Y entonces?, ¿Cómo lo vamos a hacer? - Preguntaba Intrigado Ramiro.

-Pues yo los voy a guiar durante el acto. -

-¿Tú?, ¿Estas segura de esto? -

-De lo único que estamos seguras tú hija y yo es de querer ayudarte en este proceso. -

-¡Uff mis chiquitas hermosas!, ¡Las amo!. -

-Y nostras a ti mi amor-

Acto seguido Clara le tapó los ojos a su marido para que no pudiera observar nada, y salió nuevamente de la habitación para continuar con su hija, y mientras le ponía el antifaz a ella, Sofí comentó:

-Mami-

-¿Si cariño? -

-Tampoco quisiera escuchar la voz de papá ni que el escuche la mía. -

Clara terminó de ponerle el antifaz a su hija.

-¿Como? , ¿Sin sonidos? - Preguntaba Clara confundida.
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-¡Si!, Ya es bastante extremo prestarle mi vagina a mi papá para que evacue su leche en mí, como para todavía escucharlo, ¿Me entiendes, verdad? -

-Supongo que sí cielo, no te preocupes. - Respondía Clara.

En ese momento Clara entro a su habitación de la mano de su hija, guiándola hasta el borde de la cama donde yacía sentado su padre.

-Antes que nada Ramiro, quiero que sepas otra restricción, a partir de este momento no puedes hablar, ni mucho menos decirle nada a la ni{ña, ¿Esta bien? -

Ramiro un poco confundido decía que si con la cabeza.

-Tú padre ha dicho que sí cielo. - Decía Clara en el oído de su hija.

-Bueno, pues entre más rápido mejor, Necesitamos estimular a tu papi cielo, híncate- Le ordeno Clara a Sofí.

Acto seguido Clara ayudo a Sofí a hincarse entre las piernas de su padre.

-Ahora, dame tú mano- Ordenaba Clara a la invidente Sofí.

Clara llevaba la mano de su hija hasta la tranca que ya estaba dura fuera del pantalón de su marido.

-Agárrala mi amor, espera, con las dos manos mamita, si no, no vas a poder. - Indicaba Clara.

Clara llevaba las dos manos hasta la enorme verga de su marido.

-¡Ay Dios!- Exclamó Ramiro.

-¡Ey!, ¡Ey!, Dijimos que sin hablar. - Ordenaba Clara.

-Así mamita, ya la sentiste, agárrala y comienza a mover tus manos de arriba hacía abajo.

Clara con las dos manos comenzaba a masturbar el tremendo falo que se cargaba su padre.

-¿Te gusta mi amor? - Le decía Clara en el oído a su hija.

Sofí sonreía pícaramente mientras decía que sí con la cabeza.

FAP! FAP! FAP! FAP! FAP! - Sofí comenzaba a pajear más rápido tremenda verga.

-¡mmmhmhmhmhmhmmhmhmhm! - Gemía Ramiro al sentir las manos de su princesa.

FAP! FAP! FAP! FAP! FAP! - Sofí continuaba la paja con una sonrisa leve en su rostro.

-¿Qué tal las manos de la ni{ña mi amor?, Solo hazme una seña- Decía Clara.

En ese momento Ramiro levanto su mano y le indico que todo perfecto. 👌🏻

FAP! FAP! FAP! FAP! FAP! - Sofí no quitaba la sonrisa de su rostro mientras el liquido pre-seminal de su padre comenzaba a salir.

-Mamita, te vas a manchar toda- Le decía Clara a su hija en el Oído.

Sofí sin producir sonido, le decía con los labios a su mamá "No importa".

-¿Tanto te gusto la verga de tu papá? - Volvía a Preguntar Clara en el Oído de Sofí.

Nuevamente Sofí sin producir Una sola palabra con los labios decía "Mucho"-

FAP! FAP! FAP! FAP! FAP! - Sofí tenía tanto liquido en las manos que comenzaba a escurrirle entre los dedos.

-¡Ahhhhhhhhhhhhhhhhhh! - Gemía Ramiro con la tremenda paja que le hacía su princesa.

FAP! FAP! FAP! FAP! FAP! FAP! - Sofí incrementaba la velocidad de su paja.

En ese momento Sofí le indicaba con el dedo a su madre para que se acercara a ella lo más posible, Clara entendió el mensaje y acerco su oído a la boca de su hija que no dejó un instante de masturbar a su padre.

-¡Mami!, Quiero Probarla, ¿Me dejas? - Soltaba Sofí.

-¿Qué?, Estas loca, no vas a poder, ¿Ya la sentiste?, esta demasiado gorda. - Le respondía Clara en el Oído a su hija.

-¡Si puedo mami!, déjame- Respondía Sofí balbuceando en el oído de su madre.

-Dale, Trágatela- Dijo Clara pegada al oído de su hija.

Acto seguido Clara Puso su mano en la nuca de su hija, y la guio hasta el tremendo Palote de su marido que ya estaba empapado de liquido pre-seminal.

GLUUUUUUUUUUUUP! - Sonó al introducirlo de una .

-¡Mhhmhmhmhmhmhmhmhmhm! - Gemía Ramiro al sentir la humedad de la boca de su ni{ña.

-¡Shhhhhh! Tranquilo mi vida, es la boca de la ni{ña, te lo ganaste, has sido buen padre y esposo, deja a tús mujeres trabajar. - Decía Clara, .

GLUP! GLUP! GLUP! GLUP! - Comenzaba Sofí a tragársela Toda.

-¡Ahhhhhhhhhhhh! ¡Mhhhhhhhhhhhhhhhhhhh! - Gemía Ramiro con la humedad de su pequeña princesa.

-¡Condenada ni{ña!, quien te viera, Ya te la tragaste entera- Exclamaba Clara.

GLUP! GLUP! GLUP! GLUP !- Clara tomaba la mano de su marido y la llevaba hasta la cabeza de su hija, para que pudiera manipularla.

-¡Ándale mi amor!, Disfruta de tu ni{ña- Decía Clara llevándole la mano a su marido hasta el chingo de Sofí.
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ARGHHH!!!!! GLUP!!!!! GLUP!!!! GLUP!!! ARGH!!!!!- Sofí comenzaba ahogarse con la tremenda tranca de su padre.

-¡Ándele ni{ña!, atienda a su papi, usted dijo que si podía, ahora cómasela toda. - Exclamaba Clara.

GLUP! GLUP! GLUP! GLUP! - El liquido pre-seminal escurria por la comisura de los labios de Sofí.

-¡ mmhmhmhmhmhmhmhm! - Gemía Ramiro al sentir las lengüetadas de su hija.

GLUP! GLUP! GLUP! ARGGGHHH!!! - Ramiro comenzaba a azotar a su hija contra su verga.

En ese momento Ramiro le indico con el dedo a Su esposa para que se acercara a el, Clara puso su oído en la boca de su marido.

-¡Mi amor!, ya no me falta mucho, déjame Metersela a la ni{ña-

-¡Si mi vida!, ¿Cómo te la pongo? - Preguntó Clara.

-Pónmela en 4 - Respondió Ramiro entre suspiros.

-¡Si mi rey!, para eso nos tienes a nosotras, para dejarte bien atendido. -

Acto seguido Clara tomo la cabeza de su hija y la despego de la berenjena de su padre.

-Mi reina, necesito que te pongas en 4 patas sobre la cama. - Ordeno Clara.

Sofí obedeció al instante, se trepo sobre la cama y tomo posición inmediatamente.

-Arquea un poco más la espalda cielo- Le indicaba Clara a su hija.

Sofí arqueaba más la espalda.

-Saca un poco más las nalgas mi amor. - Añadía Clara.

Sofí Sacaba un poco más las nalgas.

-Junta las piernas mi amor, tú papi sentirá más rico así. - Decía Clara.

Sofí juntaba las piernas.

-Sofí, mi ni{ña, pega más tu cara al colchón. -

Sofí pegaba más su cara al colchón.

-Ahora si mi amor, ya estas, ¡Uff!, mi vida, si que me heredaste, tienes un culazo-

Acto seguido Clara le bajaba el pants que llevaba su hija, dejándola en una linda panty de encaje color Gris.

-Ahora tú cielo, ven y párate acá- Clara tomaba de la mano a su marido y lo posicionaba justo detrás del culote de Sofí.

-Dame Tús manos, ponlas aquí. - Decía Clara llevando las manos de su marido hasta las tremendas nalgas de su princesa.

-¡Mhhhhhhhhhhhhhhhh! - Gemía Ramiro.

-¿Te gustan las nalgas de tú ni{ña? - Preguntaba en voz alta Clara.

Ramiro solo decía que sí con la cabeza.

-¿Están grandes verdad?, Pues tu princesa esta dispuesta a ayudar a su papi, va a dejar que la utilices como deposito de esperma, así que disfrútala, es tuya. - Decía Clara.

En ese momento Ramiro comenzó a tocar las tremendas nalgas de Sofí.

PLAS! PLAS! PLAS! PLAS! - 4 nalgadas sonaron tremendamente con eco en la habitación.

-¡Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhh! - Se quejó Sofí. -

-¿Qué paso mi amor? , ¿Le digo que eso no? - Clara ya se comunicaba con ambos en voz alta.

Sofí le Indicaba que NO a su mamá con la mano.

-¿Si te gusto cielo? - Le preguntaba Clara a Sofí para aclarar.

Sofí Indicaba con las manos que SI.

-Si le gusta mi amor- Le decía Clara a su esposo.

PLAS! PLAS! PLAS! PLAS! - Otras 4 nalgadas más fuertes le propino Ramiro al culazo de su hija.

-¡Mhmhmhmhmhmhm! - Gemía Sofí bastante excitada.

- ¡Sofí hija!, estas empapada, tu chochito ya esta escurriendo-

-¿Ya quieres la verga de papá adentro de ti verdad? - Le Preguntaba Clara a su hija.

Sofí le volvía a indicar a su madre que "SI" mediante señas.

-¡Hazla sufrir un poco más cielo!, pásale la verga por las nalgas. - Le Balbuceaba Clara a su marido.

En ese momento Ramiro comenzó a pasarle la verga por las nalgas a su hija, mojándola de liquido pre-seminal.

-Dale de golpecitos en esas nalgotas. - Ordenaba Clara a su marido.

Ramiro le golpeaba el culo a su hija con la verga, haciendole rebotar las nalgas como gelatina.

-¿Quieres que le quite la panty o así cielo?, Tú pide, Estamos para complacerte. - Decía Clara.

Ramiro le pedía en el oído a su esposa que le dejara la panty; en ese momento Clara le hizo a un lado la panty a su hija, dejándole libre la cavidad vaginal de su princesa a su marido.

Con la Mano que le quedaba libre a Clara, tomo la preciosa Verga de su marido y la dirigió y apunto a la entrada de la cuevita de su niña.

-¡Ahora si cielo!, ¡Déjale ir esta Vergota a la ni{la a ver si la aguanta. - Ordenaba Clara.

Acto seguido Ramiro entro en su princesa de un solo golpe.

-¡AHHHHHHHHHHHHHHHHH! - Gritó Sofí.
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PLAF! PLAF! PLAF! PLAF! PLAF !- Comenzaron a sonar tremendas nalgotas.

-¿Te duele mi amor?, ¿Quieres que papi pare? - Preguntaba Clara a Sofí.

Sofí le indicaba a su madre con la mano que "NO", qué estaba bien.

PLAFF! PLAFf! PLAFF! PLAFF! PLAFf! PALFF! - El culazo de Sofí rebotaba como gelatina.

-¿Qué tal la vagina de tú ni{ña?, ¿Aprieta rico la chamaquita? - Preguntaba Clara a su Marido.

Ramiro solo aprobaba con gestos lo rico que sentía.

PLAFF! PLAFF! PLAFf! PLAFF! PLAFF! PALFF! PLAFF! PLAFF! - Los aplausos de esas nalgotas

hacían eco en la habitación.

-¡mhmhmhmhmhmhm! ¡amhhhahahahahahahah! - gemía Sofí.

PLAFF! PLAFF! PLAFF! PLAFF! PALFF! PLAFF! - Ramiro aceleraba cada embestida.

-¡Así mi amor!, ¡Métele tú verga a nuestra princesa!. -

-¡Enséñale a tú ni{ña como se la debe coger un verdadero hombre!-

-¡Disfruta de su vagina tan apretada!-

PLAFfF! PLAFF! PLAFF! PLAFF! PLAFF! - El culo de Sofí se azotaba contra la verga de su propio padre.

-¿te gusta putita?, ¿Te gusta como papi te rompe toda?

-¿Te gusta como se siente la verga gorda de papá? -

-¿Sientes como te abre toda? - Decía Clara en voz alta hacía su hija-

PLAS! PLAS! PLAS! - Sonaron 3 nalgadotas que le propino Clara a su propia hija.

-¡Así putita!, Muévele esas nalgotas a su papá! -

PLAFF! PLAFF! PLAFF! PLAFF! -

PLAFF! PLAFF! PLAFF! PLAFF!

PLAFF! PLAFF! PALFF! PLAFF!

Las embestidas ya eran demasiado violentas.

-¡ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh! - Gemia Sofí

-¡Jálale sus brazos hacía atrás cielo, tienes derecho a disfrutar de tu hija.- Ordenaba Clara.

Acto seguido Ramiro le jalaba los brazos hacía atrás a su hija, para seguirla embistiendo pero ahora con mayor apoyo.

PLAFF! PLAFF! PLAFF! PALFF! - Sonaba ese culazo rebotando en la verga de papá-

-ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhh!! dioooooooooooooos!!!!!- Gritaba Sofí.

PLAFF! PALFF! PLAFF! PLAFF! - Aplaudían las nalgas de Sofí.

-Para eso estas perrita, para satisfacer a papá, el ha sido un hombre bueno con nosotras, debemos pagarle, tu y yo le vamos a dar el culo a papá hasta que lo curemos. - Decía Clara.

-Que ricooooooooooooooooooooo- Decía Sofí ya importándole poco el trato.

PLAFF! PLAFF! PLAFf! PLAFF! - Seguía rebotando el culazo de sofí en aquella preciosa tranca.

-¡Vas a ser la putita de papá!, para eso naciste, para ser su deposito de semen mi amor- Añadía Clara.

PLAFF! PLAFF! PLAFF! PLAFF! PLAFF

PLAFF! PLAFF! PLAFF! PLAFf! PLAFF!

-Hija, Si no me equivoco, estas ovulando ¿verdad? -Preguntaba Clara.

PLAFF! PLAFF! PLAFF! PLAFF! PLAFf! -

-¡Si mamita! - Exclamaba Sofí-

PLAFF! PLAFf!

PLAFF! PLAFF!

-¡Vente adentro de ella mi amor!, ¡Embaraza a tú ni{ña!-

PLAFF! PLAFF! PLAFf! PLAFF! PLAFF! -

PLAFF! PLAFF! PLAFF! PLAFF! PLAFF! -

-¡Correte adentro de nuestra ni{ña mi amor!, ¡Préñala con esa vergota que tienes! - Decía Clara.

PLAFF! PLAFF! PLAFF

PLAFF! PLAFF! PLAFF - Las embestidas aumentaron a máxima velocidad.

-¡Si papi!, lléname de moquitos hasta lo más profundo de mi útero! - Gritó Sofí-

PLAFF! PLAF! PLAFF! PLAFF!

PLAFF! PLAFF! PLAFF! PLAFF!

-¡Embarázame papi!, ¡De ahora en adelante tienes A tus 2 mujeres que te van a responder como hembras cuando lo necesites. - Grito Sofí.

PLAFf! PLAF! PLAFF! - El culo de Sofí rebotaba con mucho salvajismo en cada embestida.

-¡ME CORROOOOOOOOOOOOOOO! - Gritó Ramiro.

En ese momento Ramiro comenzó a eyacular adentro de su pequeña princesa, dejándola toda llena de esperma hasta lo más profundo de sus intestinos.

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Compartiendo fetiche con mi hermana

Tenía que suceder,era inevitable,hasta hace poco trataba de esconder mi adoración a los pies femeninos,pero parece que no era el único en mi familia con mis mismos gustos.

Todo empieza hace un año cuando me doy cuenta de la excitacion increíble que siento al tocar un pie de otra persona.

Mis padres tienen en Madrid tres tiendas de zapatos.

Antonio de 50 años y maria 48 se dedican desde hace mucho a explotar este negocio.

Tanto mi hermana Laura de 22 años como yo Sergio de 20,nos hemos volcado en los estudios ,siendo ajenos al negocio.

Esta circunstancia es bastante lógica ya que vivimos a 20 kilómetros de la capital y la facultad de medicina nos ocupa todo el tiempo.

Siempre he tenido como referencia a mi querida laura,es una chica alegre ,muy simpática y tremendamente guapa,altísima 1,82 ,que para ser mujer cuando se pone tacones ,es admirada por donde pasa.

Un cuerpo perfecto,con unos pechos medianos y un culo tonificado,es asidua al gimnasio.

Su pasión por la medicina la absorbe totalmente,aún no se le conoce novio y su entorno ,son sus amigas inseparables de la facultad.

Mi caso es parecido,tengo la misma pasión que ella,la medicina,aunque mi entorno está relacionado con mis amigos de mi equipo de baloncesto ,juego un partido por semana y como deduciréis también mi altura 1,93 me ayuda a tener éxito con las féminas.

Es demasiado pronto para tener una novia,así que tengo amigas con derecho como se suele decir.

Todo empezó en verano ,un día mi madre nos suelta que necesita de nuestra ayuda.

En una tienda ha tenido dos bajas sin esperarlo y al ser principio de verano ,necesitaba urgente ayuda.

Nos explicó que sería por poco tiempo,justo el necesario hasta encontrar alguien con cierta experiencia.

Sergio- mama no tengo ni idea de cómo atender al público nunca lo he hecho ya lo sabes.

En mi interior me apetecía,ya que la tienda en cuestión es solo zapatos de mujer .

Mi hermana fue más comprensiva y accedió enseguida a ayudar.

Laura- haber Sergio,no puede ser muy difícil,además a las mujeres les encantará que les sirva un chico tan guapo no mama!

Maria- ya lo creo,no os imagináis el público que tenemos,son zapatos preciosos de verano que hacen lucir los pies bien bonitos.

La verdad es que me convenció enseguida,podría contemplar en directo y porque no tocar aunque sea levemente esos pies que en mi subconsciente me excita tanto.

En mis rolletes ,el poder acariar los pies me volvía loco de placer ,sin saber aún el porque y tenía una oportunidad de averiguar hasta donde podía llegar.

Lo que no imaginaba es que mi hermana, tenía esa misma adoración por los pies como luego averiguaría.

Justo acabábamos los exámenes y el mismo uno de junio en el coche de laura nos incorporamos al trabajo.

La tienda está en la plaza mayor,lugar muy céntrico y turístico de la ciudad.

Mama nos presentó a la encargada,una mujer madura de buen ver con una sonrisa encantadora.

Silvia- hola chicos,caray que guapos dándonos los correspondientes besos de cortesía.

Ya verá jefa como la tienda subirá en ventas enseguida ,se lo garantizo.

Sergio- yo no entiendo de zapatos y menos de mujer,tendrás que tener paciencia conmigo le dije.

Silvia- jajajaja,eso se aprende en tres días ya lo verás.

Faltaba media hora para abrir y nos fue enseñando todo donde estaba ,haciendo inca pie donde estaban los más solicitados.

Laura por su parte me miraba sonriendo,muy segura de sí misma o eso me pareció.

Laura- mira Sergio ,no es tan difícil haciendo broma cogiendo unos pares.

Ven y tráemelos,yo estoy sentada como si fuera una calienta.

Mi madre y silvia me observaban y sonreían con el momento.

Sergio- haber señorita seguro que le sentarán divino

Ella me ofreció el pie para que fuera yo el que se lo probará.

Lo cogi suavemente pasando mi mano por toda su planta dando rodeos por encima mientras lo introducía dentro del zapato atándolo muy despacio.

Solo con ese contacto,mi polla despertó en mi pantalón tejano.
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Era evidente que me estaba gustando pero la cara de mi hermana denotaba una sensación de placer cerrando levemente sus ojos.

No dude en ponerle el otro zapato.

Hice la misma operación más lentamente.

Instintivamente sus piernas se abrieron en un momento de descuido,dejando ver su precioso tanga.

Era un momento muy erotico ,mi madre y la encargada estaban atónitas y calladas.

Me recree acariciando su pantorrilla,me estaba calentando pero decidí seguir el juego.

Quizá nadie lo esperaba.

Laura se levanto ,yo seguía agachado acariciando los zapatos y sus pies dentro.

Sergio- me parece señorita que estos son sus zapatos,la hacen muy bella y elegante,irresistibles diría yo.

Mi madre aplaudió y me dio un beso de aprobación.

Silvia seguía embobada,y Laura empezó a desfilar con ellos con sensualidad.

Laura- mama tu hijo es un crack ,no sabes lo caliente que me ha puesto el cabron.

Maria- muy bien hijo,así debes tratar a todas las mujeres ,jóvenes maduras con esa dulzura te convertirás en un vendedor de primera.

Todos reímos ,me sentía en una nube,pero realmente los pies de mi hermana me cautivaron,quería lamerlos chuparlos ,metérmelos en la boca devorándolos,mi polla estaba como una lanza en mi pantalón,necesitaba bajar esa calentura.

Mientras preparaban la abertura de la tienda me fui al baño a pajearme ,y lo hice frenéticamente.

Eyacule como nunca lo había hecho.

El día fue de lo más productivo,mi hermana era también una dulzura y nos observábamos uno al otro ,como en una competición haber quien era más sexi.

Me di cuenta de algo que hasta entonces no había caído.

Era muy atenta quizá demasiado cuando despachaba con alguna chica guapa.

De hecho no había conocido ningún hombre en su vida,se me hacía raro.

Quizá era lesbiana!

En el coche de vuelta a casa,comentábamos anécdotas de lo más divertidas.

Laura- estoy un poco celosa de ti hermanito,te acuerdas de aquella joven rubia extranjera que atendí?

Me pregunto que si no le importaría que el próximo día la atendieras tu.

Estaba coladita por ti Sergio ,me lo dijo sin tapujos.

Sergio- anda mira,si voy a ligar y todo jejeje.

Tengo que confesarte que siento desde hace mucho, adoración por unos pies bonitos y los tuyos son increíbles.

Laura- ya me di cuenta Sergio,me gustó mucho a mi tambien.

Que te parece si cuando lleguemos a casa me das un masaje!tengo los pies cansados de estar todo el día moviéndome de un sitio a otro.

Luego te hago yo el masaje te parece!

Asentí con la cabeza,mi polla volvió a despertar de golpe,no podía creer lo que me decía,por dios ya deseaba llegar a casa.

La suerte me sonreiría ,recibimos un mensaje de nuestros padres en el wasap de familia.

Hijos volveremos tarde ,nos quedamos a cenar con un proveedor.

Nada más entrar en casa nos fuimos a duchar y ponernos cómodos.

Laura- mama a dejado la cena preparada Sergio que bien.

Suelo ponerme el pijama sin calzoncillos y decidí seguir con mi rutina.

Mientras la esperaba,le dije en voz alta que deseaba beber antes de cenar.

Ella desde el baño

Laura- abre una botella de vino Sergio,el día lo merece.

Así lo hice,serví las dos copas esperándola en el sofá.

Cuando salió con su mini pijama me quede observándola atónito.

La veía radiante,guapa a rabiar ,sensual,erotica .

Se dejó caer y levantando los pies en la otra punta del sofá ,los deposito encima de mis muslos.

Se estiró cerrando los ojos.

Puse aceite en mis manos y procedí suavemente a masajearlos .

El placer me invadía ,si lo hubiera visto , sabría de mi excitacion.

Acercaba mi cara a sus pies y era inevitable que no sintiera mi respiración cerca de ellos.

Laura cada vez abría más sus piernas.

Su pantaloncito se abría cada vez más para mi gozo.

Su tanga blanco asomaba por los lados,tenía deseos incontrolados.

Ella gemía de gusto ,suspiraba agradeciéndome el masaje.

Laura - si ummmmmmm que gusto me das ,que bien lo haces Sergio,no pares sigue más arriba sigue.

Mis masajes llegaban hasta la rodilla,pero ella me invitaba a subir volviendo a abrir más las piernas.

Sergio- quieres que también te masajee......
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Laura - no hables ,hazlo

Levante sus piernas y lleve mis manos hasta sus pantorrillas.

Puse sus piernas en mi hombro acercándome y rozando mis rodillas en su culo.

Mis manos iban hasta rozar su sexo,ella gemía cada vez más fuerte.

Me armé de valor y roce con mi dedo su tanga .

Ella dio un saltito.

Sigue sigue me decía.

Ya no había vuelta atrás ,corrí su tanga y metí un dedo dentro de su coño empapado de flujos.

Laura - ahhhhhhhhhhhhhh me corro me corro ahhhhhhhhhhhhhhhh no pares hazlo hazlo cabron no puedo más ,masturbame .

Soplaba y me miraba con ojos de salida.

Me baje el pijama y mi polla daba saltito se de excitacion.

Ella al verla me la agarro,algo torpe,pero me pajeaba con fuerza.

Sergio- espera no tan fuerte,me harás acabar ,ando muy excitado laura.

Bajo su ímpetu,nos desnudamos e hicimos un 69 en toda regla.

Su boca engullía mi polla y de pronto la retira deslizando su cuerpo hasta llevar su boca a mis pies.

Yo hice lo mismo ,chupabamos desesperados los pies uno al otro.

Ella gemía y bufaba mientras metía mi pie dentro de su boca.

Yo hacía lo mismo,ella urgaban un dedo en mi ano yo hacía lo mismo.

Fue subiendo su cuerpo hasta meter su lengua en mi culo,yo hacía lo mismo.

Me viene me viene ahhhhhhhhhhhhhhhhhhh ,tuvo un orgasmo brutal dejando sus flujos en mi barriga.

Sergio - chupala hermanita ,voy a explotar.

Solo sentir sus labios en mi polla descargue como nunca en mi vida lo había hecho.

Mientras lo hacía succionaba su sexo ,mordiendo ligeramente su clitoris.

Laura- ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh no no otrooooooooooooo ahhhhhhhhhhhhhhh bestial bestial nadie ninguna otra mujer me lo ha hecho tan bien como tú Sergio ahhhhhhhhhhhhhhhhhh.

Trago hasta la última gota y yo hice lo mismo.

Nos estiramos y por primera vez la bese.

Nuestras lenguas buscaban cada rincón de nuestras bocas.

Quizá estuvimos 30 minutos o más devorándonos,repuestos de la intensidad del orgasmo ,nos estiramos uno delante del otro ,acariciendonos los pies.

Sergio- tienes el mismo fetiche que yo laura verdad!

Laura si Sergio ,desde hace mucho tiempo,me excitan los pies femeninos,y hoy he descubierto algo impensable contigo.

Soy lesbiana,nunca ha entrado una polla en mi coño,y por primera vez en mi vida deseo tener una dentro.

Sergio- para mi será un honor y un placer inmenso .

Laura- vamos a mi cama ,y follame ,te deseo.

Volvimos a besarnos y sin dejar de hacerlo ,la agarre de su precioso culo y en volandas me la lleve a su cama.

No hacía falta previos,estábamos como una moto.

Se la inserte de una estocada,me rodeó con sus piernas y empecé a bombear como una bestia.

Sus gemidos se debían oír y retumbar por toda la casa.

No puedo enumerar los orgasmos que tuvo,pero más o menos a los Díez minutos lloraba y suplicaba que no parara.

Aguante lo que pude hasta que vi que me venía.

Sergio- voy a sacarla ,me vengo.

Así lo hice

Ella me tumbo y mientras escupía chorros de esperma,acercó su boca y lamiendo mi polla por los lados ,fueron a su cara.

Volvimos a besarnos y compartimos la leche,lami su preciosa carita y nos fundimos en uno solo.

Laura- me has hecho muy feliz,he disfrutado como nunca en mi vida,te quiero hermanito.

Estábamos tan a gusto que nos quedamos dormidos ,no pensamos las consecuencias.

Serían como las dos de la mañana y mi madre entro siguilosamente en la habitación.

Maria- ehhhhh dormilones ,despertar!

He visto que ni tan siquiera habéis cenado!

Fue lo único que dijo,yo estaba acojonado y Laura sonrojada.

Maria- bueno ha pasado algo que quizá lo deseaba.

Laura- mama lo siento .

Maria- yo no hija,quizá as descubierto algo en lo que pensar no!

Laura- si mama abrazándose.

Sergio- podéis explicarme qué pasa!

Maria- tu hermana era contraria a experimentar con un hombre,no había manera de convencerla y yo deseaba que sucediera.

Tenía claro que si no era contigo ,no lo hubiera probado.

Laura- ahora soy bisexual mama,pero me siguen gustando las mujeres.

Maria- bueno ,yo estoy conforme con eso ya lo sabes,pero quien se puede resistir a este hombreton no!

Jejejejeje
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Ni me había dado cuenta que íbamos desnudos.

Mi madre no dejaba de mirar mi polla,no sabía dónde ponerme.

Sergio- me habéis utilizado,sois unas cabronas.

Maria- venga venga,anda que no te ha gustado ehhhhhh.

Vuestro padre no sabe nada y así debe seguir siendo entendido!

Podéis follar todo lo que deseéis,y si necesitáis una madura con experiencia aquí estoy besándonos a los dos.

Tu hermana y yo hemos tenido más de un maratón sexual,y yo la convencí para que te sedujera,perdóname hijo.

Sergio- pues la próxima vez os pienso follar a las dos riéndome con ellas.

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Dilema de una buena tía (2)

Isabel llegó el jueves por la mañana, radiante, con un vestido ajustado de color vino y esa sonrisa peligrosa que siempre tiene. Traía una bolsa con vino tinto, queso, y un libro de crímenes que estaba leyendo.

—Para la chaperona aburrida —dijo, dejando todo en la cocina.

Diego la saludó desde el sofá. Había algo diferente en él: una confianza nueva, o quizás solo la ausencia de vergüenza del primer día.

—Hola, Isabel. No sabía que venías.

—Sorpresa —dijo ella, con una sonrisa que yo conocía demasiado bien—. Tu tía dice que necesitas ayuda.

—Ya le dije que no es necesario…

—Y ya te dije yo que sí lo es —intervine, trayendo café para los tres—. Vamos, quítate eso.

—¿qué cosa?

—La ropa. Necesitas otro baño.

Isabel se sentó en el borde del sofá, cruzando las piernas con una elegancia que nunca había tenido que aprender.

—¿Otro baño? ¿Cuántos lleva?

—Este es el segundo —dije, y mi voz sonó defensiva—. Con el yeso es difícil mantenerse…

—Limpio —terminó Diego—. Ya sé. Lo entiendo.

—Entonces vamos. Las dos. Así es más fácil.

Isabel levantó una ceja, divertida.

—¿”Más fácil”? ¿Desde cuándo tú y yo hacemos equipo para bañar hombres?

—Desde ahora.

En el baño, el ambiente se sintió diferente desde el primer minuto. Más iluminado, quizás, o más consciente. Diego parecía menos tímido que el día anterior. Esta vez, cuando se quitó la ropa, no se dio la vuelta tan rápido. Vi cómo Isabel lo miraba, evaluando, con la misma atención que pone en un cuadro o en un desconocido en un bar.

—Madre mía, Diego. ¿Haces deporte?

—Fútbol —respondió, y por primera vez sonó orgulloso—. Antes del accidente, al menos. Ahora no puedo ni correr.

—Se nota. El cuerpo no miente.

Empecé a lavarlo como la vez anterior, pero mi corazón latía desbocado. La presencia de Isabel debería haberme calmado, pero hacía todo más intenso, más performático. Cada movimiento mío parecía observado, juzgado.

Isabel estaba apoyada contra el lavabo, mirando en silencio. De vez en cuando tomaba un sorbo de su café, como si estuviéramos en una terraza y no en un baño con mi sobrino desnudo.

—Tu tía Sofía te tiene muy mimado —dijo de repente.

—No es mimo —respondí, sin detenerme, la esponja en su espalda—. Es ayuda.

—Claro, claro. —Otro sorbo—. Aunque, Diego, ¿tú también la mimas a ella?

—¿Cómo?

—¿Le preguntas cómo duerme? ¿Le sirves café? ¿La miras cuando cree que no te está mirando?

—Isa, basta.

—Solo curiosidad femenina.

Cuando el miembro de Diego empezó a endurecerse de nuevo, la oí soltar un pequeño suspiro. No de sorpresa. De… reconocimiento.

—Hostia, Sofía… —murmuró casi sin voz.

—¿Qué?

—Nada. Nada.

No pude evitar mirar. Estaba completamente empalmado otra vez, aún más grueso que el día anterior, si eso era posible. La cabeza brillaba, hinchada, de un rojo intenso. La vena que había notado antes parecía más marcada, palpitante.

—Perdón —dijo Diego, pero esta vez no sonaba avergonzado. Sonaba… diferente. Más grave, más lento.

—Que te pongas así con tu tía presente. Significa que te gusta cómo te toca.—dijo Isabel

—Isa —la advertí, pero sonó débil.

—¿Qué? Solo digo la verdad. Mira cómo te mira. No es solo higiene, Diego. Tu tía es demasiado atenta contigo.

Quise negarlo, quise salir del baño, quise hacer algo. Pero mis manos seguían con la esponja, y mis ojos seguían viendo, y mi cuerpo seguía respondiendo con esa humedad traicionera.

De repente sonó mi teléfono en la sala. Un ringtone estridente, el de una llamada, no un mensaje. Me hizo dar un brinco. La esponja cayó al suelo.

—Ahora vuelvo —dije, casi aliviada.

—Yo sigo aquí —dijo Isabel, sin apartar los ojos de Diego—. No te preocupes.

Salí corriendo. El pasillo me pareció más largo de lo normal. En la sala, busqué el teléfono entre los cojines del sofá, debajo de las revistas, en la mesa. No estaba. Sonaba de nuevo, desde la cocina. Lo había dejado cerca del cargador.

Era Elena. Mi hermana.

—¿Sofía? ¿Todo bien?

—Sí, todo bien. Diego está bien. Yo estoy bien.

—Suenas rara.

—Es que… estoy ocupada. Estamos en medio de algo.

—¿De qué?
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—De… una tarea. De la casa. Te llamo después, ¿sí?

—Sofía, si pasa algo…

—No pasa nada. Todo está controlado.

Colgué antes de que pudiera seguir. El reloj de la cocina marcaba que habían pasado dos minutos, no uno. Quizás tres. Me quedé allí, parada, respirando.

Ya casi termino, pensé. Le estaba enjuagando la espalda. Fue buena idea haber invitado a Isabel. Ella está allí, todo es apropiado, todo está bien.

Me sentí reconfortada por un segundo. Por la normalidad de hablar con mi hermana, de preocuparme por el tiempo, de pensar en tareas domésticas. El mundo real, el mundo donde yo era una tía responsable y una mujer traicionada pero correcta.

Volví al baño con paso tranquilo. La puerta seguía entreabierta, como la había dejado. Me asomé…

Y me detuve.

Isabel estaba de rodillas frente a Diego y tenía su polla en la mano, envuelta en sus dedos con uñas esmaltadas de rojo, y la miraba con una expresión que solo puedo describir como admiración pura, casi reverencia. La movía lentamente, muy lentamente, de arriba abajo, mientras Diego la miraba desde arriba con los ojos muy abiertos, completamente avergonzado.

—Dios, mira esto —murmuraba Isabel, más para sí misma que para él—. Mira cómo late.

—Isabel, por favor… —Diego intentó retroceder, pero el azulejo de la pared lo detenía.

—¿Por favor qué? ¿Que pare? —Se rio, bajito—. Esto es una obra de arte, Diego. Sería un pecado no apreciarla.

Yo debería haber entrado. Debería haber gritado, o al menos toser, hacer cualquier ruido que los interrumpiera. Pero mis pies estaban clavados en el umbral, y mi voz no respondía.

Fue Diego quien me vio primero. Sus ojos se encontraron con los míos y se abrieron aún más, si eso era posible. Se puso completamente rojo, desde el pecho hasta la frente, y soltó un gemido que no era de placer sino de pánico.

—Tía…

Isabel giró la cabeza. Por un segundo, pareció sorprendida de verme. Luego sonrió, esa sonrisa peligrosa que siempre tiene, y siguió moviendo la mano, ahora más lento, casi desafiante.

—Ah, Sofía. Ya volviste.

—Isabel. —Mi voz salió más alta de lo que quería, con un filo de molestia que no podía disimular—. ¿Qué estás haciendo?

—¿Yo? —Hizo un gesto teatral con la mano libre—. Estaba ayudando. Tú dijiste que necesitabas ayuda.

—Ayuda seria que le enjuagaras la espalda.

—Y eso hago. —Miró hacia abajo, hacia la polla que seguía acariciando con indolencia—. Bueno, estoy en la zona lumbar. Más o menos.

—Usa la esponja.

Isabel parpadeó. Por primera vez, pareció confundida.

—¿La esponja?

—Sí. La esponja. —Señalé el objeto que yo había dejado caer, ahora en el borde de la bañera.

Isabel suspiró, dramática, pero obedeció. Recogió la esponja, la enjuagó bajo el chorro de la ducha, y volvió a Diego. Pero lo que hizo después no fue lo que yo esperaba.

No usó la esponja como yo lo había hecho: con movimientos funcionales, evitando lo inevitable. Ella la empapó, la enjabonó hasta que quedó blanca y espumosa, y luego la apretó contra la base de la polla de Diego con una deliberación que me quitó el aliento. Subió lentamente, enrollando la esponja alrededor del tronco, apretando lo suficiente para que el jabón rezumara, bajó con la misma lentitud, y repitió.

—Así mejor, ¿no? —dijo, dirigiéndose a Diego, no a mí—. Más… higiénico.

Diego no respondió. Tenía la mandíbula apretada, los ojos fijos en algún punto del techo, como si pudiera hacer que la escena desapareciera por fuerza de voluntad.

Pero Isabel no había terminado. Subió de nuevo, esta vez dejando que la esponja rozara las bolas, que se tensaron visiblemente. Volvió a subir, más lento, más lento, hasta que la esponja quedó envuelta alrededor de la cabeza hinchada, roja, brillante. La apretó. Diego gimió, involuntariamente, y ella sonrió.

—Ves —dijo, mirándome por encima del hombro—. Esto es lo que pasa cuando no se limpia bien. Se acumulan… tensiones.

—Isabel, basta.

—¿Basta? Pero si apenas empecé. —Y repitió el movimiento, obsesivo, metódico, como si estuviera puliendo un mueble antiguo o acariciando a un gato—Eso es lo que necesita esto. Alguien que lo aprecie.
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Me llevé la mano a la frente. El gesto era automático, de maestra exasperada, de hermana mayor, de mujer que no sabe si reír o llorar. Esto no podía estar pasando. Yo no podía estar viendo esto, mi amiga no podía estar haciendo esto, mi sobrino no podía estar… respondiendo así, con la polla aún más dura, más roja, más implacable.

—Sofía, relájate —dijo Isabel, sin detenerse—. Estoy siendo útil. Mira, ya casi termino de enjuagar.

—Eso no es enjuagar.

—¿No? ¿Entonces qué es?

No pude responder. Y en ese momento, sonó mi teléfono otra vez.

El mismo ringtone estridente, ahora desde mi habitación. Lo había dejado cargando en el enchufe junto a la cama.

—No me muevas —dije, señalando a Isabel con un dedo que quería ser autoritario pero temblaba.

—Yo solo estoy limpiando —respondió ella, con inocencia que no la caracterizaba.

Corrí hacia mi habitación. El teléfono vibraba en la mesa de noche, iluminando la pantalla con un nombre que no quería ver: Carlos.

Mi esposo. Mi marido infiel. El hombre con quien dormía cada noche sin tocarme.

Contesté sin pensar, sin querer pensar.

—¿Sí?

—Sofía. —Su voz sonó sorprendida de que contestara—. Llevo tres días llamando.

—He estado ocupada.

—¿Con qué? Tu hermana no te necesita todo el tiempo.

—Mi sobrino se rompió el brazo. Mi hermana trabaja. Alguien tiene que cuidarlo.

—¿Y eso te lleva tres días?

—Me lleva lo que me lleve, Carlos.

Hubo una pausa. Oí su respiración, esa forma que tiene de suspirar cuando está frustrado, cuando no entiende por qué el mundo no se doblega a su voluntad.

—¿Vas a volver? —preguntó, finalmente—. Necesitamos hablar.

—¿De qué? ¿De tu secretaria? ¿Del asiento trasero de tu coche de empresa?

—Sofía, por favor…

—Mi hermana y mi sobrino me necesitan. —La frase salió firme, práctica, y me di cuenta de que era cierta, aunque no de la forma que él entendía—. Te llamo cuando pueda.

—Esto no se arregla ignorándome.

—Yo no te estoy ignorando. Te estoy colgando.

Y lo hice. Dejé el teléfono en la mesa, miré mi reflejo en el espejo del armario: mejillas sonrojadas, pelo desordenado, ojos de mujer que no sabe qué está haciendo. Me di cuenta de que había sonreído al colgar. Una sonrisa pequeña, vengativa, que no me pertenecía.

Sigo molesta, pensé. No le perdono nada. Esto que siento, esto que estoy haciendo, no tiene nada que ver con Carlos. Es solo… abstinencia. Frustración. Normalidad.

Me dije esto mientras volvía al baño, más lenta esta vez. Me dije esto mientras empujaba la puerta, ya sin cuidado, ya sin pretensión de sorpresa.

Y entonces vi lo que Isabel había hecho.

Seguía de rodillas pero ahora la esponja yacía olvidada en el suelo mojado, y su boca, pintada de rojo intenso, estaba completamente abierta alrededor de la cabeza gruesa de la polla de Diego. No era delicada. Era feroz, hambrienta, moviéndose arriba y abajo con una rapidez que contrastaba con la lentitud de antes.

—¡Isabel! —Mi voz salió estridente, aguda—. ¡Te dije que no!

Ella se detuvo. Solo se detuvo. No se apartó, no se disculpó. Mantuvo la polla en la boca, los labios cerrados alrededor de la mitad, y me miró con ojos vidriosos de lujuria.

—Mmm-mmm —murmuró, negando con la cabeza, y el sonido vibró en Diego, que gimió, incapaz de contenerse.

—¡Sácate eso de la boca!

Lo hizo. Lentamente, con una succión final que hizo que Diego jadeara, y luego se apartó, dejando un hilo de saliva que se estiraba, brillante, entre sus labios y la punta roja.

—Estaba probando —dijo, como si no fuera obvio—. Para ver si estaba bien limpia.

—¡Eso no es limpiar! ¡Eso es… eso es…!

—¿Sexo oral? —completó, sonriendo—. Sí. Lo es. Y es delicioso, Sofía. Deberías probarlo.

—¡Es mi sobrino!

—Y es un hombre. Un hombre joven, sano, que lleva… ¿cuánto, Diego? ¿Días sin poder tocarse?

—Una semana —respondió él, casinaudible, avergonzado pero excitado, confundido pero presente.
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—Una semana —repitió Isabel, como si fuera una tragedia—. Eso no es saludable, ¿sabes? Para un hombre. Acumular todo eso. Especialmente uno tan… —miró hacia abajo, hacia la polla que seguía sosteniendo con la mano—. Tan dotado.

—Isabel, esto es enfermizo.

—¿Enfermizo? —Se rio, y el sonido fue genuino, sin malicia—. Es biología, Sofía. Un hombre joven debe follar todos los días. Todos. Los. Días. —Enfatizó cada palabra con un pequeño movimiento de su mano, y Diego gimió de nuevo—. Es para su salud. Para su bienestar. Yo solo estoy… ayudando.

—No estás ayudando. Estás… estás…

—¿Qué? ¿Dándole lo que necesita? ¿Lo que tú no te atreves a darle?

No pude responder. Isabel aprovechó mi silencio para volver a mirar a Diego, para acercar su rostro a su entrepierna, para darle un pequeño beso en la cabeza de la polla, un beso de complicidad, de promesa.

—Quiero probar tu leche, Diego —dijo, en voz baja, íntima, como si yo no estuviera allí—. Quiero sentir cómo te vienes en mi boca. ¿Me dejas?

—Tía… —Diego me buscó con la mirada, confundido, pidiendo permiso o perdón, no sabía cuál.

—No me mires —dije, pero no sonó firme. Sonó a súplica.

—No seas egoísta, Sofía —dijo Isabel, y ahora su voz tenía filo—. Si no quieres, no te quedes. Pero no me pidas que pare. No cuando esto es tan… —lamió la longitud de la base a la punta, lentamente—. Tan necesario.

Salí.

No corrí, no esta vez. Caminé, rápido, con las piernas temblorosas y el sexo empapado y la mente llena de imágenes que no quería. Cerré la puerta de mi habitación, me apoyé contra ella, me deslicé hasta el suelo.

Y luego, solo entonces, escuché los sonidos. Los gemidos de Diego, ahogados. Los sonidos húmedos, obscenos, de la boca de Isabel. Su voz, de vez en cuando, diciendo algo que no entendía, algo que hacía que él respondiera con jadeos más fuertes.

Me tapé los oídos. No funcionó. Me metí dos dedos en la boca, mordiendo hasta sangrar. Tampoco funcionó.

Al final, hice lo que había hecho la noche anterior. Me toqué, furiosa, culpable, envidiosa, mientras los sonidos del baño llegaban aunque no quisiera oírlos. Y cuando el orgasmo vino, vino con el nombre de Diego en mis labios, mordido, silenciado, traicionero.

Pasé el resto del día como un fantasma.

Serví la comida sin mirarlos a los ojos. Isabel se había arreglado el pelo, el vestido, la sonrisa. Parecía satisfecha, completa, como después de una comida especialmente buena. Diego parecía relajado, eufórico, y no dejaba de mirarme con una curiosidad nueva, intensa. Como si ahora supiera algo de mí que yo no quería que supiera.

Isabel se fue al atardecer. En la puerta, no me agarró del brazo. Solo me miró, con algo que no supe identificar: compasión, tal vez. O victoria.

—Dijo tu nombre —dijo. Al final. Cuando se vino.

No respondí. Cerré la puerta.

Ahora, de noche, estoy aquí otra vez. En la cama. Sola.

La escena se repite en mi cabeza con variaciones imposibles. Conmigo de rodillas. Conmigo saliendo antes, interrumpiendo antes, diciendo algo, cualquier cosa, en lugar de quedarme parada mirando.

Pienso en Carlos, en su llamada, en mi voz firme colgándole. Pienso en que no le he perdonado nada, que el rencor sigue siendo un nudo apretado, que mi orgullo me tiene prisionera en esta abstinencia estúpida.

Y luego pienso en Diego. En su polla. En la forma en que Isabel la miró, primero con admiración, luego con hambre. En lo mucho que yo, su tía, deseé ser la causa de esa admiración. De esa hambre.

Mañana tendré que bañar a Diego otra vez. Estaremos solos.

Y no sé, Dios mío, no sé qué voy a hacer.

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Dilema de una buena tía (3)

Abrí los ojos y el techo de la habitación giró sobre mí como un torbellino.

Los recuerdos de la noche anterior aún latían con fuerza detrás de mis sienes: la boca de Isabel tragándose por completo el miembro grueso de Diego, los gemidos graves y animales que le arrancaba desde lo más profundo del pecho… y yo, escondida en la oscuridad de mi cuarto, con la mano hundida entre las piernas, masturbándome en silencio al compás de sus jadeos desesperados.

La culpa me revolvió el estómago con violencia. Pero el deseo era más fuerte, más cruel. Mi sexo seguía hinchado, caliente y palpitante, casi doloroso. Tres semanas sin Andrés —tres semanas de silencio absoluto— habían convertido mi cuerpo en un desierto reseco que ardía por cualquier chispa.

Y Diego… Diego se había convertido en una hoguera.

Ya no podía seguir así. Necesitaba que alguien pusiera orden en esta casa, que frenara esta locura antes de que nos consumiera a todos.

Pensé en doña Carmen.

Mi suegra. Viuda desde hacía ocho años, estricta, casi devota. Siempre con faldas que le cubrían las rodillas, blusas abotonadas hasta el cuello y esa mirada severa que parecía condenar el pecado incluso antes de que naciera.

Creí que su presencia sería el freno que yo ya no podía imponerme. Su rigidez moral, su sentido del decoro, su autoridad… todo eso calmaría el ambiente.

Lo que nunca imaginé fue el efecto que su llegada provocaría en Diego.

El muchacho tímido y encorvado de los primeros días había desaparecido por completo. En su lugar había surgido un joven consciente de su cuerpo, de su tamaño y, sobre todo, del extraño poder que ejercía sobre nosotras dos.

Y lo peor de todo: ya no solo lo notaba.

Lo disfrutaba.

Desde que doña Carmen llegó, su mirada ya no era tímida ni esquiva. Ahora se posaba con descaro en el contorno de sus caderas bajo el vestido, en el leve balanceo de sus pechos aún firmes bajo la tela modesta, en el rubor que trepaba por su cuello cada vez que lo sorprendía mirándola.

Ella fingía no darse cuenta.

Yo ya no podía fingir.

El primer incidente ocurrió esa misma tarde, después del almuerzo.

Diego había dicho que iba al baño. Minutos después, escuchamos un grito ahogado seguido de un golpe seco.

Doña Carmen entró en la cocina pálida como un papel, con una mano sobre el pecho y la respiración agitada.

—Sofía… —murmuró con voz temblorosa—. Tienes que hablar seriamente con ese muchacho. Acabo de encontrármelo en el pasillo… completamente desnudo. Su… su miembro estaba completamente erecto. Dijo que no podía agacharse por el yeso del brazo y que se le había caído el calzoncillo, pero… Dios mío, Sofía… estaba enorme.

La imagen se clavó en mi mente como un hierro al rojo: Diego de pie, expuesto, el pene grueso, venoso y completamente duro, con la punta brillante.

Apreté los puños hasta que me dolieron los nudillos y fui directamente a su habitación. Abrí la puerta sin llamar.

Diego estaba recostado en la cama, completamente desnudo. Con la mano buena se masturbaba con lentitud, de forma deliberada y obscena. Su miembro, grueso y surcado de venas, se erguía con soberbia, brillando por la saliva que usaba como lubricante.

Al verme, retiró la mano de golpe e intentó cubrirse con la almohada, pero ya era demasiado tarde.

—¿Se puede saber qué demonios estás haciendo, Diego? —pregunté con voz baja y ronca.

Él bajó la mirada, fingiendo humildad.

—Ya le conté a Martha. No puedo agacharme por el yeso. Me duele mucho el brazo cuando intento terminar y… estoy muy cargado, Sofía. Antes del accidente me corría varias veces al día. A veces hasta tres o cuatro. Ahora llevo días sin poder hacerlo bien. Me duele. Me duele de verdad.

Hizo una pausa y levantó la vista, mirándome directamente a los ojos con una sinceridad peligrosa.

—La enfermera del hospital… e Isabel también. Ellas me ayudaban. Me masturbaban hasta el final. Decían que era parte de mi recuperación.

De pronto entendí. Elena al teléfono: “La enfermera… se quedaba mirando a Diego.” Era esto lo que le molestaba. Era esto exactamente.
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Mi hermana había visto primero, actuado rápido, cerrado la puerta. Y yo, ciega, había venido a ocupar el lugar de la primera tentación. Peor: había traído a la segunda conmigo.

Ellas me ayudaban. Decían que era parte de mi recuperación.

La misma excusa enfermiza. La enfermera la inventó, Isabel la confirmó, y yo estaba lista para reclamar mi turno.

Elena había visto antes lo que yo tardé en ver: que Diego ejercía un poder que ninguna de nosotras sabíamos resistir.

Un poder que mi hermana, madre soltera, viuda de su propio matrimonio, había identificado y temido lo suficiente como para buscar refugio en el trabajo, en la ausencia, en el silencio.

Y que yo, en mi desesperación por sentirme deseada, había confundido con deber familiar.

Horas después, la tensión en la casa se había vuelto densa, casi irrespirable.

Diego estaba tirado en el sofá viendo televisión con un short de algodón fino que no ocultaba absolutamente nada. El contorno de su erección se marcaba con obscena claridad contra la tela.

Doña Carmen fue a llevarle un vaso de agua. Cuando regresó a la cocina, jadeaba ligeramente y tenía las mejillas encendidas.

—Sofía… —susurró, acercándose como si temiera que él pudiera oírla—. Está otra vez completamente erecto. Lo veo todo. La forma, el tamaño… Es imposible no mirarlo. Ese chico no puede estar así todo el día. No es normal. Es… inhumano.

Fuimos las dos al salón.

Diego no apartó la mirada de la pantalla, pero sabíamos que era consciente de nuestra presencia. Su erección no había bajado ni un milímetro. Parecía un desafío silencioso.

—Diego, tenemos que hablar —dije cruzándome de brazos.

Él bajó la vista, pero no hizo ningún intento por cubrirse.

—No sé cómo controlarlo, tía —respondió con voz cansada, casi de niño frustrado—. Estoy encerrado aquí, sin poder salir… y mi cuerpo no entiende.

Hizo una pausa, mirándose las manos con genuina confusión.

—Antes del accidente me bastaba con… ya sabe. Dos, tres minutos y listo. Pero ahora… —levantó la vista, desvalido—. La enfermera del hospital me explicó que el yeso cambia la circulación. Que la sangre se acumula más. Que necesito más tiempo, más… ayuda.

Su voz se quebró ligeramente.

—He intentado hacérmelo solo, de verdad. Pero con una mano me canso antes de llegar. Y cuando estoy cerca, el dolor del brazo me distrae. Es como… como si mi cuerpo hubiera olvidado cómo terminar sin…

Se detuvo, sonrojándose profundamente.

—Sin que alguien más me toque. Sin la boca de la enfermera, sin las manos de Isabel. Me volví dependiente, tía. Y ahora no puedo… no puedo solito.

La última palabra salió casi un susurro, humillante en su sinceridad.

—Me duele físicamente. Todo el tiempo. Es como una presión que no me deja pensar, ni dormir, ni nada. Solo quiero que pare. Pero no sé cómo.

El silencio que siguió fue tan pesado que pareció detener el tiempo.

Doña Carmen me agarró del brazo con fuerza y prácticamente me arrastró hasta mi habitación. Cerró la puerta con llave.

—Esto no puede seguir así —dijo con la voz temblando de indignación… o de algo más—. El chico está sufriendo. Esa tensión constante no es sana. Un hombre joven no puede estar con esa… esa presión todo el día. Necesita liberarse.

Suspiré y me apreté las sienes con los dedos.

—No es solo eso, Carmen. —Mi voz salió rota, casi un susurro—. Es que… llevo tres semanas sin Andrés. Tres semanas de dormir junto a un hombre que no me toca, de sentirme invisible, de acumular… fuego.

Me llevé las manos al vientre, como si pudiera contener lo que ardía ahí dentro.

—Mi cuerpo no me obedece. Me despierto empapada, con las piernas temblando, sin haber soñado nada. Me ducho y el agua me excita. Veo a Diego en el sofá, con esa… esa cosa marcándose en los pantalones, y siento que me voy a desmoronar. No es solo deseo, Carmen. Es hambre. Es una bestia que no reconozco.

Martha me tomó de las manos. Sus dedos eran fríos, secos, de mujer que no ha tocado a un hombre en años.

—Entonces no te acerques sola —dijo, pero su voz había cambiado. Menos firme, más… calculadora—. Yo estaré ahí. Contigo. Controlando.
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—¿Controlando qué? ¿A él o a mí?

Los ojos de Martha brillaron con algo que no supe nombrar.

—A ambos. —Tragó saliva—. Yo comenzaré. Solo la mano, nada más. Pero si él no responde… si necesita más estimulo… tú estarás cerca, sí, pero con ropa. Solo te descubrirás los senos. Desde lejos. Sin que te toque. Eso no es infidelidad, Sofía. Eso es… asistencia visual.

—Y si eso no basta… —mi voz se quebró, temerosa— ¿qué hacemos?

Martha me miró fijamente. Sus ojos ya no eran los de la suegra estricta, sino los de una mujer que había encontrado una grieta en su propia moral.

—Entonces le muestras más —dijo, apresurada, como si las palabras se pudieran escapar si no las decía rápido—. Te volteas. Le enseñas la cola, incluso tu… tu sexo. Desde lejos, sin que te toque. Que te vea, nada más.

—Carmen, eso es…

—¿Qué? —me interrumpió, y vi cómo se ruborizaba hasta las orejas—. ¿Infidelidad? No lo es si no hay contacto. La vista no peca, Sofía. El pecado está en la carne que se une, no en la que se observa. Si él mira y tú no sientes sus manos, si tú no sientes su… su miembro dentro… entonces no has traicionado a nadie.

Su lógica era tan frágil, tan transparente, que casi reí. Pero no reí. Porque mi cuerpo la aceptaba con avidez, buscando el resquicio, la excusa, el permiso.

—Sin contacto, ni penetración —repetí, aferrándome a las palabras como a un salvavidas.

—Sin contacto, ni penetración —confirmó ella, aunque su voz sonó menos convencida—. Se lo debemos a Andrés.

Asentí, pero mi cuerpo ya sabía la mentira. Ya sentía el peso de mis pechos contra la blusa, la humedad que traicionaba mis palabras.

—Se lo debemos a Andrés —repetí.

Era una oración. Una súplica. Un acuerdo que ninguna de las dos creía.

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