RELATOS ERÓTICOS
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Acerqué mi lengua completamente empapada para lamer con delicadeza su rosado botoncito a la vez que Clara mientras apretaba con fuerza mis manos empujaba sus caderas para buscar nuevas caricias. Mi lengua recorrió arriba y abajo todos los pliegues de sus labios y deslizando mi cara un poco más allá la hice girar muy despacio alrededor de la entrada de su culo empapándolo completamente mientras notaba como su flujo se deslizaba desde su coño completamente inundado.

Me tumbé sobré ella y levantando sus piernas para apoyarlas en mis hombros la penetré de golpe hasta tropezar cuerpo con cuerpo. Así apoyados y completamente encajados ambos empujábamos ligeramente con las caderas para notar los suaves golpes al final de su coño, mientras nuestros gemidos adquirían un tono ya casi alarmante.

Retiré mi polla para volver a penetrarla repetidamente hasta el fondo pero muy despacio, disfrutando de todos sus pliegues a la vez que ella se retiraba los pantis que cubrían sus ojos para llevárselos a la boca y tratar así de ahogar sus gritillos. En un instante ella se volvió de golpe para dejarme de espaldas sobre la cama y en un salto clavarse completamente en mí.

A horcajadas sobre mi marcaba un ritmo salvaje dejándose caer con furia hasta tropezar con mi cuerpo para levantarse inmediatamente apoyándose en sus piernas y volver a dejarse caer clavándose una y otra vez hasta que me corrí durante un largo e increíble orgasmo. Ella se retiró y directamente me pidió que la lamiera de nuevo y disfrutase de todas las humedades que me iba a regalar mientras llegaba a una cadena de orgasmos que la obligó a retorcerse sobre la cama.

Cuando a la hora de salir la vi llegar a la recepción del hotel calzada de nuevo con aquellos zapatos no fui capaz de evitar retornar a aquellas salvajes imágenes de la tarde que me procuraron un incómodo viaje hasta el restaurante de la fiesta.

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Mi hija y su hermano

Había comenzado el mes de junio me sorprendió mucho cuando mi hijo me contó que su hermana, mi hija Adriana, le había pedido que buscaran a ocasión de quedarse solo en casa, eso hizo que mi curiosidad se disparara y me pusiera de acuerdo con mi otro hijo, para dejarlos a solas, los dos salimos de nuestro apartamento y nos dirigimos al trastero, por supuesto habíamos instalado una cam, sin que mi hija lo supiera, para ver lo que hacían.

Nada más llegar la pusimos por medio de nuestros móviles y en ese momento, sentados en el sofá de casa estaban muy hija y su hermano, el llevaba puesta na pantaloneta hasta media pierna y una camiseta; ell llevaba unos pantaloncitos cortos de color rojo con una raya a los costados, y comenzaron a hablar mi hija le dijo:

-Veras hermanito, es que quiero aprender a dar masajes, antes practicaba con mi novio, pero desde que lo dejamos no lo he vuelto a hacer, ¿Me dejarías practicar contigo?

-Si te apetece hermanita, respondió mi hijo.

Mi hija le indicó que se tumbara en el sofá, boca abajo, y sentándose encima de él comenzó a darle el masaje, los gestos de mi hijo demostraban que lo estaba pasando muy bien, hasta que esta paró y le dijo a su hermano:

-Date la vuelta hermanito.

Este lo hizo y en ese momento quedó a la vista de ambos que a mi hijo se le había piesto la polla bien dura, mi hija sorprendida dijo:

-Pero hermanito, ¿No me digas que mi masaje te ha excitado?

-La verdad es que si hermana, tú eres una mujer muy sexy, y encima das muy bien los masajes.

-Gracias, hermano, dijo ella con una amplia sonrisa en la boca, pero me da pena que estes así, creo que debo de ayudarte a aliviarte.

Y antes de que su hermano tuviera tiempo de reaccionar, mi hija le había bajado la pantaloneta lo justo para que su polla quedara al aire, al ver el tamaño de la polla de su hermano mi hija añadió:

-Vaya hermanito, que bien dotado estas, no me esperaba yo que tuvieras una polla tan grande, si quieres te presentaré a alguna de mis amigas fáciles que estarán encantadas de probar esa delicia.

-Eso para otro día, pero ahora solo estas tú aquí dijo mi hijo, así que ¿Por qué no me alivias ti?

-Está bien contestó mi hija.

Y llevando una de sus manos hasta la polla de su hermano comenzó a hacerle una deliciosa paja, mi hijo gemía de gusto, pero al poco le dijo a su hermana:

-¿Me ayudarías de otra manera?

-Tu dirás, dijo ella.

-Quiero verte las tetas, dijo él.

-¿Quieres verle las tetas a tu hermana? Dijo ella entre risas.

Y llevando sus manos hasta su blusa se la alzó dejando al descubierto sus tetas.

-Tienes unas tetas preciosas, dijo mi hijo.

Y mientras lo decía llevó su mano hasta su polla y se puso a masturbarse, mi hijo sin dejar de acariciársela le preguntó:

-¿Dime hermana, se la chupabas a tu novio?

-Claro dijo ella.

-¿Y te ha dejado? Que tío más idiota, dijo mi hijo.

-¿Sabes una cosa? Dijo mi hija parando su mamada.

-Dime hermana, contestó él

-Tú la tienes más grande que él y me muero de ganas de que me la metas

Ella se tumbó boca arriba en el sofá y levantó las piernas, su hermano la sacó sus pantalones y el tanga, dejándola completamente desnuda, después la pidió que se pusiera a cuatro patas y bajándose un poquito la pantaloneta se sacó la polla, en ese momento su hermana que parecía haber recobrado por un momento la cordura le dijo:

-Hermanito, ¿Tienes condones? Aun soy joven para tener hijos, aunque sean tan guapos como su tío.

Mi hijo sacó un condón de sus pantalones y se lo puso, su polla estaba durísima, y después sin quitarse su pantaloneta, aunque teniéndola lo suficiente baja como para que su polla se quedara fuera, se puso detrás de ella y se la metió, mi hija al sentir la polla de su hermano se puso a gemir, y dijo:

-Hermanito, menuda polla tiene, y que bien la sabes utilizar, está claro que tienes experiencia con los coños.

-Me estaba preparando para follar a una mujer como tú, respondió mi hijo.

-Mientes peor que follas, pero me encanta como follas, dijo mi hija.

Y los dos siguieron follando, hasta que ella le pidió:
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-Hermanito, quiero darme la vuelta.

Él sacó su polla del coño de su hermana, y cuando esta se dio la vuelta y abrió sus piernas todo lo que pudo, se la volvió a meter, esta al volverla a sentir volvió a decir:

-Menuda manera tienes de follar, decididamente hermanito tengo que presentarte a alguna de mis amigas.

Y los dos siguieron en la actividad de darse mucho amor, en ese momento no pude dejar de pensar en lo bien que lo hubiera pasado si a la edad de mis hijos yo hubiera estado tan liberada como ellos

En ese momento mi hija dijo:

-Hermanito, estoy pensando que, como hermana mayor, yo debo ser yo quien se suba encima de ti, y quien lleve el ritmo.

Parecía claro que, a su hermano, con tal de follar le daba igual una postura que otra, así que no tuvo ningún problema en ponerse tumbado sobre el sofá y su hermana se sentó encima suyo, de espaldas a su cara, mientras decía:

-Que polla tan divina tienes hermano, nunca he follado una como esta.

Y siguió cabalgándole, en ese momento ella estaba sentada encima de él, con las manos apoyadas en el sofá y subía y bajaba su coño dándose a su misma, y proporcionando a su hermano un placer muy intenso que se reflejaba en los gemidos que ambos emitían, hasta que mi hijo se corrió, para mi sorpresa mi hija le pidió que se pusiera encima de ella y se quitara el condón, cuando lo hizo su leche fue a parar al vientre de su hermana.

Tras ello mi hijo dijo:

-Follas divinamente hermanita, mejor que la mayoría de las chicas con las que lo he hecho.

-¿Y lo has hecho con muchas?, preguntó mi hija.

-Con varias, incluso con algunas que podrían ser nuestra madre, respondió su hermano.

Vaya hijo más cabron que tengo, mientras su hermano decía esto, mi hija se arrodilló ante él y dijo:

-¿Así que esta polla ha conocido muchos coños?, Puedes tendré que mimarla mucho para no parecerle de las peores chicas que ha probado.

Y tras decir esto cogió la polla de mi hijo con una de sus manos t la llevó hasta su boca y se introdujo su polla dentro de ella, después la sacó y comenzó a lamerla con su lengua, cuando ya la tuvo bien dura, se tumbó en el sofá con las piernas bien abiertas y dijo a su hermano:

-Venga hermanito, mi coño tiene muchas ganas de ti, otra vez.

Mi hijo primero busco un nuevo condón y se lo puso en su polla, luego se puso a su lado con una pierna doblada sobre el sofá y la otra de pie en el suelo y condujo su polla hasta el interior del coño de mi hija, los dos volvieron a gemir de una manera muy intensa, yo viéndolos a través de la cam, me sentía orgullosa de que follaran de una manera tan divina. Pero al rato mi hija pidió a su hermano:

-Hermanito, métemela de lado.

Y sacándose la polla de su hermano de su coño se giró de esta manera quedó sobre el sofá de medio lado, dándole la espalda a su hermano, pero con su coño al alcance de la polla de este. Por supuesto mi hijo se la volvió a meter, y ella dijo:

-Que delicia hermanito.

Su hermano no la contestó, pero en los movimientos de su polla estaba la respuesta, estaba encantado de follar con su hermana, y así estuvieron hasta que ella, sin sacarse la polla de su hermano del coño, se movió y se puso a cuatro patas sobre uno de los respaldos del sofá, su hermano la dijo:

-Joder hermanita que bien te mueves.

-¿Mejor que las demás?, preguntó su hermana.

-Mejor que casi todas, dijo mi hijo mirando hacia la cam de manera disimulada.

Pero creo que, a mi hija, como a mi no nos gusta ser pasivas, así que no tardó en pedirle a su hermano:

-Hermanito, tu llevas mucho rato encima, ahora me toca a mí.

Su hermano aceptó la petición, le saco la polla y se puso sentado en el sofá, su hermana se subió al sofá y poniéndose de espaldas a mi hija fue bajando poco a poco, hasta que nuevamente juntaron su coño y su polla, mi hija, ejerciendo de hermana mayor comenzó a cabalgar a su hermano, los dos gemían nuevamente de una manera muy intensa, mi hijo decía:

-Eres divina hermana me estás haciendo gozar muchísimo.

-Me alegro muchísimo, tú a mí también hermanito.
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Y siguió cabalgándole, entre gemidos muy intensos de los dos, pero al poco tiempo se dio la vuelta, y puso sus tetas sobre la boca de su hermano, mientras le decía:

-Venga, hermanito, chuparle las tetas a tu mami.

Mi hijo muy obediente aceptó y se puso a chuparle los pechos. Pero al rato su hermana le volvió a proponer:

-Hermanito, me encantaría que lo hiciéramos en el suelo.

Se bajó de su hermano y se tumbó en el suelo, nuevamente con las piernas bien abiertas, mi hijo se levantó del sofá y poniéndose de rodillas en el suelo volvió a acoplar su polla al coño de su hermana, y siguió follandosela hasta que vio que se corría, en ese momento se la sacó se puso encima de la boca de su hermana y se masturbó un poco hasta que se corrió y su leche fue a parar a la boca de su hermana.

En ese momento mi hijo, quizá un poco cansado se fue a sentar en el sofá, pero su hermana no parecía dispuesta a dejarle en paz, su fue hasta donde estaba él puso su boca cerca de la polla de su hermano y dijo:

-Hermanito, siento que nunca me cansaría de hacer cosas con una polla como esta.

Y sin más preámbulos se puso a chupársela, en ese momento mi hija dijo:

-Hermano, además de tener una buena polla, se recupera con mucha facilidad, no sabes cómo me costaba recuperársela al innombrable y tu lo haces rápidamente, te adoro.

No tardó en conseguir ponérsela completamente tiesa, y sin dejar reaccionar a su hermano le puso el condón y le monto para cabalgarle, mientras le decía:

-Estoy viendo que tengo un hombre de verdad, te adoro hermanito.

Tras cabalgarle un rato se cambió de postura y se puso de espaldas a su hermano, pero este llevó sus manos hasta las tetas de su hermana y se puso a acariciárselas. Mientras decía:

-Eres divina hermana, quiero que sigamos follando a menudo.

Pero él se había venido arriba y quería tener el control de la situación, así que bajó a su hermana y la puso a a cuatro patas, ella se dejó a ver y su hermano le volvió a meter la polla dentro de su coño:

-Hermanito te estas comportando como un verdadero macho.

Él siguió follandola, mientras ella seguía disfrutando, se veía que había adquirido mucha confianza en sí mismo, al rato se la sacó y la hizo tumbarse en el sofá con las piernas bien abiertas, ella fijo:

-Hermanito puedes a ver conmigo lo que quieras, me tendrás a tu disposición siempre que tu polla necesite un coño.

-Muchas gracias, hermana, dijo mi hijo, por supuesto lo hare.

Él alzó una de las piernas de y la puso sobre su hombro y continuo follandola, en medio de los gemidos de ambos, pero tras un rato así, mostrando cierto cansancio, se la sacó y se tumbó en el sofá, de medio lado, su hermana se puso en la misma postura, delante de él, y nuevamente su hermano volvió a introducir su polla dentro del coño de mi hija, y nuevamente los dos volvieron a gemir intensamente.

Ella separaba las piernas todo lo que podía para facilitar la penetración, mientras él complementaba la penetración con besos en su cuello, y acariciaba una de las tetas mientras le decía:

-Hermanita, eres una folladora excepcional, te adoro.

Cogió los dos pies de su hermana con sus manos, y se los besó, cosa que a ella pareció encantarle y le dijo:

-Que hermano lo que me haces, decididamente eres un amante fantástico. Pero por favor cariño, vuelve a dejarme arriba.

Y nuevamente mi hijo se puso sobre el sofá con las piernas bien abiertas dejando que su hermana se montase sobre su polla y comenzando a cabalgarle, arrimando sus tetas a la boca de mi hijo, que se las chupaba con ganas, mientras el llevaba sus manos hasta el culo de su hermana y se lo acariciaba, los dos se encontraban en la gloria. Al rato ella se dio la vuelta y siguió follando a su hermano, cos sus manos apoyadas en el sofá, sin duda los dos estaban en la gloria.

Yo no paraba de masturbarme viéndolos, y mi hijo mayor que estaba a mi lado hacia lo mismo, hasta que ni pudimos más, mi hijo mayor se echo sobre mi y se puso a follarme con verdadera ansia, sin que ninguno de los dos dejáramos de ver el espectáculo.
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Mi hijo no pudo aguantar mucho tiempo estar debajo y haciendo a su hermana levantarse la puso en cuatro sobre el sofá, y nuevamente volvió a penetrarla, la verdad es que parecía que ninguno de los dos se cansaba de follar, pero en ese momento mi hijo le pidió a su hermana:

-Hermanita, ¿Me dejas que te la meta por el culo?

-¿Pero de eso también entiendes?, dijo su hermana sorprendida, y añadió, no sabía que tenía en casa una máquina de follar.

Su hermano interpretó esta respuesta como un sí y de un golpe metió su polla en el culo de su hermana. Los dos se pusieron a gemir de una manera muy intensa, ella, entre gemidos dijo:

-Vaya lo haces divinamente, hermanito, se nota que tienes experiencia.

-Es para hacértelo mejor, hermana.

Los dos siguieron disfrutando hasta que mi hija se corrió, y poco después lo hijo mi hijo llenando de leche el culo de su hermana. Después los dos fueron a ducharse y vestirse.

Mientras mi hijo mayor y yo terminamos de follar nos vestimos y subimos a casa, al llegar los dos hermanos estaban viendo la tele, como si nada hubiera pasado, pero los ojos de mi hijo mayor se posaron en las piernas de su hermana.

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Las vacaciones de mi hijo en casa de su abuela (1)

Hola a todos, soy Manuela, algunos ya me conocéis y para los que no, me presento: tengo 47 años cumplidos hace poco, mido 1.75, soy rubia, tengo los pechos grandes pero operados y el resto del cuerpo normal, un culo más bien normal. Soy doctora, trabajo en un hospital. Soy madre de un hijo de 20 años, se llama Dani, él es alto, mide 1.93cm, juega al baloncesto por lo que también está algo fuerte pero lo más llamativo de él es su pene. Le mide 26cm erecto completamente y es bastante grueso.

Lo sé porque en casa somos liberales. Rara vez voy completamente vestida, a menos que haga frio voy siempre vestida de un pantalón de pijama o un short y nada más, la parte de arriba al descubierto, me siento más cómoda así. Incluso cuando vienen invitados o familiares no me visto a no ser que sea una ocasión especial. Pienso que estoy en mi casa y que puedo ir vestida como a mí me guste, o en este caso no ir vestida para ser más exactos.

Mi hijo también es así, en verano o cuando hace calor hay veces que está en calzoncillos o incluso desnudo completamente. A mí no me molesta para nada, mientras él esté a gusto a mí eso no me molesta, es más, poder ver un pene como el suyo es todo lo contrario de una molestia. Así somos en casa.

Mi trabajo me hace viajar de vez en cuando, no muy frecuentemente, pero alguna vez sí que tuve que viajar, aunque siempre se trataba de 2 o 3 días. Esta vez serian 10 ya que hay un avance en la cura de una enfermedad y el hospital donde trabajo me ha enviado para ir a descubrir más, ayudar en los estudios y más detalles que os ahorraré para no aburriros.

Dani ven que tenemos que hablar

―¿Pasa algo mamá?

―Si. El hospital me ha enviado a Madrid por un estudio y estaré ahí 10 días. Durante estas dos semanas no tienes que ir a la universidad así que prepara la maleta que nos vamos mañana.

―¡Pero mamá yo no puedo ir contigo! Tengo los entrenamientos y tenemos 3 partidos muy importantes para clasificarnos para el torneo nacional. No puedo perderme esos partidos mamá.

―¿Pero hijo como te voy a dejar solo aquí sin comida ni nada?

―No te preocupes ya encontraré algo.

―De eso nada. Si no vienes conmigo te vas a casa de tu abuela.

―¿Y no puede venir ella?

―No quiero molestarla. Mejor vas tu a su casa. Además si vas a su casa podrás nadar en la piscina.

―Ya pero no podré ver a mis amigos.

―Pueden ir a visitarte si quieres a casa de tu abuela, estoy segura de que no le importará. Además hijo, no la he avisado ni nada porque pensé que vendrías conmigo por lo que igual tiene algo previsto así que mejor te vas tu a su casa.

―Vale pero me llevaré la moto para poder ir a los entrenamientos y los partidos.

―Está bien pero ten cuidado que ya tuviste un accidente y no quiero que se repita.

―Vale.

Así pues Dani se fue a preparar sus cosas mientras yo llamé a mi madre para avisarla.

―Pues claro que no pasa nada, tráelo que yo le haré de comer y lo cuidaré tu tranquila.

―Gracias mamá, espero que no te moleste.

―Para nada hija.

Llegó la noche y nos fuimos a dormir.

Después de desayunar, me despedí de mi hijo.

―Has puesto todo lo que necesitas en el bolso ?

―Bueno algunas cosas porque como voy en moto no puedo llevar muchas cosas. Llevo la ropa de entrenamiento, un pantalón de chándal, un bañador, unas camisetas y la Play para no aburrirme.

―Y ropa interior?

―De verdad ya no me cabe nada más porque no puedo coger el bolso grande. Da igual estaré en casa en pantalón de chándal sin calzoncillos por debajo no pasa nada.

―Bueno yo solo te aviso que hará calor y que si te quitas el pantalón estarás desnudo. A la abuela no le molestara, pero lo digo por ti por si sientes vergüenza luego o te arrepientes.

―No pasa nada, da igual.

―Bueno hijo pues me voy, cuídate mucho y te llamaré cuando llegue.

―Vale mama, buen viaje.
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Así pues, subí al coche y me marché. Mi hijo llego unos minutos después a casa de su abuela. Mi madre es una mujer de 64 años, rubia también, mide 1.65 y un peso normal. Tiene unos pechos bastante imponentes. Son grandes, muy grandes, con aureolas grandes y el único defecto que tienen sus pechos es que están un poco caídos por la edad, pero son mucho más firmes que la mayoría de mujeres de su edad. Es viuda ya que mi padre falleció hace unos años y desde entonces no ha vuelto a estar con nadie más.

―Hola hijo, hace tiempo que no te veo ¿cómo estás?

―Bien abuela ¿y tú?

―Bien hijo bien, un poco sola pero bien.

―Bueno pues aquí me vas a tener 10 días así que supongo que mejor ¿no?

―Jajá pues claro hijo mucho mejor. Puedes ir a dejar tu ropa. Tu madre me avisó ayer así que no he tenido mucho tiempo para preparar tu habitación así que duermes conmigo y cuando tenga tiempo la prepararé.

―¿Quieres que te ayude a prepararla?

―No si no es eso, es que faltan cosas. La cama no está firme, el armario está un poco viejo y más cosas.

―Ah vaya… Bueno pues dormiré en el sofá.

―¿Y por qué vas a dormir en el sofá? Tu duermes conmigo en mi cama punto.

―Bueno vale como quieras.

―Bueno ¿qué vas a hacer ahora?

―Pues ahora mismo dejar las cosas en la habitación, ponerme el bañador y meterme en la piscina que hace mucho calor.

―Haces bien. Yo voy a limpiar un poco y hacer la comida y después de comer me meto yo también.

Así fue, comieron y estuvieron en la piscina un buen rato hasta que mi hijo intervino.

―Bueno abuela me tengo que ir al entrenamiento que se me va a hacer tarde.

―Vale, déjame el bañador aquí y cuando salga lo pondré a secarse.

―Vale.

Cuando mi hijo volvió del entrenamiento ya casi era hora de cenar. Cenaron, vieron un poco la tele y se fueron a dormir.

―Esta noche no hace calor, menos mal a ver si puedo dormir bien esta noche que llevo ya muchas noches sin dormir —dijo mi madre mientras en la oscuridad se cambió de ropa y se puso su camisón para dormir.

―Menos mal si porque no llevo calzoncillos y si estos últimos días he estado durmiendo desnudo del calor que hacía.

―Puedes dormir desnudo a mí no me importa para nada.

―No si ahora estoy bien, esta noche estoy bien no hace calor.

―Como quieras. Buenas noches.

―Buenas noches abuela.

A la mañana siguiente hacía un calor impresionante así que mi madre decidió empezar el día en la piscina. Sus bañadores ya estaban sucios por lo que se metió al agua desnuda aprovechando para refrescarse. Cuando dio por finalizado el refresco se envolvió en una toalla que apenas cubría sus pechos por encima y dejaban medio culo a la vista. Salió Dani de la habitación y se encontró a su abuela así delante de la piscina.

―¿Has estado nadando?

―Sí, hace un calor insoportable hoy y no he podido resistirme.

―Metete, a mí me ha ayudado a calmar el calor.

―Me encantaría porque hace mucho calor, pero no encuentro mi bañador.

―Ah lo metí en la lavadora anoche, aun no la puse en marcha. Yo tampoco tengo, todos los míos están sucios y en la lavadora.

―¿Y has nadado desnuda?

―¡Claro! ¡Así refresca aún más! Por mí no te cortes, quítate el pantalón que llevas y metete, más tarde me volveré a meter yo también porque no hay quien aguante semejante calor.

―Vale —dijo mi hijo bajándose poco a poco el pantalón dejando a la vista su pene sema erecto.

―¡¡Bueno!! Tu amigo sí que está feliz… y grande por lo que veo.

―Eh… bueno aun esta medio dormido… —dijo mi hijo colorado por la vergüenza.

―¡¿De verdad?! He olvidado como de grande la tienes, supongo que será porque hace bastante tiempo que no te veo.

―Eh… sí puede ser.

―Bueno te dejo con tu amigo, voy a preparar la comida o acabaré comiendo otra cosa jajaja

―Vale, nos vemos luego.

Después de unas horas mi hijo se disponía a salir de la piscina para ir a jugar un poco a la Play cuando apareció mi madre y empezó a desnudarse poco a poco.

―Hace calor así que voy a nadar un poquito.

―Yo ya me iba al salón a jugar a la play.
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―¿Me vas a dejar sola? La Play esa puede esperar, disfruta del agua que dentro hace mucho calor, —dijo mi madre desnuda ya por completo.

―Eh… bueno… vale me quedaré un rato más, —dijo mi hijo empezando a reaccionar a la vista de los hermosos pechos de su abuela. Su erección era ya bastante imponente.

―¿Qué te parece si hacemos unos juegos en el agua?

―¿Como que juegos?

―Pues yo cierro los ojos y tú te escondes y te intento encontrar.

―Vale, suena interesante.

Empezaron a jugar y la primera vez mi madre no tardó mucho en encontrar a Dani. Le tocó a Dani esta vez, pero al tener los ojos cerrados cuando encontró a su abuela, lo primero que tocó fueron sus pechos, lo que calentó a la abuela. Esta vez la abuela tardó algo más en encontrar a Dani, pero cuando lo encontró le tocó el pene erecto bajo el agua con toda la intención del mundo.

―¿, pero Dani con esto que tienes aquí va a ser muy fácil encontrarte, que te parece si lo escondemos?

―¿Esconderlo? ¿Dónde? —Preguntó Dani

―Aquí mira, —dijo mi madre acercando el pene de Dani a su vagina. Al ver que Dani no reaccionaba decidió girarse y meter la cabeza del pene de Dani en su rosada cueva—. ¿A que nunca lo habías hecho bajo el agua?

―No.

―Pues te va a volver loco, —dijo su abuela metiéndose todo el pene de Dani dentro y soltando un grito más de placer que de dolor—. ¡Aaaargh siii! ¡Quiero que me folles aquí, ahora mismo, y que los vecinos se enteren que mi nieto me está reventando con su gran polla!

―Si eso es lo que quieres ¡toma! —Dijo mi hijo empezando a golpear más y más fuerte—. ¡Toma, toma! ¡Como mola bajo el agua!

―¡Aaaay! si así, más dame mas ¡no pares! —Dijo la abuela corriéndose de placer.

―Toma abuela toma, —dijo mi hijo mientras le atrapó los pechos con las manos, bueno, lo que le cabía ya que abarcarlos con una mano es imposible.

Después de varios minutos cogiendo y la abuela gritando de placer y habiendo llegado a dos orgasmos mi hijo llegaba al suyo.

―Uff me voy a correr.

―Sal de la piscina que te voy a hacer acabar.

―Toma, haz lo tuyo abuela, —dijo mi hijo poniéndose en el borde de la piscina y dejando así su pene a la altura de la cara de su abuela que aún estaba en el agua.

La abuela empezó a jugar con sus pechos y cuando sintió que su nieto estaba cerca del clímax se metió su pene en la boca y recibió los abundantes chorros de semen de mi hijo. Después de tragarlo todo salió de la piscina exhausta.

―Hijo a mi edad este es el mejor deporte que pueda hacer.

―Jajá si eso ayuda a que tu salud esté mejor estaré encantado en ayudarte.

―Por cierto, ¿cuánto has dicho que te mide?

―Pues en erección total me mide 26 cm y como ves es bastante gruesa también.

―No, si ya lo veo ya. Que te parece si entramos a comer que la comida tiene que estar casi lista.

―Por mi perfecto.

Así paso el día, comer, nadar en la piscina y jugar a la play mientras mi madre cocinó, limpió y nadó un poco. Cercana la noche llamé a mi hijo para ver si todo iba bien y para hablar con mi madre también para así ver si todo iba bien y me quedé mucho más tranquila cuando mi madre me dijo que todo iba a las mil maravillas. Así pues, después de cenar se fueron una vez más a la cama. Esa noche sí que era calurosa por lo que mi madre se quitó toda la ropa.

―Yo voy a dormir desnuda, hace demasiado calor y creo que deberías hacer lo mismo ya que vas a sentirte más cómodo si lo haces.

―Sí, pienso quitármelo yo también, —dijo Dani bajándose el pantalón con un semi erección por ver la vagina depilada y los grandes pechos de mi madre.

―Parece que tu amigo aun quiere fiesta. Ven aquí que tengo una sorpresa para él.

―¿Una sorpresa? Seguro que le gustara.

Primero dio unos besos al pene de Dani poniéndolo ya completamente duro, luego mordió un poquito la cabeza, la lamió, lamió el resto de su pene y de un solo golpe se metió todo lo que pudo hasta la garganta. El grosor le abría la boca aún más y sacaba la lengua como podía para lamer ese aparato.

―Joder hijo nunca me entra entera.

―Jajá tranquila que con un poco de entrenamiento lo conseguirás.
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―Jajá eso espero, —dijo mi madre a la vez que sacaba una botella de aceite corporal y se la aplicaba en sus pechos. Ahora mete tu polla aquí que seguro te gustara.

―¡Me encanta! —Dijo Dani mientras veía su pene desaparecer entre los pechos de su abuela.

―Bueno y ahora tu sorpresa. Métemela en el culo. He estado preparándome desde que tu madre me llamó y estoy lista para recibirlo todo, ya me he puesto aceite también así resbalá más, pero intenta ir despacio al principio porque nunca me la han metido por ahí. Tu abuelo nunca quiso así que despacio al principio.

―Vale —dijo mi hijo poniendo a su abuela a 4 patas y apuntando con su pene hacia la puerta posterior de su abuela. Empezó a empujar suavemente con la cabeza mientras poco a poco se abría la entrada del culo de su abuela. Después de unos empujones acabo entrando la cabeza.

―¡Uuuufff!!

―¿Te duele? Si quieres me quito de verdad no hace falta que me hagas este regalo si te duele abuela.

―Deja de decir tonterías y sigue metiéndomela, dicen que duele al principio, pero que luego da un placer tremendo.

―Vale pues sigo. Continuo su movimiento suave hasta que entró un poco menos de la mitad y de golpe metió todo el resto.

―¡¡¡Aaaaaah!!! —Gritó mi madre con dolor, pero con un poco de placer también—. ¡Bueno ahora que ya está toda ni se te ocurra sacarla entera, follaje duro por el culo!

―Te voy a dar bien duro ahora verás —dijo mi hijo agarrando a su abuela del pelo con una mano y de una teta con la otra—. ¡Toma! ¡quieres que te reviente el culo pues toma, toma!

―¡Siii! ¡Así! ¡Folla a tu abuela como si fuera una perra! ¡vamos, métela más, dame con tu pollón! ¡Aaaah así así! ¡Ay! ¡Ay! ¡Ay! —Gemía mi madre mientras Dani le follaba el culo duramente.

Se metió dos dedos por la vagina y poco tardo en llegar al clímax. El hecho de ser la primera vez que hace anal, con un pene tan grande, gritando y sintiéndose perra, sabiendo que alguna vecina la había seguramente escuchado más temprano cuando lo hicieron en la piscina, el hecho de saber que su nieto iba a estar con ella 8 días más hizo que se corriera muy muy fuerte, quizás uno de los orgasmos más fuertes que jamás haya tenido.

―¡Abuela me voy a correr!

―Métemela en el chocho y córrete dentro que llevo mucho tiempo sin recibir leche caliente ahí dentro.

―¡Ahhh me corro abuela me corro tomaaaa! —Dijo Dani mientras llenaba de leche la vagina de su abuela.

―Madre mía como me has dejado el culo. —Dijo mi madre mientras sentía que su ano seguía abierto.

―¿Te ha dolido mucho?

―¡¿Que dices?! ¡Si me ha encantado! no podré hacerlo todos los días porque se me abriría mucho, pero tenemos que repetir por atrás antes de que te vayas.

―Con mucho gusto abuelita jaja.

Durmieron los dos desnudos, aun con aceite en sus cuerpos, pero llenos de placer. Al despertar, la abuela se metió a la ducha y salió a preparar el desayuno cuando alguien toco a la puerta del jardín. Era su vecina Pili.

―Hola mujer ¿cómo estas? Pasa mujer pasa

―Gracias, yo bien ¿y tú?

―Yo estupendamente bien.

―No si ya lo he oído jajá, has gritado como una loca ayer.

―¿Por la noche?

―No por la noche no oí nada ya sabes que las casas aquí no están pegadas así que no se oye nada. Digo por la mañana en la piscina. ¿Te has echado novio a tu edad? Mujer que yo entiendo que tengas necesidades, pero no sé cómo puedes tener un novio con tanta energía. Ayer por la mañana gritaste durante más de media hora.

―Joajana ay Pili que graciosa eres. No tengo novio mujer como voy a tener novio a mi edad. Lo que tengo es un nieto tremendo.

―¡¿Como?!! ¡¿Tu nieto?! ¡¿Te tiras a tu nieto?!

―Pues sí, es el hijo de mi hija Manuela, tiene 20 años creo que ya lo habras visto alguna vez, viene a visitarme de vez en cuando con mi hija.

―¿Y a él no le molesta?

―¿tú conoces algún hombre a que le moleste tener sexo?

―Jajá bueno eso sí que es verdad. ¿Y tanto te gusta que gritas como una loca?

―Jajá si lo vieras lo entenderías. Solo te digo una cosa, 26 cm.

―¿26 cm de qué?

―Jajaja ay mujer que inocente eres. 26 cm le mide al chico.
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―¡Imposible! ¡¿Como un chico joven de su edad va a tener semejante cosa?! Te habrá mentido o algo Carmen.

―Jajaja si quieres puedes verlo y juzgar por ti misma.

― ¡¿Cómo voy a verlo?! ¡Qué cosas dices!

―Él está en casa, se va a quedar unos días aquí porque su madre se ha ido de viaje de trabajo, en la piscina nada desnudo, nuestros bañadores están aún mojados así que si quieres pásate más tarde antes de comer y veras.

―¿Y paso así sin más?

―Haz como que me vas a pedir sal o lo que quieras y así aprovechas y lo ves.

―No sé mujer eso sería engañar a mi marido.

―Créeme merece la pena.

―Ya veré. Si me animo pasaré, pero no te prometo nada.

―Tu sabrás jaja.

Dani en esos momentos estaba en la ducha y cuando salió Pili ya se había marchado.

―Me ha parecido escuchar que hablabas con alguien, dijo mi hijo.

―Sí, era la vecina Pili que es muy despistada y ha venido a pedirme un poco de sal. ¿Qué te parece si después de desayunar nos metemos un ratito a la piscina?

―Me parece genial, con el calor que hace hoy me apetece mucho, además si no te importa prefiero nadar desnudo así me refresca más.

―Jajá a mí no me importa hijo, no me importa para nada.

Continuará.

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Las vacaciones de mi hijo en casa de su abuela (2/2)

Hola a todos, soy Manuela, esta es la segunda parte de la historia de las vacaciones de mi hijo en casa de su abuela. Como ya recuerdan yo me tuve que ir de viaje a Madrid por motivos de trabajo y mi hijo pasaría el resto de las vacaciones en casa de su abuela. Pare entender mejor este relato es necesario haber leído el anterior:

—Abuela antes de nadar voy a jugar un poco a la play en la habitación si no te importa.

—Claro hijo, haz lo que quieras, cuando vayas a nadar, avísame y si he acabado de preparar la comida voy contigo.

—Vale.

Así pues, mi hijo se fue a jugar a la consola y mi madre a hacer las tareas cuando minutos más tarde llego Pili la vecina.

—Pensé que estaríais en la piscina, ¿o es que era una broma lo de tu nieto?

—Habla despacio que tengo una idea. Ven conmigo a la cocina y te cuento. No era ninguna broma y te lo voy a demostrar. Él no sabe que estas aquí, se irá a nadar de un momento a otro, ahora está jugando, lo único que tienes que hacer es desnudarte y meterte conmigo desnuda en la piscina.

—¡¿Como?! ¡¿Desnuda?! Ni loca mujer, eso es demasiado, solo he venido a comprobar si era real.

—Jajaja el problema es que cuando lo veas vas a querer probar.

Antes de que Pili pudiese responder Dani gritó:

—¡Abuela! Me voy a nadar un rato ¿has acabado?

—¡No me queda mucho! En unos minutos voy, puedes ir ya que luego voy.

Así pues, mi hijo Dani se metió en la piscina desnudo, con su miembro flácido colgando y mi madre y su vecina Pili se fueron a la habitación a verle detrás de la ventana.

—Dios, mujer, sí que lo tiene grande.

—Pues espera que se le pare, ahora solo esta flácido.

—¡¿De verdad?!

—¡Claro! Yo no te obligo a nada, pero si quieres probar este es el plan a seguir, nos metemos desnudas y yo hago el resto.

—Ufff no sé, tengo ganas, pero no quiero que lo sepa mi marido… A ver si nos va a ver alguien.

—Tranquila mujer, empezamos ahí y el resto lo hacemos dentro así nadie te ve ni te escucha ¿te parece bien?

—¿Y mi marido?

—Nadie se lo va a decir a tu marido tranquila.

Así pues, mi madre y la señora Pili se desnudaron y entraron en la piscina ante el asombro de mi hijo Dani. Ya sabéis como es mi madre físicamente, mantiene un buen cuerpo, con algún que otro kilito de más, pero sin llegar a estar rellenita y con dos pechos y trasero tremendos. Pili tenía los pechos más pequeños y caídos, pero tenía un trasero muy grande. Al ver la cara de asombro de mi hijo, mi madre dijo:

—Daniel no te importa que mi vecina se bañe con nosotros ¿verdad? Es que su piscina tiene un problema y hace mucho calor así que quería refrescarse.

—Eeeeh no, no claro que no por mí no hay ningún problema, si queréis me puedo ir y dejaros solas

—No no quédate, si no nos molestas. Además, hace calor, mejor estar dentro del agua.

Mi madre se alejó un poco y se puso a hablar con Pili suavemente:

—Sígueme el juego

—¿De que hablas?

—Tu solo sígueme el juego.

—Vale.

—¡Daniel! Nos aburrimos, tú que eres joven ¿conoces algún juego que se haga en la piscina?

—¿Un juego? Bueno, se puede jugar con una pelota, pero no hay. También está el Marco Polo, el juego al que jugamos ayer, como el escondite, pero en el agua y con los ojos cerrados.

—¡Ah sí! ¡Se me olvidaba ese juego! Bueno pues jugamos a ese entonces, ¿quién quiere empezar?

Nadie respondía, los dos estaban cortados por la timidez, así que mi madre tomó la iniciativa y dijo:

—Bueno, está bien empiezo a contar yo, voy a cerrar los ojos.

Así pues, mi hijo y Pili se pusieron cada uno en una esquina de la piscina y esperaron a que mi madre los encontrara. La primera persona a la que tocó mi madre fue mi hijo Dani, así que esa vez le tocaría a él. Cerró los ojos y se dispuso a buscar a las dos mujeres, lo primero que toco fue un brazo, luego siguió por el brazo hasta llegar a los pechos y casi sin querer los tocó, ahí le parecieron pequeños así que ya sabía que no era su abuela, sino que era Pili la vecina.
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Al saber que estaba tocando los pechos de Pili por primera vez, mi hijo empezó a tener una erección y esos 18 cm pronto se convirtieron en 26. Pili no se dio cuenta de la erección, pero era su turno de cerrar los ojos y así lo hizo para empezar a buscar a cualquiera de los dos, iba por el agua poco a poco con miedo de chocar con el borde de la piscina cuando sintió algo duro chocando contra su barriga.

—Jajaja Concha no vale tocar, te tengo que tocar yo a ti no tú a mí que si no es muy fácil. Dijo agarrando lo que pensó que era un brazo, pero al ver que era mucho más fino que un brazo abrió los ojos y se encontró con el pene de mi hijo en las manos. ¡Uy perdona hijo no sabía que eras tú!

—Eeeeh no pasa nada es el juego.

—Dani te propongo una cosa —interrumpió mi madre— Pero vamos dentro así lo hablamos tranquilamente.

Entraron dentro de la casa y mi madre continuó:

—¿Te gustó el regalo que te hice ayer? —Dijo refiriéndose al anal.

—Ehhh claro que me gustó —dijo mi hijo ruborizado.

—Bueno pues entonces te propongo volver a hacerlo esta noche si antes le enseñas a Pili lo que es una buena polla.

—Pero abuela yo… esto… no sé igual ella no quiere.

—Ella se muere de ganas de hacerlo ¿verdad Pili?

—Mujer no me digas esas cosas delante del chico que me ruborizo.

—Lo ves, ella también quiere, así que si no te importa ayuda a Pili a calmar ese apetito que tiene.

Al ver que ninguno se movía una vez más mi madre volvió a tomar la iniciativa:

—Mira Pili ven conmigo, esto se hace así, mira —dijo poniéndose de rodillas y empezando a lamer el mástil de mi hijo.

Pili dejó de lado el miedo y la vergüenza y se arrodilló y empezó a hacerle una buena mamada a mi hijo.

—Vamos a la cama que estaremos más cómodos.

Ya en la cama y con mi hijo tumbado, Pili seguía haciéndole una mamada, mientras mi madre se sentó en su cara. Después de varios minutos de sexo oral Pili dijo:

—Esto es genial pero no me entra ni la mitad por la boca jajaja. A ver si me entra en otra parte —dijo Pili sentándose poco a poco sobre el miembro de mi hijo totalmente erecto.

—Aaaah uuuuf espera poco a poco que no estoy acostumbrada a algo así.

—Lo ves cómo te gusta, ¡te lo dije!

—Esto es geniaaal uuuuf.

No tardó mucho en llegar el primer orgasmo de Pili que se estaba volviendo loca con ese miembro. Cambiaron de posición y esta vez fue mi madre la que estaba siendo penetrada por mi hijo mientras mi hijo le hacía oral a Pili. Se volvió a correr Pili y minutos más tarde mi madre mientras mi hijo seguía aun con todas las fuerzas del mundo.

—Ufff Concha yo no estoy acostumbrada a tanto, ya no puedo más estoy cansadísima.

—La verdad es que yo también estoy cansadísima, con el sol, la piscina y esto, que llevamos casi una hora y además quiero guardar energías para esta noche. ¿Qué te parece si le hacemos acabar con la boca?

—Claro, él también tiene que acabar.

—Venga, pero te aviso, prepárate para llevarte una buena ducha de leche.

—Jajaja normal, con el tamaño que tiene es normal que se corra mucho. Bueno vamos al lio.

Se pusieron a lamer las dos juntas el tronco de mi hijo, alternando cabeza, base y huevos, le pusieron el pene entre los senos y le masturbaron un largo rato cuando se estaba acercando al clímax lo dijo.

—¿Pili quieres probar un poco de leche bien rica?

—Uy que va, yo nunca he hecho eso.

—Te aseguro que es de lo mejor que vas a probar en años.

—Bueno igual un poquito, pero muy poquito.

—¡Aaaah ahí va!

Mi hijo se corrió llenándole la cara a Pili y la boca a mi madre.

—Vamos toma, prueba un poco —dijo mi madre dándole un trozo de semen que había caído en sus pechos.

—Mmmmm pues no esta tan mal

—Te acabaras acostumbrando al sabor y no podrás vivir sin el jajaja.

—Ufff hijo pues sí que te corres mucho. Por cierto, una pregunta, ahora que hay confianza entre nosotros, ¿qué es eso de la sorpresa de esta noche?

—Pues que me va a hacer anal, como ayer.

—Hacer ¿qué?

—Que me la va a meter por el culo.

—Que dices, ¡pero si eso no entra ahí!!

—Entero, entero, no, pero casi entero y disfruto un montón y él también.
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—Uy pues tienes que hacerme probar eso también.

—Pues si quieres venir esta noche eres la bienvenida.

—Lo siento, pero esta noche no puedo, viene mi hijo y su familia a casa a cenar y se quedaran a dormir. Pero mañana si se van pronto vengo y lo hacemos si no os molesta.

—¡¿Cómo nos va a molestar?! Daniel está encantado de poder ayudar ¿verdad hijo?

—Si abuela, yo aquí para lo que haga falta.

—Jajaja eres un cielo. Bueno pues me voy a limpiar, vestirme y me voy que ya he tardado bastante. Si puedo vuelvo mañana.

—¡Aquí estaremos!

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Dilema de una buena tía (1)

Punto de vista: Sofía, la tía menor.

Mi hermana Elena sonaba rara por teléfono. Tensa.

—Tuve que despedir a la enfermera de Diego… no era profesional.

—¿Qué quieres decir con eso?

—No importa. ¿Puedes venir unos días?

—Elena, si me estás pidiendo que cuide a mi sobrino, necesito saber qué pasó.

Hubo una pausa. El silencio de mi hermana siempre ha sido demasiado elocuente.

—La enfermera… se quedaba mirando a Diego. De una forma que no me gustó.

—¿Mirarlo cómo?

—Sofía, por favor. ¿Vienes o no?

Acepté. No porque entendiera, sino porque necesitaba salir de mi casa. Mi matrimonio estaba hecho pedazos desde que encontré a Carlos con su secretaria en el coche de empresa. La había visto antes, en las fiestas de la firma: una chica de veintitantos, delgada como un espárrago, con la gracia natural de quien nunca ha tenido que esforzarse por nada.

Yo tenía treinta y tres años. Me pasaba dos horas diarias en el gimnasio, levantando peso, moldeando cada curva, sudando en clases de spinning hasta que las piernas me temblaban. Tenía un cuerpo voluptuoso que había construido con disciplina, con sacrificio: caderas anchas que llenaban bien cualquier vestido, pechos firmes que no necesitaban sujetador de relleno, una cintura que marcaba el contraste. Me miraba en el espejo del vestuario después de entrenar y sentía orgullo. No solo vanidad. Orgullo de trabajo bien hecho.

Carlos lo sabía. Había sido él quien me animó al principio, quien me compró la membresía de cumpleaños, quien disfrutaba de los resultados en nuestra cama. O eso creía.

La secretaria no tenía nada de eso. Era joven, sí. Pero sin forma, sin dedicación, sin la tensión muscular que yo había cultivado durante años. Y sin embargo, él la había elegido. En el asiento trasero de su coche, con la falda subida y las piernas flacas abriéndose para él, ella no había pensado en mí. Y él, aparentemente, tampoco.

Como castigo, le prohibí tocarme. No calculé que el castigo más grande sería para mí: dormir cada noche junto a un hombre al que deseaba estrangular y, al mismo tiempo, sentir un vacío entre las piernas que se hacía más hondo con cada día de abstinencia. Un vacío que mi propio cuerpo, tan entrenado, tan sensible, reclamaba con insistencia cruel. Acepté. No porque entendiera, sino porque necesitaba salir de mi casa.

Cuando llegué el lunes, me sorprendió ver lo mucho que había crecido Diego. A sus diecinueve años ya era más alto que yo, con hombros anchos y mandíbula cuadrada. Me saludó con una sonrisa que me desarmó.

—Hola, tía Sofía.

—Diego… madre mía. ¿Cuándo creciste tanto?

Se rio, medio avergonzado, frotándose la nuca con la mano sana.

—Hace tiempo, tía. Usted no me veía.

—Es verdad. Lo siento.

—No, no. Es que usted siempre llega y se va. Entra y sale. Como el viento.

Su comentario me pinchó. Tenía razón. La última vez que lo vi fue en Navidad, distraída con mis propios problemas, contando los minutos para irme.

—Esta vez me quedo —prometí—. Varios días.

—¿Y su trabajo?

—Laptop y wifi. Tu mamá tiene buen internet, ¿no?

—El mejor.

Los primeros días fueron normales. Demasiado normales, quizás. Le llevaba comida en bandejas que dejaba en la mesa auxiliar del sofá. Le ponía series que él elegía, la mayoría sobre fútbol o detectives con mucha violencia. Charlábamos de tonterías: el clima, la comida, si el equipo de su padre ganaría el domingo.

Pero noté que olía. No era desagradable, exactamente. Era… intenso. A chico joven, a sudor que se acumula en los pliegues del cuello, a algo más dulce que no supe identificar. Al tercer día, el miércoles, ya no pude ignorarlo.

—Diego, ¿cuánto tiempo llevas sin bañarte?

Se puso rojo hasta las orejas. La televisión seguía sonando, algún comentarista gritando sobre una falta.

—Con el yeso es complicado…

—¿Complicado cómo? Explícame.

Apagó el televisor con el control remoto. El silencio nos hizo más conscientes del espacio reducido del sofá.

—Es que no puedo mojarme el brazo. Y solo tengo una mano para… ya sabe. Lavarme el pelo, enjabonarme. Es frustrante.

—¿Y tu mamá?
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—Mi mamá trabaja todo el día. Llega tarde, sale temprano. Usted sabe cómo es.

Lo sabía. Elena siempre había sido ambiciosa. Ahora, sola con Diego, peor.

—Vamos, yo te ayudo.

—Tía, no es necesario, de verdad…

—Diego. —Lo miré fijamente, con la voz que usaba cuando era maestra, hace años—. No voy a dejar que estés así. Vamos.

Lo llevé al baño intentando actuar con naturalidad. El pasillo de la casa de Elena era estrecho; nuestros hombros casi se rozaban.

—Quítate la ropa. Y date la vuelta, por favor.

—¿Por qué la vuelta?

—Porque soy tu tía, Diego. Y tú eres… ya no eres un niño.

Entendió. Obedeció, aunque titubeó con los botones de los pantalones de deporte. Mientras preparaba el agua, ajustando la temperatura con la mano bajo el chorro, cubrí su yeso con la bolsa plástica que Elena tenía preparada en el gabinete. Los sonidos me ayudaban: el agua corriendo, el plástico crujiendo, mi propia respiración.

—Listo. Puedes girarte.

Cuando se dio la vuelta, sentí que el aire se me atoró en la garganta.

Dios… ya no era un niño. Para nada.

Su cuerpo se había vuelto muy masculino. Pecho ancho, abdomen con líneas que no estaban ahí la última vez. Y entre sus piernas… bueno, era bastante grande. Incluso estando suave se veía grueso y pesado, colgando con una pesadez que me resultó… no, no voy a decirlo.

Sentí un calor repentino en la cara. Y entre las piernas, esa humedad familiar, traicionera.

Tranquila, Sofía. Llevas un mes sin sexo. Es normal mojarse con cualquier cosa.

—El agua está lista —dije, con una voz que esperaba sonara firme—. Entra.

—Tía… —empezó, claramente incómodo.

—¿Qué?

—Nada. Es que… es raro. Usted no es… no es enfermera.

—Yo también lo siento raro, ¿sabes? —La esponja en mi mano parecía un objeto extraño, demasiado pequeño—. Pero no podemos dejarte hecho un apestoso.

Se rio, nervioso. El sonido lo hizo parecer más joven, más cercano al niño que recordaba.

Empecé por la espalda. La esponja, enjabonada, recorría sus omóplatos prominentes, la línea de su columna. Su piel se erizó donde pasaba el agua.

—¿Frío?

—No. Está bien.

Bajé hacia los muslos, evitando el centro. Pero la visión periférica es implacable: vi cómo su respiración cambiaba, cómo su pecho empezaba a subir y bajar más rápido. Y entonces, delante de mis ojos, su miembro empezó a crecer.

No era rápido. Era lento, casi tentativo, como si su cuerpo estuviera averiguando si esto estaba permitido. Se fue poniendo más grueso, más largo, más oscuro… hasta que quedó completamente duro, apuntando hacia arriba con una fuerza que parecía desafiar la gravedad. La vena central se marcó, palpitante.

—Perdón, tía… —murmuró, claramente avergonzado.

—No pasa nada —contesté, con la voz más ronca de lo que quería—. Es… el agua caliente. Es normal.

—No es el agua caliente —dijo, casi para sí mismo.

No supe qué responder. Terminé el baño lo más rápido que pude, enjuagándolo con la ducha a toda prisa, sin mirar allí, sin mirar sus ojos que ahora tenían algo nuevo. Algo que no quería identificar.

Esa noche no pude dormir.

La cama de invitados de Elena era cómoda, demasiado cómoda. El silencio de la casa me parecía conspirador. Cada vez que cerraba los ojos veía esa imagen: la polla de Diego, creciendo, desafiando, respondiendo.

Me repetía que era solo la abstinencia, que cualquier mujer en mi situación reaccionaría así. Que el cuerpo no entiende de tabúes, solo de estímulos. Que era fisiología, no deseo.

Aun así, terminé tocándome en la oscuridad, mordiendo la almohada para no hacer ruido. No era suave, no era exploratorio. Era furioso, necesario, culpable. Imaginaba que eran sus manos, no las mías. Que era él quien me tocaba, a pesar de todo, a pesar de ser mi sobrino.

El orgasmo fue fuerte. Demasiado fuerte. Y después, el vacío peor que el deseo.

Al día siguiente me sentí aterrorizada de mí misma.

Desayuné con Diego en silencio. Él parecía diferente: más atento, sus ojos me seguían cuando movía los platos, cuando me servía café. Yo evitaba su mirada.

—¿Dormiste bien, tía?

—Más o menos. El colchón es nuevo para mí.
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—A mí también me costó los primeros días. Después del accidente, quiero decir. Todo es incómodo con esto.

Señaló su brazo enyesado.

—¿Te duele mucho?

—Menos ahora. Lo que me vuelve loco es la inmovilidad. No poder hacer nada con esta mano.

No poder tocarse, pensé, y el pensamiento me sonrojó.

No podía quedarme sola con él en esas circunstancias. Necesitaba una chaperona, alguien que me obligara a comportarme, que interrumpiera la corriente eléctrica que parecía fluir entre nosotros cuando estábamos cerca.

Llamé a Isabel después del desayuno, desde el balcón de la habitación, donde Diego no podía oírme.

—¿Qué tal, sexy? —Su voz siempre sonaba como si estuviera sonriendo—. ¿Cómo va el exilio conyugal?

—No es exilio. Es… recalibración.

—Ay, Sofía. Siempre tan psicóloga. ¿Y cómo va el sobrino?

—Necesito que vengas.

—¿Por qué suena eso a llamada de emergencia?

—No es emergencia. Es… precaución.

Hubo una pausa. Oí el sonido de Isabel encendiendo un cigarrillo, la inhalación familiar.

—Ahora sí que me interesaste.

—No es nada grave, de verdad. Es solo que… —Me detuve. ¿Cómo explicarlo sin explicarlo todo?—. Diego necesita ayuda con ciertas cosas. Por el yeso. Y yo… yo no puedo ser la única.

—¿Qué clase de cosas?

—Cosas de… higiene personal.

—¿Estás bañando a tu sobrino, Sofía?

—¡No es así! Es que no tiene otra persona, y yo soy su tía, y…

—Y te pones nerviosa.

—No me pongo nerviosa. Me pongo… responsable. Y necesito que alguien más esté presente. Para que sea apropiado.

Isabel se rio, un sonido áspero y cariñoso.

—Apropiado. Esa palabra tuya. Siempre tan apropiada, tan correcta. Hasta que no lo eres.

—Isa, por favor. ¿Vienes o no?

—Claro que voy. Pero quiero detalles. ¿Está bueno?

—No sé de qué hablas.

—Sofía. Llevas un mes sin sexo, estás encerrada con un chico de diecinueve años, y me llamas diciendo “precaución”. Hay algo que contar.

—Está… crecido. —La palabra me sonó ridícula, infantil—. Quiero decir, físicamente. Se convirtió en un hombre sin que yo me diera cuenta.

—¿Y eso te molesta?

—Me… me sorprende. Me desconcierta.

—¿Te excita?

—¡Isa!

—Eso es un sí.

—Es un no. Es un… no sé qué es.

Isabel suspiró. Oí el sonido de ceniza cayendo en algún cenicero.

—Voy mañana. O pasado. Depende de si encuentro quién me cuide al gato.

—Mañana. Por favor.

—Tan urgente, ¿eh? —Otra pausa—. Sofía, escúchame. No te estoy juzgando. Dios sabe que yo he hecho cosas peores. Pero si estás llamándome, es porque ya cruzaste una línea en tu cabeza. Solo te advierto: las líneas en la cabeza son las más peligrosas. Porque ya estás del otro lado, aunque tu cuerpo no lo sepa.

Colgué sin saber qué responder.

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Una esposa muy puta

Mi nombre es Karen, mujer casada de 39 años, blanquita, alta y de cuerpo ejercitado, mis pechos crecieron desde que tuve a mis hijas, por lo que hacen un muy buen juego con mis pompis.

Vivo en una pequeña zona residencial de mi ciudad y pasó la mayor parte del día sola, o con mis hijas ya que mi marido se la pasa trabajando.

Lo que les contaré a continuación queda entre nosotros, ya que necesito desahogar lo que pasó.

Todo comenzó cuando desocuparon la casa del frente y comenzaron una remodelación, por lo que había varios trabajadores, hasta que con el paso del tiempo solo quedaron dos albañiles que imagino solo iban a terminar detalles del exterior, ya que pasaban la mayor parte del día fuera bajo el sol, incluso una vez le comenté a mi esposo.

“pobrecitos se la pasan ahí todo el día y ni agua les ofrecen”

A lo que solo me respondió que ese era su trabajo…

Los días seguían pasando, mi marido cada vez con más estrés me tocaba menos y yo con la necesidad de que me cogiera.

Pasaban los días y cuando salía a la tienda, aquellos albañiles no perdían oportunidad para mirarme, siempre me han gustado los jeans ajustados, por lo que sus miradas iban directo a mis nalgas.

Al inicio fue incómodo, luego por alguna razón empezó a gustarme y eso encendió una cosquillita en mí, que más adelante cobraría un precio muy alto.

Poco a poco empecé a arreglarme más al salir, blusas más escotadas, los jeans más ajustados que tuviera, faldas, maquillaje etc.…

Los albañiles pasaron de solo verme, a saludar, un “Buenas señito” con tono irónico y sonrisa pervertida que yo respondía con una sonrisa coqueta.

Uno de ellos era un viejo feo, de unos 50 y tantos, alto y gordo, sucio, más allá de su trabajo se notaba que no le interesaba limpiarse o arreglarse un poco, de barba y poco pelo, aunque peludo de los brazos.

El otro un joven como de 18 o 20, era más bajo, delgado de cuerpo trabajado, no era nada feo aún que claro, sus ropas no le ayudaban.

Sus miradas se volvían más recurrentes, el morbo con el que me miraban, incluso llegué a notar como se tocaban por encima del pantalón después de verme pasar, eso me empezó a calentar por alguna razón, al punto de tocarme pensando es eso.

Un día tendí mi ropa interior al frente y me asome por la ventana, los mire señalando mis tanguitas y riéndose, haciendo ademanes con su entrepierna, yo me preguntaba que imaginaban, que pensaban de mí, que se decían y sentí un calorcito recorrerme.

Todo detonó un día como cualquier otro, mi esposo se fue al trabajo, yo dejé a mis peques en la escuela y salí a la tienda por algunas cosas para la comida.

Llevaba un leggin negro súper ajustado, una blusita blanca de esas de tirantes escotada y sin bra, una coleta de caballo sujetada con un listón rosa que me hacía ver más aniñada, los ojos negros bien marcados por mi delineador.

Al pasar no vi a los albañiles, “tal vez no vinieron”, pensé, en fin.

Fui por mis compras y sentía las miradas de todos los hombres que me cruzaba, cómo volteaban para verme las nalgas, otros más descarados miraban mi triangulito marcado por mis muslos, en un crucé un tipo me tomo una foto desde su auto riéndose con morbo “mamacita” dijo mientras el semáforo se ponía en verde.

Sentí molestia, pero también me sentí deseada, vista, caliente. Si mi esposo supiera cuántos hombres quisieran tenerme intentaría hacer algo antes de solo llegar a dormir.

Regresé del mandado, llevaba una bolsita en una mano y fruta en la otra pegada al pecho, cuando pase junto a la obra ahí estaban mis albañiles, esperando su pasarela.

Albañil: Buenas señito, dijo el más viejo.

Karen: Buenas tardes señor

Albañil: Está fuerte el calorcito ¿verdad?

Albañil: Más buena está esa fruta señito. Se ve que está bien fresquesita la papaya…

Sonreí entre incómoda y nerviosa.

El viejo albañil se acercó más colocándose frente a mí y con un tono más seco pronunció.

“Esa papayita hay que picarla, para que no se le eche a perder…”
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No supe que decir, solo sonreí ligeramente y me fui a mi casa, escuché como se reían mientras me alejaba y sus miradas se clavan en mi trasero…

Entré a mi casa y dejé las cosas en la mesa, me quedé mirando el vacío mientras notaba que me había mojado ¿pero por qué?

Tomé la fruta y la pasé a la licuadora para hacer agua, mi cuerpo sabía lo que quería y mi mente estaba comenzando a ceder.

Tomé una jarra y con la mente aún confusa y las piernas nerviosas salí de nuevo hacía la obra del frente.

Albañil: dígame señito

Karen: Un poco de agua para la calor

Albañil: que amable seño, pásele, aquí dentro tenemos unos vasitos

Karen: aquí se las dejo no se apure

Albañil: Noo cómo cree, “háganos el favorcito” de servirnos el agüita claro

El chalán abrió rápido el portón para entrar, yo solo gire para ver qué no pasara nadie y que nadie me viera entrar ahí.

En cuanto entramos cerraron rápido la puerta y me dirigieron a uno de los cuartos.

-Ándale chalán tráete los vasos…

Les serví a cada uno con más nervios y miedo que nunca, sentía como me morboseaban, sus miradas ya me tenían desnuda sin siquiera tocarme.

Karen: ¿Esta buena?

Albañil: muy buena señito. Muy rica su papayita… del agüita .. del agüita

Ambos se rieron mientras yo solo agache la mirada.

Albañil: ¿Pero sabe cuál debe de estar aún mejor?

Karen: no ¿cuál?

Albañil: ¡La de melón!

-¡Ándale chalán! agarrale la jarra a la señora, que ahorita nos va a preparar un agua de melón.

El más joven se acercó y me quitó la jarra de las manos, yo me quedé inmóvil sin saber que hacer o qué decir.

Albañil: Con esos melonsotes si saldría muy buena agua señito

Yo solo lo mire fijamente, mientras sentía como mis pechos se ponían duros.

El señor se empezó acariciar el bulto por encima del pantalón.

-Enséñame esas chichotas mamacita.

Ya no había marcha atrás, yo sola me lo había buscado.

Tomé los tirantes que cubrían mis hombros y los solté, dejando mis tetas al aire, expuestas ante esos dos desconocidos.

El viejo tomó una lata de cerveza que tenían ahí, la destapó y me la vacío en los pechos, abalanzándose sobre mí, sus manos recorrieron mi cintura para pegarme más a él mientras me comía las tetas como un desesperado, sentía su lengua bordeando mis pezones mientras sus labios succionaba lo más fuerte que podían, lo miraba tratando de meterse mis pechos por completo a la boca, cosa que le resultaba imposible, le abrace la cabeza y lo empuje fuerte contra mí, sentía tan rico tener su boca en mis pechos, como me las chupaba, cuánto tiempo habría deseado hacer eso, y cuánto tiempo llevaba yo, necesitada de que alguien lo hiciera.

Levanté la mirada y vi a su chalán que también se sobaba la verga, a lo que le sonreí con carita cachonda.

En eso el viejo me soltó y se apartó un poco para contemplar lo que se estaba comiendo.

-Órale chalán. Tómele una foto a la señito pal recuerdo

-¡No! Cómo cree

El señor me giró de manera brusca y sujeto mis manos por atrás mientras sonreía para la foto.

-“Quieta cabrona”

Yo solo bajé la cabeza para que mi cara no saliera.

Me preocupó, pero también me calentó saber cuántos hombres iban a ver esa foto, cuántos tipos mirarían mis tetas desnudas, que tal si un día incluso llegaba a mi marido… que pensaría al ver a su amada esposa así, siendo una.

En eso el albañil rompió mi pequeño lapsus girándome con fuerza, mientras me presionaba las mejillas.

Albañil: ahora sí putita a lo que viniste

El muy cerdo ya tenía la verga afuera. Una cosa tan gorda y grande. Que media al menos 3 veces la de mi esposo y de el grosor ni se diga. Yo nunca había visto algo así ni de soltera, como un tipo asqueroso como ese podía tener eso entre las piernas.

Albañil: ¡Andale putita! Esto es lo que querías ¿no? ¿O qué? ¿Creías que no sabía lo que venías a buscar?

Esa forma tan indecente de tratarme me calentó aún más, mi marido nunca me había dicho putita, para mí eso era una ofensa, sin embargo en ese momento esa palabra retumbó en mi mente como un eco poniéndome la calentura a mil.
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No podía dejar de mirarla, esa verga dura y venosa, con la cabeza palpitando como queriendo explotar.

No podía resistirme, mi boca empezó a saborear, tenía miedo pero algo dentro de mi quería probarla…

Albañil: Hasta estás babeando putita ¡Anda! Tragátela como la buena puta que eres.

Eso me desquicio, baje lentamente mirándolo a los ojos, hasta quedar de rodillas frente a él. La tome con las dos manos como queriendo saber si era real, acariciándola despacito, quería que mis manos recordarán cada centímetro de esa moronga morena, empecé a jalarla sintiendo como se endurecía aún más en mis manitas, no podía creer lo que estaba haciendo.

-Ya trágatela chingada madre

Estoy segura que lo mire con cara de zorra mientras le sonreí llevándomela a la boca. Apenas me metí la cabeza sentí la necesidad de empujármela toda, coloque mis manos en sus nalgas intentando comer lo más que pudiera.

Albañil: mira nada más, resultaste toda una tragona

Me tomó del cabello y empezó a cogerme la boquita de forma desenfrenada, yo solo sentía como me ahogaba, pero cada vez que él escuchaba mis arcadas me la empujaba aún más, era tan rico ser ahogada por una verga como esa, me desesperaba y me excitaba al mismo tiempo.

Había momentos en los que me ponía ambas manos en la cabeza y me la metía hasta tocar mi garganta, obviamente no cabía toda, pero al muy cerdo parecía no importarle… solo me la sacaba para cachetearme y escupirme en la boca, sin dejar de decirme que era una puta, eso me empezó a gustar de sobre manera sin saber bien por qué…

Albañil: ¿Te gusta verdad güerita?

Karen: siii me gusta que me trates como una puta…

Mientras el viejo se divertía con mi boca sentí unas manos acariciando mis tetas, gire mi cara, solo para ver a su chalán masturbándose mientras me manoseaba toda.

También tenía buena herramienta aunque no tan grande como la del señor, y aun así más grande que la de mi marido.

Empezó a restregarla en mi cara mientras yo me ahogaba con la otra…

Luego cambiaron y el más joven no dudó ni un minuto en empujarme todo su miembro en la boca, yo solo la abrí lo más que pude mirándolo a los ojos dejando que me cogiera la boca todo lo que él quisiera, una y otra vez.

Los detuve frente a mí, agarrándoles las vergas, una con cada mano, pasándomelas en la cara, besándolas, sintiendo su dureza sobre de mí.

-“Ya vez wey te dije que está era una puta de casa…“

El maestro tenía razón, y por fin estaba rendida ante dos vergas de verdad. Me abofeteó de nuevo

Albañil: ¿ya te hacía falta verdad?

Karen: sii quería comérselas a los dos

Chalán: si que salió buena la zorrita, ya me la quiero coger

Albañil: Si, pero primero voy yo wey, esta puta va saber lo que es una verga de verdad.

Me jalo con fuerza del brazo para levantarme y me beso de una forma tan asquerosa, Pero tan rica, me metió toda su lengua a la boca mientras sus manos me acariciaban las nalgas con fuerza, que rico era ser dominada por un macho de verdad, eso hizo que mi vagina se encharcada totalmente. Me jalo del cabello para separarnos.

Albañil: ¿Quién es una puta?

Karen: yo

Albañil: ¿Quién es mi puta?

Karen: Yo señor ¡Yo seré su puta!

Metió sus callosos y sucios dedos dentro de mí.

Albañil: Estás escurriendo perrita

Karen: es que necesito que me cojan por favor

Albañil: ¿No te dan en tu casa zorrita?

Karen: No, necesito un verga dentro por favor

Albañil: ya lo sé, conozco muy bien a las zorritas como tú

Tomé su verga y empecé a jalarla con fuerza.

Karen: ya cogeme por favor, quiero tu verga dentro de mí.

-Tienes un culote mamacita y ahorita me lo vas a dar

Me giró de golpe, empotrándome contra la pared, de un solo tirón bajo mi leggin hasta los muslos, arqueándome la cintura.

Hizo a un lado mi tanguita y colocó sus manos en mis caderas, sentí su punta en mi entradita y sin ninguna ternura empezó a empujarla dentro de mí, comencé a berrear y a gritar por qué no la aguantaba de lo grande que era.

Albañil: ¡Quédate quieta cabrona! Ahorita te va a entrar toda

Karen: haaa sii, quiero sentirla toda
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Albañil: ¡eso cabrona! Ya estás bien abierta pero todavía aprietas bien.

Me puso las manos en las tetas apretándomelas fuerte y empezó a arremeter contra mi cuerpo, sentí al menos la mitad de su tronco entrando y saliendo abriéndose paso, pero no era suficiente.

Terminó tumbándome en el piso para que pudiera entrar entera, sentía como su verga se abría paso dentro de mí, cada vez con más fuerza.

Albañil: eso es putita, mójate para que te entre toda

Karen: haaa siii ábreme más ¡Ábreme!

Con sus rodillas me abría los muslos mientras dejaba caer todo su peso en mi en cuanto se acomodó, de un golpe me la dejo ir entera…

Karen: haaaa

Albañil: pa que te quejas pinche zorrita si bien que te gusta

Karen: siii sii metemela todaa

Sus embestidas contra mí, hacían que su verga me llenara totalmente, estoy segura que quería empujarme hasta los huevos, la fuerza con la que me cogía, su brusquedad, hizo que me viniera más de una vez.

Albañil: ¡así mamacita! Bañarme la verga con tus chorros

Karen: ay ay que rica verga tiene

Albañil: y es toda para ti güerita

Karen: siii siii la quiero toda. Cogeme como una puta

Me tomó de las caderas y empezó a metérmela sin piedad, como un enfermo, creí que se vendría dentro de mí… Se detuvo por un momento, pero yo quería más así que empecé a empujarme contra él, a mover mi cola como una perra, ya saben ese movimiento que hacemos con las caderas cuando tenemos la verga adentro.

Albañil: ¿quieres que me venga verdad cabrona?

Solo sonreí. Pinche viejo cabrón no sé cómo aguanto tanto.

Karen: ¡Montame! Montame como una puta…

Me volvió a tumbar contra el suelo, levantándome las nalgas abriéndome cada vez más, enterrando todo su pitote dentro de mí.

Albañil: Que rica estas mi amor

Karen: haaa ¿si? ¿Mucho?

Albañil: si perrita, como me gusta verte pasar para mirarte esas nalgas

Karen: es un cochino

Albañil: no mamacita, a ti te encanta andar enseñando ese culo y ese par de ubres tan ricas que tienes

Karen: no, no es cierto, yo soy una mujer decente.

Albañil: jajaja decente, eres una puta. Mira como te tengo, tirada en el suelo montándote y haciéndote gemir como una perra

Karen: Haaa siii siii

Me encantaba que hablara así, al final tenía razón, solo a una puta la cogerían de esa manera.

Me tomó de las caderas y me coloco sobre una silla acojinada.

Albañil: Agárrala chalán, por qué ahora sí hasta a va a patear la cabrona

El otro tipo me agarró de las manos para que no me levantará, mientras el viejo ese me abría las nalgas.

Karen: ¿qué haces?

Albañil: ya te sacaron dos chamaquitas, Pero estoy seguro de que ese culito sigue estando entero

Karen: noo por favor, noo por ahí no

Tenía razón, ni siquiera a mi marido le había permitido meterla por atrás.

Albañil: Mejor estate quieta güerita, o te va a doler más

Colocó sus manos sobre mis nalgas y empezó a empujar su vergota en mi ano.

Karen: Haaaaa noo noo

Albañil: eso puta grita. Total nadie te va a escuchar

Karen: yaaa basta ya no

Albañil: Que apretadita tienes la cola cabrona

Sentí al menos la mitad dentro de mí, y no pude evitar llorar, de verdad no aguantaba.

Albañil: ya vez wey. Te dije la Iba hacer llorar a la muy putita

Karen: yaaa me duele me duele

Albañil: Eso puta así. Cómo me excita cuando se quejan. Pero tú tienes la culpa por andar meneando esas nalgas enfrente de mí, a ver si con esto dejas de andar de zorra.

Karen: Haaaaaa

¡Me la dejo ir entera de golpe! Sin piedad. ¡Yo sentía que me partía en dos! No sé cómo describir esa sensación, que al mismo tiempo que lloraba estaba gimiendo como una perra en celo.

Cada vez me lo enterraba más fuerte, sentía sus huevos chocar contra mis muslos una y otra vez, hasta que mi ano se acostumbró a su tamaño.

El chalán no perdió el tiempo y empezó metérmela en la boca, yo ya no quería Pero me obligó, y hay me tenían usándome como cualquier cosa, sin ningún respeto, sin ningún tipo de piedad, me sentía tan sucia, tan usada, tan puta.

Saberme con dos vergas dentro de mí, volvió a calentarme, volvía menear las caderas de la excitación.
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