- Es que de esto se encargaba siempre papá.
- Lo más habitual es un perfume.
- No es mala idea.
- ¿Qué presupuesto tienes?
- Pues no mucho, la verdad.
- Bueno, tú coge el que quieras, si falta dinero yo lo pongo.
- Te ha caído bien, ¿verdad?
- Sí, tienes una madre encantadora.
- Lo está pasando muy mal, pero se esfuerza para que no me dé cuenta.
- Cómprale también unos bombones o algo que la pueda endulzar.
- Pero...
- Tranquilo, Uli, yo lo pago.
Había estado tan centrado en mi propia tragedia y en la de mi hermano, que apenas me paré a pensar en que Raquel también había sufrido una dolorosa pérdida. Al igual que yo había tenido la oportunidad de huir de lo que tanto me agobiaba, en gran parte gracias a ella, esa mujer también se merecía recibir unos buenos regalos.
Nunca había asistido a una celebración con tan poca gente, solo éramos nosotros tres, pero se suponía que era una noche de paz y amor y las dos cosas flotaban en el ambiente, algo que con mi madre presente no solía suceder. Tras una cena para chuparse los dedos, comenzó el intercambio de regalos. No esperaba que también hubiese algo para mí.
- Toma, Brian, esto es para ti. - Dijo mi hermano.
- Qué callado te lo tenías.
- No he podido comprarte nada, pero creo que te gustará.
- Ostras, ¿es el reloj de papá?
- Sí, siempre quiso que lo tuvieras tú. - Respondió Raquel.
- Pues no sabes la ilusión que me hace.
- Te toca, mamá. - Intervino Ulises.
- ¿Dos cosas? ¿Tan bien me he portado este año?
- En realidad, te mereces muchísimo más.
- No me digas eso, cariño, que sabes que soy de lágrima fácil.
- Venga, ábrelos.
- A ver... ¡Bombones de los que me gustan! ¡Y perfume! Muchas gracias, Uli.
- Dáselas también a él, me ha ayudado en todos los sentidos.
- Te lo agradezco, Brian, eres un sol.
Raquel volvió a estrecharme entre sus brazos como en la estación, con la única diferencia de que esa vez le devolví el abrazo. Fue agradable, por la sensación cálida, de ternura, pelo también porque noté sus grandes pechos contra mi torso. Empezaba a arrepentirme de haber sido tan estúpido de no intentar conocerla mucho antes.
En último lugar, Ulises recibió sus regalos, tanto los de su madre como la sudadera que le había comprado yo con mis escasos ahorros. Mi hermano también se merecía todo lo bueno, era un muchacho increíble y lo demostró una vez más con su agradecimiento. Me preguntaba cómo de diferente hubiese sido mi vida si me hubiera ido con mi padre tras el divorcio.
Una vez repartidos los regalos, pasamos un rato cantando y degustando todo tipo de turrones. Se notaba lo mucho que Raquel se estaba esforzando para que el ánimo no decayera, algo bastante fácil en esas fechas cuando hay una pérdida tan reciente. Llegó incluso a permitir que Ulises probara el alcohol por primera vez.
Por suerte, lo único que consiguió la copa que se tomó fue que se quedara dormido en el sofá, dejándonos a Raquel y a mí en una situación que rozaba lo incómodo. Aunque habíamos empezado con muy buen pie, aún no teníamos confianza suficiente y eso se notaba en los silencios prolongados. Pero ella se esforzaba por evitarlo.
- En serio, Brian, gracias por estar siempre ahí para él.
- Ojalá teneros más cerca y poder ayudarlo más.
- Me he planteado volver, pero tengo trabajo y no puedo sacarlo de otro instituto.
- Y este no es mal sitio para vivir.
- Para nada, tu padre tuvo muy buen ojo.
- ¿Lo echas mucho de menos?
- Ni te imaginas cuánto.
- Puede que con mi madre no actuara bien, pero era un buen hombre.
- Y te quería muchísimo, no sabes lo que sufría por no tenerte con él.
- La vida a veces es muy jodida.
- Es una pena que te hayas tenido que dar cuenta tan pronto.
El tiempo parecía pasar volando mientras hablaba con ella. Con la excusa de bajar el tono de voz para que no se despertara Ulises, cada vez se acercaba más a mí. Era de esas personas que tienen la costumbre de tocarte el brazo, el hombro o lo que pillan mientras te están hablando, gestos en teoría inocentes, pero lograban despertar sensaciones en mí.
- Lo más habitual es un perfume.
- No es mala idea.
- ¿Qué presupuesto tienes?
- Pues no mucho, la verdad.
- Bueno, tú coge el que quieras, si falta dinero yo lo pongo.
- Te ha caído bien, ¿verdad?
- Sí, tienes una madre encantadora.
- Lo está pasando muy mal, pero se esfuerza para que no me dé cuenta.
- Cómprale también unos bombones o algo que la pueda endulzar.
- Pero...
- Tranquilo, Uli, yo lo pago.
Había estado tan centrado en mi propia tragedia y en la de mi hermano, que apenas me paré a pensar en que Raquel también había sufrido una dolorosa pérdida. Al igual que yo había tenido la oportunidad de huir de lo que tanto me agobiaba, en gran parte gracias a ella, esa mujer también se merecía recibir unos buenos regalos.
Nunca había asistido a una celebración con tan poca gente, solo éramos nosotros tres, pero se suponía que era una noche de paz y amor y las dos cosas flotaban en el ambiente, algo que con mi madre presente no solía suceder. Tras una cena para chuparse los dedos, comenzó el intercambio de regalos. No esperaba que también hubiese algo para mí.
- Toma, Brian, esto es para ti. - Dijo mi hermano.
- Qué callado te lo tenías.
- No he podido comprarte nada, pero creo que te gustará.
- Ostras, ¿es el reloj de papá?
- Sí, siempre quiso que lo tuvieras tú. - Respondió Raquel.
- Pues no sabes la ilusión que me hace.
- Te toca, mamá. - Intervino Ulises.
- ¿Dos cosas? ¿Tan bien me he portado este año?
- En realidad, te mereces muchísimo más.
- No me digas eso, cariño, que sabes que soy de lágrima fácil.
- Venga, ábrelos.
- A ver... ¡Bombones de los que me gustan! ¡Y perfume! Muchas gracias, Uli.
- Dáselas también a él, me ha ayudado en todos los sentidos.
- Te lo agradezco, Brian, eres un sol.
Raquel volvió a estrecharme entre sus brazos como en la estación, con la única diferencia de que esa vez le devolví el abrazo. Fue agradable, por la sensación cálida, de ternura, pelo también porque noté sus grandes pechos contra mi torso. Empezaba a arrepentirme de haber sido tan estúpido de no intentar conocerla mucho antes.
En último lugar, Ulises recibió sus regalos, tanto los de su madre como la sudadera que le había comprado yo con mis escasos ahorros. Mi hermano también se merecía todo lo bueno, era un muchacho increíble y lo demostró una vez más con su agradecimiento. Me preguntaba cómo de diferente hubiese sido mi vida si me hubiera ido con mi padre tras el divorcio.
Una vez repartidos los regalos, pasamos un rato cantando y degustando todo tipo de turrones. Se notaba lo mucho que Raquel se estaba esforzando para que el ánimo no decayera, algo bastante fácil en esas fechas cuando hay una pérdida tan reciente. Llegó incluso a permitir que Ulises probara el alcohol por primera vez.
Por suerte, lo único que consiguió la copa que se tomó fue que se quedara dormido en el sofá, dejándonos a Raquel y a mí en una situación que rozaba lo incómodo. Aunque habíamos empezado con muy buen pie, aún no teníamos confianza suficiente y eso se notaba en los silencios prolongados. Pero ella se esforzaba por evitarlo.
- En serio, Brian, gracias por estar siempre ahí para él.
- Ojalá teneros más cerca y poder ayudarlo más.
- Me he planteado volver, pero tengo trabajo y no puedo sacarlo de otro instituto.
- Y este no es mal sitio para vivir.
- Para nada, tu padre tuvo muy buen ojo.
- ¿Lo echas mucho de menos?
- Ni te imaginas cuánto.
- Puede que con mi madre no actuara bien, pero era un buen hombre.
- Y te quería muchísimo, no sabes lo que sufría por no tenerte con él.
- La vida a veces es muy jodida.
- Es una pena que te hayas tenido que dar cuenta tan pronto.
El tiempo parecía pasar volando mientras hablaba con ella. Con la excusa de bajar el tono de voz para que no se despertara Ulises, cada vez se acercaba más a mí. Era de esas personas que tienen la costumbre de tocarte el brazo, el hombro o lo que pillan mientras te están hablando, gestos en teoría inocentes, pero lograban despertar sensaciones en mí.
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Olía muy bien, mucho mejor que el perfume que le habíamos comprado, me tenía embelesado. A veces hablaba tan bajito que tenía que mirarle los labios para tratar de descifrar lo que estaba diciendo, así me di cuenta de lo carnosos y apetecibles que los tenía. Sus susurros rozaban lo erótico, al menos en mi perturbada cabeza.
Por si eso fuera poco, el acaloramiento que le provocaba el alcohol hizo que se desabrochara un botón de la blusa, suficiente para mostrarme el escote. No sabía en qué momento nuestra charla había comenzado a torcerse, pero ya apenas podía centrarme en lo que me decía. Las parpadeantes luces del árbol la hacían parecer aún más guapa de lo que ya era.
- Me pone los pelos de punta lo mucho que te pareces a tu padre.
- Era un hombre afortunado por estar con una mujer como tú.
- ¿De verdad lo piensas?
- Tienes un corazón de oro y...
- ¿Qué?
- Eres preciosa.
- Eso lo dices para levantarme el ánimo.
- Va en serio, Raquel, he visto muy pocas mujeres tan guapas como tú.
- No sigas, por favor.
- ¿Por qué?
- Tu padre me decía siempre exactamente lo mismo.
- ¿Antes o después de hacerte el amor?
- Durante.
- Ojalá pudiera verme en esa situación.
- No está bien que digas eso.
- ¿Acaso tú no querrías sentirlo de nuevo?
- Daría lo que fuese por tenerlo otra vez entre mis brazos.
- Solo tienes que imaginar que yo soy él.
- Brian...
- Bésame.
Mientras negaba con la cabeza, Raquel iba acercando cada vez más sus labios a los míos, hasta que finalmente nos besamos. Una especie de magia que ninguno de los dos entendíamos no sabía llevado hasta ese beso que ambos necesitábamos. Era una sensación extraña, pero no me cabía ninguna duda de que eso era lo que debía hacer en ese preciso momento.
Poco tardé en notar la sal de las lágrimas que descendieron por las mejillas de Raquel. Su cuerpo temblaba de pies a cabeza, y yo me acerqué aún más a ella, rodeándola por la cintura. Quería que se sintiera tranquila, que disfrutara de lo que nos estaba ocurriendo sin pensar en nada más, ya nos llegarían los remordimientos a ambos.
Cuando nuestras lenguas al fin se encontraron, coloque una mano sobre uno de sus muslos y no tardé demasiado en reunir el valor de comenzar a ascender por debajo de su falda. Tenía unas piernas imponentes, duras y muy bien formadas, daba gusto recorrerlas, sobre todo cuando empecé a acercarme a la entrepierna y el calor que emanaba.
Rozar su ropa interior hizo que Raquel diese un respingo, pero no dejó de besarme. Con un dedo comencé a frotarle suavemente las braguitas hasta que comenzó a humedecerse, momento en que decidió corresponderme. Tras aferrarse brevemente a mi paquete, la madre de mi hermano me bajó la cremallera y me liberó la verga.
Fue entonces cuando aparté la tela de las bragas y entré en contacto directo con su coño. Tras palparlo todo lo que pude y empaparme de sus jugos, no dudé en localizar el agujero e introducirle un dedo. Su respuesta fue morderme el labio de manera muy sensual, algo que me puso a mil y que provocó que le metiera un segundo dedo.
Para entonces ella ya bombeaba con mi polla en la mano, sin parar de gemir entre los besos que aún nos dábamos. Su coño chorreante hacía mucho ruido, casi tanto como sus gemidos y mis jadeos, pero ninguno de los dos se preocupó por que Ulises pudiera despertarse, estábamos demasiado centrados en esa cosa tan extraña que nos ocurría.
Las lenguas cada vez chocaban con más fuerza y los tocamientos eran muy intensos. Yo ya no dudaba en clavarle los dedos hasta el fondo y ella me pajeaba a toda velocidad. Daba un gusto indescriptible, pero el placer bueno, el que te sacude el cuerpo entero y te pone al borde de la explosión interna nos llegó a los dos casi a la vez.
Raquel dejó de besarme y enterró su cara un mi cuello para intentar ahogar los sonoros gemidos que escapaban de su boca. Tembló en su silla al llegar al orgasmo, lo que provocó que su mano subiera y bajara de manera descontrolada, dando como resultado que yo me corriera a lo bestia, manchándola entera de semen.
Por si eso fuera poco, el acaloramiento que le provocaba el alcohol hizo que se desabrochara un botón de la blusa, suficiente para mostrarme el escote. No sabía en qué momento nuestra charla había comenzado a torcerse, pero ya apenas podía centrarme en lo que me decía. Las parpadeantes luces del árbol la hacían parecer aún más guapa de lo que ya era.
- Me pone los pelos de punta lo mucho que te pareces a tu padre.
- Era un hombre afortunado por estar con una mujer como tú.
- ¿De verdad lo piensas?
- Tienes un corazón de oro y...
- ¿Qué?
- Eres preciosa.
- Eso lo dices para levantarme el ánimo.
- Va en serio, Raquel, he visto muy pocas mujeres tan guapas como tú.
- No sigas, por favor.
- ¿Por qué?
- Tu padre me decía siempre exactamente lo mismo.
- ¿Antes o después de hacerte el amor?
- Durante.
- Ojalá pudiera verme en esa situación.
- No está bien que digas eso.
- ¿Acaso tú no querrías sentirlo de nuevo?
- Daría lo que fuese por tenerlo otra vez entre mis brazos.
- Solo tienes que imaginar que yo soy él.
- Brian...
- Bésame.
Mientras negaba con la cabeza, Raquel iba acercando cada vez más sus labios a los míos, hasta que finalmente nos besamos. Una especie de magia que ninguno de los dos entendíamos no sabía llevado hasta ese beso que ambos necesitábamos. Era una sensación extraña, pero no me cabía ninguna duda de que eso era lo que debía hacer en ese preciso momento.
Poco tardé en notar la sal de las lágrimas que descendieron por las mejillas de Raquel. Su cuerpo temblaba de pies a cabeza, y yo me acerqué aún más a ella, rodeándola por la cintura. Quería que se sintiera tranquila, que disfrutara de lo que nos estaba ocurriendo sin pensar en nada más, ya nos llegarían los remordimientos a ambos.
Cuando nuestras lenguas al fin se encontraron, coloque una mano sobre uno de sus muslos y no tardé demasiado en reunir el valor de comenzar a ascender por debajo de su falda. Tenía unas piernas imponentes, duras y muy bien formadas, daba gusto recorrerlas, sobre todo cuando empecé a acercarme a la entrepierna y el calor que emanaba.
Rozar su ropa interior hizo que Raquel diese un respingo, pero no dejó de besarme. Con un dedo comencé a frotarle suavemente las braguitas hasta que comenzó a humedecerse, momento en que decidió corresponderme. Tras aferrarse brevemente a mi paquete, la madre de mi hermano me bajó la cremallera y me liberó la verga.
Fue entonces cuando aparté la tela de las bragas y entré en contacto directo con su coño. Tras palparlo todo lo que pude y empaparme de sus jugos, no dudé en localizar el agujero e introducirle un dedo. Su respuesta fue morderme el labio de manera muy sensual, algo que me puso a mil y que provocó que le metiera un segundo dedo.
Para entonces ella ya bombeaba con mi polla en la mano, sin parar de gemir entre los besos que aún nos dábamos. Su coño chorreante hacía mucho ruido, casi tanto como sus gemidos y mis jadeos, pero ninguno de los dos se preocupó por que Ulises pudiera despertarse, estábamos demasiado centrados en esa cosa tan extraña que nos ocurría.
Las lenguas cada vez chocaban con más fuerza y los tocamientos eran muy intensos. Yo ya no dudaba en clavarle los dedos hasta el fondo y ella me pajeaba a toda velocidad. Daba un gusto indescriptible, pero el placer bueno, el que te sacude el cuerpo entero y te pone al borde de la explosión interna nos llegó a los dos casi a la vez.
Raquel dejó de besarme y enterró su cara un mi cuello para intentar ahogar los sonoros gemidos que escapaban de su boca. Tembló en su silla al llegar al orgasmo, lo que provocó que su mano subiera y bajara de manera descontrolada, dando como resultado que yo me corriera a lo bestia, manchándola entera de semen.
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- Eres idéntico a tu padre, pero me has tocado aún mejor que él.
- Y tú eres preciosa, que no se te olvide nunca.
- Deberíamos irnos a la cama.
- ¿Juntos?
- Eso, de momento, es mejor que no ocurra.
- Lo entiendo.
- Feliz Navidad, Brian.
- Igualmente, Raquel. Nos vemos mañana.
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Índice de todos los relatos
- Y tú eres preciosa, que no se te olvide nunca.
- Deberíamos irnos a la cama.
- ¿Juntos?
- Eso, de momento, es mejor que no ocurra.
- Lo entiendo.
- Feliz Navidad, Brian.
- Igualmente, Raquel. Nos vemos mañana.
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Mi esposo me compartió con mi hermano
Todo ocurrió cuando una semana antes. Mi hermano Rafael me relató que en nuestra juventud se había obsesionado con mi cuerpo, y que todas las noches se hacía una paja soñando que me follaba por el culo. Quería a mi hermano, y estuve dispuesta a hacer cualquier cosa para evitar sus penas.
Más aún, le había dicho que cada vez que tuviera ganas de follarme, me lo pidiera, y siempre le daría lo que necesitara. Además que estaría ofrecida para él todas las veces que quisiera follarme
Faltaba una semana para que mi marido regresara de su trabajo en el extranjero, cuando Rafael me llamó, y me pidió que fuera esa tarde a su casa.
Al salir del hospital fui hasta su casa, y sucedió lo que me esperaba. Mi hermano me desnudó, me puso en cuatro patas sobre su cama, puso gel lubricante en mi trasero, y me folló por el culo.
Esa noche en mi casa, en la soledad de mi cama, recordé una novela que había leído hace tiempo, donde el esposo de la protagonista, y el hermano de ella, eran muy amigos; y una noche tras una fiesta, el esposo le venda los ojos, y trae otro hombre a follarla, sin que ella sepa quién es, y terminan follándosela juntos, por delante y por detrás, y en el momento del orgasmo, el esposo le retira la venda, y allí ella se da cuenta que además de su esposo, el otro que la folla, es su hermano.
Recordando aquella novela pensé, que mi esposo Pedro y mi hermano, son los mejores amigos, y quizás Pedro llegue a permitir que mi hermano me folle, y hasta me compartan. Sería perfecto.
Sólo amo a mi esposo. Pero quiero a mi hermano, quiero lo mejor para él, y quiero complacerlo.
Tenemos un acuerdo con mi marido por el cual puedo follar con otros, siempre con el conocimiento de mi esposo, quien determinará con quién, cuándo y dónde. Estos últimos tres meses había roto ese acuerdo, sin que mi marido se enterara, y lo hice con los enfermeros del hospital, con un médico, y luego, lo peor, lo había hecho con mi hermano aquella noche que llegó a mi casa, tan desanimado que deseaba morir, y follándolo le demostré que era un hombre completo y no debía pensar en esa forma. No quería continuar haciéndolo a espaldas de mi esposo, y mientras me dormía, pensaba como solucionarlo.
Pedro regresó del extranjero, y pedí licencia en el hospital, para tener algunos días libres, disponibles para recibirlo y atenderlo.
Fueron días hermosos, donde me relató todo su trabajo, y cuando llegó el momento de contarle mis días no dije nada sobre todas las relaciones que le había ocultado en su ausencia, y me sentía mal por ello.
Pero si introduje de alguna forma lo ocurrido con mi hermano.
—En una de esas noches que estaba sola, vino mi hermano Rafael, pidiendo ayuda. Resultó que su novia lo había abandonado, y lo dejó prácticamente destrozado. Lo consolé lo mejor que pude—, no dije que había logrado que me follara, y con ello levantar su estima.
—Rafael es mi mejor amigo. Dime que ocurrió.
—Lo que te he dicho, su novia lo dejó por otro, pero además lo humilló diciéndole que era un “polla floja”.
—Rafael no se merece eso. ¿Cómo se encuentra ahora?
—Creo que mejor. Además aquella noche me contó algo que me sorprendió mucho, de la época de nuestra adolescencia.
—Cuéntame.
—Me da vergüenza.
—Ana, puedes contarme lo que sea.
—Está bien. Me confesó que en nuestra adolescencia, pasaba mal, porque deseaba con desesperación mi trasero, día a día, y que en las noches se masturbaba soñando con follarme por atrás. Aquello se lo imaginaba como algo imposible y sufría por ello.
—Ya lo sabía.
—¡Tú lo sabías! ¡El te lo dijo!
—No Ana. Es que cualquier marido sabe cuando otro hombre desea a su esposa.
—No entiendo.
—Ana, tu hermano te mira con deseo, va detrás de ti, siempre intenta estar cerca de tí, sus acercamientos los hace casi con desesperación.
—Pues no me he dado cuenta—, mentí.
—Recuerdas cuando en la casa de Ramón, luego de la fiesta, te ofrecí, de ojos vendados, para que mis amigos te follaran. Todos lo hicieron, y hasta te azotaron.
Todo ocurrió cuando una semana antes. Mi hermano Rafael me relató que en nuestra juventud se había obsesionado con mi cuerpo, y que todas las noches se hacía una paja soñando que me follaba por el culo. Quería a mi hermano, y estuve dispuesta a hacer cualquier cosa para evitar sus penas.
Más aún, le había dicho que cada vez que tuviera ganas de follarme, me lo pidiera, y siempre le daría lo que necesitara. Además que estaría ofrecida para él todas las veces que quisiera follarme
Faltaba una semana para que mi marido regresara de su trabajo en el extranjero, cuando Rafael me llamó, y me pidió que fuera esa tarde a su casa.
Al salir del hospital fui hasta su casa, y sucedió lo que me esperaba. Mi hermano me desnudó, me puso en cuatro patas sobre su cama, puso gel lubricante en mi trasero, y me folló por el culo.
Esa noche en mi casa, en la soledad de mi cama, recordé una novela que había leído hace tiempo, donde el esposo de la protagonista, y el hermano de ella, eran muy amigos; y una noche tras una fiesta, el esposo le venda los ojos, y trae otro hombre a follarla, sin que ella sepa quién es, y terminan follándosela juntos, por delante y por detrás, y en el momento del orgasmo, el esposo le retira la venda, y allí ella se da cuenta que además de su esposo, el otro que la folla, es su hermano.
Recordando aquella novela pensé, que mi esposo Pedro y mi hermano, son los mejores amigos, y quizás Pedro llegue a permitir que mi hermano me folle, y hasta me compartan. Sería perfecto.
Sólo amo a mi esposo. Pero quiero a mi hermano, quiero lo mejor para él, y quiero complacerlo.
Tenemos un acuerdo con mi marido por el cual puedo follar con otros, siempre con el conocimiento de mi esposo, quien determinará con quién, cuándo y dónde. Estos últimos tres meses había roto ese acuerdo, sin que mi marido se enterara, y lo hice con los enfermeros del hospital, con un médico, y luego, lo peor, lo había hecho con mi hermano aquella noche que llegó a mi casa, tan desanimado que deseaba morir, y follándolo le demostré que era un hombre completo y no debía pensar en esa forma. No quería continuar haciéndolo a espaldas de mi esposo, y mientras me dormía, pensaba como solucionarlo.
Pedro regresó del extranjero, y pedí licencia en el hospital, para tener algunos días libres, disponibles para recibirlo y atenderlo.
Fueron días hermosos, donde me relató todo su trabajo, y cuando llegó el momento de contarle mis días no dije nada sobre todas las relaciones que le había ocultado en su ausencia, y me sentía mal por ello.
Pero si introduje de alguna forma lo ocurrido con mi hermano.
—En una de esas noches que estaba sola, vino mi hermano Rafael, pidiendo ayuda. Resultó que su novia lo había abandonado, y lo dejó prácticamente destrozado. Lo consolé lo mejor que pude—, no dije que había logrado que me follara, y con ello levantar su estima.
—Rafael es mi mejor amigo. Dime que ocurrió.
—Lo que te he dicho, su novia lo dejó por otro, pero además lo humilló diciéndole que era un “polla floja”.
—Rafael no se merece eso. ¿Cómo se encuentra ahora?
—Creo que mejor. Además aquella noche me contó algo que me sorprendió mucho, de la época de nuestra adolescencia.
—Cuéntame.
—Me da vergüenza.
—Ana, puedes contarme lo que sea.
—Está bien. Me confesó que en nuestra adolescencia, pasaba mal, porque deseaba con desesperación mi trasero, día a día, y que en las noches se masturbaba soñando con follarme por atrás. Aquello se lo imaginaba como algo imposible y sufría por ello.
—Ya lo sabía.
—¡Tú lo sabías! ¡El te lo dijo!
—No Ana. Es que cualquier marido sabe cuando otro hombre desea a su esposa.
—No entiendo.
—Ana, tu hermano te mira con deseo, va detrás de ti, siempre intenta estar cerca de tí, sus acercamientos los hace casi con desesperación.
—Pues no me he dado cuenta—, mentí.
—Recuerdas cuando en la casa de Ramón, luego de la fiesta, te ofrecí, de ojos vendados, para que mis amigos te follaran. Todos lo hicieron, y hasta te azotaron.
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Lo recordaba perfectamente, nunca había vivido esa experiencia, me follaron todos, y por todos lados, luego me azotaron, me corrí abundantemente, y muchas veces, sin saber en cada momento quien me follaba. Lo he contado en el cuento titulado: “Mi esposo me ató y me ofreció a sus amigos”.
—Aquel día no te ofrecí a mis amigos por ellos, lo hice por ti, para que disfrutaras de una forma como nunca lo habías hecho. Para mí, tu disfrute y tu goce, siempre estará primero, antes que nada o nadie, y será lo más importante.
Continuó con unas palabras que me aceleraron el corazón.
—Rafa es mi mejor amigo, y qué más quisiera yo, que compartir a mi mujer con mi mejor amigo. Te amo, y también quiero a Rafa. Si te ofreciera a Rafa, y él te follara, estaría haciendo feliz a mi amigo. Y si no lo he hecho aún, es porque no sé si tú te animarías a hacerlo, porque no es un extraño cualquiera, es tu hermano.
Mi corazón se desbocaba, agitando todo mi cuerpo. Los calores me invadían, y los colores a mi cara estarían al rojo vivo.
Mi marido me estaba diciendo que prefería compartirme con mi hermano, que era su mejor amigo, antes que hacerlo con cualquier otro. Me trasladaba a mí la decisión de hacerlo o no.
Yo ya había follado con mi hermano, en más de una ocasión, por delante y por detrás, pero no quería que mi marido no se enterara. No debía aceptar fácilmente.
—Pedro. ¿Me estás diciendo que te gustaría que follara con mi hermano?
—Ana, estoy seguro que él estaría feliz, y si mi amigo está feliz, yo también lo estaré. En cuanto a ti, no lo sé, es tu hermano, y es lógico que puedas tener tus dudas.
—Pedro no lo sé. Lo quiero como hermano, sería incesto. Reconozco que me sentí alagada cuando me enteré que se hacía pajas pensando en mí, y quizás hasta me excité. Pero follar……., además puede ser que él tampoco se anime a hacerlo con su hermana—, en mi interior sabía que mi hermano era lo que más deseaba, que ya se había animado, y lo había hecho. ¡Y cómo lo había hecho! Al recordarlo, los calores bajaron a mi vagina.
—Ana, con respecto a él no tengo dudas, es mi amigo, lo conozco, si te ofrezco te tomará. Aquí lo que importa es si tú te animas a hacerlo, y sobre todo si lo disfrutarás, y no tendrás culpa luego—, continuó convenciéndome. —El incesto no es más que una palabra. Aquí, en nuestra relación lo único que importa eres tú. Que seas feliz y disfrutes siempre, que goces y te corras, como tú sabes hacerlo.
—Pedro, Pedro mío. Si lo hiciera sería por ti, porque te amo, y por mi hermano porque lo quiero, y haría cualquier cosa para que no sufriera. Si yo aceptara. ¿Cómo se lo dirías?
—De eso me encargo yo. Tú invítalo a cenar, el día que estés dispuesta. Y te aseguro que esa noche te compartiremos, te follaremos los dos a la vez, o uno y luego otro, hasta dejarte extenuada, y muy satisfecha.
Al escucharlo, los calores continuaron más profundos, y llegaron a mi vagina, pulsándome otra vez. Estaba muy excitada. Juntos, mi esposo y mi hermano, ambos dentro de mi cuerpo. Comencé a mojarme.
Días después hablé por teléfono con mi hermano. Le conté lo ocurrido y le pedí por favor que jamás le dijera a mi esposo que ya habíamos tenido relaciones. Su respuesta trajo otra sorpresa que no conocía.
—Anita, tu esposo es mi mejor amigo, nunca se lo diré, porque no quiero dañarlo. En realidad, cuando éramos jóvenes, antes que Ustedes se casaran, hemos compartido mujeres con Pedro, y supuse que en este caso el nunca me lo plantearía, porque soy tu hermano, y serías como una fruta prohibida.
Me estaba enterando que estos dos personajes, mi esposo y mi hermano, ya tenían experiencia en compartir una mujer, ya lo habían hecho. Mejor así, sabrían como tratarme. Sólo de imaginármelo, los calores regresaban.
Algunas noches más tarde, luego de cenar, hablé con Pedro.
—Pedro. Si quieres, el viernes podemos invitar a cenar a mi hermano.
—¿Estás decidida?
—Estoy nerviosa. No es cualquiera, es mi hermano.
—Tranquila. Yo me ocuparé de todo. Tú sólo ponte sexi para nosotros, y al final delirarás de gusto.
—Aquel día no te ofrecí a mis amigos por ellos, lo hice por ti, para que disfrutaras de una forma como nunca lo habías hecho. Para mí, tu disfrute y tu goce, siempre estará primero, antes que nada o nadie, y será lo más importante.
Continuó con unas palabras que me aceleraron el corazón.
—Rafa es mi mejor amigo, y qué más quisiera yo, que compartir a mi mujer con mi mejor amigo. Te amo, y también quiero a Rafa. Si te ofreciera a Rafa, y él te follara, estaría haciendo feliz a mi amigo. Y si no lo he hecho aún, es porque no sé si tú te animarías a hacerlo, porque no es un extraño cualquiera, es tu hermano.
Mi corazón se desbocaba, agitando todo mi cuerpo. Los calores me invadían, y los colores a mi cara estarían al rojo vivo.
Mi marido me estaba diciendo que prefería compartirme con mi hermano, que era su mejor amigo, antes que hacerlo con cualquier otro. Me trasladaba a mí la decisión de hacerlo o no.
Yo ya había follado con mi hermano, en más de una ocasión, por delante y por detrás, pero no quería que mi marido no se enterara. No debía aceptar fácilmente.
—Pedro. ¿Me estás diciendo que te gustaría que follara con mi hermano?
—Ana, estoy seguro que él estaría feliz, y si mi amigo está feliz, yo también lo estaré. En cuanto a ti, no lo sé, es tu hermano, y es lógico que puedas tener tus dudas.
—Pedro no lo sé. Lo quiero como hermano, sería incesto. Reconozco que me sentí alagada cuando me enteré que se hacía pajas pensando en mí, y quizás hasta me excité. Pero follar……., además puede ser que él tampoco se anime a hacerlo con su hermana—, en mi interior sabía que mi hermano era lo que más deseaba, que ya se había animado, y lo había hecho. ¡Y cómo lo había hecho! Al recordarlo, los calores bajaron a mi vagina.
—Ana, con respecto a él no tengo dudas, es mi amigo, lo conozco, si te ofrezco te tomará. Aquí lo que importa es si tú te animas a hacerlo, y sobre todo si lo disfrutarás, y no tendrás culpa luego—, continuó convenciéndome. —El incesto no es más que una palabra. Aquí, en nuestra relación lo único que importa eres tú. Que seas feliz y disfrutes siempre, que goces y te corras, como tú sabes hacerlo.
—Pedro, Pedro mío. Si lo hiciera sería por ti, porque te amo, y por mi hermano porque lo quiero, y haría cualquier cosa para que no sufriera. Si yo aceptara. ¿Cómo se lo dirías?
—De eso me encargo yo. Tú invítalo a cenar, el día que estés dispuesta. Y te aseguro que esa noche te compartiremos, te follaremos los dos a la vez, o uno y luego otro, hasta dejarte extenuada, y muy satisfecha.
Al escucharlo, los calores continuaron más profundos, y llegaron a mi vagina, pulsándome otra vez. Estaba muy excitada. Juntos, mi esposo y mi hermano, ambos dentro de mi cuerpo. Comencé a mojarme.
Días después hablé por teléfono con mi hermano. Le conté lo ocurrido y le pedí por favor que jamás le dijera a mi esposo que ya habíamos tenido relaciones. Su respuesta trajo otra sorpresa que no conocía.
—Anita, tu esposo es mi mejor amigo, nunca se lo diré, porque no quiero dañarlo. En realidad, cuando éramos jóvenes, antes que Ustedes se casaran, hemos compartido mujeres con Pedro, y supuse que en este caso el nunca me lo plantearía, porque soy tu hermano, y serías como una fruta prohibida.
Me estaba enterando que estos dos personajes, mi esposo y mi hermano, ya tenían experiencia en compartir una mujer, ya lo habían hecho. Mejor así, sabrían como tratarme. Sólo de imaginármelo, los calores regresaban.
Algunas noches más tarde, luego de cenar, hablé con Pedro.
—Pedro. Si quieres, el viernes podemos invitar a cenar a mi hermano.
—¿Estás decidida?
—Estoy nerviosa. No es cualquiera, es mi hermano.
—Tranquila. Yo me ocuparé de todo. Tú sólo ponte sexi para nosotros, y al final delirarás de gusto.
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La noche elegida me volví a poner mi vestido rojo. Como he contado en relatos anteriores, era suelto, muy corto, apenas tapaba mis nalgas, un escote muy pronunciado, y sin espalda, con lo cual no podía llevar sostén. El mismo vestido que llevaba la noche que mi esposo me ofreció a sus amigos.
Rafa llegó con dos botellas de vino, y al verme, sus ojos saltaron de mis tetas a mis piernas, y regresaron, una y otra vez.
—¡Hermanita! Qué bonita estás—. Al mismo tiempo que me abrazaba dándome dos besos, y apretando su pecho contra mis tetas, con mis pezones ya duros, tan sólo de imaginarme lo que me ocurriría.
Descorchamos vino y brindamos. Se notaba algo de tensión en el ambiente, hasta que Pedro se decidió.
—Rafa, mi amigo del alma, tengo un tema serio para tratar contigo, que deseo tenga un final feliz.
Sentada en un sofá con mi esposo a mi lado, y mi hermano enfrente, bajé la vista, sin animarme a mirar a ninguno de ellos. Sabía lo que venía a continuación, estaba nerviosa y excitada al mismo tiempo.
—Iré directo al grano, como amigos. Creo, y estoy casi seguro, que hace mucho tiempo que deseas a tu hermana, mi esposa, como mujer, como hembra.
—Pedro…
—Rafa escúchame, déjame hablar. Tú y yo somos los mejores amigos, hemos compartido mujeres, y lo hicimos con felicidad y placer. Sé que ahora la hembra es tu hermana, y puede existir alguna reticencia por ello. Pero aquí estamos solos los tres, sin nadie observándonos, y así como amo a Ana, te quiero a ti, y quiero que ambos sean felices—, continuó ahora dirigiéndose solo a Rafa, lo que me permitió levantar mi vista.
—Ambos sabemos que la deseas. Ana te quiere, y está dispuesta a hacer lo que sea necesario para que seas un hombre feliz. Ana es ardiente, es de esas mujeres que necesitaban intensas y continuas relaciones sexuales.
Mi hermano llevaba sus ojos desde Pedro, a mis piernas. Aquel vestido era tan corto, que sentada en el sofá, tendría mis bragas a su vista. Los calores avanzaban, y traían pulsiones a mi vagina. Entonces abrí apenas las piernas, mostrándole aún más mi entrepierna, y surgió el deseo en los ojos de mi hermano.
Supongo que Pedro se dio cuenta de lo que había hecho, y de la mirada de Rafa porque continuó: —Ella está abierta y dispuesta, para nosotros; y Rafa, prefiero compartirla contigo que eres mi amigo, y no con otro.
—Ana….—. A Rafa le costaba hablar, pero continuó dirigiéndose a mí.
—Ana… ¿Tú quieres?
Abrí más mis piernas. Tenía las bragas húmedas, las mostraba, y dije sólo una palabra.
—Quiero.
Estaba todo dicho.
Pedro se inclinó hacia mí, tomó mi rostro y me besó, con un beso apasionado, sus labios estaban calientes, y le respondí. Metí mi lengua en su boca, mientras entre dientes le decía que lo amaba. Mi cuerpo enardecía, terminé de abrir las piernas, exponiéndome toda a mi hermano, y cuando despegué la boca de mi esposo, le hice señas con la mano que viniera a mi lado.
Rafa se sentó a mi izquierda, quedé entre ambos, levanté mis brazos, traje sus cabezas a mis pechos, y ronroneando les dije: —Chúpenme las tetas que me gusta.
Se abalanzaron con manos y bocas sobre mis pechos, mientras tiraban de mi vestido hacia arriba, levanté apenas mi trasero, y el vestido voló sobre mi cabeza, y quedé solo en bragas.
Enseguida dos manos fueron directamente a mi coño, y comenzaron a refregar toda mi vagina sobre las bragas. Cerré los ojos, me abandoné, y comencé a gozar.
Pedro se levantó, me tomó de una mano, y me hizo poner en pie. Volvió a besarme ahora suave, apenas mordiendo mis labios, estaba mostrando su ternura, antes de frenesí que llegaría. Detrás de mí, oía como Rafa se desnudaba, y cuando lo estuvo, mi esposo, me giró, y quedé solo en bragas, con mi hermano desnudo frente a mí, y con su polla erguida.
Pedro desde atrás me quitó las bragas, y comenzó a desnudarse él también. Rafa acariciaba despacio mis tetas, y apretaba apenas los pezones.
Rafa llegó con dos botellas de vino, y al verme, sus ojos saltaron de mis tetas a mis piernas, y regresaron, una y otra vez.
—¡Hermanita! Qué bonita estás—. Al mismo tiempo que me abrazaba dándome dos besos, y apretando su pecho contra mis tetas, con mis pezones ya duros, tan sólo de imaginarme lo que me ocurriría.
Descorchamos vino y brindamos. Se notaba algo de tensión en el ambiente, hasta que Pedro se decidió.
—Rafa, mi amigo del alma, tengo un tema serio para tratar contigo, que deseo tenga un final feliz.
Sentada en un sofá con mi esposo a mi lado, y mi hermano enfrente, bajé la vista, sin animarme a mirar a ninguno de ellos. Sabía lo que venía a continuación, estaba nerviosa y excitada al mismo tiempo.
—Iré directo al grano, como amigos. Creo, y estoy casi seguro, que hace mucho tiempo que deseas a tu hermana, mi esposa, como mujer, como hembra.
—Pedro…
—Rafa escúchame, déjame hablar. Tú y yo somos los mejores amigos, hemos compartido mujeres, y lo hicimos con felicidad y placer. Sé que ahora la hembra es tu hermana, y puede existir alguna reticencia por ello. Pero aquí estamos solos los tres, sin nadie observándonos, y así como amo a Ana, te quiero a ti, y quiero que ambos sean felices—, continuó ahora dirigiéndose solo a Rafa, lo que me permitió levantar mi vista.
—Ambos sabemos que la deseas. Ana te quiere, y está dispuesta a hacer lo que sea necesario para que seas un hombre feliz. Ana es ardiente, es de esas mujeres que necesitaban intensas y continuas relaciones sexuales.
Mi hermano llevaba sus ojos desde Pedro, a mis piernas. Aquel vestido era tan corto, que sentada en el sofá, tendría mis bragas a su vista. Los calores avanzaban, y traían pulsiones a mi vagina. Entonces abrí apenas las piernas, mostrándole aún más mi entrepierna, y surgió el deseo en los ojos de mi hermano.
Supongo que Pedro se dio cuenta de lo que había hecho, y de la mirada de Rafa porque continuó: —Ella está abierta y dispuesta, para nosotros; y Rafa, prefiero compartirla contigo que eres mi amigo, y no con otro.
—Ana….—. A Rafa le costaba hablar, pero continuó dirigiéndose a mí.
—Ana… ¿Tú quieres?
Abrí más mis piernas. Tenía las bragas húmedas, las mostraba, y dije sólo una palabra.
—Quiero.
Estaba todo dicho.
Pedro se inclinó hacia mí, tomó mi rostro y me besó, con un beso apasionado, sus labios estaban calientes, y le respondí. Metí mi lengua en su boca, mientras entre dientes le decía que lo amaba. Mi cuerpo enardecía, terminé de abrir las piernas, exponiéndome toda a mi hermano, y cuando despegué la boca de mi esposo, le hice señas con la mano que viniera a mi lado.
Rafa se sentó a mi izquierda, quedé entre ambos, levanté mis brazos, traje sus cabezas a mis pechos, y ronroneando les dije: —Chúpenme las tetas que me gusta.
Se abalanzaron con manos y bocas sobre mis pechos, mientras tiraban de mi vestido hacia arriba, levanté apenas mi trasero, y el vestido voló sobre mi cabeza, y quedé solo en bragas.
Enseguida dos manos fueron directamente a mi coño, y comenzaron a refregar toda mi vagina sobre las bragas. Cerré los ojos, me abandoné, y comencé a gozar.
Pedro se levantó, me tomó de una mano, y me hizo poner en pie. Volvió a besarme ahora suave, apenas mordiendo mis labios, estaba mostrando su ternura, antes de frenesí que llegaría. Detrás de mí, oía como Rafa se desnudaba, y cuando lo estuvo, mi esposo, me giró, y quedé solo en bragas, con mi hermano desnudo frente a mí, y con su polla erguida.
Pedro desde atrás me quitó las bragas, y comenzó a desnudarse él también. Rafa acariciaba despacio mis tetas, y apretaba apenas los pezones.
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Tuve deseos de besarlo. Cuando otros hombres, que no eran mi esposo me follaban, nunca los besé. Nunca lo había hecho. Este era mi hermano, sería cruzar otra línea prohibida, una más, pero lo deseaba, y decidí pedirlo.
—Pedro. ¿Puedo besarlo?—. Le pedía permiso a mi esposo, porque era un límite que nunca había cruzado.
Sentí como mi esposo se apoyaba en mi espalda, y su polla, dura, empujaba en mi trasero. Tomó desde atrás mis brazos, llevándome hasta mi hermano, los elevó para que lo abrazara, y al oído murmuraba. —Claro que puedes besarlo, es tu hermano, lo quieres, y él te quiere, disfrútalo.
Abrí mi boca y la fundí con la boca de mi hermano. Algo que nunca había hecho, ni siquiera imaginado. El respondió con pasión, y comenzó un profundo beso, como amantes desesperados.
El miembro de mi hermano apretaba mi abdomen, y Pedro pasaba una y otra vez su polla por el centro de mis nalgas. Necesitaba respirar, el calor interior subía, sin detenerse, separé mi boca de la de Rafa, y una bocanada caliente salió desde mi garganta en fuertes suspiros.
—Ahhh….., los quiero…., quiero todo….agggg……..
Y sin dudarlo continué: —Vamos a la cama…..agggg….. ahora….., por favor….quiero que me follen… aggg…. toda…., que me follen toda por favor…
Me tiraron sobre la cama y luego lo hicieron ellos, uno a cada lado, me chupaban las tetas, me metían dedos dentro de mi coño, me acariciaban toda, yo gemía, y me revolvía de placer, buscando sus bocas, empujando con mis caderas, adelantaba mi vagina, para que los dedos se introdujeran más, hasta el fondo. Yo gimiendo, y ellos en silencio.
Coordinados, Pedro llevó su boca a mi vagina, metió la lengua, al mismo tiempo que mi hermano se ocupaba de lo mismo en mi teta izquierda.
Aquello era demasiado, la boca de mi esposo en mi coño, y la de mi hermano en una de mis tetas. Pedro había apretado mi clítoris entre su labio superior y su lengua, y chupaba y chupaba.
Me iba a correr, el orgasmo llegaría antes que pudieran follarme, y sucedió, no pude aguantar más, y me corrí.
—¡Diosssss…..me voy a ….correr…agggg….., me estoy corriendo… ahora…., me corro todaaa….aggg…….
Como pude tomé la cabeza de mi marido y la apreté contra mi coño, mientras las contracciones llegaban, fuertes, una tras otra, bajaban escalonadas. Luego más largas y distantes. Terminaba mi primer orgasmo con mi esposo y mi hermano.
Ya me había corrido y aún no me habían follado. Cuando logré abrir mis ojos, mi hermano, sonriendo me decía: —Me gusta verte correrte.
Mi esposo fue hasta la mesa de noche, junto a la cama, retiró un bote de gel lubricante, regresó, se acostó boca arriba. Esto significaba que me iban a follar al mismo tiempo, uno por delante y otro por detrás.
Ambos habían declarado que tiempo atrás habían compartido otras mujeres. Ahora me compartirían a mí. Estaba ansiosa, y al mismo tiempo llegaban sensaciones extrañas. Mi esposo sería testigo de cómo mi hermano me iba a follar por el culo. Me aflojé, y dejé que ellos dispusieran.
—Ana, siéntate, mete mi polla en ese hermoso coño, suave y caliente que tienes.
Obedecería. Estaba dispuesta, ardiente y haría todo lo que ellos quisieran, cualquier cosa que desearan hacer con mi cuerpo. Me subí a horcajadas sobre mi marido, tomé su miembro con mi mano, lo dirigí hacia la abertura de mi vagina, y cuando sentí que su cabeza rozaba mis labios exteriores, bajé mis caderas despacio, permitiendo que entrara lento, y sin pausa hasta el final.
—Asi Ana, perfecto…ahhhh…., estás caliente por dentro… me gusta. Ahora estírate sobre mi pecho y lleva las piernas atrás. Rafa se ocupará de tu trasero.
Cumplí, y cuando estaba en posición, llegó el frío del gel, junto con unos dedos que lo desparramaban, y entraban y salían de mi culo, primero uno y luego dos, pasaban el esfínter, y se abrían, dilatándome.
Hasta que la polla de mi hermano llegó a su lugar más deseado: Mi culo. Apretó su miembro contra él, y cuando la cabeza pasó, Se detuvo un momento, empujó más, y la retiró, sin sacarla. Me dilataba de la mejor forma, porque adelante, tenía otra polla que lo ocupaba casi todo.
—Pedro. ¿Puedo besarlo?—. Le pedía permiso a mi esposo, porque era un límite que nunca había cruzado.
Sentí como mi esposo se apoyaba en mi espalda, y su polla, dura, empujaba en mi trasero. Tomó desde atrás mis brazos, llevándome hasta mi hermano, los elevó para que lo abrazara, y al oído murmuraba. —Claro que puedes besarlo, es tu hermano, lo quieres, y él te quiere, disfrútalo.
Abrí mi boca y la fundí con la boca de mi hermano. Algo que nunca había hecho, ni siquiera imaginado. El respondió con pasión, y comenzó un profundo beso, como amantes desesperados.
El miembro de mi hermano apretaba mi abdomen, y Pedro pasaba una y otra vez su polla por el centro de mis nalgas. Necesitaba respirar, el calor interior subía, sin detenerse, separé mi boca de la de Rafa, y una bocanada caliente salió desde mi garganta en fuertes suspiros.
—Ahhh….., los quiero…., quiero todo….agggg……..
Y sin dudarlo continué: —Vamos a la cama…..agggg….. ahora….., por favor….quiero que me follen… aggg…. toda…., que me follen toda por favor…
Me tiraron sobre la cama y luego lo hicieron ellos, uno a cada lado, me chupaban las tetas, me metían dedos dentro de mi coño, me acariciaban toda, yo gemía, y me revolvía de placer, buscando sus bocas, empujando con mis caderas, adelantaba mi vagina, para que los dedos se introdujeran más, hasta el fondo. Yo gimiendo, y ellos en silencio.
Coordinados, Pedro llevó su boca a mi vagina, metió la lengua, al mismo tiempo que mi hermano se ocupaba de lo mismo en mi teta izquierda.
Aquello era demasiado, la boca de mi esposo en mi coño, y la de mi hermano en una de mis tetas. Pedro había apretado mi clítoris entre su labio superior y su lengua, y chupaba y chupaba.
Me iba a correr, el orgasmo llegaría antes que pudieran follarme, y sucedió, no pude aguantar más, y me corrí.
—¡Diosssss…..me voy a ….correr…agggg….., me estoy corriendo… ahora…., me corro todaaa….aggg…….
Como pude tomé la cabeza de mi marido y la apreté contra mi coño, mientras las contracciones llegaban, fuertes, una tras otra, bajaban escalonadas. Luego más largas y distantes. Terminaba mi primer orgasmo con mi esposo y mi hermano.
Ya me había corrido y aún no me habían follado. Cuando logré abrir mis ojos, mi hermano, sonriendo me decía: —Me gusta verte correrte.
Mi esposo fue hasta la mesa de noche, junto a la cama, retiró un bote de gel lubricante, regresó, se acostó boca arriba. Esto significaba que me iban a follar al mismo tiempo, uno por delante y otro por detrás.
Ambos habían declarado que tiempo atrás habían compartido otras mujeres. Ahora me compartirían a mí. Estaba ansiosa, y al mismo tiempo llegaban sensaciones extrañas. Mi esposo sería testigo de cómo mi hermano me iba a follar por el culo. Me aflojé, y dejé que ellos dispusieran.
—Ana, siéntate, mete mi polla en ese hermoso coño, suave y caliente que tienes.
Obedecería. Estaba dispuesta, ardiente y haría todo lo que ellos quisieran, cualquier cosa que desearan hacer con mi cuerpo. Me subí a horcajadas sobre mi marido, tomé su miembro con mi mano, lo dirigí hacia la abertura de mi vagina, y cuando sentí que su cabeza rozaba mis labios exteriores, bajé mis caderas despacio, permitiendo que entrara lento, y sin pausa hasta el final.
—Asi Ana, perfecto…ahhhh…., estás caliente por dentro… me gusta. Ahora estírate sobre mi pecho y lleva las piernas atrás. Rafa se ocupará de tu trasero.
Cumplí, y cuando estaba en posición, llegó el frío del gel, junto con unos dedos que lo desparramaban, y entraban y salían de mi culo, primero uno y luego dos, pasaban el esfínter, y se abrían, dilatándome.
Hasta que la polla de mi hermano llegó a su lugar más deseado: Mi culo. Apretó su miembro contra él, y cuando la cabeza pasó, Se detuvo un momento, empujó más, y la retiró, sin sacarla. Me dilataba de la mejor forma, porque adelante, tenía otra polla que lo ocupaba casi todo.
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Lo estaban haciendo bien. Estos dos seguramente tenían práctica. Me gustaba. Luego averiguaría cuantas veces lo habían hecho juntos, con otras mujeres. Ahora lo disfrutaría.
Aflojé mi cuerpo, apoyé mi rostro en hombro y cuello de mi esposo, dejándome hacer, olfateando sus olores; como una perra en celo. Entre aquellas aromas, alrededor de su boca estaban los de mi coño que él hacía chupado momentos antes
—Pedro ábrele las nalgas, que se la voy a meter toda—, le dijo mi hermano a mi esposo. ¡Qué locura!. Mi hermano me metía su polla por el culo, y le pedía a mi marido que me abriera toda, para poder clavarme mejor.
Pedro llevó sus manos a mis nalgas, las abrió diciéndome: —Aflójate y mírame, quiero verte.
Y entonces la polla de Rafa continuó su camino, hasta que su pelvis se apoyó totalmente en mi trasero.
—Aggg….
—Mírame Ana—. Pedro había soltado mis nalgas, tomaba mi cara con sus manos, y me pedía que lo mirara. Abrí mis ojos, a escasos centímetros de sus los suyos, y lo miré.
—¿Te gusta?
—Siii….aggg….—. Rafa había comenzado un ligero vaivén, y su polla, iba adelante y atrás, despacio, suave por todo mi culo, sin sacarla, pero pasando una y otra vez por mi esfínter, y me estaba gustando mucho.
—Mírame. Dime que sientes.
Yo deliraba de gusto, otra vez los calores inundaban todo mi cuerpo, y ahora se concentraban en coño y culo. Apenas podía mantener los ojos abiertos, y su mirada, me esforcé por complacerlo.
—Me gusta…agg…., me gusta…, me entró toda, hasta el fondo de mi trasero….agggg…., me da vergüenza decírtelo…., pero me encanta que me follen por el culo….
—Te vamos a follar toda—, y dirigiéndose a Rafa continuó. —Rafa vamos a follarla fuerte. Está caliente, quiere más, y se va a correr otra vez.
Empezaron a follarme coordinados, al salir el miembro que estaba dentro de mi coño la polla que tenía detrás, entraba, y luego en viceversa. Sentía como se rozaban dentro de mí, estaba a punto de correrme nuevamente.
Comencé a pedir más.
—¡Asiii….! Sigan así. Quiero más…. agggg…., quiero que me follen toda…toda…. Más fuerte…agggg…., clávenme fuerte….agg…..
Sentí como la polla de mi esposo en mi coño se hinchaba, me tomaba de las caderas, y empujaba metiéndola hasta el fondo, gruñendo y diciendo:
—Rafa métesela fuerte, no te contengas, quiere más, dale duro.
¡Dios mío! Mi esposo ordenaba que me follaran duro por el culo. Sus palabras más me enardecían y perdí todo control que aún me quedaba.
—¡Diossss…..! Quiero más….aggg….., quiero que me maten follando….., más fuerte…más….por favor….quiero correrme toda……, hagan cualquier cosa…., rómpanme el coño y el culo…, quiero más…., quiero que me peguen…, quiero correrme…..agggg……quiero correrme por favor…..
Lo hicieron, me penetraron sin piedad, con todas sus ganas. Rafa me tenía tomada de mis caderas con sus manos, y metía su polla con fuerza, hasta que comenzó a pegarme fuerte con la palma de su mano en mis nalgas. Me dolía y a la vez me gustaba. Pedro no se quedó atrás, con una mano retorcía uno de mis pezones, y sucedió. Comencé a correrme, gritando de dolor y también de goce.
—Me corooo….. ahora….., me estoy corriendo toda…..agggg……, sigan, sigan por favor…..aggg…..
Entre las contracciones y espasmos de mi orgasmo, sentía, como chorros de semen iban al fondo de mi coño, y también al fondo de mi culo. Ambos se estaban corriendo dentro de mí.
Continuaron, metiendo y sacando sus miembros, más y más despacio, permitiendo que mis pulsaciones bajaran, y no dejaron de hacerlo hasta que sintieron como mi cuerpo se aflojaba sobre el pecho de mi marido. En ese momento Rafa también se estiró sobre mi espalda.
Allí quedamos, hasta que fue el momento de levantarnos y lavarnos. Seguí mi rutina. Primero me higienicé yo, y luego lavé con cuidado, con agua tibia, aquellas hermosas pollas.
Aflojé mi cuerpo, apoyé mi rostro en hombro y cuello de mi esposo, dejándome hacer, olfateando sus olores; como una perra en celo. Entre aquellas aromas, alrededor de su boca estaban los de mi coño que él hacía chupado momentos antes
—Pedro ábrele las nalgas, que se la voy a meter toda—, le dijo mi hermano a mi esposo. ¡Qué locura!. Mi hermano me metía su polla por el culo, y le pedía a mi marido que me abriera toda, para poder clavarme mejor.
Pedro llevó sus manos a mis nalgas, las abrió diciéndome: —Aflójate y mírame, quiero verte.
Y entonces la polla de Rafa continuó su camino, hasta que su pelvis se apoyó totalmente en mi trasero.
—Aggg….
—Mírame Ana—. Pedro había soltado mis nalgas, tomaba mi cara con sus manos, y me pedía que lo mirara. Abrí mis ojos, a escasos centímetros de sus los suyos, y lo miré.
—¿Te gusta?
—Siii….aggg….—. Rafa había comenzado un ligero vaivén, y su polla, iba adelante y atrás, despacio, suave por todo mi culo, sin sacarla, pero pasando una y otra vez por mi esfínter, y me estaba gustando mucho.
—Mírame. Dime que sientes.
Yo deliraba de gusto, otra vez los calores inundaban todo mi cuerpo, y ahora se concentraban en coño y culo. Apenas podía mantener los ojos abiertos, y su mirada, me esforcé por complacerlo.
—Me gusta…agg…., me gusta…, me entró toda, hasta el fondo de mi trasero….agggg…., me da vergüenza decírtelo…., pero me encanta que me follen por el culo….
—Te vamos a follar toda—, y dirigiéndose a Rafa continuó. —Rafa vamos a follarla fuerte. Está caliente, quiere más, y se va a correr otra vez.
Empezaron a follarme coordinados, al salir el miembro que estaba dentro de mi coño la polla que tenía detrás, entraba, y luego en viceversa. Sentía como se rozaban dentro de mí, estaba a punto de correrme nuevamente.
Comencé a pedir más.
—¡Asiii….! Sigan así. Quiero más…. agggg…., quiero que me follen toda…toda…. Más fuerte…agggg…., clávenme fuerte….agg…..
Sentí como la polla de mi esposo en mi coño se hinchaba, me tomaba de las caderas, y empujaba metiéndola hasta el fondo, gruñendo y diciendo:
—Rafa métesela fuerte, no te contengas, quiere más, dale duro.
¡Dios mío! Mi esposo ordenaba que me follaran duro por el culo. Sus palabras más me enardecían y perdí todo control que aún me quedaba.
—¡Diossss…..! Quiero más….aggg….., quiero que me maten follando….., más fuerte…más….por favor….quiero correrme toda……, hagan cualquier cosa…., rómpanme el coño y el culo…, quiero más…., quiero que me peguen…, quiero correrme…..agggg……quiero correrme por favor…..
Lo hicieron, me penetraron sin piedad, con todas sus ganas. Rafa me tenía tomada de mis caderas con sus manos, y metía su polla con fuerza, hasta que comenzó a pegarme fuerte con la palma de su mano en mis nalgas. Me dolía y a la vez me gustaba. Pedro no se quedó atrás, con una mano retorcía uno de mis pezones, y sucedió. Comencé a correrme, gritando de dolor y también de goce.
—Me corooo….. ahora….., me estoy corriendo toda…..agggg……, sigan, sigan por favor…..aggg…..
Entre las contracciones y espasmos de mi orgasmo, sentía, como chorros de semen iban al fondo de mi coño, y también al fondo de mi culo. Ambos se estaban corriendo dentro de mí.
Continuaron, metiendo y sacando sus miembros, más y más despacio, permitiendo que mis pulsaciones bajaran, y no dejaron de hacerlo hasta que sintieron como mi cuerpo se aflojaba sobre el pecho de mi marido. En ese momento Rafa también se estiró sobre mi espalda.
Allí quedamos, hasta que fue el momento de levantarnos y lavarnos. Seguí mi rutina. Primero me higienicé yo, y luego lavé con cuidado, con agua tibia, aquellas hermosas pollas.
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Regresamos a la cama, yo en el medio. Era mi lugar. Levanté ambos brazos, para abrazarlos, y ellos se acomodaron, y comenzaron unas caricias hermosas, de dos manos, iban desde mi cuello, pasaban por mis pechos, el vientre, llegaban al pubis, y acariciaban con delicadeza toda la parte externa de mi vagina.
¿Estarían intentando excitarme nuevamente? Ya me había corrido dos veces, y ambos fueron orgasmos intensos.
Ellos continuaron en silencio, sólo se escuchaba el roce de sus manos en todo mi cuerpo. Suspiré aflojándome, me dejaría hacer, estaría abierta y dispuesta para ellos, hasta que escuché:
—Pedro. Gracias, muchas gracias por dejar que la follara.
—No me agradezcas. ¿Te gustó?
—Mucho. Hace años que deseaba su trasero. Redondo, empinado, perfecto, con esas nalgas firmes, y ahora pude sentir su culo suave.
—A ella le gusta todo, y creo que lo disfruta más por detrás.
Hablaban de mí como si yo no estuviera allí. Todo ello sin dejar sus caricias, que ahora casi se concentraban en mi entrepierna, y mis calores regresaban. Continuaron.
—Pedro. ¿Puedo follarla de nuevo?—. Mi hermano se lo preguntaba a mi esposo, abrí los ojos, bajé la vista, y la polla de mi hermano estaba lista y dura otra vez.
—Por supuesto. Puedes follarla cuantas veces quieras, a ella le gustará.
—¿De qué forma le gusta más?—. Continuaban su conversación, como si yo fuera algo a disponer, y se consultaban entre ellos, como hacerlo. En este momento sentía que no era esposa, ni hermana. Era una hembra a compartir, un hembra para follarla, y en la forma que ellos acordaran. Volvía a excitarme, ahora tenía dedos de dos manos entrando y saliendo de mi vagina, y me había mojado otra vez.
—Le agrada ponerse boca abajo, y que la follen por el coño. En la misma posición como se folla a las putas. En esa posición se siente dominada, y lo disfruta.
—En esa posición, pero por el coño, dices tú. No sé si me contendré de metérsela de nuevo por su trasero.
—Como tú quieras. Recuerda que te dije que es una hembra ardiente, y de esas mujeres que necesitan relaciones sexuales intensas. Ya se corrió dos veces, tendrás que esmerarte, para lograr sacarle otro orgasmo.
—Entendido. ¿Quién dispone lo que tiene que hacer?
—Tú Rafa. Haz lo que quieras, aunque creo que a ella le gustaría que la azotaras.
—¿Qué le pegue con mis manos?
—No, con un látigo que ella misma me pidió que comprara—, y a continuación Pedro fue por la fusta, y se la entregó a mi hermano.
Era la perfecta relación de dos amigos, muy amigos que compartían la misma mujer. Sin celos, sin limitaciones. Para ellos, en este momento era una hembra cualquiera, a la cual follar, saciarse, y si fuera posible, complacerla para que gozara.
—Pedro, ¿Estás seguro? ¿A mi hermana le gusta que la azoten?
—Rafa ella lo disfruta, le gusta que la azoten antes de follarla.
—Ana, ponte boca abajo—, dijo Rafa.
Lo hice. Rafa colocó un cojín debajo de mi pelvis, mi trasero quedó empinado, y él se colocó entre mis piernas, y volvió a ordenar.
—Ana, abre bien las piernas.
Giré mi cabeza, mirando a mi esposo, tomé su mano, la apreté; entonces abrí bien mis piernas. Volvía a ofrecerme, toda abierta para que me usaran.
Sentí la tira de cuero flexible de mi látigo pasando por mis nalgas. Enseguida llegó el primer golpe en la nalga derecha, y de revés en la izquierda. No eran azotes fuertes, ni dolorosos, me di cuenta que mi hermano sabía azotar a una mujer. ¿También lo habrían hecho ambos a otra mujer?
Luego comenzó a aumentar la celeridad entre uno y otro. Algunos llegaban a la parte superior de mis piernas, pero siempre regresaban a mi culo. Surgió un calor en mis nalgas, no dolía. El ardor bajaba y se desparramaba hacia mi vagina.
¿Estarían intentando excitarme nuevamente? Ya me había corrido dos veces, y ambos fueron orgasmos intensos.
Ellos continuaron en silencio, sólo se escuchaba el roce de sus manos en todo mi cuerpo. Suspiré aflojándome, me dejaría hacer, estaría abierta y dispuesta para ellos, hasta que escuché:
—Pedro. Gracias, muchas gracias por dejar que la follara.
—No me agradezcas. ¿Te gustó?
—Mucho. Hace años que deseaba su trasero. Redondo, empinado, perfecto, con esas nalgas firmes, y ahora pude sentir su culo suave.
—A ella le gusta todo, y creo que lo disfruta más por detrás.
Hablaban de mí como si yo no estuviera allí. Todo ello sin dejar sus caricias, que ahora casi se concentraban en mi entrepierna, y mis calores regresaban. Continuaron.
—Pedro. ¿Puedo follarla de nuevo?—. Mi hermano se lo preguntaba a mi esposo, abrí los ojos, bajé la vista, y la polla de mi hermano estaba lista y dura otra vez.
—Por supuesto. Puedes follarla cuantas veces quieras, a ella le gustará.
—¿De qué forma le gusta más?—. Continuaban su conversación, como si yo fuera algo a disponer, y se consultaban entre ellos, como hacerlo. En este momento sentía que no era esposa, ni hermana. Era una hembra a compartir, un hembra para follarla, y en la forma que ellos acordaran. Volvía a excitarme, ahora tenía dedos de dos manos entrando y saliendo de mi vagina, y me había mojado otra vez.
—Le agrada ponerse boca abajo, y que la follen por el coño. En la misma posición como se folla a las putas. En esa posición se siente dominada, y lo disfruta.
—En esa posición, pero por el coño, dices tú. No sé si me contendré de metérsela de nuevo por su trasero.
—Como tú quieras. Recuerda que te dije que es una hembra ardiente, y de esas mujeres que necesitan relaciones sexuales intensas. Ya se corrió dos veces, tendrás que esmerarte, para lograr sacarle otro orgasmo.
—Entendido. ¿Quién dispone lo que tiene que hacer?
—Tú Rafa. Haz lo que quieras, aunque creo que a ella le gustaría que la azotaras.
—¿Qué le pegue con mis manos?
—No, con un látigo que ella misma me pidió que comprara—, y a continuación Pedro fue por la fusta, y se la entregó a mi hermano.
Era la perfecta relación de dos amigos, muy amigos que compartían la misma mujer. Sin celos, sin limitaciones. Para ellos, en este momento era una hembra cualquiera, a la cual follar, saciarse, y si fuera posible, complacerla para que gozara.
—Pedro, ¿Estás seguro? ¿A mi hermana le gusta que la azoten?
—Rafa ella lo disfruta, le gusta que la azoten antes de follarla.
—Ana, ponte boca abajo—, dijo Rafa.
Lo hice. Rafa colocó un cojín debajo de mi pelvis, mi trasero quedó empinado, y él se colocó entre mis piernas, y volvió a ordenar.
—Ana, abre bien las piernas.
Giré mi cabeza, mirando a mi esposo, tomé su mano, la apreté; entonces abrí bien mis piernas. Volvía a ofrecerme, toda abierta para que me usaran.
Sentí la tira de cuero flexible de mi látigo pasando por mis nalgas. Enseguida llegó el primer golpe en la nalga derecha, y de revés en la izquierda. No eran azotes fuertes, ni dolorosos, me di cuenta que mi hermano sabía azotar a una mujer. ¿También lo habrían hecho ambos a otra mujer?
Luego comenzó a aumentar la celeridad entre uno y otro. Algunos llegaban a la parte superior de mis piernas, pero siempre regresaban a mi culo. Surgió un calor en mis nalgas, no dolía. El ardor bajaba y se desparramaba hacia mi vagina.
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Con cada golpe la temperatura aumentaba, ya casi abarcaba todo, nalgas, culo, vagina. Mi trasero recibía los azotes hasta que comenzó el dolor. Un dolor apagado, que gustaba y lo deseaba. Me sentía caliente y ardiendo, por fuera y por dentro. Comenzaba a gozar, ya quería correrme. Bajé mi mano, pasé sobre mi pelvis hacia abajo, al llegar a mi vagina metí dos dedos en ella, estaba muy mojada, los retiré y pasé la yema del dedo mayor alrededor de mi hinchado clítoris, y luego lo acaricié con deleite, masturbándome.
—Te dije que le gusta. Ahora está caliente, casi pronta para metérsela—, dijo mi esposo.
—¿Continúo?
Preguntó Rafa. No supe si esa pregunta iba dirigida a Pedro o a mí.
Si fue dirigido a mí, no pude contestar, en esos momentos yo gemía, me retorcía por toda la cama, refregaba mi cuerpo, mi pelvis y mi clítoris, contra aquel cojín que tenía debajo de mis caderas, buscando correrme, me estaba enloqueciendo de placer, no podía contenerme, todo mi cuerpo ardía; exigía más y más.
Desesperada perdí el control, me olvidé de todo, comencé a pedirlo. Mi hermano iba a conocer como su hermana, su querida Anita, se transformaba en la zorra, guarra y puta que llevaba adentro.
—¡Más, quiero más! Me gusta….quiero más…. Ahhhh, quiero correrme. ¡Me quiero correr toda! Sigue por favor….Más fuerte. ¡Pégame más! Más fuerte….. aggg…..
—Sigue un poco más, está casi pronta, casi llega. Cuando te lo diga, tú le metes tu polla lo más fuerte y profundo que puedas. Vas a conocer a otra, no a la Doctora Ana, sino a la otra.
Yo sabía lo que significaba esa última frase de mi esposo. Mi hermano conocería a la otra, a la puta.
Los azotes aumentaron, no más fuertes, sino más rápidos; me estaba llevando a exasperarme por correrme, mis dedos entraban y salían con ímpetu de mi coño, mis caderas y mi culo subían buscando aquella polla, que no llegaba, y me retorcía en la cama, desesperada. Buscaba un orgasmo grande y poderoso.
—¡Ahora! Fóllala—, se dirigió Pedro a Rafa, y a continuación con su boca junto a mi oído, en susurros me dijo:
—Ahora mi puta, córrete, quiero verte gozar. Saca esa guarra que llevas adentro. Quiero que seas muy puta, mi puta, nuestra puta. Quiero ver esa puta que más me gusta.
Pedro sabía que llamarme puta en susurros junto a mi oído, era todo lo que yo necesitaba. Lo sería, sería la mejor de las putas.
Los azotes se detuvieron.
Sin preámbulos Rafa, abrió mis nalgas, tomó mis caderas, las levantó apenas, y de golpe me metió toda su polla, de un solo envión. Tuve que sacar los dedos de mi coño, los aplastaba aquella barra dura, rugosa y firme que comenzó a follarme sin pausa.
Afirmándome con ambas manos, me aferré contra las sabanas, empujé caderas, y todo mi cuerpo contra aquel macho que me estaba follando, y di rienda suelta a toda la lujuria que llevaba adentro, sabía que sería indecente y sucia, pero no importaba. Traería a la guarra y a la puta.
—Ahhh…, Me la metió toda…..agggg……. Me encanta que me penetren hasta el fondo, que me empotren como a una yegua…Soy una puta…., una guarra, y puta…muy puta…. Quiero correrme toda…, quiero más…., quiero más…, quiero que me follen toda……, por favor…., soy puta, muy puta….
Comenzaron las contracciones dentro de mi vagina. Rafa continuaba, sin detenerse, su miembro estaba grueso, duro. Mi esposo a mi lado mirándome, y su esposa estaba boca abajo, toda abierta, y una polla penetrándola una y otra vez.
—Anita…aggg…. me encanta follarte….. Siempre quise follarte mucho, mucho, y ahora lo estoy haciendo…..— Con cada empuje, se afirmaba en mis caderas e iba hasta el fondo. Continuó dirigiéndose a mi marido. —Pedro…, gracias, gracias por dejarme follarla….aggg…., siempre quise follarla asíiii….aggg…. me voy a correr dentro de su coño…., ahora….
Sentí su semen disparado, golpeando con cada chorro, allá en lo profundo de mi vagina. Solté las sábanas que aferraba, me apoyé en el cabezal de mi cama, levanté las caderas, para que la penetración fuera más profunda.
—Te dije que le gusta. Ahora está caliente, casi pronta para metérsela—, dijo mi esposo.
—¿Continúo?
Preguntó Rafa. No supe si esa pregunta iba dirigida a Pedro o a mí.
Si fue dirigido a mí, no pude contestar, en esos momentos yo gemía, me retorcía por toda la cama, refregaba mi cuerpo, mi pelvis y mi clítoris, contra aquel cojín que tenía debajo de mis caderas, buscando correrme, me estaba enloqueciendo de placer, no podía contenerme, todo mi cuerpo ardía; exigía más y más.
Desesperada perdí el control, me olvidé de todo, comencé a pedirlo. Mi hermano iba a conocer como su hermana, su querida Anita, se transformaba en la zorra, guarra y puta que llevaba adentro.
—¡Más, quiero más! Me gusta….quiero más…. Ahhhh, quiero correrme. ¡Me quiero correr toda! Sigue por favor….Más fuerte. ¡Pégame más! Más fuerte….. aggg…..
—Sigue un poco más, está casi pronta, casi llega. Cuando te lo diga, tú le metes tu polla lo más fuerte y profundo que puedas. Vas a conocer a otra, no a la Doctora Ana, sino a la otra.
Yo sabía lo que significaba esa última frase de mi esposo. Mi hermano conocería a la otra, a la puta.
Los azotes aumentaron, no más fuertes, sino más rápidos; me estaba llevando a exasperarme por correrme, mis dedos entraban y salían con ímpetu de mi coño, mis caderas y mi culo subían buscando aquella polla, que no llegaba, y me retorcía en la cama, desesperada. Buscaba un orgasmo grande y poderoso.
—¡Ahora! Fóllala—, se dirigió Pedro a Rafa, y a continuación con su boca junto a mi oído, en susurros me dijo:
—Ahora mi puta, córrete, quiero verte gozar. Saca esa guarra que llevas adentro. Quiero que seas muy puta, mi puta, nuestra puta. Quiero ver esa puta que más me gusta.
Pedro sabía que llamarme puta en susurros junto a mi oído, era todo lo que yo necesitaba. Lo sería, sería la mejor de las putas.
Los azotes se detuvieron.
Sin preámbulos Rafa, abrió mis nalgas, tomó mis caderas, las levantó apenas, y de golpe me metió toda su polla, de un solo envión. Tuve que sacar los dedos de mi coño, los aplastaba aquella barra dura, rugosa y firme que comenzó a follarme sin pausa.
Afirmándome con ambas manos, me aferré contra las sabanas, empujé caderas, y todo mi cuerpo contra aquel macho que me estaba follando, y di rienda suelta a toda la lujuria que llevaba adentro, sabía que sería indecente y sucia, pero no importaba. Traería a la guarra y a la puta.
—Ahhh…, Me la metió toda…..agggg……. Me encanta que me penetren hasta el fondo, que me empotren como a una yegua…Soy una puta…., una guarra, y puta…muy puta…. Quiero correrme toda…, quiero más…., quiero más…, quiero que me follen toda……, por favor…., soy puta, muy puta….
Comenzaron las contracciones dentro de mi vagina. Rafa continuaba, sin detenerse, su miembro estaba grueso, duro. Mi esposo a mi lado mirándome, y su esposa estaba boca abajo, toda abierta, y una polla penetrándola una y otra vez.
—Anita…aggg…. me encanta follarte….. Siempre quise follarte mucho, mucho, y ahora lo estoy haciendo…..— Con cada empuje, se afirmaba en mis caderas e iba hasta el fondo. Continuó dirigiéndose a mi marido. —Pedro…, gracias, gracias por dejarme follarla….aggg…., siempre quise follarla asíiii….aggg…. me voy a correr dentro de su coño…., ahora….
Sentí su semen disparado, golpeando con cada chorro, allá en lo profundo de mi vagina. Solté las sábanas que aferraba, me apoyé en el cabezal de mi cama, levanté las caderas, para que la penetración fuera más profunda.
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—Pedro, Pedro se está corriendo dentro de mí…. Dios mío, es mi hermano…, mírame por favor…..aggg……, aún no me he corrido… y quiero hacerlo…., necesito correrme….soy tu puta…..por favor….agggg…….
—Rafa, no se corrió. Necesita más, dale fuerte, pégale con ganas.
Mi hermano lo escuchó, entonces comenzó de nuevo a sacarla y meterla, metió con fuerza y sin lubricante, el dedo mayor de su mano en mi culo, y con la otra volvía a pegarme en las nalgas. Ahora sí, se desencadenó el frenesí dentro de mi cuerpo, y ya no me importaba que fuera mi hermano quien me viera como la guarra y la zorra que era. Lo único que deseaba era correrme. Comencé a pedir más.
—Siii…., sigue así….agggg…por favor sigue…., pégame…hazme cualquier cosa, quiero correrme toda…… Pégame fuerte. Párteme el coño, mátama…Soy una guarra, soy una puta, la más puta de todas…..lo necesito…., dame más……. quiero correrme…….
Su dedo entrando y saliendo sin consideración de mi culo, y la palma de su mano arreciando fuerte, lograban que más ardieran mis nalgas, y más me gustaba. Mis caderas subían y bajaban en forma frenética, estaba desesperada, entonces, llegó el calor ardiente y nuevas contracciones, más potentes. Me estaba corriendo.
—Ahora siiii…. me corrooo…. me corro toda…….
Y me corrí otra vez. Con la polla y el semen de mi hermano dentro de mi coño.
—¡Por Dios! Mi hermanita es una hembra ardiente, es insaciable.
Pedro sonriendo, y mirándome, le contestó a su amigo. —Sí, le gusta. Le gusta todo.
Lo había logrado. Me follaron las dos personas que más quería en este mundo, y en adelante podría pedirlo, y entregarme para que dispusieran de mi cuerpo a su antojo, sin limitaciones.
Ellos podrían hacer conmigo lo que quisieran, y yo iba a gozar como me gustaba, como una puta, y como una guarra.
Ya era de madrugada, más de dos horas, habíamos compartido en forma salvaje esta cama. Dejé ir mi cuerpo mientras distendía los músculos, doloridos en forma agradable, y seguro caería en un sueño hermoso, entre aquellos dos hombres que amaba.
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Índice de todos los relatos
—Rafa, no se corrió. Necesita más, dale fuerte, pégale con ganas.
Mi hermano lo escuchó, entonces comenzó de nuevo a sacarla y meterla, metió con fuerza y sin lubricante, el dedo mayor de su mano en mi culo, y con la otra volvía a pegarme en las nalgas. Ahora sí, se desencadenó el frenesí dentro de mi cuerpo, y ya no me importaba que fuera mi hermano quien me viera como la guarra y la zorra que era. Lo único que deseaba era correrme. Comencé a pedir más.
—Siii…., sigue así….agggg…por favor sigue…., pégame…hazme cualquier cosa, quiero correrme toda…… Pégame fuerte. Párteme el coño, mátama…Soy una guarra, soy una puta, la más puta de todas…..lo necesito…., dame más……. quiero correrme…….
Su dedo entrando y saliendo sin consideración de mi culo, y la palma de su mano arreciando fuerte, lograban que más ardieran mis nalgas, y más me gustaba. Mis caderas subían y bajaban en forma frenética, estaba desesperada, entonces, llegó el calor ardiente y nuevas contracciones, más potentes. Me estaba corriendo.
—Ahora siiii…. me corrooo…. me corro toda…….
Y me corrí otra vez. Con la polla y el semen de mi hermano dentro de mi coño.
—¡Por Dios! Mi hermanita es una hembra ardiente, es insaciable.
Pedro sonriendo, y mirándome, le contestó a su amigo. —Sí, le gusta. Le gusta todo.
Lo había logrado. Me follaron las dos personas que más quería en este mundo, y en adelante podría pedirlo, y entregarme para que dispusieran de mi cuerpo a su antojo, sin limitaciones.
Ellos podrían hacer conmigo lo que quisieran, y yo iba a gozar como me gustaba, como una puta, y como una guarra.
Ya era de madrugada, más de dos horas, habíamos compartido en forma salvaje esta cama. Dejé ir mi cuerpo mientras distendía los músculos, doloridos en forma agradable, y seguro caería en un sueño hermoso, entre aquellos dos hombres que amaba.
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Lo que tu cuñada puede hacer por ti
Qué difícil puede llegar a ser desprenderse de todos los prejuicios e ideas erróneas que nos llevan acompañando toda la vida. Si siempre juzgáramos a los demás en base a lo perfectos que a veces nos vemos a nosotros mismos estaríamos condenados a la soledad eterna, porque no veríamos que todos somos iguales, que nadie está por encima ni por debajo. Al menos fuera de la cama.
Crecer como la pequeña de la casa dentro de una familia adinerada es tener todas las papeletas para que te toque ser una caprichosa que no se conforma con cualquier cosa. Habría que analizar si era culpa mía o de los que me educaron así, pero la cuestión es que solo yo pagué las consecuencias de ese carácter que no había pedido tener.
Dentro de casa podía hacer lo que me diera la gana, mis pataletas cuando no lograba lo que quería provocaban incluso risa a mis padres, pero nunca hacían que me acabaran poniendo límites. Mi actitud les parecía divertida sin tener en cuenta que, a la larga, solo yo acabaría notando los efectos negativos de creerme una diva.
Solo mi hermana Miranda, cuatro años mayor que yo, parecía darse cuenta de que no me beneficiaban en absoluto permitiéndomelo todo, y no solo porque ella fuese a veces la mayor perjudicada. Pese a su corta edad, en ocasiones intentaba ponerme los límites que me faltaban. Como consecuencia, durante la mayor parte de mi vida no la soportaba.
Miranda era la única que se atrevía a decirme que no podía alimentarme a base de dulces, que si no descansaba no podría rendir en la escuela o que si me compraban todo lo que pedía Papá Noel no sabría qué traerme en Navidad. Lejos de valorar sus esfuerzos, mis padres la consideraban una aguafiestas que actuaba así porque me tenía celos.
Afortunadamente, con el paso de los años me fueron calando mucho más los consejos de mi hermana que la despreocupación crónica de mis padres. No podía deshacerme de golpe de todas las malas costumbres adquiridas durante años, pero veía que Miranda era feliz con su forma de ser mientras que yo me amargaba cada vez que no lograba algo.
Para cuando yo cumplí los dieciocho años, Miranda ya había terminado su carrera, tenía un grupo de amigos envidiable y estaba siempre rodeada de chicos guapos. En cambio, yo no sabía aún lo que quería estudiar, mis amigas eran todas unas arpías y los muchachos huían de mí porque sabían lo insoportable que me ponía.
- Miranda, ¿este fin de semana también sales?
- Todos los que pueda, ahora que al fin soy libre.
- ¿No vas a buscar trabajo?
- Sí, en unos días me pongo a tope con eso.
- A nuestros padres no creo que les importe que sigas viviendo de ellos.
- Pero a mí sí, quiero tener independencia económica.
- Ya lo sé, para hacer planes con tus novios.
- No sé de qué hablas, yo estoy soltera.
- Porque quieres, a ti los chicos te hacen caso...
- A ti también te lo harían si no pareciese que les vas a morder.
- Es que solo se me acercan los que no están a mi altura.
- No existen las alturas, Griselda, cualquiera puede ser una gran persona.
- Mamá dice que yo he nacido para estar con alguien importante.
- Pues yo creo que has nacido para ser tú la importante.
- Ya lo soy.
- Entonces demuéstralo, que fuera de esta casa nadie te va a regalar nada.
Comprobé que mi hermana tenía razón al salir de mi burbuja para ir a la universidad. Allí no le importaba a nadie si venía de buena o mala familia, si era más o menos guapa, todos tenían sus propias circunstancias. Me costaba entender que Miranda hubiese sobrevivido en ese mundo tan frío, sin las atenciones a las que ella también estaba acostumbrada.
Tuve que adaptarme como buenamente pude, haciendo amigas que no tenían mis mismos intereses, saliendo con chicos que no parecían destinados a triunfar. Sentía que me estaba rebajando al llevar ese tipo de vida, pero Miranda parecía feliz, incluso cuando consiguió un trabajo de becaria que parecía ser insuficiente para su formación.
Qué difícil puede llegar a ser desprenderse de todos los prejuicios e ideas erróneas que nos llevan acompañando toda la vida. Si siempre juzgáramos a los demás en base a lo perfectos que a veces nos vemos a nosotros mismos estaríamos condenados a la soledad eterna, porque no veríamos que todos somos iguales, que nadie está por encima ni por debajo. Al menos fuera de la cama.
Crecer como la pequeña de la casa dentro de una familia adinerada es tener todas las papeletas para que te toque ser una caprichosa que no se conforma con cualquier cosa. Habría que analizar si era culpa mía o de los que me educaron así, pero la cuestión es que solo yo pagué las consecuencias de ese carácter que no había pedido tener.
Dentro de casa podía hacer lo que me diera la gana, mis pataletas cuando no lograba lo que quería provocaban incluso risa a mis padres, pero nunca hacían que me acabaran poniendo límites. Mi actitud les parecía divertida sin tener en cuenta que, a la larga, solo yo acabaría notando los efectos negativos de creerme una diva.
Solo mi hermana Miranda, cuatro años mayor que yo, parecía darse cuenta de que no me beneficiaban en absoluto permitiéndomelo todo, y no solo porque ella fuese a veces la mayor perjudicada. Pese a su corta edad, en ocasiones intentaba ponerme los límites que me faltaban. Como consecuencia, durante la mayor parte de mi vida no la soportaba.
Miranda era la única que se atrevía a decirme que no podía alimentarme a base de dulces, que si no descansaba no podría rendir en la escuela o que si me compraban todo lo que pedía Papá Noel no sabría qué traerme en Navidad. Lejos de valorar sus esfuerzos, mis padres la consideraban una aguafiestas que actuaba así porque me tenía celos.
Afortunadamente, con el paso de los años me fueron calando mucho más los consejos de mi hermana que la despreocupación crónica de mis padres. No podía deshacerme de golpe de todas las malas costumbres adquiridas durante años, pero veía que Miranda era feliz con su forma de ser mientras que yo me amargaba cada vez que no lograba algo.
Para cuando yo cumplí los dieciocho años, Miranda ya había terminado su carrera, tenía un grupo de amigos envidiable y estaba siempre rodeada de chicos guapos. En cambio, yo no sabía aún lo que quería estudiar, mis amigas eran todas unas arpías y los muchachos huían de mí porque sabían lo insoportable que me ponía.
- Miranda, ¿este fin de semana también sales?
- Todos los que pueda, ahora que al fin soy libre.
- ¿No vas a buscar trabajo?
- Sí, en unos días me pongo a tope con eso.
- A nuestros padres no creo que les importe que sigas viviendo de ellos.
- Pero a mí sí, quiero tener independencia económica.
- Ya lo sé, para hacer planes con tus novios.
- No sé de qué hablas, yo estoy soltera.
- Porque quieres, a ti los chicos te hacen caso...
- A ti también te lo harían si no pareciese que les vas a morder.
- Es que solo se me acercan los que no están a mi altura.
- No existen las alturas, Griselda, cualquiera puede ser una gran persona.
- Mamá dice que yo he nacido para estar con alguien importante.
- Pues yo creo que has nacido para ser tú la importante.
- Ya lo soy.
- Entonces demuéstralo, que fuera de esta casa nadie te va a regalar nada.
Comprobé que mi hermana tenía razón al salir de mi burbuja para ir a la universidad. Allí no le importaba a nadie si venía de buena o mala familia, si era más o menos guapa, todos tenían sus propias circunstancias. Me costaba entender que Miranda hubiese sobrevivido en ese mundo tan frío, sin las atenciones a las que ella también estaba acostumbrada.
Tuve que adaptarme como buenamente pude, haciendo amigas que no tenían mis mismos intereses, saliendo con chicos que no parecían destinados a triunfar. Sentía que me estaba rebajando al llevar ese tipo de vida, pero Miranda parecía feliz, incluso cuando consiguió un trabajo de becaria que parecía ser insuficiente para su formación.
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Empecé a apreciar a mi manera a la gente que me rodeaba, pero eso me hacía sentir un poco mal, porque era como haber abandonado mi propósito de aspirar a la grandeza. Aunque me lo podía pasar bien con chicas que solo sabían divertirse bailando y bebiendo alcohol, el tema de los novios era algo completamente distinto.
Ya había cometido el error de acostarme con quien no debía solo por querer imitar comportamientos y sentirme integrada. Comprobar que no lograba excitarme con cualquiera en realidad fue un alivio, porque se suponía que así evitaría hacer alguna locura. En cambio, Miranda disfrutaba sin problema de los encantos de esos chicos tan vulgares.
- ¿A qué se debe esa sonrisa?
- No sé de qué me hablas.
- Estás más contenta de lo normal, Miranda.
- Bueno, podría ser...
- Me lo vas a acabar contando, no pierdas más el tiempo.
- He conocido a un chico.
- ¡Qué novedad!
- A uno que me gusta de verdad.
- ¿Es banquero o algo así?
- No, nada por el estilo.
- ¿Futbolista? Son bastante bobos, pero cobran una pasta.
- ¿Por qué asumes que tiene que ser alguien con dinero?
- Porque lo contrario sería un error.
- Entonces debo de estar muy equivocada.
- ¿Con quién te has liado?
- Con nadie, me he enamorado de un albañil.
- Como mucho te habrás encoñado, y ya me parece grave.
- Manu es un chaval increíble.
- Manu... cuánta familiaridad.
- Es que parece que lo conozca de toda la vida.
- Al primo Silvio sí lo conoces de toda la vida y no hablas así de él.
- Por razones obvias.
- Ese quiere pegar un braguetazo contigo.
- Pero si gano una miseria.
- Sabrá del poderío económico de nuestros padres.
- No le he hablado de eso.
- ¿Y de qué habéis hablado? Si se puede saber.
- De la vida en general.
- En dos días ya te habrás cansado de él.
Parecía que no conociese a mi hermana, porque cuando se le metía algo en la cabeza no había manera de que lo olvidara. Esos dos días que le había dado de plazo se acabaron convirtiendo en semanas, después en meses y llegaron incluso a ser años. Lo de Miranda y ese chico se convirtió en una relación formal que mis padres no tardaron en desaprobar.
Me sacaba de quicio verla junto a un hombre que iba siempre manchado de polvo y pintura, no era para lo que nos habían educado. Estaba claro que ella era una conformista, lo demostraba el hecho de que siguiera en un trabajo tan mal remunerado, pero precisamente por eso debía buscar un marido que ganara mucho dinero.
Al conocer a Manu entendí cuáles eran sus virtuales, todas físicas. Ese chico era alto, moreno y estaba más fuerte que el vinagre, como él mismo solía decir en tono de broma, lo que podía hacer comprensible una aventura, pero no una relación amorosa que ya duraba más de tres años. Hasta mis padres habían empezado a cogerle cariño.
Pero yo no pensaba ceder, por mucho que hubiese evolucionado en ese sentido en los últimos años. Puede que le pusiera buena cara cuando Miranda lo traía a casa, incluso que le diese conversación, siempre bastante insustancial, pero seguía pensando que mi hermana tenía que aspirar a algo más. Obviamente, a Manu no le decía lo mismo.
- ¿Y tú qué, cuñada, buscando trabajo?
- Más bien tratando de decantarme entre varias ofertas.
- Qué suerte poder elegir.
- Es lo que tiene terminar la carrera con matrícula de honor.
- Yo también hubiera sacado buenas notas en la universidad, pero no pude ir.
- ¿Por qué?
- Hacía demasiada falta el dinero en casa.
- Vaya...
- Pero bueno, desde que murió mi padre nos va bastante mejor.
- ¿Cómo es posible?
- Era alcohólico, por eso siempre íbamos escasos de dinero.
- Ahora que ya no tenéis ese lastre podrías plantearte estudiar.
- Buena forma de definir a mi difunto padre.
- Lo siento, pero es lo que era.
- Tranquila, si tienes razón. No retomo los estudios porque soy el rey del andamio.
- ¿Eso es una forma de decir que te ganas bien la vida?
- Todavía no, pero se me da muy bien lo que hago.
- Sí tú lo dices...
- Ya lo comprobarás si algún día necesitas mis servicios.
- Podría ser, porque mi idea es independizarme pronto.
Ya había cometido el error de acostarme con quien no debía solo por querer imitar comportamientos y sentirme integrada. Comprobar que no lograba excitarme con cualquiera en realidad fue un alivio, porque se suponía que así evitaría hacer alguna locura. En cambio, Miranda disfrutaba sin problema de los encantos de esos chicos tan vulgares.
- ¿A qué se debe esa sonrisa?
- No sé de qué me hablas.
- Estás más contenta de lo normal, Miranda.
- Bueno, podría ser...
- Me lo vas a acabar contando, no pierdas más el tiempo.
- He conocido a un chico.
- ¡Qué novedad!
- A uno que me gusta de verdad.
- ¿Es banquero o algo así?
- No, nada por el estilo.
- ¿Futbolista? Son bastante bobos, pero cobran una pasta.
- ¿Por qué asumes que tiene que ser alguien con dinero?
- Porque lo contrario sería un error.
- Entonces debo de estar muy equivocada.
- ¿Con quién te has liado?
- Con nadie, me he enamorado de un albañil.
- Como mucho te habrás encoñado, y ya me parece grave.
- Manu es un chaval increíble.
- Manu... cuánta familiaridad.
- Es que parece que lo conozca de toda la vida.
- Al primo Silvio sí lo conoces de toda la vida y no hablas así de él.
- Por razones obvias.
- Ese quiere pegar un braguetazo contigo.
- Pero si gano una miseria.
- Sabrá del poderío económico de nuestros padres.
- No le he hablado de eso.
- ¿Y de qué habéis hablado? Si se puede saber.
- De la vida en general.
- En dos días ya te habrás cansado de él.
Parecía que no conociese a mi hermana, porque cuando se le metía algo en la cabeza no había manera de que lo olvidara. Esos dos días que le había dado de plazo se acabaron convirtiendo en semanas, después en meses y llegaron incluso a ser años. Lo de Miranda y ese chico se convirtió en una relación formal que mis padres no tardaron en desaprobar.
Me sacaba de quicio verla junto a un hombre que iba siempre manchado de polvo y pintura, no era para lo que nos habían educado. Estaba claro que ella era una conformista, lo demostraba el hecho de que siguiera en un trabajo tan mal remunerado, pero precisamente por eso debía buscar un marido que ganara mucho dinero.
Al conocer a Manu entendí cuáles eran sus virtuales, todas físicas. Ese chico era alto, moreno y estaba más fuerte que el vinagre, como él mismo solía decir en tono de broma, lo que podía hacer comprensible una aventura, pero no una relación amorosa que ya duraba más de tres años. Hasta mis padres habían empezado a cogerle cariño.
Pero yo no pensaba ceder, por mucho que hubiese evolucionado en ese sentido en los últimos años. Puede que le pusiera buena cara cuando Miranda lo traía a casa, incluso que le diese conversación, siempre bastante insustancial, pero seguía pensando que mi hermana tenía que aspirar a algo más. Obviamente, a Manu no le decía lo mismo.
- ¿Y tú qué, cuñada, buscando trabajo?
- Más bien tratando de decantarme entre varias ofertas.
- Qué suerte poder elegir.
- Es lo que tiene terminar la carrera con matrícula de honor.
- Yo también hubiera sacado buenas notas en la universidad, pero no pude ir.
- ¿Por qué?
- Hacía demasiada falta el dinero en casa.
- Vaya...
- Pero bueno, desde que murió mi padre nos va bastante mejor.
- ¿Cómo es posible?
- Era alcohólico, por eso siempre íbamos escasos de dinero.
- Ahora que ya no tenéis ese lastre podrías plantearte estudiar.
- Buena forma de definir a mi difunto padre.
- Lo siento, pero es lo que era.
- Tranquila, si tienes razón. No retomo los estudios porque soy el rey del andamio.
- ¿Eso es una forma de decir que te ganas bien la vida?
- Todavía no, pero se me da muy bien lo que hago.
- Sí tú lo dices...
- Ya lo comprobarás si algún día necesitas mis servicios.
- Podría ser, porque mi idea es independizarme pronto.
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En ese momento no era más que un proyecto lejano, pero sí que tenía la intención de irme de casa en cuanto comenzara a trabajar, ya que todas las ofertas que tenía sobre la mesa eran muy potentes, económicamente hablando. Aunque con mis padres no estaba mal, allí Michelle, la nueva asistenta lo hacía todo a la perfección, quería emprender mi propio camino.
Con esa idea en mente, estudié concienzudamente las ofertas de todas las empresas que se habían interesado en mí tras sacar unas notas espectaculares en ADE. Me tomé un tiempo, todo el que me permitieron, antes de admitir a la familia y sobre todo a mí misma que me iba a decantar por el puesto en el que más dinero me ofrecían.
Estaba claro que de entrada mi sueldo no se iba a poder equiparar al de mis padres, por ejemplo, pero para ser una novata recién salida de la universidad y sin ninguna experiencia laboral no podía quejarme. Allí traté de codearme desde el principio con los altos cargos, para al fin rodearme de gente que consideraba a mi altura.
Y lo que no esperaba era que ellos me viesen a mí como alguien insignificante. Las mujeres no soportaban que una chica más joven y atractiva que ellas les hiciese sombra, pero es que en el caso de los hombres era aún peor. Con más o menos disimulo, todos me miraban como a un pedazo de carne, y algunos no escatimaban en insinuaciones.
Mi idea era ascender todo lo que me permitieran en el menor tiempo posible, para obtener un mayor estatus y más dinero, pero no a costa de según qué cosas. Hasta que eso ocurriera, si es que llegaba a suceder, podía conformarme con el sueldo que había comenzado cobrando. Aunque no me daba para un palacio, sí podía alquilar algo decente.
Acostumbrada a tenerlo todo en el momento en que lo deseaba, apenas le dediqué tiempo a la búsqueda del piso, en cuanto encontré uno grande en buena zona me lo quedé. Me salió por menos dinero mensual del que cabía esperar, pero fue porque estaba hecho un desastre. La casera me dio vía libre para reformar lo que quisiera, siempre que ella no tuviera que pagarlo.
- No te lo va a decir, pero papá está muy triste con eso de que te vayas.
- Si me ignora desde hace años.
- Ya sabes que no es muy dado a expresar sus sentimientos... como tú.
- Lo siento, no me sale ser tan cariñosa como tú con tu novio.
- Es que mi Manu es un sol.
- Pues podrías decirle que se pase una tarde por mi casa.
- ¿Para qué?
- Tengo que hacer alguna reforma.
- ¿Piensas pagarle?
- Por dios, Miranda, somos familia.
- Solo para lo que te interesa.
- Vale, le pago, pero que no me cobre muy caro.
- Necesitamos el dinero para independizarnos nosotros también.
- Entre los dos ya ganáis para un alquiler decente.
- Yo quiero comprarme mi propia casa.
- Vaya con la humilde...
Debía de tener mucha prisa por sacarme el dinero, porque al día siguiente ya tenía a Manu llamando a mi puerta, dispuesto a hacer cualquier cosa que necesitara. Yo no pretendía reformar demasiado un piso que no era mío, pero pintar todas las paredes era una urgencia y cambiar el suelo de algunas habitaciones también.
Pese a tener bastante claro lo que quería, me dejé aconsejar por mi cuñado. No le iba a llevar la contraria en el único tema en el que parecía estar formado. Examinó minuciosamente cada estancia, en busca de averías que solo él pudiera localizar. Por lo visto, en apariencia el piso era una joya si lo comparábamos con todos los defectos internos.
- La mayoría de cañerías están podridas.
- ¿También entiendes de eso?
- Todo lo que es fontanería y electricidad también lo controlo.
- No sabía que eras tan completo.
- ¿Para ser albañil o para ser el hijo de un borracho?
- Para ser tú, en general.
- Sabes que si te hago la reforma será a ratitos por las tardes, ¿versad?
- Ya, tienes tu trabajo.
- A veces te dejaré el piso empantanado.
- Eso tenlo en cuenta al pasarme la factura.
- ¿Qué dices? No te voy a cobrar más que los materiales.
- Pero Miranda dijo...
- Ni caso a tu hermana, somos familia.
- Necesitáis el dinero para iros a vivir juntos.
Con esa idea en mente, estudié concienzudamente las ofertas de todas las empresas que se habían interesado en mí tras sacar unas notas espectaculares en ADE. Me tomé un tiempo, todo el que me permitieron, antes de admitir a la familia y sobre todo a mí misma que me iba a decantar por el puesto en el que más dinero me ofrecían.
Estaba claro que de entrada mi sueldo no se iba a poder equiparar al de mis padres, por ejemplo, pero para ser una novata recién salida de la universidad y sin ninguna experiencia laboral no podía quejarme. Allí traté de codearme desde el principio con los altos cargos, para al fin rodearme de gente que consideraba a mi altura.
Y lo que no esperaba era que ellos me viesen a mí como alguien insignificante. Las mujeres no soportaban que una chica más joven y atractiva que ellas les hiciese sombra, pero es que en el caso de los hombres era aún peor. Con más o menos disimulo, todos me miraban como a un pedazo de carne, y algunos no escatimaban en insinuaciones.
Mi idea era ascender todo lo que me permitieran en el menor tiempo posible, para obtener un mayor estatus y más dinero, pero no a costa de según qué cosas. Hasta que eso ocurriera, si es que llegaba a suceder, podía conformarme con el sueldo que había comenzado cobrando. Aunque no me daba para un palacio, sí podía alquilar algo decente.
Acostumbrada a tenerlo todo en el momento en que lo deseaba, apenas le dediqué tiempo a la búsqueda del piso, en cuanto encontré uno grande en buena zona me lo quedé. Me salió por menos dinero mensual del que cabía esperar, pero fue porque estaba hecho un desastre. La casera me dio vía libre para reformar lo que quisiera, siempre que ella no tuviera que pagarlo.
- No te lo va a decir, pero papá está muy triste con eso de que te vayas.
- Si me ignora desde hace años.
- Ya sabes que no es muy dado a expresar sus sentimientos... como tú.
- Lo siento, no me sale ser tan cariñosa como tú con tu novio.
- Es que mi Manu es un sol.
- Pues podrías decirle que se pase una tarde por mi casa.
- ¿Para qué?
- Tengo que hacer alguna reforma.
- ¿Piensas pagarle?
- Por dios, Miranda, somos familia.
- Solo para lo que te interesa.
- Vale, le pago, pero que no me cobre muy caro.
- Necesitamos el dinero para independizarnos nosotros también.
- Entre los dos ya ganáis para un alquiler decente.
- Yo quiero comprarme mi propia casa.
- Vaya con la humilde...
Debía de tener mucha prisa por sacarme el dinero, porque al día siguiente ya tenía a Manu llamando a mi puerta, dispuesto a hacer cualquier cosa que necesitara. Yo no pretendía reformar demasiado un piso que no era mío, pero pintar todas las paredes era una urgencia y cambiar el suelo de algunas habitaciones también.
Pese a tener bastante claro lo que quería, me dejé aconsejar por mi cuñado. No le iba a llevar la contraria en el único tema en el que parecía estar formado. Examinó minuciosamente cada estancia, en busca de averías que solo él pudiera localizar. Por lo visto, en apariencia el piso era una joya si lo comparábamos con todos los defectos internos.
- La mayoría de cañerías están podridas.
- ¿También entiendes de eso?
- Todo lo que es fontanería y electricidad también lo controlo.
- No sabía que eras tan completo.
- ¿Para ser albañil o para ser el hijo de un borracho?
- Para ser tú, en general.
- Sabes que si te hago la reforma será a ratitos por las tardes, ¿versad?
- Ya, tienes tu trabajo.
- A veces te dejaré el piso empantanado.
- Eso tenlo en cuenta al pasarme la factura.
- ¿Qué dices? No te voy a cobrar más que los materiales.
- Pero Miranda dijo...
- Ni caso a tu hermana, somos familia.
- Necesitáis el dinero para iros a vivir juntos.
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- Esa es la excusa que pone ella, pero creo que no se quiere ir.
- No tiene sentido, si está loca por ti.
- Lo sé, pero en casa de tus padres se está muy bien, todo hecho y gratis.
- Tú sí quieres vivir con ella, ¿no?
- Pues claro, en tres años apenas hemos tenido momentos de intimidad.
- ¿Solo para tirártela?
- No es eso, Griselda... aunque también es una parte importante.
Sin que sirviera de precedente, por una vez me tenía que poner de parte de Manu. No todas las parejas tienen que tener prisa por vivir bajo un mismo techo, pero si en casa de los padres no tienen intimidad y apenas viajan con la excusa de ahorrar, ¿dónde y con qué frecuencia se acostaban esos dos? Prefería no tener que imaginarlo.
Por aquel entonces yo tenía ya veintitrés años, pero el sexo seguía siendo para mí como un puzzle que aún no había logrado completar. Aunque de vez en cuando tenía relaciones, lo justo para aliviarme, no acababa de encontrar a alguien que tuviera todo lo necesario para excitarme. Los prejuicios seguían jugando en mi contra.
Le había dado a Manu unas llaves de mi casa, por si tenía tiempo de ir antes de que ya saliera del trabajo. La primera tarde ya me lo encontré manos a la obra, picando paredes en busca de las cañerías en peor estado para sustituirlas. El calor aquellos días era terrible, así que no lo podía culpar por haberse tomado el atrevimiento de llevar una camiseta sin mangas.
Que mi cuñado era uno de esos hombres simples cuyo atractivo se basa principalmente en su virilidad era algo que ya sabía, pero verlo trabajar, con los tornados brazos al descubierto, removió algo en mi interior. Siempre me había fijado en otro perfil, en ese tipo de chicos cuya masculinidad se suele poner en entredicho.
Mi reacción me hizo sospechar el motivo por el que no acababa de tener relaciones satisfactorias, pero no estaba dispuesta a aceptar que me pudiera atraer un hombre tan básico. Me limité a encerrarme en mi dormitorio mientras Manu trabajaba, si no lo veía bombeando sus músculos no tendría que seguir planteándome si era algo así lo que necesitaba.
- Griselda, me voy a ir ya.
- ¿Crees que te va a llevar mucho tiempo?
- A ver... si vengo también los fines de semana, podría tenerlo en un mes.
- Bueno, como tú veas.
- Si algún día no te va bien porque tienes... algo, tú dímelo.
- Tranquilo, que eso no va a suceder.
- Digo yo que también tendrás tus encuentros con chicos y...
- Gracias, Manu, hasta mañana.
Lo último que deseaba era mostrarle a mi cuñado la vulnerabilidad que sentía respecto al tema de las relaciones íntimas. Ese era un problema que debía solucionar por mí misma, aunque fuese rebajándome a buscar un hombre similar a Manu. Estaba convencida de que solo necesitaba una buena experiencia para comenzar a liberarme.
Al día siguiente me encontré un panorama similar al llegar a casa, solo que en esa ocasión Manu directamente iba sin camiseta. Un simple vistazo a su torso amplio cubierto por una considerable mata de pelo hizo que mi cuerpo entero lo recorriese por dentro un intenso calor que jamás había sentido. Llegué incluso a mojar mis bragas.
Eso no me podía estar pasando a mí, no con el novio de mi hermana, no con un vulgar albañil. Si permitía que mis instintos me dominaran me convertiría en una cualquiera, una mujer más del montón que no sabe escoger marido y se acaba arrepintiendo durante el resto de su vida. Porque un buen físico no dura para siempre, la clase y la elegancia sí que lo hacen.
No tenía más remedio que encerrarme en mi habitación para evitarlo, aunque eso no me impedía imaginarme su cuerpo sudoroso en acción. ¿Tendría en la cama la misma destreza que en su trabajo? Seguramente sí, solo hacía falta ver lo contenta que estaba siempre mi hermana, y eso que no se acostaban con demasiada frecuencia.
- No tiene sentido, si está loca por ti.
- Lo sé, pero en casa de tus padres se está muy bien, todo hecho y gratis.
- Tú sí quieres vivir con ella, ¿no?
- Pues claro, en tres años apenas hemos tenido momentos de intimidad.
- ¿Solo para tirártela?
- No es eso, Griselda... aunque también es una parte importante.
Sin que sirviera de precedente, por una vez me tenía que poner de parte de Manu. No todas las parejas tienen que tener prisa por vivir bajo un mismo techo, pero si en casa de los padres no tienen intimidad y apenas viajan con la excusa de ahorrar, ¿dónde y con qué frecuencia se acostaban esos dos? Prefería no tener que imaginarlo.
Por aquel entonces yo tenía ya veintitrés años, pero el sexo seguía siendo para mí como un puzzle que aún no había logrado completar. Aunque de vez en cuando tenía relaciones, lo justo para aliviarme, no acababa de encontrar a alguien que tuviera todo lo necesario para excitarme. Los prejuicios seguían jugando en mi contra.
Le había dado a Manu unas llaves de mi casa, por si tenía tiempo de ir antes de que ya saliera del trabajo. La primera tarde ya me lo encontré manos a la obra, picando paredes en busca de las cañerías en peor estado para sustituirlas. El calor aquellos días era terrible, así que no lo podía culpar por haberse tomado el atrevimiento de llevar una camiseta sin mangas.
Que mi cuñado era uno de esos hombres simples cuyo atractivo se basa principalmente en su virilidad era algo que ya sabía, pero verlo trabajar, con los tornados brazos al descubierto, removió algo en mi interior. Siempre me había fijado en otro perfil, en ese tipo de chicos cuya masculinidad se suele poner en entredicho.
Mi reacción me hizo sospechar el motivo por el que no acababa de tener relaciones satisfactorias, pero no estaba dispuesta a aceptar que me pudiera atraer un hombre tan básico. Me limité a encerrarme en mi dormitorio mientras Manu trabajaba, si no lo veía bombeando sus músculos no tendría que seguir planteándome si era algo así lo que necesitaba.
- Griselda, me voy a ir ya.
- ¿Crees que te va a llevar mucho tiempo?
- A ver... si vengo también los fines de semana, podría tenerlo en un mes.
- Bueno, como tú veas.
- Si algún día no te va bien porque tienes... algo, tú dímelo.
- Tranquilo, que eso no va a suceder.
- Digo yo que también tendrás tus encuentros con chicos y...
- Gracias, Manu, hasta mañana.
Lo último que deseaba era mostrarle a mi cuñado la vulnerabilidad que sentía respecto al tema de las relaciones íntimas. Ese era un problema que debía solucionar por mí misma, aunque fuese rebajándome a buscar un hombre similar a Manu. Estaba convencida de que solo necesitaba una buena experiencia para comenzar a liberarme.
Al día siguiente me encontré un panorama similar al llegar a casa, solo que en esa ocasión Manu directamente iba sin camiseta. Un simple vistazo a su torso amplio cubierto por una considerable mata de pelo hizo que mi cuerpo entero lo recorriese por dentro un intenso calor que jamás había sentido. Llegué incluso a mojar mis bragas.
Eso no me podía estar pasando a mí, no con el novio de mi hermana, no con un vulgar albañil. Si permitía que mis instintos me dominaran me convertiría en una cualquiera, una mujer más del montón que no sabe escoger marido y se acaba arrepintiendo durante el resto de su vida. Porque un buen físico no dura para siempre, la clase y la elegancia sí que lo hacen.
No tenía más remedio que encerrarme en mi habitación para evitarlo, aunque eso no me impedía imaginarme su cuerpo sudoroso en acción. ¿Tendría en la cama la misma destreza que en su trabajo? Seguramente sí, solo hacía falta ver lo contenta que estaba siempre mi hermana, y eso que no se acostaban con demasiada frecuencia.
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Pude mantenerme al margen los primeros días, mientras mi cuñado seguía inspeccionando la casa y haciendo pequeñas reparaciones. Mantenía una lucha interna conmigo misma para estar centrada en cualquier cosa menos en imaginármelo. Hasta que una tarde comenzó a llamarme a gritos y salí corriendo para ver qué sucedía.
Completamente empapado, Manu trataba de contener un chorro de agua que salía disparado de una de las paredes. Me pidió que cerrara la llave de paso, pero justo al hacerlo resbalé y él sí lanzó para evitar que me diera un golpe. Como consecuencia, ambos acabamos rodando en el suelo, quedando yo encima de su cuerpo húmedo.
El corazón me iba a mil por hora, y no precisamente por el susto de haber estado a punto de estamparme contra el suelo. Tenía a mi cuñado debajo, notaba cada uno de sus músculos, incluso creía sentir su paquete a la altura de mi cintura. Llevaba el pelo mojado hacia atrás, estaba más atractivo que nunca. Quería contenerme, pero no pude. Lo besé.
- ¿Qué haces, Griselda?
- No lo sé.
- Me has besado.
- Tú me estás haciendo toda esta obra gratis.
- ¿Y eso que tiene que ver?
- Pues que ya es hora de que te demuestre lo que tu cuñada puede hacer por ti.
Aquello no era en absoluto propio de mí, por eso Manu estaba tan confundido. No supo ni cómo reaccionar cuando volví a besarle, esa vez con bastante más intensidad, abriéndome paso entre sus labios para meterle la lengua en la boca. No sabía qué me ponía más cachonda, si su perfecto cuerpo o lo morbosa que era la situación en sí.
Como si aceptara que aquel era su destino, Manu dejó de resistirse y me sujetó por las caderas para devolverme todos y cada uno de los besos. Aquello estaba muy bien, era muy excitante, pero necesitaba más. Sin intención de recurrir a preliminares ni nada por el estilo, fui directa al grano mientras nuestras lenguas danzaban entrelazadas.
Solo tuve que clavar las rodillas en el suelo, a ambos lados de su cuerpo, y elevarme un poco para bajarle la cremallera del pantalón y liberarle la verga. Un simple contacto fue suficiente para darme cuenta de que era grande y fuerte, en consonancia con el resto de su prodigioso físico. Solo sujetarla entre mis manos ya daba gusto.
Pero no tenía intención de recrearme en el contacto manual. De inmediato subí la falda del vestido veraniego que solía llevar los días de calor, me aparté las bragas y dirigí su miembro hacia el agujero de mi ardiente coño. Aunque solté un jadeo solo al notar la punta, lo que vino después fue infinitamente mejor, lo más placentero que había sentido hasta el momento.
Descendí lentamente hasta tener en el interior de mi vagina todos y cada uno de los milímetros de esa obra de arte. Mi cuñado me subió aún más el vestido y se las ingenió para meter las manos por debajo y llegar hasta mis tetas. Ninguno de los chicos con los que había estado hasta ese momento se había tomado ese atrevimiento, no de una manera tan directa y sensual.
Mientras Manu sobaba mis pechos yo cabalgaba con su enorme polla en mi interior, cada vez más deprisa, mi caliente cuerpo me lo pedía así. Notaba como una gran cantidad de fluidos salían de mi coño para empapar su tranca, no tenía ni idea de que el sexo podía llegar a ser así de increíble. Sus pulgares sobre mis pezones me hacían casi levitar.
Tras unos minutos trotando descontrolada, con las manos apoyadas sobre sus abultados pectorales, noté cómo mi primer orgasmo de verdad estaba a punto de convulsionar mi cuerpo entero. Primero arqueé la espalda y luego comencé a temblar de pies a cabeza mientras sentía en mi entrepierna un placer hasta ese momento desconocido. No podía dejar de gemir a gritos que más bien parecían aullidos.
- Joder, Griselda, ¿es que no te habías corrido nunca?
- No de esa manera, te lo aseguro.
- Porque no habías estado con un hombre de verdad.
- ¿Tú has terminado ya?
- No, pero me faltaba ya muy poco.
- ¿Sigo o prefieres que te lo haga con la boca?
- Con la mano será suficiente.
Completamente empapado, Manu trataba de contener un chorro de agua que salía disparado de una de las paredes. Me pidió que cerrara la llave de paso, pero justo al hacerlo resbalé y él sí lanzó para evitar que me diera un golpe. Como consecuencia, ambos acabamos rodando en el suelo, quedando yo encima de su cuerpo húmedo.
El corazón me iba a mil por hora, y no precisamente por el susto de haber estado a punto de estamparme contra el suelo. Tenía a mi cuñado debajo, notaba cada uno de sus músculos, incluso creía sentir su paquete a la altura de mi cintura. Llevaba el pelo mojado hacia atrás, estaba más atractivo que nunca. Quería contenerme, pero no pude. Lo besé.
- ¿Qué haces, Griselda?
- No lo sé.
- Me has besado.
- Tú me estás haciendo toda esta obra gratis.
- ¿Y eso que tiene que ver?
- Pues que ya es hora de que te demuestre lo que tu cuñada puede hacer por ti.
Aquello no era en absoluto propio de mí, por eso Manu estaba tan confundido. No supo ni cómo reaccionar cuando volví a besarle, esa vez con bastante más intensidad, abriéndome paso entre sus labios para meterle la lengua en la boca. No sabía qué me ponía más cachonda, si su perfecto cuerpo o lo morbosa que era la situación en sí.
Como si aceptara que aquel era su destino, Manu dejó de resistirse y me sujetó por las caderas para devolverme todos y cada uno de los besos. Aquello estaba muy bien, era muy excitante, pero necesitaba más. Sin intención de recurrir a preliminares ni nada por el estilo, fui directa al grano mientras nuestras lenguas danzaban entrelazadas.
Solo tuve que clavar las rodillas en el suelo, a ambos lados de su cuerpo, y elevarme un poco para bajarle la cremallera del pantalón y liberarle la verga. Un simple contacto fue suficiente para darme cuenta de que era grande y fuerte, en consonancia con el resto de su prodigioso físico. Solo sujetarla entre mis manos ya daba gusto.
Pero no tenía intención de recrearme en el contacto manual. De inmediato subí la falda del vestido veraniego que solía llevar los días de calor, me aparté las bragas y dirigí su miembro hacia el agujero de mi ardiente coño. Aunque solté un jadeo solo al notar la punta, lo que vino después fue infinitamente mejor, lo más placentero que había sentido hasta el momento.
Descendí lentamente hasta tener en el interior de mi vagina todos y cada uno de los milímetros de esa obra de arte. Mi cuñado me subió aún más el vestido y se las ingenió para meter las manos por debajo y llegar hasta mis tetas. Ninguno de los chicos con los que había estado hasta ese momento se había tomado ese atrevimiento, no de una manera tan directa y sensual.
Mientras Manu sobaba mis pechos yo cabalgaba con su enorme polla en mi interior, cada vez más deprisa, mi caliente cuerpo me lo pedía así. Notaba como una gran cantidad de fluidos salían de mi coño para empapar su tranca, no tenía ni idea de que el sexo podía llegar a ser así de increíble. Sus pulgares sobre mis pezones me hacían casi levitar.
Tras unos minutos trotando descontrolada, con las manos apoyadas sobre sus abultados pectorales, noté cómo mi primer orgasmo de verdad estaba a punto de convulsionar mi cuerpo entero. Primero arqueé la espalda y luego comencé a temblar de pies a cabeza mientras sentía en mi entrepierna un placer hasta ese momento desconocido. No podía dejar de gemir a gritos que más bien parecían aullidos.
- Joder, Griselda, ¿es que no te habías corrido nunca?
- No de esa manera, te lo aseguro.
- Porque no habías estado con un hombre de verdad.
- ¿Tú has terminado ya?
- No, pero me faltaba ya muy poco.
- ¿Sigo o prefieres que te lo haga con la boca?
- Con la mano será suficiente.
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Nunca había hecho una mamada, no sabía qué beneficio sacaba yo de eso, pero tampoco era lo que se dice una experta masturbando. Aun así, a ese pollón le seguía teniendo muchas ganas, así que me estiré a su lado sobre el suelo aún mojado y sostuve de nuevo con mi mano derecha el maravilloso culmen de su virilidad.
Manu volvió a juguetear con uno de mis pechos mientras lo pajeaba con más ganas que talento. No conseguía ni de cerca cerrar mis dedos alrededor de su estaca, pero estaba bien aferrada a ella y la sacudí hasta que me pellizcó con fuerza el pezón y acto seguido descargó lo que me pareció una cantidad exagerada de semen sobre mi cuerpo.
Pensé en Miranda y lamenté haberla traicionado de esa manera, pero ya era hora de que yo comenzara a disfrutar de los auténticos placeres de la vida.
Continuará...
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Índice de todos los relatos
Manu volvió a juguetear con uno de mis pechos mientras lo pajeaba con más ganas que talento. No conseguía ni de cerca cerrar mis dedos alrededor de su estaca, pero estaba bien aferrada a ella y la sacudí hasta que me pellizcó con fuerza el pezón y acto seguido descargó lo que me pareció una cantidad exagerada de semen sobre mi cuerpo.
Pensé en Miranda y lamenté haberla traicionado de esa manera, pero ya era hora de que yo comenzara a disfrutar de los auténticos placeres de la vida.
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Mi padre me contrata para ser su Scort (Parte1)
Hola, esperando se encuentren muy bien, mi nombre es Paulina, tengo 19 años recién cumplidos, con rostro agradable y simpático, de carácter afable, soy de complexión delgada, mis piernas aunque delgadas están bien torneas, me gustan mis piernas, mido 1.74 m, mis bubis son de medianas a grandes su turgencia roba las miradas de los hombres soy talla 37 pero compro brasier talla 36 o copa D, cintura muy estrecha, y mi cadera es ancha con unas pompis bien paraditas y espongositas, para mis amigos soy un rico pastelito, que quien me tenga y posea, será el dueño de una preciosa mujer.
Todo se inicio el día sábado 20 de marzo de este año, cumplí 19 años y estábamos celebrando muy agradablemente de mi fiesta con mis amigos y familiares. Mi padre recibió una llamada laboral avisándole que el día viernes 26 tendrían una reunión de trabajo en una cena-baila en un pequeño salón de fiestas y que debía ir acompañado.
El lunes por la mañana durante el almuerzo le aviso a mi madre de la reunión y le pidió que se preparar para que lo acompañara, llegó el día viernes, pero mi madre estaba enferma de un mal estomacal y por lo cual no lo podría acompañar.
Así que se acerco a mí y me pidió que lo acompañara, de inmediato de negué, diciéndole que tenía planeado salir con mi amigos a dar la vuelta a un discotec, mi Padre me rogaba y me rogaba y yo me negaba y me negaba.
Así que mi Padre me soborna para que lo acompañe.
- Ándale hija acompáñame y te compro unos zapatos
- ¡¡No papá no puedo, quede en salir con mis amigas y no quiero fallarles!!!
- Por favor Hija vamos, mira y te compro un vestido y los zapatos que a ti más te gusten!!!!
- No puedo papi, en verdad, además me trajeron mucho regalos entre ellos vestidos y zapatos!!!
- Bueno… ¡¡¡entonces te doy dinero!!!!
- A ver, eso si me interesa, ¡¡¡¿cuánto me das por acompañarte?!!!
- ¡¡¡Doscientos pesos!!!
- ¡¡¡Uuuuyyyy papá!!! Y con eso me piensas sobornar con tan poquito
- Pues entonces ¿cuánto quieres?
- Pues tu di, pero sube la cifra
- 500
- No
- 800
- No
- 1000
- No
- 1200
- No
- 1500
- No papi
- ¡¡¡No pues lo que tú quieres es abusar de mi!!!
- ¡¡¡Dame 2000 pesos y te acompaño, y si gustas que sea todo la noche!!!
- Está bien, pero te arreglas muy guapa, para que vean mis compañeros que además de tener una preciosidad de hija, también es inteligente y preparada.
- Sí Papito lindo, me voy a arreglar muy guapa para envida de tus compañeros de que vean que tienes una bella hija.
Durante el resto del día todo iba bien, mi mamá mejorando pero aún convaleciente por la enfermedad, yo arreglándome lo más sensual y sexy posible sin que rayara en la exageración ya que mi padre no lo permitiría, así que elige muy bien mi ropa, un vestido raso de color rojo, de tirantes al hombro un poco ajustado, medias con listones de sujeción a la cintura de encaje en tono obscuro, una breve tanga de hilo de encaje en color negro, zapatillas negras, sin sostén solo usaría unos cubre pezones con una chaquetilla corta en color obscura para cubrir mi torso.
Mi Padre al observarme queda impresionado con lo que ve.
- ¡¡¡Hija pero que linda y bella luces!!!
- Cumplo con lo que digo Papá, me vas a presumir con tu compañeros y los quiero dejar impresionados, para ver la cara que tú tienes en este momento,
- ¿pues cómo la tengo?
- Estás impresionado Papá, estás como si fuera la primera vez que me vez y que apenas te das cuenta de la bella mujercita que tienes por hija.
- ¡¡¡Es verdad Paulina, ya eres toda una mujer!!!
- ¡¡¡Bueno una mujer completa aún no Papá!!!
- ¡¡¡Quéee dices, hijaaa!!!
- ¡¡¡ay Papá, pues que aún soy inocente!!!
- ¡¡¡Quéeee es esooo!!!
- ¡¡¡ayyy Papá, pues que aún soy virgen!!!
- ¡¡¡Aahh, oohhh, perdón ya no pregunto másss??, ¡¡¡¿ya estás lista para irnos?!!!
- ¡¡¡Si Papá podemos irnos ya!!!
Hola, esperando se encuentren muy bien, mi nombre es Paulina, tengo 19 años recién cumplidos, con rostro agradable y simpático, de carácter afable, soy de complexión delgada, mis piernas aunque delgadas están bien torneas, me gustan mis piernas, mido 1.74 m, mis bubis son de medianas a grandes su turgencia roba las miradas de los hombres soy talla 37 pero compro brasier talla 36 o copa D, cintura muy estrecha, y mi cadera es ancha con unas pompis bien paraditas y espongositas, para mis amigos soy un rico pastelito, que quien me tenga y posea, será el dueño de una preciosa mujer.
Todo se inicio el día sábado 20 de marzo de este año, cumplí 19 años y estábamos celebrando muy agradablemente de mi fiesta con mis amigos y familiares. Mi padre recibió una llamada laboral avisándole que el día viernes 26 tendrían una reunión de trabajo en una cena-baila en un pequeño salón de fiestas y que debía ir acompañado.
El lunes por la mañana durante el almuerzo le aviso a mi madre de la reunión y le pidió que se preparar para que lo acompañara, llegó el día viernes, pero mi madre estaba enferma de un mal estomacal y por lo cual no lo podría acompañar.
Así que se acerco a mí y me pidió que lo acompañara, de inmediato de negué, diciéndole que tenía planeado salir con mi amigos a dar la vuelta a un discotec, mi Padre me rogaba y me rogaba y yo me negaba y me negaba.
Así que mi Padre me soborna para que lo acompañe.
- Ándale hija acompáñame y te compro unos zapatos
- ¡¡No papá no puedo, quede en salir con mis amigas y no quiero fallarles!!!
- Por favor Hija vamos, mira y te compro un vestido y los zapatos que a ti más te gusten!!!!
- No puedo papi, en verdad, además me trajeron mucho regalos entre ellos vestidos y zapatos!!!
- Bueno… ¡¡¡entonces te doy dinero!!!!
- A ver, eso si me interesa, ¡¡¡¿cuánto me das por acompañarte?!!!
- ¡¡¡Doscientos pesos!!!
- ¡¡¡Uuuuyyyy papá!!! Y con eso me piensas sobornar con tan poquito
- Pues entonces ¿cuánto quieres?
- Pues tu di, pero sube la cifra
- 500
- No
- 800
- No
- 1000
- No
- 1200
- No
- 1500
- No papi
- ¡¡¡No pues lo que tú quieres es abusar de mi!!!
- ¡¡¡Dame 2000 pesos y te acompaño, y si gustas que sea todo la noche!!!
- Está bien, pero te arreglas muy guapa, para que vean mis compañeros que además de tener una preciosidad de hija, también es inteligente y preparada.
- Sí Papito lindo, me voy a arreglar muy guapa para envida de tus compañeros de que vean que tienes una bella hija.
Durante el resto del día todo iba bien, mi mamá mejorando pero aún convaleciente por la enfermedad, yo arreglándome lo más sensual y sexy posible sin que rayara en la exageración ya que mi padre no lo permitiría, así que elige muy bien mi ropa, un vestido raso de color rojo, de tirantes al hombro un poco ajustado, medias con listones de sujeción a la cintura de encaje en tono obscuro, una breve tanga de hilo de encaje en color negro, zapatillas negras, sin sostén solo usaría unos cubre pezones con una chaquetilla corta en color obscura para cubrir mi torso.
Mi Padre al observarme queda impresionado con lo que ve.
- ¡¡¡Hija pero que linda y bella luces!!!
- Cumplo con lo que digo Papá, me vas a presumir con tu compañeros y los quiero dejar impresionados, para ver la cara que tú tienes en este momento,
- ¿pues cómo la tengo?
- Estás impresionado Papá, estás como si fuera la primera vez que me vez y que apenas te das cuenta de la bella mujercita que tienes por hija.
- ¡¡¡Es verdad Paulina, ya eres toda una mujer!!!
- ¡¡¡Bueno una mujer completa aún no Papá!!!
- ¡¡¡Quéee dices, hijaaa!!!
- ¡¡¡ay Papá, pues que aún soy inocente!!!
- ¡¡¡Quéeee es esooo!!!
- ¡¡¡ayyy Papá, pues que aún soy virgen!!!
- ¡¡¡Aahh, oohhh, perdón ya no pregunto másss??, ¡¡¡¿ya estás lista para irnos?!!!
- ¡¡¡Si Papá podemos irnos ya!!!
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Nos despedimos de mamá y que regresaríamos pronto, y que si necesitaba de algo nos llamara al teléfono celular y vendríamos pronto.
Al subir al auto mi Padre muy galante me abría la puerta esperando para que yo subirá, yo con calma y sensualidad al sentarme quedo de frente a él, entonces abro mis piernas para girar, con este movimiento mi Padre observo no solo mis piernas también estoy segura de que miro mi entrepierna con mi tanga negra como premio a su gentileza, observe la cara de mi Padre de asombro y a la vez de sorpresa al ver mi intimidad, presuroso cerró la puerta y con rapidez tomo su lugar al volante, íbamos platicando de mil cosas sin importancia, pero de vez en vez la mirada de mi Padre se dirigía a mis piernas y aunque yo nunca las separé estoy segura que se alcanzaba a ver mi tanga negra y otra de reojo su mirada era a mi busto, el escote de mi vestido dejaba poco a la imaginación de tal forma que mis bubis lucían muy apetitosas a la mirada de cualquier hombre.
Estábamos platicando de que ya pronto íbamos a llegar, cuando sonó su teléfono, pensando que era mamá conteste yo rápidamente, la voz de un hombre se escucho sin darme tiempo a que yo dijera algo.
- Hola Joaquín, soy yo Carlos, ¿vas a ir a la reunión?.... Acerco el cel al oído de mi Padre para que le contestará.
- Si Charly, es más ya estoy por llegar Bar donde quedamos en reunirnos.
- Yo también ya estoy cerca, oye y conseguiste pareja.
- Si Carlos vengo acompañado
- Recuerda te recuerdo que quedamos en que era noche libre
- Uupp’s Ahh!!! Si se me había olvidado
- ¿cómo que se te olvido?, ¡¡¡si ya vas en camino!!!, es más ya veo tu auto
- Bueno si no se me olvido la reunión solo que… mira mejor cuando estemos en el Bar platicamos!!!
- ¡¡¡¿Qué pasa papá, está mal que yo sea tu pareja, esperaban que fuera mamá?!!!
- No hija todo está bien, solo que creo que será corta la reunión, unas copas un baile y nos regresamos para estar con tu mamá, ojala no se ponga mala, estoy preocupado por ella.
- ¡¡¡como tú quieras papá, pero yo ya me gane mis dos mil heee!!!
- ¡¡¡Si hija esos ya los tienes asegurado!!!
Al llegar al Bar ya había tres compañeros de mi Padre con sus respectivas parejas, nosotros fuimos los 4º en llegar y unos 5 minutos más tarde llegó su amigo Carlos, en total 5 parejas, todos acompañados, para mi sorpresa las acompañantes todas éramos chicas jóvenes no mayores de 24 años, aunque me pareció extraño yo me comporte a la altura como una buena acompañante platicábamos, sonreíamos, charla amena, copas alguno que otros chiste y el baila solo con nuestra pareja.
Al ir al tocador todas las chicas, ahí fue donde me di cuenta de que se trataba esa reunión, era una noche libre de juerga entre compañeros de trabajo y me di cuenta de que las chicas eran scort’s y su función es darles compañía y placer a sus acompañantes, dos de las chicas pertenecían a la misma agencia, la otras chicas eran de diferente agencia y cuando me preguntaron a mi les deje que era independiente, también supe de cuanto cobraban por sus servicios no menos de 3 mil pesos.
Ahora resultaba que era yo la que cobraba menos y les dije que haría todo lo posible de sacarle más dinero y me dicen,… ¡¡¡pues has bien tu trabajo hazlo gozar!!! ¡¡¡con ese cuerpazo que te cargas!!!, ¡¡¡hazlo gozar y que disfrute mucho al penetrarte!!!, ¡¡¡déjalo regar todo su semen sobre tu rostro!!!, ¡¡¡abre bien tus piernas y vas a ver que lo tienes comiendo de tu mano y te da todo lo que quieras!!!,… eso haré, lo voy hacer que goce mucho con mi cuerpo,… si todos los maduros son así, si somos buenas con ellos nos cogen bien rico y nos dan todo los que les pedimos, ya verás manita hazlo y tendrás a tu “sugar daddy” porque a leguas se ve que eres novata en esto, si quieres te pongo en contacto con mi agencia para que no sufras con cualquier cualquiera que te quiera contratar,… les pregunte que qué había si querían una orgía entre nosotras, me contestaron que ese no era el acuerdo ya que por una orgía se paga más dinero.
Al subir al auto mi Padre muy galante me abría la puerta esperando para que yo subirá, yo con calma y sensualidad al sentarme quedo de frente a él, entonces abro mis piernas para girar, con este movimiento mi Padre observo no solo mis piernas también estoy segura de que miro mi entrepierna con mi tanga negra como premio a su gentileza, observe la cara de mi Padre de asombro y a la vez de sorpresa al ver mi intimidad, presuroso cerró la puerta y con rapidez tomo su lugar al volante, íbamos platicando de mil cosas sin importancia, pero de vez en vez la mirada de mi Padre se dirigía a mis piernas y aunque yo nunca las separé estoy segura que se alcanzaba a ver mi tanga negra y otra de reojo su mirada era a mi busto, el escote de mi vestido dejaba poco a la imaginación de tal forma que mis bubis lucían muy apetitosas a la mirada de cualquier hombre.
Estábamos platicando de que ya pronto íbamos a llegar, cuando sonó su teléfono, pensando que era mamá conteste yo rápidamente, la voz de un hombre se escucho sin darme tiempo a que yo dijera algo.
- Hola Joaquín, soy yo Carlos, ¿vas a ir a la reunión?.... Acerco el cel al oído de mi Padre para que le contestará.
- Si Charly, es más ya estoy por llegar Bar donde quedamos en reunirnos.
- Yo también ya estoy cerca, oye y conseguiste pareja.
- Si Carlos vengo acompañado
- Recuerda te recuerdo que quedamos en que era noche libre
- Uupp’s Ahh!!! Si se me había olvidado
- ¿cómo que se te olvido?, ¡¡¡si ya vas en camino!!!, es más ya veo tu auto
- Bueno si no se me olvido la reunión solo que… mira mejor cuando estemos en el Bar platicamos!!!
- ¡¡¡¿Qué pasa papá, está mal que yo sea tu pareja, esperaban que fuera mamá?!!!
- No hija todo está bien, solo que creo que será corta la reunión, unas copas un baile y nos regresamos para estar con tu mamá, ojala no se ponga mala, estoy preocupado por ella.
- ¡¡¡como tú quieras papá, pero yo ya me gane mis dos mil heee!!!
- ¡¡¡Si hija esos ya los tienes asegurado!!!
Al llegar al Bar ya había tres compañeros de mi Padre con sus respectivas parejas, nosotros fuimos los 4º en llegar y unos 5 minutos más tarde llegó su amigo Carlos, en total 5 parejas, todos acompañados, para mi sorpresa las acompañantes todas éramos chicas jóvenes no mayores de 24 años, aunque me pareció extraño yo me comporte a la altura como una buena acompañante platicábamos, sonreíamos, charla amena, copas alguno que otros chiste y el baila solo con nuestra pareja.
Al ir al tocador todas las chicas, ahí fue donde me di cuenta de que se trataba esa reunión, era una noche libre de juerga entre compañeros de trabajo y me di cuenta de que las chicas eran scort’s y su función es darles compañía y placer a sus acompañantes, dos de las chicas pertenecían a la misma agencia, la otras chicas eran de diferente agencia y cuando me preguntaron a mi les deje que era independiente, también supe de cuanto cobraban por sus servicios no menos de 3 mil pesos.
Ahora resultaba que era yo la que cobraba menos y les dije que haría todo lo posible de sacarle más dinero y me dicen,… ¡¡¡pues has bien tu trabajo hazlo gozar!!! ¡¡¡con ese cuerpazo que te cargas!!!, ¡¡¡hazlo gozar y que disfrute mucho al penetrarte!!!, ¡¡¡déjalo regar todo su semen sobre tu rostro!!!, ¡¡¡abre bien tus piernas y vas a ver que lo tienes comiendo de tu mano y te da todo lo que quieras!!!,… eso haré, lo voy hacer que goce mucho con mi cuerpo,… si todos los maduros son así, si somos buenas con ellos nos cogen bien rico y nos dan todo los que les pedimos, ya verás manita hazlo y tendrás a tu “sugar daddy” porque a leguas se ve que eres novata en esto, si quieres te pongo en contacto con mi agencia para que no sufras con cualquier cualquiera que te quiera contratar,… les pregunte que qué había si querían una orgía entre nosotras, me contestaron que ese no era el acuerdo ya que por una orgía se paga más dinero.
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Al regresar a la mesa todos se encontraban contentos y alegres menos mi Padre, yo al acercarme a él lo abrazo y le doy en beso en la mejilla y le hablo al oído, no te preocupas papi, todo está bien disfruta de esta noche, “es tú noche libre”, puse énfasis en esa expresión que le hice al oído a mí papá.
Mi Padre se relajo y se veía más tranquilo y confiado, empezó a disfrutar de la noche, las chicas estaban siendo abrazadas por sus parejas y discretamente se dejaban tocar y acariciar, así que fui yo la que tome las manos de mi papá y las coloque sobre mis piernas para que me acariciará a su pleno placer.
Al levantarnos para bailar junte bien mi cuerpo al de mi Padre para sintiera toda mis formas y se percatara del calor de que de él emanaba, durante el baile la mano de mi papá que estaba sobre mi cintura se deslizaba hacía mis nalgas y yo lo permití sin oposición alguna, sentí la firmeza de su pene lo percibí fuerte, duro, caliente, hizo que todas mi hormonas se excitaran al roce de su contacto, el empezó a restregar su miembro sobre my pussy, cada vez era más intenso el movimiento sobre mi vagina, la cual, ya la sentía encharcada por la pasión que me producía el pene de mi Padre.
Me hablo al oído haciendo que sintiera cosquillas de placer, comenzamos a platicar entre susurros y me dice:
- ¡¡¡hija, sabes….!!! (DUDABA)
- ¿Sé qué papá?
- ¿Lo de la noche libre?
- Si papá, LO SÉ Y SÉ QUE LAS CHICAS SON SCORT’S, que las contrataron para pasar una noche agradable en su compañía y después disfrutar en la intimidad haciéndoles el amor y ellas haciéndolos disfrutar con sus cuerpos del placer, la lujuria y el morbo de tenerlas abiertas de piernas para su gozo.
- ¡¡¡HIJA…!!!
- ¡¡¡TE SORPRENDES PAPI!!!, pues eso es para ustedes su noche libre y eso vas a tener hoy papito, hoy te voy hacer gozar con mi cuerpo virgen te voy a dar el placer que buscabas esta noche y no te preocupes ante tus compañeros soy una scort por la que pagaste por compañía y placer.
- ¡¡¡Paulina, hija eres maravillosa!!!
- Papá espero que me hagas delirar de placer, siempre imagine que mi primera vez sería con un hombre que me coja con mucha intensidad, que el placer de mi entrega sea de lo mejor en la cama.
- Mi bella Pau, así lo haré te voy a coger bien rico para tu placer y el mío
- Papá soñé mucho con entregar mi virginidad, lo que nunca pensé en que tú, mi propio Padre sería el hombre que penetraría por primera vez.
- ¿Te arrepientes hija?
- No papá, ahora es lo único que quiero, sentir tu pene en el interior de mi vagina haciéndome gemir de placer
- Paulina, Hija vamos a cometer incesto, ¿estás de acuerdo?
- Si papá, a partir de este momento soy “tu linda hija putita e incestuosa Paulina”
No dijimos más terminamos de bailar, al regresar a la mesa, ya todos estaban listos para retirarse cada uno por su cuenta, el restauran – bar al que se encontraba en el interior de un hotel, ya uno de sus compañeros se había encargado de reservar los cuartos, así tomándonos de la mano nos levantamos de la mesa nos despedimos de los compañeros de mi Padre y procedimos a retirarnos al cuarto donde mi Padre me convertiría en su nueva mujer amante e hija incestuosa.
La narración de mi desvirgue será en el siguiente relato.
Atte.
Paulina
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Índice de todos los relatos
Mi Padre se relajo y se veía más tranquilo y confiado, empezó a disfrutar de la noche, las chicas estaban siendo abrazadas por sus parejas y discretamente se dejaban tocar y acariciar, así que fui yo la que tome las manos de mi papá y las coloque sobre mis piernas para que me acariciará a su pleno placer.
Al levantarnos para bailar junte bien mi cuerpo al de mi Padre para sintiera toda mis formas y se percatara del calor de que de él emanaba, durante el baile la mano de mi papá que estaba sobre mi cintura se deslizaba hacía mis nalgas y yo lo permití sin oposición alguna, sentí la firmeza de su pene lo percibí fuerte, duro, caliente, hizo que todas mi hormonas se excitaran al roce de su contacto, el empezó a restregar su miembro sobre my pussy, cada vez era más intenso el movimiento sobre mi vagina, la cual, ya la sentía encharcada por la pasión que me producía el pene de mi Padre.
Me hablo al oído haciendo que sintiera cosquillas de placer, comenzamos a platicar entre susurros y me dice:
- ¡¡¡hija, sabes….!!! (DUDABA)
- ¿Sé qué papá?
- ¿Lo de la noche libre?
- Si papá, LO SÉ Y SÉ QUE LAS CHICAS SON SCORT’S, que las contrataron para pasar una noche agradable en su compañía y después disfrutar en la intimidad haciéndoles el amor y ellas haciéndolos disfrutar con sus cuerpos del placer, la lujuria y el morbo de tenerlas abiertas de piernas para su gozo.
- ¡¡¡HIJA…!!!
- ¡¡¡TE SORPRENDES PAPI!!!, pues eso es para ustedes su noche libre y eso vas a tener hoy papito, hoy te voy hacer gozar con mi cuerpo virgen te voy a dar el placer que buscabas esta noche y no te preocupes ante tus compañeros soy una scort por la que pagaste por compañía y placer.
- ¡¡¡Paulina, hija eres maravillosa!!!
- Papá espero que me hagas delirar de placer, siempre imagine que mi primera vez sería con un hombre que me coja con mucha intensidad, que el placer de mi entrega sea de lo mejor en la cama.
- Mi bella Pau, así lo haré te voy a coger bien rico para tu placer y el mío
- Papá soñé mucho con entregar mi virginidad, lo que nunca pensé en que tú, mi propio Padre sería el hombre que penetraría por primera vez.
- ¿Te arrepientes hija?
- No papá, ahora es lo único que quiero, sentir tu pene en el interior de mi vagina haciéndome gemir de placer
- Paulina, Hija vamos a cometer incesto, ¿estás de acuerdo?
- Si papá, a partir de este momento soy “tu linda hija putita e incestuosa Paulina”
No dijimos más terminamos de bailar, al regresar a la mesa, ya todos estaban listos para retirarse cada uno por su cuenta, el restauran – bar al que se encontraba en el interior de un hotel, ya uno de sus compañeros se había encargado de reservar los cuartos, así tomándonos de la mano nos levantamos de la mesa nos despedimos de los compañeros de mi Padre y procedimos a retirarnos al cuarto donde mi Padre me convertiría en su nueva mujer amante e hija incestuosa.
La narración de mi desvirgue será en el siguiente relato.
Atte.
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