RELATOS ERÓTICOS
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-Espera nene, ya viene Sara. Te la vas a comer rico. –le hablaba a mi pene como si fuera una persona.

Me limpié con más cuidado cual primera cita de amor y me puse mi mejor calzoncillo. Un calzón nuevo grisáceo corto que horma bien en mi cuerpo velludo. Era el preferido de mi mujer. Por un momento pensé en Alberto, el marido de Sara. Sera que antes ella le habría sido infiel? Aunque en este caso no se puede considerar así. No se trata de una relación como tal. Pero era como si lo fuera. Me confundía en esas divagaciones moralistas sin encontrar respuesta. Lo sentía por él, pero era imposible despreciar y no desear a su mujer. No quería yo estar en su sitio. Puro orgullo de hombre era lo que me hacía divagar. Me preguntaba si acaso mi mujer no haría cosas traviesas también. La voz de Sara entrando por la ventana me sacó de esas inútiles cavilaciones.

-Cuñisss... -gritó Sara

Mis latidos aumentaron el ritmo. El momento había llegado y fue cuando me di cuenta que yo estaba nervioso. Que el macho se asustaba un poco. Debía calmarme para funcionar bien. Recobré mi compostura, me asomé por la ventana y la divisé abajo. Estaba vestida con una blusa azul de tirantas y una falda negra que le daba por encima de las rodillas. El calor ya era abrazante.

Al entrar por la puerta, su mirada era relajada pero intensa. Su andar firme y decidido. Sabíamos que no era una mañana tan normal como las otras de los últimos quince días anteriores. Había cierta tensión en el ambiente que lo enrarecía.

-Listo?

-Claro, le dije simulando cero nervios.

Ella me miro de pies a cabeza. Reparó mi calzoncillo pero no dijo nada. Se metió en la alcoba principal. Se sentó al borde de la cama justo en el sitio en el que horas antes Paola había abierto las piernas para aplicarle el medicamente vaginal.

-Creo que aquí en la cama no es tan bueno para ti ahora que lo pienso bien. –dijo resuelta.

-Tienes razón. Es mejor que yo esté de pie y pueda controlar el movimiento.

-Exacto. Mejor yo me siento en el mesón de la cocina y tu quedas de pie. Te parece bien?

-Si. Buena idea.

Era raro tener esa conversación así. Parecíamos más bien dos personas planeando instalar unas cortinas en una casa o dos personas acomodándose para hacer un corte de cabello en un sitio improvisado que un hombre y una mujer a punto de tener sexo.

Sara se sentó encima de las baldosas del mesón sin quitarse una sola prenda de vestir. Medio abrió las piernas sin dejar que se desnudara más allá de sus muslos blancos y me pidió acomodarme frente a ella. Abrió aún más sus piernas. Me asió para que yo me adentrara contra su cuerpo. Yo aun con mi calzoncillo puesto acerqué mi pelvis hasta pegarla con su zona vaginal. Era perfecto para mi estatura afortunadamente. Mi pene quedaba justo por encima del canto superior del mesón apuntando directamente hacia su vagina. En realidad ya lo sabía porque numerosas veces había tenido sexo con mi mujer justo allí en la cocina sentando a Paola en el mismo lugar, pero no quise comentar esa infidencia con Sara innecesariamente.

Pude entonces sentir en mi pene el calor emanado de su sexo a través de las telas de nuestras respectivas prendas íntimas. Eso me predispuso y generó un leve respingo de erección pese a mis nervios y a la sobriedad con la que se habían manejado hasta ese momento las cosas.

Fui rápidamente a la alcoba y traje una franela limpia mía y la puse encima del mesón para que Sara se sentara y no posara sus nalgas directamente encima de las duras, frías y resbaladizas baldosas de cerámica blanca que recubrían al mesón.
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-Sara una cosa antes de iniciar.

-Si, dime cuñis.

-Se supone que no debo ponerme condón idealmente. Algún problema si lo hacemos así?

-Si. Lo sé. También pensé en eso. No te preocupes. Vamos a hacerlo así si no tienes ningún problema claro está.

-No. No hay problema.

-Bueno. Bájate ese calzoncillo y sácala a ver.

Yo sentía todo esto raro, todo tan técnico y metódico pero no dejaba de excitarme de algún modo. No hubo ni caricias, ni besos, ni miradas morbosas. Yo me desnudé frente a sus ojos y mi pene aun medio fláccido saltó a su vista. Ella me lo miró sin morbo aparente de forma directa y me dijo que se veía mucho mejor que la última vez que lo había visto para curarme la herida superficial. Extendió la mano y me acarició el tallo de mi pene justo donde había estado antes una herida superficial más con actitud de examinadora que de amante.

-Ahora que sienta calorcito se va a poner duro. Vas a ver. –me dijo para hacerme sentir tranquilo

Sara con cautela metiendo sus manos por debajo de su falda algo replegada y sin bajarse del mesón se fue deslizando su prenda interior sin elevar la costura de la falda más allá de sus muslos. Por respeto yo trataba tensamente de no mirar sus partes para no incomodarla. Como por arte de magia su calzoncito blando de algodón lo tuvo en sus manos y lo colocó enrollado dentro de su busto por debajo de su blusa. El morbo me subió a la cabeza cuando tuve esa imagen frente a mí. Quería oler esa prenda sucia de su sexo y me excitaba saber que ya debajo de esa falda negra no había más barreas para mi verga que cobraba volumen despacio.

-Ahora ya la puedes meter. Sóbala en mi chuchita para que se endurezca y se meta solita en mi raja –sus instrucciones las decía con naturalidad. Sin emoción, pero con voz dulce.

Yo me alejé un poco para que ella pudiera ver mi erección. Quería neciamente que ella supiera que yo estaba muy excitado por y para ella.

-Caramba, ya lo tienes duro. Intenta meterlo despacio. Sin desespero. Tomate el tiempo que necesites y así me das tiempo a que yo lubrique un poco.

Yo, nervioso, seguía sus instrucciones. Sentía el calor de su chucha. Resbalaba mi miembro por su rajita con mis brazos apoyados a lado y lado de sus muslos afirmándome en el borde del mesón. Ella estaba sentada con sus piernas completamente abiertas y su falda replegada pero sin dejar acceso a mi vista. No pude ver su sexo. Olía su piel y el perfume del jabón del baño recién tomado. Miraba sus ojos negros relajados y seguros. Ella por momentos me miraba y por momentos me esquivaba. Me provocaba embestirla con desenfreno, besarla o acariciarle y comerle las tetas. Pero eso arruinaría todo. Ella se comportaba con actitud médica aunque su voz relajada me pedía que disfrutara para que se el sexo se hiciera placentero. Nuestros rostros estaban cerca y la respiración era jadeante en ambos.

Con la punta de mi verga exploré la geografía exterior de su vagina. Tenía vellosidades, aunque no abundantes y alcanzaba a rozar sus carnosidades tibias y blandas. Estuve así rozando y frotando mi verga por afuera de su vagina y ella cerraba los ojos por momentos. Pude empezar a hincar mi falo en la entrada de su gruta. Ella aunque no tan mojada estaba lo suficientemente lubricada como para permitir una penetración.
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El silencio fue interrumpido estrepitosamente. Sonó su teléfono y al ver la pantalla me hizo señal de que hiciera silencio. Yo me asusté un poco al deducir por su conversación que se trataba de su marido Alberto. Intenté retirarme, pero ella me lo impidió con sus piernas. Dejó en espera a su marido al otro lado de la línea y se acercó al oído para decirme que siguiera haciendo todo sin parar que ella no demoraba nada.

Entonces emboné mi glande muy lentamente justo en la entrada y me detuve unos segundos hasta que ella colgó su llamada. Me sorprendió la tranquilidad y control con la que una mujer es capaz de engañar a su marido. Embestí con cuidado. Fui sintiendo como cada milímetro de mi pene iba resbalando en el calor de su concha tan facilito. Era una sensación novedosa que antes con la curva no podía tener. La fui metiendo. Sentí como resbalaba adentrándose en su carnosidad suave y calurosa. Llegue a tope y mis vellos púbicos se unieron a los de ella. Sara emitió un leve gemido y un jadeo ahogado al saberme totalmente penetrado en ella.

-Muy bien. Vas muy bien cuñis. Bravo. La metiste toda -me decía ya con voz pasita al oído.

Yo no podía creer que eso estaba ocurriendo. Todo era algo raro. Placenteramente raro.

-Avísame si sientes dolor, ardor o algo. Ahora intenta moverla. Sácala y métela despacio.

Mi rostro estaba cerca del de ella. Podía sentir el aliento de su boca de labios delgados y rosados. El jadeo era inevitable y mi pecho se juntaba un tanto contra sus senos abultados que siempre había morboseado. Su faldón tapaba mi zona pélvica y no podía ver mi pene ni su chucha. Pero la sensación de placer, de morbo y de calor físico era sensacional. La comencé a embestir despacio. La sacaba hasta más de la mitad y movía mi cadera para volverla a penetrar completamente. Con cada penetración sentía más humedad en su vagina. Sara gemía y jadeaba muy levemente. Entonces me atreví a preguntarle:

-Y tu Sara. Estas bien? Te gusta?

-Ah, ah, No soy de hie-rro hm cuñis. Ah, ah, soy de car-ne y hue-so, hm ah, ah. Claro que me da placer. Ah, ah, ah sentirlo den-den-ntro. Ah, si-si-gue asi. Hm, ah, hm, hm.

Escucharla jadear y ver sus pupilas dilatadas me dio ánimo y confianza. Comencé a embestirla un poco más rápido. Sara comenzó a gemir con más soltura. Sin embargo no perdía su cordura.

-No tan rápido cuñis. Es rico ah, ah pero despacio. A-a-acuerdate.
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Yo bajé el ritmo con mucho esfuerzo. El morbo se me había subido a la cabeza y el cosquilleo era placentero. No sentía ni ardor ni dolor. El momento cúspide se acercaba. Yo sabía que estaba llegando al punto de no retorno. Sentía un regocijo al penetrarla tan cómodamente. Era la primera vez en mi vida que experimentaba esa sensación de efectividad al penetrar. Era la primera vez que mi pene entraba en una vagina solito, sin necesidad de tener que agarrármelo para dirigirlo hacia la entrada. Era la primera vez que podía embestir a una mujer moviendo mi cadera hacia adelante y hacia atrás y no hacia medio lado. Era la primera vez que la hembra estaba sentada de frente y no de medio lado para ayudar a que la curva de mi pene ingresara en su sexo. Era algo simple y obvio para alguien que toda su vida ha tenido un pene normal, recto, pero era todo un acontecimiento para alguien como yo. Mis emociones de felicidad y morbo estaban hirviendo dentro de mi cuerpo en ese instante. Sara tal vez no era consciente de eso. Pero yo se lo estaba agradeciendo mucho.

-Sara, me voy a venir-rrrrr

-Cuñis sácala. Échala en este vaso.

Me paso un pocillo de tono oscuro que tomó del portavasos que había justo a su lado izquierdo. Solo en el último instante saqué mi pene completamente mojado del gozo vaginal. Solo en ese fragmento mas por reacción accidental de ella al levantar sus piernas pude ver sin mucho detalle esa vagina rosada y algo velluda. Lo que vi me resultó hermoso y erótico.

Introduje mi pene en el vaso completamente y dejé que eyaculara en el interior del vaso. Sara me miraba a la cara mientras yo vivía mi orgasmo y tuvo tal vez el único gesto de cariño. Me acarició mi pecho velludo mientras yo jadeaba de placer contorneando mi cuerpo con cada pringo de semen que salía disparado contra el fondo del vaso. Un placer intenso recorría mi cuerpo y una leve sensibilidad diferente en el tallo de mi pene pude percibir cuando este se contraía para eyacular.

Solo después de notar que yo había recobrado un poco mi prestancia me preguntó.

-Todo bien cuñis? Te dolió o te ardió cuando te viniste?

-Nooo, no. Solo un poco de sensibilidad, pero nadita de dolor. Puro placer.

-Ya veo que no. Ja ja ja.

-Perdóname Sara, pero que chuchita tan rica tienes.

-Tranquilo cuñis. Me alegra que te haya gustado y que la hayas pasado bien. Pero sobre todo que tu verga funcione bien. Mi hermana ahora va a estar más feliz. Bueno hay que seguir probando claro está. Y bueno déjame decirte que se sentía rico. La moviste bien.

-Gracias Sara.

-Miremos el semen. No debe tener ni olor ni color raro.

Sara se bajó del mesón como si nada hubiera pasado antes, cual mujer haciendo un trabajo de laboratorio. Tomó el pocillo, se acercó a la puerta de salida al patio para tener buena iluminación. Miro al fondo del pocillo, lo acercó a su nariz y lo olió.

-Parece todo normal. Me pasas una cuchara pequeña por favor?

Le pasé una cuchara y ella la sirvió de semen. Lo observó a la luz por unos segundos con ojos de enfermera y hasta untó un poco en su dedo índice derecho para juntarlo con su pulgar pudo tantear su consistencia.

-Creo que todo se ve normal con tu semen. Míralo tú.

Yo lo vi, lo olí e hice lo mismo que ella.

-Si. Todo parece normal.

Me sentí aliviado, complacido y de alguna manera unido emocionalmente a mi cuñada. Era todo algo confuso. En ese momento supe que la forma de relacionarnos ya no sería nunca igual. Algo habíamos roto. Al menos en mi cabeza aunque tal vez no en la de Sara.
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Se despidió apuradamente al caer en cuenta que estaba atrasada con sus deberes. Se lavó las manos en el lavaplatos con jabón de lavar loza, se secó con su falda y se marchó casi corriendo.

-Mañana vengo más o menos a la misma hora eh.

Tuve que pellizcarme para corroborar que no estaba soñando lo que acababa de suceder. Era el acontecimiento sexual más intenso de toda mi vida hasta ese momento. Pude relajarme y ocuparme en algunos quehaceres sin dejar de pensar ni un minuto que lo que paso y en lo que pasaría al día siguiente.
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RELATOS ERÓTICOS pinned «Cuñada Solidaria Ese lunes desperté temprano como casi siempre. Yo no había podido dormir bien ya desde hacía más o menos quince días desde que me practicaron una cirugía urológica. Me levanté aun en medio de la penumbra y mi esposa Paola estaba todavía dormida…»
Historia con mi madre

Mi
madre pues es una mujer que siempre ha tenido un excelente cuerpo, es muy sexy y tiene una cara muy linda. Mi madre tiene 47 años, es blanca, castaña, mide 1.60m mas o menos, como dije, es demasiado sexy, en sus 20s fue modelo y sempre ha tenido cuerpo de MILF. Mi padre murió hace 21 años, yo crecí con mi madre y la verdad siempre tuve un deseo sexual hacía ella.

Mi madre conoció a mi padrasto hace alrededor de 15 años... Es un hombre de negocios y tiene mucho dinero, siempre he sentido celos de que estuviera con mi madre y por eso nunca lo acepté.

Esta historia pasó hace 7 años, yo tenía 19 y mi madre 40... Siempre he sido un adicto a la masturbación y soy muy morboso al sexo. Veía mucha porno de madre e hijo y me excitaba mucho, resulta que un día un amigo muy cercano me contó que su abuelo había ido al Psiquiatra pues sufría un transtorno de insomnio, y al señor le medicaban con unas pastillas para dormir. Mi amigo me contó que él se tomó 2 y durmió casi 12 horas seguidas profundamente. En fin le dije que por favor me consiguiera 2 pastillas para "tomarmelas yo" y ver que pasaba...
Al día siguiente mi amigo me las dió y pues yo comencé a idear mi plan...

El plan era idear el momento ...
... perfecto para darle las pastillas a mi madre, una vez dormida tratar de tomarle fotos y videos de sus partes intimas para tenerlas guardadas y después disfrutar...
Resulta pasaron unas semanas, mi padrasto tenía que salir de la ciudad para atender un negocio, él se iba un Lunes y volvía hasta Jueves, era el momento perfecto...

Llegó el Lunes, mi padrasto se fué temprano, yo pasé todo el día con mi madre... Eran las 7pm y la señora que limpia la casa se fué, decidí hacer un "batido" de frutas. Molí las pastillas, se las eché en un vaso y se lo dí a mi madre... Ella se lo tomó todo...

Me fui para mi cuarto... Pasaron 30 minutos y mi madre llegó y me dijo "Me siento muy cansada, voy a acostarme a dormir, por favor cierra la casa y apaga todas las luces antes de acostarte", yo respondí que Okay.

Pasó una hora más, vi el reloj eran casi las 9... Me levanté de mi computadora y cerré toda la casa... Me dirigí al cuarto de mi madre y estaba cerrado, toqué la puerta y no respondía... Toqué aún más duro y nada...
Abrí el cuarto, prendí la luz y mi madre estaba ahí dormida... Me acerqué y le toqué un hombro y la llamé por su nombre, no respondía...

Aún sentía bastante nervios ya que pensaba que podía despertarse... Así que seguí tocando el hombro y le grité el nombre y nada que despertaba, decidí jalarla de los pies a ver si se despertaba y tampoco... Estaba sumamente dormida... Mi plan había funcionado.

Me fui a mi habitación y tomé mi telefono, me devolví a la habitacion ...
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tos, mi corazón latía duro y mi verga estaba parada, estaba muy nervioso pues sentía que iba a despertar en cualquier momento... La acomodaba de varias maneras y le tomaba fotos y videos...

Me comencé a sentir muy muy excitado, asi que me saqué la verga... Mi mente sabía que estaba mal... No debía hacerlo pero mi deseo sexual me estaba ganando... Le puse mi verga en una mano y tomé una foto... Decidí desnudarla aún más... Así que retiré por completo la parte inferior y yo me quité toda la ropa...

Decidí acercarme y pasarle mi verga por sus tetas, se sentía muy rico, sus pezones estaban suavesitos... Acerqué mi cara a su vagina y la olí, olía excisito, tenía algo de pelo, abrí su vaginita un poco con mis dedos y la olí de nuevo... Sentí la necesidad de pasar mi lengua y lo hice muy levemente... Ufff estaba cumpliendo mi fantasía... Metí mi lengua por su vagina varias veces... Quería ver su culito asi que la voltié boca abajo y le abrí las piernas... Ahí estaba su culito perfecto, me acerqué y lo comencé a chupar... Increíble todo...

Me subí sobre ella y me comencé a masturbar sobre su culito y sus nalgas... En minutos me vine y mi leche caía sobre su culo... La limpié y le puse las pijamas de vuelta y me puse mi ropa...
Dejé todo como estaba antes y me fui...

Me fui para el baño y me comencé a bañar... Al ratito ...
... me volví a excitar de nuevo... Mi mente pensaba y quería penetrar a mi madre... Así que salí del baño desnudo y me fui de nuevo al cuarto de mi madre...
Entré y la volví a desnudar... La voltié boca arriba, le acerqué la verga a la vagina, y comencé a meterla muy lentamente... Estaba calientita por dentro, se sentía increible... Comencé a moverme lentamente, le chupaba los pezones, y al rato sentí que me iba a venir... así que decidí venirme afuera en su abdomen... Sentí riquisimo...

Seguía tan excitado que la volví a meter y seguí cogiendomela... Seguía teniendo mi verga como una piedra... Al rato de nuevo sentí que me iba a venir y me volví a venir en su abdomen, esta vez el orgasmo se sentió más fuerte...
Otra vez se la volví a meter, comencé a perder la erección un poco, asi que la saqué... Me acerqué a su boquita y rocé mi pene contra sus labios... Lo hice hasta que de nuevo mi erección volvió a tomar forma y mi verga se puso dura otra vez...

Me acomodé de nuevo y la volví a meter en su vagina, comencé a cogermela otra vez... De nuevo sentí que me venía, me la saqué y otra vez me vine en el abdomen... Su ombligo estaba relleno de leche...
Fui al baño y tomé papel para limpiar todo... Mientras limpiaba mi pene seguía parado...

Otra vez me excité, la volví a meter y otra vez me vine afuera... No podía parar... Aquella vagina se sentía tan pero tan rica que no lograba detenerme... No sabía como seguía sosteniendo una erección despues de tantas veces.
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Ya era la 5ta venida, ya casi ni leche me salía...

La limpié bien, la cama tenía algo de leche, la vestí y dejé todo tan normal como fuera posible... Me fui a mi cuarto y me acosté...
Tenía mucho miedo de que al día siguiente ella fuera a sentir algo o descubrir lo que hice... Por mi mente pasaba la idea de que ella sintió todo lo que pasó... Casi no dormí esa noche de pensar en eso...
Llegó la mañana, eran como las 7am, me levanté y ella seguía dormida. Me puse a hacer el desayuno y después a ver TV, al rato escuché que se levantó y se fue para el baño... Mi corazon latía duro y estaba muy asustado, escuché que se bañó, salió ya lista y llegó a la sala donde yo estaba y me dijo "Buenos días como amaneciste?" Y yo "Bien y vos?"
Ella respondió "Bien, caí tendida anoche, no sé que me pasó" Yo- "Ahhh si noté que te fuiste a acostar temprano"...

Después la conversación siguió normal... Y el día tambien...

Esa fue mi experiencia con mi madre... Como dije, no me enrogullece lo que hice, algún día se lo contaré para sanarme pero bueno... Eso será otro día.
Aún tengo las fotos y videos que tomé ese día, les comparto una. Saludos.
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Las Grabaciones

Carolina
había cumplido 18 años y su natural belleza, sumada a la transformación de su cuerpo, ya alteraba las hormonas de todos los chicos. Esto no tendría nada de raro salvo que, como padre, me preocupaba la especial relación que mantenía con su hermano Pablo. Con tan solo 22 meses de diferencia, desde hacia un tiempo me producía celos observar sus cómplices miradas y las continuas sonrisas indiscretas. Incluso, para avivar mis pensamientos, mi esposa siempre me comentaba su inquietud por el hecho de que los dos estaban cada vez mas unidos y pasaban mucho tiempo encerrados en el cuarto. Debo confesar que, en muchas oportunidades, me imaginaba a mis hijos teniendo algún tipo de contacto sexual y eso me provocaba sentimientos encontrados. Por un lado, una mezcla de rabia e impotencia, y, por el otro, una excitación lujuriosa y continuas erecciones.

Con la finalidad de despejar las dudas, que ya casi no me permitían dormir, compre un mini grabador que se activaba por la voz y, mientras ellos estaban en el colegio, lo oculte en la habitación de mi hijo. Recuerdo que el siguiente día se me hizo eterno por la ansiedad de rescatarlo y escuchar su contenido. Cuando al fin lo pude tener en mis manos, corrí desesperado hasta el estudio y cerrando la puerta lo conecte.

Durante los primeros minutos oí a Pablo hablar por teléfono con algunos de sus amigos y escuche varios temas de su música preferida. A medida que pasaba el tiempo, tome conciencia de mi frustración pues, en el ...
... fondo de mi ser, quería confirmar mis sospechas.

Mis deseos no se hicieron esperar y, luego de interminables minutos, oí la siguiente conversación:

Entra y cierra con llave. Mira como ya la tengo de parada. Sacate la ropa y ven a la cama.

Pero en la cama no lo vamos a hacer, porque la mancharemos toda. ¿Queres ir al baño?

¿Esta loca?, Mira si mama nos ve entrar. Quedémonos aquí y nos acostamos en el piso.

Bueno, pero sin desvestirnos todo. Yo me levanto el uniforme y vos te bajas el pantalón.

Esta bien, pero abrí la blusa y saca las tetitas. Tócamela, vas a ver que dura la tengohoy.

Uy sí, esta inmensa. Pásame la toalla, porque seguro que te voy a sacar cualquier cantidad

Y por aquí también esta muy mojado. Abrí las piernas, así te toco bien y terminamos juntos

Bueno, pero solo por afuera y despacito. Avísame cuando te este por saltar, para tapártela

Luego las palabras cesaron y fueron remplazadas por gemidos, suspiros, chirridos de la cama y jadeos. Al cabo de un tiempo volví a escucharlos:

Ya siento que estoy por acabar, no me la sueltes hasta que yo te diga. Tómala es toda tuya

A mi también me viene, mete un poquito el dedo y siente como me baja. Te quiero mucho.

Yo te adoro y nunca voy a dejarte. Júrame que vamos a seguir haciéndolo todos los días.

Claro, serás el primero en entrar aquí adentro y aunque nos casemos te voy dejar meterla

Mira como se me puso otra vez. Creo que todavía tengo más. Házmela y sácame otro poco.
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No, quédate con ganas y así mañana la tenes bien grande. Ahora vístete y anda a lavártela.

Esto habrá durado un total de 20 minutos y durante todo ese tiempo me masturbe como loco. Esa misma noche volví a tener unas espectaculares eyaculaciones en el culo de mi mujer, quien se admiro por el nuevo giro que tomaban nuestras relaciones.

Demás esta decirles que no solamente continué con las grabaciones, sino que llegué a instalar un cámara de filmación.

Si les parece que mi experiencia vale la pena de ser contada, y quieren saber como se fueron desarrollando los acontecimientos, les seguiré contando esta historia.
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Viendo follar a mis padre

Eran pasadas las cuatro de la tarde cuando uno de sus profesores comunicó a Denis y sus compañeros que podían retirarse, ya que los docentes de matemáticas e inglés estaban ausentes por permiso. A pesar de la insistencia de sus dos inseparables amigos para acompañarlos a las salas de videojuegos a unas tres cuadras del cole, Denis, un joven de 18 años que cursaba el quinto año de bachillerato por parasistemas, optó por regresar a casa. No quería generar más problemas y preocupaciones a sus padres; perder el año y no poder graduarse había sido una enorme decepción para ellos, todo debido al descuido en los estudios.

Vivía cerca del colegio, se tardó menos de 20 minutos como solía hacerlo, caminando. Al llegar a casa lo hizo de manera sigilosa, emulando las formas del counter strike, se adentró poco a poco sin hacer ruido, simulando llevar en sus manos un AK-47, pues, le gustaba hacer este tipo de bromas a sus padres y hermana. Le sorprendió que la puerta de la sala estuviera entreabierta. Se adentró por los pasillos que llevaba a las habitaciones de sus padres, la de su hermana, la suya, el baño, el patio.

Entró a su habitación y cuando estaba a punto de tirar el bolso a la cama de mala gana oyó un gemido femenino. Con cuidado colocó el bolso en el closet y abandonó sigilosamente su habitación.

Al primer gemido lo acompañó otro y otro, se le hizo fácil adivinar la voz de su madre.

—¿Te gusta, verdad? ¿Te encanta así, duro, de pie?

Esa era la voz de su padre, se oía jadeante, excitado.

—Sí, sí, dame bien duro.

Oh, Dios, esa era su madre. Estaban follando, adivinó.

Se acercó a la puerta de la habitación de sus padres, estaba abierta por muy poco, algo de lo que no se percató al principio. Se olvidó del counter strike y se asomó por la rendija.

Podía verlos comodamente, ambos estaban follando de pie. Su padre completamente desnudo sujetaba a su madre desde atrás por los brazos pero lo que más le impresionó fue la manera en la que estaba vestida su madre, además de tener una venda en los ojos. Vestía unos zapatos negros de tacón alto, lencería de color rojo con tirantes pero sus pechos estaban descubiertos y tambaleaban al ritmo de la violenta penetración de su esposo.

—Puta —oyó decir al papá—, Perra.

Para Denis aquella escena le generó un impacto brutal. Nunca había visto a sus padres tener sexo, ni siquiera a nadie, unos pocos videos porno era lo más lejos que había llegado a experimentar una escena vouyerista.

Las sensaciones que experimentó también eran ineditas, le excitó ver a su madre semi desnuda siendo empalada por su papá que además de sujetarla de manera agresiva ahora la llamaba "puta" y "perra".

Se quedó pensativo por un momento, su papá estaba enfocado en la penetración, su madre estaba vendada, ambos gemían, su papá le decía morbosidades, ella respondía entre gemidos.

Denis se llevó la mano a su entrepierna, para entonces la erección de su pene ya le incomodaba. Desabrochó su cremallera y sin dudarlo comenzó a masturbarse.

Su mente fue invadida por pensamientos incestuosos, se jalaba la polla imaginándose en el lugar de su padre, sujetando a su madre como su padre lo hacía, penetrándola con su ya muy bien desarrollado pene, un pene largo de unos 19 centímetros, virgen y sin experiencia, pero no virgen del prepucio que ya había estirado de tantas pajas en su habitación y en el baño sino virgen de no haber experimentado el sexo aun con chica alguna.

Se mantuvo ahí durante unos minutos mientras disfrutaba de la escena, su mano iba y venía sobre su pene mientras disfrutaba de la sumisión de su madre, de los dulces gemidos que salían de su boca mientras papá la violentaba.

—Te voy a romper el culo como la semana pasada, zorra —dijo su padre.

Denis no daba crédito a sus oidos.

—Sí, pero en la noche, cuando Denis y Sabrina estén durmiendo.

—No, zorra, te voy a culear ahora mismo.

—No, ahora no —decía su madre entre gemidos.
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Era un juego, el juego de la seducción inversa, de la que no quiere la cosa, del esposo que adora las respuestas negativas de su mujer por el morbo que le genera dominarla, subyugarla.

Denis continuaba la masturbación, el diálogo que mantenían sus padres lo estaba llevando directo al orgasmo, a la eyaculación.

—Cállate, puta, te romperé toda —dijo papá.

Denis no aguantó, era demasiado el morbo y su madre tenía un bonito cuerpo y unas hermosas tetas que se balanceaban y lo volvían loco a pesar de ser solo un expectador.

El orgasmo llegó a su cerebro que lo repartió por su sangre hasta llegar a su prostata que empezó a liberar la eyaculación, Denis tuvo que sufrir en silencio el delicioso placer que ofrecía el orgasmo, tuvo que tomar el pene por la punta y cubrirlo con el prepucio mientras este descargaba chorros de semen.

Cuando estaba a punto de retirarse a su habitación una voz femenina diferente a la de su madre le brindó un susto tremendo.

—¿Qué coño haces?

Se giró a la izquierda. Venía su hermana llegando de clases y fue tanto el susto que le produjo tal sorpresa que apartó la mano de su pene, lo que provocó que derramara todo el semen que caería entre su pantalón y el suelo.

Como pudo, Denis se cubrió el sexo con ambas manos y caminó trastabillando hacia su habitación mientras la hermana incrédula por lo acontecido y con una risa entre burlesca y desconcertada abría intencionalmente la puerta de la habitación de sus padres tan enfocados en el acto sexual que ni siquiera se habían percatado de la presencia de sus hijos.

—Mamá, papá —dijo Sabrina sorprendida...
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Fóllame tierno - ¡Por delante y por detrás!

Había pasado ya una semana desde la última visita de Markus para llevarle verduras a la Sra. Moon. Desde entonces ella y su marido parecían haber hecho “las paces” y la paz y la tranquilidad tuvo cabida, por increíble que parezca, en la casa.

Hasta sus dos hijos estaban asombrados de lo aparentemente bien que se volvían a llevar. Volvieron a escuchar la palabra “cariño” cuando uno se refería al otro para pedirle alguna cosa y por las mañanas hasta se daban un beso de despedida tras el desayuno.

Mientras tanto, Madelin y James seguían con sus apacibles vidas veraniegas, que se reducían en un último extremo a dos palabras: calenturas y sexo; bien con la pareja, bien en solitario.

Aquella mañana James llevó al pueblo a Madelin con la vieja Ford. Esta tenía planes con su amiga Cherry y él mismo tenía planes con su novia Jalace, por supuesto que dichos planes eran muy calientes y ambos ansiaban llegar a sus destinos.

Por lo que dejaron una casa vacía para acoger a la pareja bien avenida…

Markus llegó a media mañana, como era costumbre en él. La Sra. Moon se terminaba el segundo café desde la cocina cuando le oyó llegar.

Salió al porche delantero y lo pilló abriendo el portalón trasero de la camioneta y tomando la caja con las verduras de la semana.

–¡Buenos días Markus! –le saludó agitando la mano desde el porche.

La Sra. Moon llevaba un bonito delantal a cuadros rosas y blancos y un vestido hasta la rodilla con falda de volantes. Su vestido era de tirantes y escote cuadrado que dejaba entrever su hermoso canalillo con sus tetas apretujadas entre el sujetador y el vestido.

Se había pintado los labios y las uñas de rojo carmín y hasta se había puesto sus pendientes de oro. ¿Quién diría que aquello más parecía una cita que una mañana más en la rutina de la granja?

–¿Se las pongo en la cocina? –dijo el joven Markus.

–¡Sí cariño como siempre! Ya sabes dónde está, ¡pasa!

De modo que Markus, un poco receloso por tanta amistad. Quien no olvidaba los sucesos ocurridos la semana anterior. Desde el apretado culo de la hija, al suave trasero de la madre, pasando por los golpes con el cinto del padre.

Por lo que era normal que estuviese nervioso ante la situación, sin saber muy bien si se encontraría al padre por allí dispuesto a darle una segunda zurra.

–Le he traído un poco de todo, dijo Markus sin especificar más.

–¡Muy bien cariño! Antes de nada me gustaría pedirte disculpas por el comportamiento de mi marido la semana pasada. Él está arrepentido de lo que hizo, pero es comprensible ante los celos que despertaron en él el pillarnos aquí en la cocina –le espetó la Sra. Moon.

–¡Oh, bueno, yo…!

–¡Tranquilo cariño! Me ha prometido que no lo va a hacer más y me ha pedido que te transmita sus disculpas.

Markus no sabía cómo interpretar aquellas sorpresivas palabras.

–¿Disculpas? Está bien, no pasa nada Sra. Moon –concluyó finalmente el anonadado joven.

–Yo también quiero compensarte especialmente por los golpes que recibiste y había pensado que tal vez esto pueda ayudarte a olvidar el dolor que te provocaron –dijo la Sra. Moon poniéndose en cuclillas delante del chico y llevando su mano a la bragueta.

–¡Sra. Moon! ¡Después de lo ocurrido no creo que sea una buena idea! –dijo el chico mirando asustado a uno y otro lado no fuese a aparecer el celoso marido.

–¡Oh cariño, no tengas miedo! Como te he dicho él está arrepentido y me ha dado permiso para compensarte.

–¡Cómo, que le ha dado permiso para compensarme…! –exclamó un asustado Markus mientras su bragueta era bajada por la servicial ama de casa quien extrajo su falo erecto del calzoncillo con maestría.

Markus se quedó mirándola desde arriba con toda su polla tiesa y aquella carita maquillada con carmín en sus labios y rojo en sus uñas. ¿Podría aparecer el marido en cualquier momento? No lo sabía con certeza, pues como todo en la vida hay veces en las que no sabemos qué pasará pero hay que tomar riesgos.
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Y eso fue lo que hizo cuando sintió como la Sra. Moon se tragaba su estaca hasta las pelotas lamiendo estas con la lengua al llegar a su base. Aquella ama de casa era algo fuera de lo común y su habilidad con la boca era poco frecuente entre la media de amas de casa de aquel país tan puritano de cara a la galería.

Markus tuvo que apoyarse en una silla para no caerse de bruces ante el intenso placer que sintió al discurrir su miembro por la garganta de la Sra. Moon. Esta siguió chupando con fuerza y haciendo gozar al chico joven hasta que éste se olvidó de sus temores iniciales.

Luego ella se incorporó y sentándose en la mesa de la cocina se levantó el delantal y su vestido, mostrando su raja desnuda “sin bragas”, lo cual de nuevo sorprendió al chico, quien pensó que todo lo tenía planeado. Así que sólo pudo hacer una cosa…

Se rindió ante los encantos de la Sra. Moon y clavó su lengua en su raja lamiéndola con fruición para degustar sus jugos y olisquear el aroma de su sexo caliente… Tampoco se olvidó de lubricar su ajustado ojal, como preparativo de lo que vendría a continuación. Para ello lo lamió y lo folló con su lengua, como si fuese esta un plug anal, algo que hizo gemir aún más a la Sra. Moon que tenía el esfínter muy sensible y caliente tras años de estimulación anal.

Cuando el chico hubo saciado su sed de sexo se incorporó y cogió su dura erección, momento en el que la Sra. Moon se bajó de la mesa y se giró levantando su vestido por detrás para ofrecer su culo a su amante.

El muchacho empuñó su estaca y apretó su ojal suavemente mientras la Sra. Moon le permitía entrar sin prisa pero sin pausa, sintiendo ambos una gran excitación con esta primera y profunda penetración.

A medio camino el chico se detuvo y ambos respiraron un momento mientras la hoja se acomodaba en la vaina y una vez hecho en receso el chico comenzó a empujar con más ganas y su ojal se abrió para recibir las acometidas hasta que su pelvis chocó con su culo sonando palmadas con cada impacto en el espacio vacío de la cocina.

Mientras tanto, el Sr. Moon había sido testigo furtivo en la sombra de todo el encuentro sexual. Oculto en la espaciosa despensa de la cocina, tras las puertas de madera cubiertas por una celosía de madera, lo que le permitía observar sin ser visto. Ahora empuñaba su dura estaca mientras se masturbaba.

El trato al que había llegado con la Sra. Moon era el de dejarle mirar, pero siempre se está a tiempo de romper un trato, sobre todo cuando se trata del deseo. Y el Sr. Moon sólo deseaba una cosa en este instante… ¡quería participar!

Hizo acto de presencia, con el calzón bajado luciendo orgulloso su barriga bajo la camisa y su vástago apuntando a su esposa, quien estaba siendo enculada por el chaval en la mesa central de la cocina, sorprendió a ambos amantes.

–¡Cariño, tú no deberías hacer eso! –dijo la esposa.

–¡Sr. Moon! –dijo el chico sacándola del culo de la Sra. Moon disponiéndose a subirse el pantalón para salir corriendo.

–Tranquilos ambos, ¡calma! ¡Chico no, no te vayas! Quiero que sigas follándote a la Sra. Moon, mientras ella me hará a mí un pequeño favor, ¿vale?

–¡Pero Sr. Moon yo…!

–¡Tú no te preocupes, lo pasado, pasado está! Ahora escúchame, le he dado permiso a la Sra. Moon para que se acueste contigo pero quiero participar no sólo mirar Josephine, ¿vale? Eso es todo, no estorbaré, sólo cooperaremos, ¿de acuerdo?

La Sra. Moon miró al chico y este a ella, ambos parecieron comprender que tenían pocas o ninguna alternativa, así que su única salida era cooperar.

De modo que la Sra. Moon volvió a echarse sobre la mesa y el chico a introducirla en su ojal, ya acostumbrado tras la follada inicial, por lo que su verga entró sin dificultad. Luego el Sr. Moon conectó con la boca de su esposa quien chupó mientras se dejaba follar por el chico.

Lo cierto es que la atrevida ocurrencia del Sr. Moon no la desagradó al sentirse amada por dos hombres a la vez. Secretamente comenzó a acariciarse su sexo bajo la barriga con una mano mientras se dejaba follar el culo y con la otra sujetaba la verga del Sr. Moon.
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Todo estaba en silencio absoluto y los únicos ruidos que se oían eran los sonidos propios de las prácticas sexuales que hacían junto a los guturales de la hembra que estaba siendo follada por el joven mientras le practicaba una felación a su esposo.

–¡Cambiemos! Querida quiero follarte por delante y que el chico te lo haga a la vez por detrás, ¿te ves capaz cariño? –dijo el Sr. Moon.

–¡Querido, eso que me propones suena muy atrevido, no sé si podré con dos pollas a la vez, pero lo intentaré!

El Sr. Moon se tumbó en el suelo de la cocina y la Sra. Moon se puso a horcajadas sobre la dura estaca del Sr. Moon, clavándosela hasta las bolas.

–¡Ay, hacía tanto tiempo que no me follaban el coño que había olvidado lo rico que es! Ahora es tu turno Markus, clávamela tú también.

La Sra. Moon se echó hacia adelante ofreciendo sus pechos desnudos al Sr. Moon quien comenzó a chuparlos antes de que Markus se colocase a horcajadas sobre su culo y presionando su ojal le introdujera su dura polla.

Al sentirse abierta por ambos orificios la Sra. Moon tuvo que controlarse para no correrse en ese preciso momento. Sentía más ajustado su coño al ser penetrada por el culo y éste estaba más cerrado que de costumbre mientras ambos hombres intentaban moverse para copular con la hembra que estaba siendo el salchichón del bocadillo.

Los sonidos del amor emitidos por la Sra. Moon inundaban toda la estancia, mientras los rayos de Sol se proyectaban por el suelo haciendo visibles billones de partículas de polvo del ambiente.

–¡Oh, me corro! –dijo el chico sin poder aguantar más.

El joven Markus culeó dentro de la Sra. Moon soltándole su leche en su interior mientras el Sr. Moon seguía dándole por debajo a la Sra. Moon y gozando de sus tetas en la cara.

La Sra. Moon por su parte al sentirse liberada por el chico tuvo más libertad de movimiento por lo que pudo machacar los huevos con su coño al Sr. Moon y la follada se prolongó ante la antónimo mirada del chico allí presente como mero espectador de la tórrida escena.

Finalmente Josephine tembló y cayó derrumbada sobre el cuerpo del Sr. Moon entre estertores de puro placer mientras este no paraba de follarla desde abajo aferrándose a sus anchas caderas.

Entonces el Sr. Moon sacó su estaca y masturbándose él mismo se corrió en el culo de la Sra. Moon derramando su esperma por entre sus cachetes mojando su ano y su sexo con un cálido y placentero final.

–¡Ay, qué buen polvo queridos! ¡Probablemente este haya sido el mejor orgasmo que he disfrutado en mi vida! –les confesó la Sra. Moon descabalgando al Sr. Moon.

El chico no sabía qué hacer así que se había vestido y viendo la Sra. Moon su incomodidad decidió acompañarlo a la salida.

–¡Gracias Markus por traerme las verduras! –dijo la Sra. Moon acompañándolo a la salida.

Una vez solos en el porche, la Sra. Moon le estampó un beso en los labios con lengua, que hizo las delicias del joven.

–¿Te espero la próxima semana?¿Vale?

–¿Pero estaremos solos? –dijo el chico un tanto cortado.

–¡Esta vez sí, te lo prometo! –dijo la Sra. Moon para despedirlo.

El chico se marchó y dejó a una desnuda y gloriosa Sra. Moon en el porche de su casa, menos mal que no vivían en el pueblo y tal clase de exhibicionismo se lo podían permitir.

Al volver a la cocina el Sr. Moon ya se había levantado del suelo y la Sra. Moon se acercó a abrazarlo.

–¿Qué tal querido, cómo ha sido la experiencia?

–¡Ha estado bien querida! Creo que hemos cumplido sobradamente contigo, ¿no?

–Sí no ha estado mal –dijo la Sra. Moon sonriente–. ¿Tengo una idea? ¿Nos vamos al lago a bañarnos desnudos?

–Buena idea, ensillo el caballo y te llevaré conmigo.

–¡Genial querido!

La veterana pareja cabalgó hacia el lago donde se bañaron desnudos como cuando eran más jóvenes, atrevidos y traviesos y a la orilla del lago volvieron a enzarzarse en nuevos juegos sexuales, practicando el sesenta y nueve hasta que el Sr. Moon se puso a tono y este volvió a follarla de nuevo a cuatro patas en la orilla de aquel idílico paisaje.
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Al volver era ya tarde y ni habían comido, cuando llegaron los chicos les preguntaron, ¡que dónde habían estado! Y estos, sorprendidos por su nerviosismo les calmaron diciéndoles, ¡que dónde iban a ir! Mientras ambos se reían.

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Jugando con mi Prima

Cierto día, año y mes de una localidad olvidada en el tiempo, pasaba yo mis días a la espera de mi novia, que había salido a vacacionar con sus padres. Habían pasado veinte días y aún faltaban diez para su regreso.

¿Qué si la extraño? Por supuesto, pero más extrañaba las sesiones de sexo, es una experta, tal experiencia me hizo un artista del arte de amar, hecho a su forma, fue una buena maestra, me enseño donde, como, cuando, de qué manera tocar, besar, lamer, chupar y poner.

Siempre me dice que, aunque no soy un efebo hay dos cosas que le encantan de mí, mi personalidad y mi gran miembro, el que aprendí a usar (gracias a ella) de manera deliciosa.

El sonido de la campanilla del timbre me saca de mis pensamientos, a paso firme llego la puerta para abrir, era mi prima Gina, a quien cariñosamente le digo Xena, como la amazona, princesa guerrera de la serie de televisión o cuando la quiero molestar la llamo “mi petiza culona”, pues tiene un culo de fábula, que no desentona con el resto de su cuerpo, solo le falta altura. Pero sus ojos esmeralda brillante y su palidez hacen contraste con el azabache de su cabellera, siempre va a ser mi hermosa prima.

Saludándonos la invito a pasar, preparo algo para tomar, mientras ella me contaba, que había estado hablando mucho con Vilma, (mi novia), lo que no es una novedad para mí, pues sé que tienen una espectacular relación. Conociéndome, sabía que estaría triste, así que vino a invitarme para salir mañana, por unos tragos o a bailar si era mi gusto.

Luego de insistir un rato acepte, total saldría con ella, ya saben lo que dicen de las localidades pequeñas, pueblo chico infierno grande.

Quise indagar de qué hablaban entre ellas, pero no soltó ni una palabra, dijo que solo eran cosas de chicas, pero muy interesantes. Cortándome el mambo, cambió radicalmente la conversación marcándome el itinerario de mañana, cena, tragos, baile, tragos y listo a dormir o lo que pinte, lo dijo con un guiño de ojo.

Aunque vivía cerca de casa, la invite a cenar, pedimos unas hamburguesas y lo hicimos cerveza mediante.

Pasadas las cero horas me dijo que se iba, no la invite a dormir en casa pues vivo en un mono ambiente y tengo una sola cama, así que me ofrecí a acompañarla hasta su casa, distante cinco cuadras de la mía, cosa que acepto gustosa. Salimos y fuimos hasta su casa, me tomo de la mano y así caminamos y hablamos de cosas sueltas, al llegar la despedí con un beso, que correspondió con un gran abrazo como nos solemos dar.

Ya de regreso acomode todo para dejar listo el día de mañana.

Al otro día, vino más o menos a la misma hora que ayer, en sus manos traía una pizza hawaiana, sabe lo que me gusta. Armamos la pequeña mesa con la pizza, dos vasos y una cerveza, cenamos y nos bebimos dos botellas más.
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